Solemnidad de La Santísima Trinidad, 15 de Junio 2014, Ciclo A

San Juan 3, 16 - 18 

Padre, Hijo y Espíritu Santo
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  1. El Padre:  y omega, principio y el fin de la historia. Dios Padre, a lo largo de la historia se ha ido manifestando en Jesús, quien nos dijo que lo podíamos llamar: PADRE, es Alguien que se fue revelando y manifestando a lo largo del tiempo, como un Dios fiel, amoroso, providente. En mi vida de fe, ¿cómo me relaciono con Él?, ¿lo siento mi Padre y es Él, Alguien a quien le doy espacio en mi vida, para que pueda manifestar su amor,  o por el contrario, es solo un concepto que no afecta mi vida? ¿Me esfuerzo por vivir en actitud de hijo, dándole espacio para que Él sea y actúe como mi Padre?.
  2. El Hijo:  El Amor de Dios se manifestó plenamente al enviarnos a su propio HIJO que asumió nuestra naturaleza humana. Siendo así, ¿es Jesús para mí un modelo, una meta, un estilo al que busco identificarme para actuar y vivir como Él? ¿Hago de sus enseñanzas un proyecto que me esfuerzo por identificarme con Él, para vivir con sus mismos sentimientos y sus mismas actitudes, hasta llegar a ser presencia viva de su amor?, ¿de qué manera y en qué circunstancias?.
  3. El Espíritu Santo: es el don del Resucitado, es Aquel que el Hijo nos envía desde el Padre, para capacitarnos para la misión, para Impulsarnos a vivir cada vez más plenamente nuestra identificación con el Señor Jesús, viviendo la voluntad del Padre.  ¿Me esfuerzo por ser dócil a su acción en mi vida, para que Él me vaya inspirando y conduciendo, para que Él vaya moldeando mi corazón y así vaya puliendo mi vida hasta asumir las actitudes y sentimientos del Señor Jesús? ¿Me dispongo a que el Espíritu Santo sea quien transforme mi vida?.
REFLEXIÓN

    La Iglesia celebra hoy el misterio central de nuestra fe, el misterio de la Santísima Trinidad, fuente de todos los dones y gracias; el misterio de la vida íntima de Dios. Toda la liturgia de la Misa de este domingo nos invita a tratar con intimidad a cada una de las Tres Personas, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Cada vez que con fe y con devoción rezamos Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, estamos invocando a la Santísima Trinidad, verdadero y único Dios. 
   La Trinidad constituye el misterio supremo de nuestra fe. Y misterio es una verdad de la que no podemos saberlo todo. Como bien decía Sor Isabel de la Trinidad: “Oh mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad en que me pierdo…Sumérgete en mí para que yo me sumerja en Ti, Hasta que vaya a contemplar en tu Luz el abismo de tus grandezas”.

 PARA LA VIDA

   Un niño estaba todo ocupado con sus papeles y pinturas y su madre le preguntó: ¿Qué estás dibujando? A Dios, le contestó su hijo. Pero no puedes dibujar a Dios. Nadie sabe cómo es Dios. Pronto lo sabrán, contestó el niño. Cuando haya terminado mi dibujo. Alguna vez, todos hemos intentado dibujar a Dios con pinturas, palabras, sueños, imaginaciones… La Palabra de Dios que proclamamos es una imagen, un dibujo de Dios, el eco de Dios que brota desde nuestro interior.

CONSAGRACIÓN

Divina Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, presente y operante en la Iglesia y en lo más profundo de mi ser; yo te adoro, te doy gracias y te amo. A ti Padre del cielo, me ofrezco y consagro como hijo tuyo. A ti, Jesús Maestro me ofrezco, entrego y consagro como hermano y discípulo tuyo. A ti Espíritu Santo, me ofrezco, entrego y consagro como templo vivo para ser consagrado y santificado. Amén.

Solemnidad de Pentecostés, 8 de Junio 2014, Ciclo A

San Juan 20, 19 - 23

La Paz esté con Vosotros
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  1. El Espíritu:  El Espíritu Santo es Dios mismo vaciándose en el hombre y moviéndolo internamente para que se abra amorosamente –a la manera de Jesús- al hermano y se arroje confiadamente en los brazos del Abbá-Padre.  El mismo Dios que a lo largo de la historia les ha dado muchas cosas a los hombres, que les ha enviado personajes, incluso su propio Hijo, ahora se da a sí mismo de forma inaudita. Por eso decimos que es el don “escatológico” o “definitivo” de Dios (aquí escatológico quiere decir: “después de esto ya no hay más”, “más de eso no hay”).
  2. La Paz:  la paz que Cristo desea a sus discípulos, como don y fruto del Espíritu, no es la paz de los cementerios, sino una paz valiente y dinámica, una paz que sea fruto de la justicia y del amor. Es muy importante que los cristianos sembremos en el mundo este don de la paz, predicando con nuestra palabra y con nuestro ejemplo la justicia y el amor de Dios.
  3. La Alegría: también los cristianos debemos mostrar en el mundo el don de nuestra alegría, alegría de personas que nos sabemos salvadas por el Espíritu de Cristo. Un cristiano triste y habitualmente malhumorado no manifiesta en el mundo la vida de Cristo. Se trata, por supuesto, de una alegría interior, de la alegría del espíritu, pero una alegría que debe ser visible exteriormente.

REFLEXIÓN

    Hoy celebramos una de las fiestas mayores del calendario litúrgico: Domingo de Pentecostés. La Iglesia aclama incesantemente en este día: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos en el mismo lugar”. El día de la llegada del Espíritu Santo sobre los apóstoles, ellos vivían en su corazón circunstancias muy especiales. La fiesta de Pentecostés ya se celebraba desde el Antiguo Testamento y recordaba la entrega de las tablas de la ley que Dios le dio a Moisés en el Monte Sinaí. 
   Esta celebración los tenía a los apóstoles congregados en el Cenáculo pero el ánimo de ellos no estaba para festejos. Pesaban sobre los discípulos del Señor los recuerdos de los últimos años vividos con Jesús. Dios está en nosotros y con nosotros. Está en nuestras manos para que podamos construir una sociedad más justa. 
  Está en nuestras mentes para que podamos reflexionar sobre lo que es bueno y lo que es verdadero. Está en nuestro corazón para que podamos elegir lo que lleva a la vida y al amor. Vive en nosotros con la plenitud de la vida junto a Dios que Jesús hizo suya, aun como hombre, desde el momento de la Ascensión; vive en nosotros por el don del Espíritu Santo: “la extraordinaria riqueza de su poder”, como dice San Pablo. La riqueza de su poder hacia nosotros los creyentes. Vive en nosotros con la eficacia de su fuerza.

 PARA LA VIDA

   Un feligrés le preguntó a su pastor: ¿Qué puedo hacer para llegar a Dios? Y el pastor, a su vez, le preguntó: ¿Puedes hacer algo para que salga el sol cada mañana? Indignado el feligrés le contestó: ¿A qué vienen, entonces, tantas prédicas y tanta insistencia en la oración?  Para que estés despierto cuando sale el sol. 
   Hoy, Fiesta de Pentecostés, Fiesta del Espíritu Santo, Fiesta del nacimiento de la Iglesia de Jesús, la comunidad de Santa Ana está invitada:
  1. No a llegar a Dios, sino a dejar que Dios llegue a nosotros.
  2. No a manipular el Espíritu Santo sino a estar despiertos para recibirlo.
  3. No a inventar nuevos métodos de oración sino a dejar que el Espíritu nos mueva y enseñe a vivir como Jesús.

Solemnidad de la Ascensión, 1 de Junio 2014, Ciclo A

San Mateo 28, 16 - 20
Testigos de lo Eterno
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  1. El Encuentro:  es la iniciativa de Jesús la que hace posible el encuentro: los once van donde él les había citado. Este encuentro es un momento decisivo: en él Jesús constituye al nuevo pueblo mesiánico que continúa su misión. Es el momento del nacimiento de la iglesia.
  2. La Misión:  el envío tiene su raíz y fundamento en la plena autoridad, o plenitud del poder que se le ha dado a Jesús resucitado. El envío que reciben los discípulos es continuación y participación de la misión de Jesús, pero la misión se extiende ahora a todos los hombres y mujeres, y no sólo a Israel como en el breve discurso de Jesús está dominado por la idea de la plenitud y universalidad, pues la misión que se nos confiere y a la que se nos envía no tiene barreras. El Espíritu abarca los confines del mundo. 
  3. El Fin de la Misión: es «hacer discípulos»Es quizá la expresión más sintética y correcta de la existencia cristiana. El cristiano es un discípulo. No se trata de ofrecer un mensaje, sino de establecer una estrecha relación con el maestro, una relación personal y de seguimiento.
  4. La Enseñanza: los discípulos deben, a su vez, enseñar; pero no son maestros, sino que permanecen como discípulos. No enseñan algo propio, sino solamente aquello que Jesús les ha mandado y que el espíritu inspirará.
  5. El Bautismo: la fórmula «Padre, Hijo y Espíritu Santo» Nos recuerda que Dios es sólo amor. Amor comunicado. Su gloria y su poder es sólo amar. El bautismo vincula con la persona de Jesús salvador; ahora bien, toda su obra y vida procede del amor del padre y culmina con la efusión del Espíritu.

REFLEXIÓN

    La Ascensión es una llamada a seguir esperando a pesar de las decepciones, desengaños y desalientos. A lo largo de la vida podemos sentir una doble tentación: o bien desistir de la marcha, porque el camino nos resulta demasiado fatigoso; o bien anticipar la llegada a la meta, porque el camino se nos hace demasiado largo. La Ascensión: una buena ocasión para tomar conciencia de la paciencia histórica. Naturalmente entendiéndola bien, pues la paciencia cristiana no consiste en adoptar una postura de dimisión ante la vida. 
   Al contrario, el hombre y la mujer pacientes resisten activamente a las adversidades, manteniendo un espíritu firme y fuerte ante el desgaste de los años. Hemos de aprender a respetar el ritmo de la vida, aprender a recorrer pacientemente nuestro propio camino, un camino único y original, con sus gozos y sus tristezas, sus logros y sus fracasos, sus momentos buenos y malos. La fiesta de la ascensión es una buena ocasión para reflexionar y tomar conciencia de mi condición de enviado, pues soy el relevo de Jesús mismo con mi familia, con mis hermanos y con mi prójimo.

 PARA LA VIDA

   Cuando viajamos en avión a nuestros países de origen, la azafata y el piloto nos dan la bienvenida y las instrucciones para el viaje. Apenas si prestamos atención porque ya lo hemos oído muchas veces. Nos indican donde están las salidas, cómo usar las mascarillas de oxígeno y donde se encentran los chalecos salvavidas. Sentimos un cosquilleo interior y preferimos no pensar. 
   Todo eso está muy bien pero no queremos usarlo. Jesús da instrucciones: ahora comienza el tiempo de la Iglesia, el tiempo de la misión, tiempo de dejar huellas de trascendencia, de volar al cielo con las señales de Jesús, y ser sus testigos y enviados como su pueblo, del cual él es la “cabeza de la Iglesia”. Ese es el mejor mensaje de la Ascensión de Jesús al cielo, que se ha ido para quedarse”.

6° Domingo de Pascua, 25 de Mayo 2014, Ciclo A

San Juan 14, 15 - 21

Él les Enseñará lo que es la Verdad 
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  1. El Padre:  es Amor y el Amor se da a sí mismo, da todo. No le basta habernos dado a Jesús, su Hijo predilecto, sino que aun quiere beneficiarnos, ofrecernos vida y nos envía el Espíritu Santo. Pero, todavía más: ¡el Padre nos ama! Y este amor nos hace pasar de la muerte a la vida, de la tristeza del pecado al gozo de la comunión con Él, de la soledad del odio, al compartir, porque el amor de Dios, necesariamente se traduce en el amor por los hermanos.
  2. El Hijo:  Jesús quien vive por siempre, el vencedor de la muerte. Él está en el Padre y está en nosotros, con una fuerza omnipotente, que ninguna realidad puede desbaratar. Él está dentro del Padre, pero también dentro de nosotros, habita en nosotros, permanece con nosotros; no hay otra posibilidad de vida plena y verdadera, para nosotros, sino en esta compenetración de ser que el Señor Jesús nos ofrece. 
  3. El Espíritu Santo: es el dedo de la mano de Dios, que aún hoy, escribe sobre el polvo de nuestro corazón las palabras del amor divino, de una alianza nueva, que no podrá ya ser olvidada. Es el Espíritu de la Verdad, de Jesús. En él no hay engaño, no hay mentira, sino la luminosidad cierta de la Palabra del Señor. Él ha construido su morada en nosotros; ha sido enviado y ha realizado el pasaje de estar junto a nosotros a dentro de nosotros. 
  4. El Discípulo: aparece como aquél que sabe esperar a su Señor, que vuelve, sea a medianoche, al canto del gallo o ya cuando es de mañana; no importa; Él volverá y por eso es necesario esperarlo, estando preparados.
  5. El Mundo: sinónimo del mal, que no puede recibir el Espíritu porque no lo ve y no lo conoce. El mundo es ciego y está inmerso en las tinieblas, en el error, no ve y no conoce, no realiza la experiencia del amor de Dios. El mundo permanece lejano y se encierra en la lógica del mal.
REFLEXIÓN

    Es muy importante saber que hoy nos encontramos ante la dimensión trinaría de Dios, el Padre en su condición de creador, el Hijo en su condición de Redentor y el Espíritu Santo como Abogado consolador. 
   La Santísima Trinidad es uno de los misterios más grandes e incomprensibles ante los ojos humanos, ¿Cómo tres personas diferentes pueden ser un mismo Dios?, solo con los ojos de la fe, podrá ser que los discípulos puedan creer en esta verdad. Nuevamente el texto hace referencia a la importancia de la obediencia a la voluntad del Padre, dice la Escritura: “El que me obedece y hace lo que yo mando, demuestra que me ama de verdad” Debemos notar esta insistencia del evangelista en resaltar la importancia de cumplir la voluntad de Jesús.
   Solo viviendo según las exigencias de Cristo podrá llevar a los discípulos a recibir el Espíritu Santo, ellos podrán reconocer ahora la verdad. Con esto demostrarán también su amor a Dios, y entonces podrán ver las cosas según los ojos de Dios y así Jesús se dará a conocer en su plenitud a ellos.


 PARA LA VIDA

   De joven era un revolucionario y mi oración a Dios era siempre la misma: dame fuerza, Señor, para cambiar el mundo. De mayor viendo que no había cambiado nada, ni siquiera uno, cambié mi oración: Señor, oraba, dame la fuerza de cambiar a los míos, mi familia, mis amigos y me sentiré satisfecho. 
   Ahora que soy anciano y mis días están contados mi única oración es: Señor, dame la gracia de cambiar yo. La historia de nuestra vida es la historia de nuestras relaciones. Y una relación implica comunicación, conocimiento, amor y presencia.

5° Domingo de Pascua, 18 de Mayo 2014, Ciclo A

San Juan 14, 1 - 12
 Yo soy El Camino, La Verdad y La Vida 
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  1. El Camino:  el camino es el mismo Jesús. Ya en la parábola del Buen Pastor, él había dicho: Yo soy la puerta: si uno entra por mí, estará salvo. Nosotros no podemos salvarnos por nosotros mismos. Hay un único acceso a la salvación: Jesús. La salvación consiste en la unión con Dios gracias al acceso que Jesús nos da a esta comunión. Jesús es el único Camino”, la Verdad” y la Vida. Seguir sus pasos, es tener acceso directo al Reino de los cielos.
  2. La Verdad:  “Él es la Verdad”: significa que sólo por medio de Él se puede conocer el misterio de Dios. Sólo por medio de Jesús, en su realidad de Hijo, se revela que Dios es realmente Padre y vive desde siempre en una íntima comunión y a la par con este Hijo. Jesús es la perfecta revelación del Padre y revela la verdad de Dios. 
  3. La Vida: “Él es la Vida” significa que tenemos la unión con Dios Padre, y por tanto la verdadera vida eterna, sólo a través de la unión con Jesús. Él es la fuente de vida: Yo he venido para tengan vida y la tengan en abundancia”. 
  4. La Fe: Creéis en Dios, creed también en mi. Jesús señala la actitud fundamental con la cual los discípulos deben afrontar la situación de la separación: la confianza. Pero así como uno cree en Dios a quien no ve, Dios es Invisible, así también hay que creer en él en cuanto Señor resucitado. De la misma manera que se cree en el Dios invisible hay que creer en el Resucitado.
REFLEXIÓN
    Yo soy el camino, la verdad y la vida. Sin mí, nadie puede llegar a Dios el Padre: Tal vez es la frase central de todo el texto que estamos leyendo. El camino que anuncia Jesús para tomar es Él mismo. O sea, la aceptación, plena, total, completa del mismo Jesús para seguirlo sin reparos, sin cosas a medias. 
   Seguir el Camino es entonces encontrar toda la verdad. La única verdad con mayúsculas, es que Él es el Hijo de Dios que se hace hombre para salvarnos a todos los que lo acepten como camino hacia el Padre. Por eso, quien sigue este camino y vive en esta verdad tendrá vida a plenitud. Sin Jesús no es posible llegar al Padre. 
   Sólo podrán sus discípulos llegar a la casa del Padre si aceptándolo a Él como camino, viviendo en esta verdad, encuentran la vida plena y para siempre. Jesús  como camino, verdad y vida,  nos invita a seguir esa senda que es Él mismo. 
   La Eucaristía celebrada entre hermanos es la realización más clara y concreta de ese ser camino, verdad y vida que Jesús es, y, al mismo tiempo, de aceptar esa realidad de Jesús por parte nuestra. Que nosotros nos reunamos aquí para celebrar la memoria de la cena de Jesús con sus amigos el Jueves Santo significa que queremos seguir el camino-Jesús. Esta realidad que ahora celebramos aquí debe ser constante en nuestra vida, no sólo una realidad para vivir un rato el domingo.

PARA LA VIDA
   Recién llegado a Nueva York le pregunté a una señora: ¿por favor, dónde está la oficina de correos? Con mucha amabilidad me indicó el camino. Le di las gracias y le dije que viniera a la iglesia el domingo y yo le indicaría el camino que lleva al cielo. No creo que vaya porque si no sabe el camino de la oficina de correos menos conocerá el camino del cielo. 
   En inglés hay una palabra muy bonita "homesick", es decir, añoranza de la casa, nostalgia de la patria y sacar boleto de regreso al hogar. El evangelio de hoy tiene una nota de nostalgia. El Señor dice a sus apóstoles: me voy a casa, a la casa de mi Padre. Sitio para todos.

4° Domingo de Pascua, 11 de Mayo 2014, Ciclo A

San Juan 10, 1 - 10
 Mis ovejas escuchan mi voz... y me siguen 
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  1. El Pastor:  «Les aseguro que el que no entra en el redil de las ovejas por la puerta, es un ladrón y un bandido. Pero el que entra por la puerta es el pastor que cuida las ovejas. Cristo Buen Pastor conoce a cada uno de los suyos. Con un conocimiento que es amor y complacencia. Cristo me conoce como soy de verdad. No soy un extraño que camina perdido por el mundo. Cristo conoce mi vida entera, toda mi historia. Más aún, conoce lo que quiere hacer en mí. Conoce mis tristezas y mis alegrías, y así me ama…
  2. Las Ovejas:  no sólo escuchan su voz, sino que atienden con interés y responden acogiendo la palabra sembrada en el corazón. ¡Qué hermosa definición de lo que es el cristiano! Se trata de estar atento a Cristo, a su voz, a las llamadas que sin cesar nos dirige. Él no quiere que se pierda ninguna de sus ovejas amadas.
  3. Los Discípulos: El Papa, los obispos y los presbíteros son pastores que tienen como primer deber “anunciar a todos la Buena nueva”. Son los predicadores del Evangelio que llevan nuevos discípulos a Cristo. Religiosos, maestros y padres de familia están dotados de la hermosa misión de extender su mensaje universal de salvación. 
REFLEXIÓN

   Jesús, Buen Pastor, espera nuestra adhesión a Él. Implica el dejarnos guiar, seducir y regir por su cayado y por su voluntad. Tres huellas, del Buen Pastor, nos pueden ayudar a no alejarnos de El: Palabra – Oración - Eucaristía
La PalabraNos ilumina. Nos anima en tiempos de dificultades. Nos rescata de atolladeros en los que, por diversas circunstancias, nos hemos metido. La Palabra del Buen Pastor es siempre segura, certera, suave y a la vez potente.
La OraciónNos fortalece: Por la oración, el Buen Pastor se relaciona con cada uno de los miembros de su rebaño. Con la oración, Jesús, nos señala la vía que hemos de escoger para no perdernos en las noches oscuras de la vida.
La EucaristíaNos alimenta: sin ella, los amigos de Cristo, nos debilitamos. El cristiano que no vive ni participa de la eucaristía se debilita y corre el riesgo de dejarse llevar por los dictámenes del mundo. Se alimenta exclusivamente por otros alimentos perecederos que la sociedad ofrece, para darle culto al cuerpo o agradar el paladar, pero en detrimento de la belleza del espíritu o del alma. La Eucaristía es el Pan en los senderos oscuros.

PARA LA VIDA
  • Una madre no es un árbol pero bajo su sombra uno se puede sentir bien cómodo. 
  • Una madre no es una autopista pero te puede guiar por el mejor camino. 
  • Una madre no es un caramelo pero te puede endulzar la vida. 
  • Una madre no es un te pero puede tibiar la vida. 
  • Una madre no es horno microondas pero puede recalentarte la comida después de esperarte hasta las 3 de la mañana. 
  • Una madre no es una lavadora pero muchas veces te salva lavándote la ropa 5 minutos antes de que te la pongas. 
  • Una madre es un tesoro, un regalo de Dios.

 ORACIÓN POR NUESTRAS MAMÁS 

Señor Jesús hijogracias por las madres que nos has dado, ellas han sido tus enviadas para darnos vida, de ellas hemos aprendido qué es el amor, la cercanía, la felicidad... gracias a ellas te hemos conocido, gracias por enviarlas a nuestra vida. Llena de amor la vida de nuestras madres, premia sus desvelos, trabajos, lágrimas y demás sufrimientos con unos hijos agradecidos y cercanos para con ellas. Amén

2° Domingo de Pascua, 27 de Abril 2014, Ciclo A

San Juan 20, 19 - 31
 Señor mío y Dios mío
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  1. La Paz:  nace de la alegría después de la tristeza. Es cuando vemos enterrar a la semilla que muere y luego brota la planta, crece y da frutos. La paz es un don de Dios que se conquista con las armas del Espíritu. No es la paz de los cementerios donde no sucede nada. La paz del resucitado es una paz activa, una paz que lleva a una acción inmediata, primero por la alegría y luego por la necesidad de comunicar la alegría recibida.
  2. La Misión:  así como el Padre me envió, yo los envío a ustedes. Jesús ya resucitado, como en la primera página de la Biblia Dios sopla sobre el barro para que tenga vida, Él sopla sobre los Discípulos entregándoles el Espíritu Santo. Es la nueva vida en Cristo. Los discípulos reciben el don del Espíritu Santo y ahora tienen el poder de Dios, de perdonar los pecados. ¡Gran responsabilidad! aquella que Jesús confía a su Iglesia. A través de los Apóstoles, Jesús continúa su historia salvífica.
  3. La Fe: es verdad que la fe de Tomás es auténtica y sincera, pero ella tuvo necesidad de la prueba concreta: ver con los propios ojos y tocar con las propias manos al Resucitado. Cuando llega a este punto, el evangelista plantea el problema de cómo llegarán a la fe los que no han podido ver al Señor Jesús: ¿éstos podrán creer? La respuesta es: ¡Claro que sí! No sólo será posible su fe, sino que ésta será superior y más meritoria que la de los primeros discípulos.
REFLEXIÓN
   San Juan nos hace compartir la emoción que experimentaron los Apóstoles durante el encuentro con Cristo, después de su resurrección. Nuestra atención se centra en el gesto del Maestro, que transmite a los discípulos temerosos y atónitos la misión de ser ministros de la misericordia divina. 
   Les muestra sus manos y su costado con los signos de su pasión, y les comunica:“Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. E inmediatamente después “exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos”" (Jn20, 22-23). Jesús les confía el don de “perdonar los pecados”, un don que brota de las heridas de sus manos, de sus pies y sobre todo de su costado traspasado emana su misericordia.
Quien cree realmente en el Señor resucitado, no puede vivir dominado por un estado de tristeza permanente, de miedo y de angustia, porque el sol fulgurante de la pascua aclara todo su cielo y le da confianza, paz y gozo. ¿Ha crecido en esta pascua mi fe, mi paz, mi alegría? ¿He tomado en serio la pascua (el paso) del Señor en mí?
PARA LA VIDA
   Érase una vez un sacerdote y un fabricante de jabón que estaban dando un paseo. El fabricante de jabón le dijo: "Padre, ¿para qué sirve la religión? Mire la miseria y las guerras y el sufrimiento que hay en el mundo. Después de tantas oraciones, sermones y enseñanzas todo sigue igual. 
   Si la religión es buena y verdadera, ¿por qué todo sigue igual?" Siguieron caminando y se encontraron con un niño todo sucio. El sacerdote le dijo al fabricante de jabón: "Mire ese niño. Usted dice que el jabón limpia pero ese niño sigue estando sucio. ¿Para qué sirve el jabón?". El fabricante de jabón le contestó: Padre, el jabón no puede evitar la suciedad a no ser que sea usado todos los días."Exacto replicó el sacerdote, exacto.