4° Domingo Pascua, 3 de Mayo 2020, Ciclo A


San Juan 10, 1 - 10

 "Yo Soy la Puerta de las Ovejas"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 


1.- El Pastor: Es aquél que llama por su nombre a las ovejas y camina delante de ellas y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. El pastor debe ir a veces adelante—, otras veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía sencilla y misericordiosa, y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados».
2.-El Rebaño: somos todos nosotros, tiene como casa un redil que sirve como refugio, donde las ovejas viven y descansan después de las fatigas del camino. Y el redil tiene un recinto con una puerta, donde hay un guardián. Al rebaño se acercan distintas personas: está quien entra en el recinto pasando por la puerta y quien «sube por otro lado» (v. 1).
3.-La Puerta: si uno entra por mí, estará a salvo» (v. 9), es decir tendrá vida y la tendrá en abundancia (cf. v. 10). Cristo, Buen Pastor, se ha convertido en la puerta de la salvación de la humanidad, porque ha ofrecido la vida por sus ovejas. Jesús, pastor bueno y puerta de las ovejas, es un jefe cuya autoridad se expresa en el servicio, un jefe que para mandar dona la vida y no pide a los otros que la sacrifiquen.
4.-El Llamado: en todos los continentes, las comunidades eclesiales imploran al unísono del Señor numerosas y santas vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada y misionera, y al matrimonio cristiano, y meditan sobre el tema: «Las vocaciones al servicio de la Iglesia-misión». Oremos también para que sea cada vez mayor el número de quienes deciden vivir radicalmente el Evangelio mediante los votos de castidad, pobreza y obediencia: hombres y mujeres que desempeñan un papel primario en la evangelización.

REFLEXIÓN

El evangelista Juan nos presenta, en este IV domingo del tiempo pascual, la imagen de Jesús Buen Pastor. Contemplando esta página del Evangelio, podemos comprender el tipo de relación que Jesús tenía con sus discípulos: una relación basada en la ternura, en el amor, en el conocimiento recíproco y en la promesa de un don inconmensurable: «Yo he venido —dice Jesús— para que tengan vida y la tengan en abundancia» ( Jn 10, 10). Tal relación es el modelo de las relaciones entre los cristianos y de las relaciones humanas.
También hoy, como en tiempos de Jesús, muchos se proponen como «pastores» de nuestras existencias; pero sólo el Resucitado es el verdadero Pastor que nos da la vida en abundancia. Es una invitacón a todos a tener confianza en el Señor que nos guía. Pero no sólo nos guía: nos acompaña, camina con nosotros. Escuchemos su palabra con mente y corazón abiertos, para alimentar nuestra fe, iluminar nuestra conciencia y seguir las enseñanzas del Evangelio.
La Iglesia necesita pastores buenos. Mas, en los tiempos presentes que nos ha tocado vivir, en muchas partes del mundo hay crisis fuerte de vocaciones para el sacerdocio. Es lo que está ocurriendo también en nuestra diócesis. Si esta crisis existe, no es porque Cristo no siga llamando a jóvenes y niños a que vayan al seminario. Es más bien, porque debido a causas varias no hay respuestas suficientes. Alguien ha escrito que, más que crisis de vocaciones, lo que hay es crisis de respuestas. Sea lo que fuere, el hecho es que, por desgracia, el sacerdote es un bien escaso en muchas diócesis.
Hoy es un buen día para rezar por las vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada y por las vocaciones nativas. También lo es para sacar el compromiso de hacerlo durante todo el año.

PARA LA VIDA
Cuenta una hermosa leyenda que dos hermanos soñaban con ser artistas. Como no podían costearse los estudios, un domingo, al salir de la iglesia, se jugaron a cara o cruz su destino. Ganó Alberto Durero que se fue a estudiar a Nuremberg mientras su hermano, el perdedor, se puso a trabajar en las minas para pagar los estudios de su hermano. Alberto fue a estudiar y triunfó y se convirtió en un pintor famoso. Ahora su hermano podría cumplir su sueño de ser un gran pianista, pero sus manos destrozadas en la mina ya no servían para nada. Sacrificó su vida para que su hermano tuviera una vida gloriosa y abundante.
Jesús nos conoce a cada uno de nosotros por el nombre, conoce nuestras debilidades, quiere sanar nuestras heridas y darnos la verdadera libertad. “Mi yugo es suave y mi carga ligera”, no quiere agobiarnos sino que tengamos vida abundante. Nosotros tenemos que conocer al Buen Pastor y tenemos que conocer a los hermanos que celebramos juntos al mismo Pastor y juntos nos alimentamos en los mismos pastos de oración y comunión.
Yo soy el buen pastor. Yo soy la puerta, quien entra por mí se salvará. Yo soy la puerta de entrada a la casa del Padre. Yo soy la puerta a la plenitud de la vida. Yo soy la puerta del banquete y de la fiesta. Yo soy la puerta. Entren por ella y encontrarán seguridad, y salgan por ella hacia los verdes pastos de la vida.

3° Domingo Pascua, 26 de Abril 2020, Ciclo A

San Lucas 24, 13 - 35

 "Lo Reconocieron al Partir el Pan"


Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 
1.-El Camino: es un volver atrás; es alejarse de la dolorosa experiencia del Crucificado. en la oscuridad de la noche más negra, en la desesperación más angustiosa, Jesús se acerca a los dos discípulos y los acompaña en su camino para que descubran que él es «el camino, la verdad y la vida» ( Jn 14,6). Jesús trasforma su desesperación en vida, porque cuando se desvanece la esperanza humana comienza a brillar la divina: «Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios» ( Lc 18,27; cf. 1,37).
 2.-La Muerte: de Cristo era la muerte de todo lo que ellos pensaban que era Dios. De hecho, los muertos en el sepulcro de la estrechez de su entendimiento. Cuantas veces el hombre se auto paraliza, negándose a superar su idea de Dios, de un dios creado a imagen y semejanza del hombre; cuantas veces se desespera, negándose a creer que la omnipotencia de Dios no es la omnipotencia de la fuerza o de la autoridad, sino solamente la omnipotencia del amor, del perdón y de la vida.
3.-La Resurrección: cuando el hombre toca fondo en su experiencia de fracaso y de incapacidad, cuando se despoja de la ilusión de ser el mejor, de ser autosuficiente, de ser el centro del mundo, Dios le tiende la mano para transformar su noche en amanecer, su aflicción en alegría, su muerte en resurrección, su camino de regreso en retorno a Jerusalén, es decir en retorno a la vida y a la victoria de la Cruz (cf. Hb 11,34).
4.-La Vida: bienaventurados los que crean sin haber visto» ( Jn 20,29 y cf. 20,17). La Iglesia debe saber y creer que él está vivo en ella y que la vivifica con la Eucaristía, con la Escritura y con los Sacramentos. Los discípulos de Emaús comprendieron esto y regresaron a Jerusalén para compartir con los otros su experiencia. «Hemos visto al Señor [...]. Sí, en verdad ha resucitado» (cf. Lc 24,32). 
REFLEXIÓN 
   El Evangelio de este Domingo, que es el tercer Domingo de Pascua, es el de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-35). Estos eran dos discípulos de Jesús, los cuales, tras su muerte y pasado el sábado, dejan Jerusalén y regresan, tristes y abatidos, hacia su aldea, llamada precisamente Emaús. A lo largo del camino Jesús resucitado se les acercó, pero ellos no lo reconocieron. Viéndoles así tristes, les ayudó primero a comprender que la pasión y la muerte del Mesías estaban previstas en el designio de Dios y anunciadas en las Sagradas Escrituras; y así vuelve a encender un fuego de esperanza en sus corazones.
   El camino de Emaús se convierte así en símbolo de nuestro camino de fe: las Escrituras y la Eucaristía son los elementos indispensables para el encuentro con el Señor. También nosotros llegamos a menudo a la misa dominical con nuestras preocupaciones, nuestras dificultades y desilusiones... La vida a veces nos hiere y nos marchamos tristes, hacia nuestro «Emaús», dando la espalda al proyecto de Dios. Nos alejamos de Dios.
   Pero nos acoge la Liturgia de la Palabra: Jesús nos explica las Escrituras y vuelve a encender en nuestros corazones el calor de la fe y de la esperanza, y en la Comunión nos da fuerza. Palabra de Dios, Eucaristía. Leer cada día un pasaje del Evangelio. Recordadlo bien: leer cada día un pasaje del Evangelio, y los domingos ir a recibir la comunión, recibir a Jesús. Así sucedió con los discípulos de Emaús: acogieron la Palabra; compartieron la fracción del pan, y, de tristes y derrotados como se sentían, pasaron a estar alegres. La Palabra de Dios y la Eucaristía nos llenan de alegría.
PARA LA VIDA
   Juana era una niña que no veía bien. Pero nadie, ni siquiera ella, se había dado cuenta. Juana pensaba que todas las cosas eran borrosas porque era como ella las veía.No sabía que los otros niños podían ver mucho más lejos que ella. Pensaba que todo el mundo veía las cosas como ella. A medida que iba creciendo  su madre empezó a preguntarse porqué se sentaba tan cerca de la televisión. Su abuelo observó que cuando leía un libro se lo tenía que poner cerca de la cara. 
   Cuando fue a la escuela la maestra constató que no veía bien las palabras de la pizarra. Finalmente todos comenzaron a decir: "Juana necesita gafas". Con sus nuevas gafas, Juana vio que no todo era borroso, los colores eran más brillantes y hasta la cara de su madre era mucho más hermosa. Empezó, por fin, a ver con claridad. Era maravilloso. Llega también un momento en la vida en que ya sea la presbicia o las cataratas o… que nos presentan la realidad más borrosa. 
  La fe tiene sus enfermedades, sus telarañas, sus cataratas y su presbicia… "Nosotros pensábamos"… Este domingo si pudiera elegir una persona y un restaurante donde comer juntos, ¿a quién elegiría?, ¿qué restaurante reservaría? Nuestros dos viajeros lo reconocieron no en tecnicolor o en un personaje célebre sino en un simple gesto, el de partir el pan.

2° Domingo Pascua o de la Misericordia, 19 de Abril 2020, Ciclo A

San Juan 20, 19 - 31

 “¡Hosanna al Hijo de David!  ¡Bendito el que Viene en Nombre del Señor!”

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 

1.-La Alegría: es el signo propio de los cristianos, pues nosotros creemos en un Dios que está vivo y presente entre nosotros. Era cierto lo que Jesús había dicho: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Cristo, tras su muerte, no nos ha abandonado, sino que permanece a nuestro lado para siempre. Y ésta es la mayor de las alegrías que podemos tener. Ya no hay miedo, pues Cristo vive.
2.-La Paz: si el pecado es el odio, la ira, la envidia, las críticas, la soberbia, y tantas otras cosas que nos llevan a la muerte, la Resurrección ha vencido al pecado, y por ello Cristo Resucitado es portador de la paz. Es la paz del corazón, la paz que nos une de nuevo a Dios y a los demás, de los que nos habíamos separado por culpa del pecado. Todos nosotros necesitamos de la alegría y de la paz que Cristo nos trae con su resurrección.
3.-La Misericordia: “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”. La misericordia del Señor no tiene fin, es eterna, pues Dios ha vencido a la muerte, ha destruido el pecado, nos ha salvado con su resurrección. la misericordia de Dios es grande, y que por esa misericordia nos ha salvado, nos ha hecho vivir de nuevo, nos ha dado una esperanza viva. 
4.-La Fe: en Jesús vivo y resucitado consiste en reconocer su presencia en la comunidad de los creyentes, que es el lugar natural donde él se manifiesta y de donde irradia su amor. Sólo si permanecemos unidos haremos signos y prodigios, ayudaremos a los que sufren y seremos capaces de dar un sentido auténtico a nuestro mundo perdido y desorientado. 

REFLEXIÓN 

   Se puede ver la misericordia de Dios particularmente en su Hijo, Jesucristo.  De hecho, el papa Francisco llama a Jesús “el rostro de la misericordia del Padre”.  En el evangelio hoy Jesús muestra la misericordia tres veces.  Reflexionando en cada instancia nos ayudará a vivir mejor nuestro compromiso cristiano.  Ambas la pandemia y el mundo actual nos retan compartir la alegría de conocer a Cristo. 
   En primer lugar, Jesús muestra la misericordia cuando aparece a sus discípulos.  Ellos están apiñados juntos en temor.  Tal vez los judíos vengan para acusarlos de tomar el cuerpo de Jesús de su sepulcro.  Con la presencia de Jesús en su medio la situación cambia.  “Paz” – dice él – y la alegría reemplaza el miedo. 

    La posibilidad de contraer el virus Covid-19 ha aterrorizado a muchos de nosotros hoy día.  No queremos sentir como si estuviéramos ahogando, mucho menos queremos morir.  Somos sabios a tomar al pecho la paz que Jesús ofrece a nosotros también.  Ciertamente es preciso que sigamos los guías de los funcionarios de atención médica.  Pero es aún más importante que recordemos que Dios nos ama. 

   Jesús hace rodeos para mostrar la misericordia a Tomás. Este discípulo una vez era tan convencido que Jesús era el Mesías que quería morir con él.  Pero ahora Tomás rechaza el testimonio de los demás que Jesús ha resucitado.  Pide prueba física antes de que crea.  No queriendo que Tomás se quede en dudas, Jesús le aparece y le invita a tocar sus heridas. Jesús permite que seamos perdonados por la Reconciliación.  

PARA LA VIDA

   Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar el Aconcagua (de casi 7000 metros de altura, y cubierto en su mayoría de nieve) inició su travesía después de muchos años de preparación. Pero quería la gloria para él solo, así que emprendió la aventura sin compañeros. Empezó a subir, y se le fue haciendo tarde, y más tarde. Lejos de prepararse para acampar, siguió subiendo, decidido a llegar a la cima. 

   No tardó mucho en oscurecer. La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, nada de visibilidad, no había luna y las estrellas eran cubiertas por las nubes.  Fue entonces que, subiendo por un acantilado (a sólo cien metros de la cima), se resbaló y se desplomó hacia el vacío por los aires. Caía a una velocidad vertiginosa, lo único que podía ver eran veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad, y todo lo que podía sentir era la terrible sensación de ser succionado por la gravedad. 

   Seguía cayendo… y, en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos los momentos de su vida, los gratos y los no tan gratos. Él pensaba que iba a morir... sin embargo, de repente, sintió un tirón muy fuerte que casi lo parte en dos.  Sí... como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larga cuerda que lo amarraba de la cintura. 

   En esos momentos de quietud, suspendido en el aire, no pudo más que gritar: ¡Ayúdame, Dios mío...! Y de golpe, lo inesperado. Una voz grave y profunda surgió de los cielos para responderle: ¿Qué quieres que haga, hijo mío?  ¡Sálvame, Dios mío!  ¿Realmente crees que te pueda salvar?  Por supuesto, Señor... Entonces, corta la cuerda que te sostiene.  Hubo un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró más a la cuerda y reflexionó... Cuentan que el equipo de rescate que fue a buscarlo se sorprendió al encontrarlo colgado, congelado, muerto, agarradas con fuerza las manos a una cuerda... a tan sólo dos metros del suelo. 

Domingo de Ramos, 5 de Abril 2020, Ciclo A

San Mateo 26, 14 - 27,66 

 “¡Hosanna al Hijo de David!  ¡Bendito el que Viene en Nombre del Señor!”


Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 

1.-La Entrada a Jerusalén: Jesús que entra triunfante en Jerusalén, acompañado por sus discípulos y aclamado por todo el pueblo como rey y como Mesías. Pero la fiesta y la alegría de hoy pronto se convertirán en entrega, en pasión, en dolor. Jesús entra en Jerusalén para dar su vida en la cruz.
2.Jesús Aclamado como Mesías: “Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor”. Jesús es aclamado como rey y como Mesías. Reconocer a Cristo como rey significa aceptarlo como aquél que nos guía en nuestro camino, como aquél a quien debemos escuchar y al que seguimos. Reconocer a Cristo como Mesías es aceptarlo como nuestro salvador, siendo conscientes de que no podemos hacer nada sin Él, que nuestra salvación viene de Él. 
3.-Un Mesías Pobre: al contemplar hoy a Cristo que entra en Jerusalén montado en un asno, pobremente, reconocemos a Dios que quiere entrar también en nuestra vida de forma sencilla. Jesús triunfante, al entrar en la ciudad santa, no entró de forma portentosa, sin pompa ni lujos. Jesús no entró en Jerusalén montado en carroza, con un séquito que le acompañase, sino que entró humildemente.
4.-Un Mesías Sufriente: podemos contemplar la pasión y muerte del Señor. Cristo, que hoy entra triunfante en Jerusalén, es el Mesías sufriente, que muere por amor, que da la vida por nosotros. Éste es el verdadero sentido de la Semana Santa que hoy empezamos: celebrar y vivir el amor de Dios manifestado en la entrega incondicional de Cristo en la Cruz. Pongamos a Cristo en el centro de nuestra vida y caminemos así hasta la Pascua de la Resurrección.

REFLEXIÓN

   Año tras año el pasaje evangélico del domingo de Ramos nos relata la entrada de Jesús en Jerusalén. Junto con sus discípulos y con una multitud creciente de peregrinos, había subido desde la llanura de Galilea hacia la ciudad santa. Como peldaños de esta subida, los evangelistas nos han transmitido tres anuncios de Jesús relativos a su Pasión, aludiendo así, al mismo tiempo, a la subida interior que se estaba realizando en esa peregrinación. Jesús está en camino hacia el templo, hacia el lugar donde Dios, como dice el Deuteronomio, había querido «fijar la morada» de su nombre (cf. Dt 12, 11; 14, 23).
   Por eso, al comenzar Semana Santa, le decimos: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”. Sólo él, como afirma el Papa, nos salva del pecado, de la muerte, del miedo y de la tristeza. ¿Cómo lo hace? Con el poder del amor, que es el único poder capaz de hacer triunfar para siempre la verdad, la unidad, el bien, la justicia, el progreso, la paz y la vida.
   Escuchando al Padre, que quiere que todos seamos por siempre felices con él, Jesús no se echó para atrás, ni siquiera cuando fue traicionado por un amigo y abandonado por los demás; cuando fue calumniado, humillado, golpeado, escupido, azotado, coronado de espinas, injustamente condenado, despojado y clavado en la cruz.
   ¿Y nosotros? ¿Cómo reaccionamos ante el mal, cuando lo sufrimos o cuando somos parte de él? Porque a veces somos espectadores, otras veces somos víctimas, y otras veces somos victimarios.
   Velemos, oremos y sigamos su camino de amor. Así seremos libres, contribuiremos a construir juntos una familia y un mundo mejor, y alcanzaremos la altura de la vida por siempre feliz que sólo Dios puede dar.

PARA LA VIDA
   Había una vez un hombre que no quería cargar con su cruz. Se quejaba continuamente a Dios porque creía que su cruz era muy pesada y muy difícil de llevar. Entonces Dios le llevó a un monte lleno de cruces de madera de todos los tamaños y formas: con nudos, lisas, grandes, astilladas, pulidas... de todo tipo. El Señor le dijo: -¿Ves todas estas cruces?  Son las cruces de los hombres. Ya que no quieres cargar con la tuya, escoge la que quieras para cargarla sobre tus hombros.

   El hombre fue caminando entre las cruces. Había muchísimas y no sabía cuál escoger. Probó una cruz ligera, pesaba poco, pero larga y molesta de llevar. Se colocó al cuello una cruz de obispo, un pectoral, pero era tremendamente pesada de responsabilidad y de sacrificio. Otra era lisa y simpática en apariencia, pero en cuanto se la echó encima empezó a clavársele sobre los hombros, como si estuviera cubierta de clavos.
   Tomó entonces una cruz de plata que brillaba resplandeciente, pero al tenerla consigo sintió que empezaba a invadirle una sensación de congoja y soledad. Probó una y otra vez, pero cada cruz tenía algún defecto y ofrecía su propia dificultad. Y después de pasear entre todas las cruces vio una de tamaño medio, muy bien pulida y desgastada por el uso. No resultaba demasiado pesada ni dificultosa de llevar. Parecía hecha a propósito para él.
   El hombre la cargó sobre sus hombros, con aire de satisfacción.  Y le dijo al Señor que quería llevarse esa cruz. -¿Seguro que quieres llevarte esa y no otra? - le preguntó Dios, y el hombre respondió afirmativamente. Entonces el Señor le explicó que la cruz que acababa de escoger era precisamente su vieja cruz, aquella que había arrojado con desgana, la misma que había llevado durante toda su vida.

5° Domingo de Cuaresma, 29 de Marzo 2020, Ciclo A


San Juan 11, 1 - 45 

Yo Soy la Resurrección y la Vida


Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 

1.-La Vida: al hacer de esta vida un don absoluto y definitivo al Padre, en la muerte de cruz, Cristo con este don asegura a la vida la victoria y, al mismo tiempo, vuelve a confirmar la dignidad única e irrepetible de cada vida humana. Vuelve a confirmar la ley fundamental de la vida.
2.-La Muerte: quitar la vida humana significa siempre que el hombre ha perdido la confianza en el valor de su existencia; que ha destruido en sí, en su conocimiento, en su conciencia y voluntad, ese valor primario y fundamental. Si aceptásemos el derecho a quitar el don de la vida al hombre aún no nacido, ¿lograremos defender después el derecho del hombre a la vida en todas las demás situaciones? “Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae” (Jn 6,44).
3.-La Fe: que es garantía de nuestra futura resurrección, se demuestra fácilmente: si realizamos las obras que agradan a Dios, si poseemos en nosotros el Espíritu de Cristo, es decir, si vivimos en amistad con Dios: en paz y en gracia de Dios. La fe por sí sola, la fe de palabras, no es garantía de resurrección. Para nosotros, Cristo es nuestra vida y nuestra resurrección si creemos en él: y creer en él significa seguir sus caminos, cumplir el evangelio, resistir al pecado. Esto es aceptar a Cristo de palabra y de obra. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. 

REFLEXIÓN 

   En este 5º Domingo de Cuaresma, la liturgia nos garantiza que el designio de Dios es la comunicación de una vida que sobrepasa definitivamente la vida biológica: es la vida definitiva que supera la muerte. 
   En la primera lectura, Yahvé ofrece a su Pueblo exiliado, desesperado y sin futuro (condenado a la muerte) una vida nueva. Esa vida viene por el Espíritu, que recreará el corazón del Pueblo y lo insertará en una dinámica de obediencia a Dios y de amor a los hermanos. 
   La segunda lectura recuerda a los cristianos que, en el día de su bautismo, optaron por Cristo y por la vida nueva que Él vino a ofrecer. Les invita, por tanto, a ser coherentes con esa elección, a realizar las obras de Dios y a vivir “según el Espíritu”. 
   El Evangelio nos garantiza que Jesús vino a realizar el designio de Dios y dar a los hombres la vida definitiva. Ser “amigo” de Jesús y adherirse a su propuesta (haciendo de la vida una entrega obediente al Padre y una donación a los hermanos) es entrar en la vida definitiva. Los creyentes que viven de esa manera experimentan la muerte física; pero no están muertos: viven para siempre en Dios.
   Hoy, la resurrección de Lázaro, pone las cartas sobre la mesa: ¡Cristo es la resurrección! El motor que nos empuja a un cambio de mentalidad y de actitudes. Sólo por este gran regalo que nos trae Jesús, una resurrección para nunca morir, merece la pena intentar una renovación en el aquí y en el ahora. Situar a Dios justo en el lugar que le corresponde y saber que, el Señor, está por encima de la misma muerte. 
   Nuestra nueva vida no comienza después de haber respirado nuestro último aliento, o cuando nuestros cuerpos se entregan a la tumba, comienza ahora.

PARA LA VIDA

   Antes de salir de la habitación, un paciente le preguntó al médico: “Doctor, tengo miedo a morir. Dígame lo que hay al otro lado”. El médico le dijo que no lo sabía. Usted, un hombre cristiano, ¿no sabe lo que hay al otro lado? El médico tenía el pomo de la puerta en la mano, del otro lado de la puerta venía el sonido de los gemidos y patadas de un perro. Cuando abrió la puerta de un salto se plantó en medio de la habitación dando brincos de alegría al ver al doctor.
   Éste se dirigió al paciente y le dijo: ¿Ha observado a mi perro? Nunca ha estado en esta habitación. Lo único que sabía era que su dueño estaba dentro y cuando la puerta se abrió entró sin miedo. Yo no sé lo que hay al otro lado de la muerte, sí sé una cosa. Sé que mi dueño está ahí, al otro lado de la puerta, y eso me basta.
  La respuesta a la gran pregunta, los seguidores de Jesús, la encontramos en el evangelio de Jesús y en el final de Jesús. La Pascua, meta de nuestro viaje cuaresmal, es el paso de la muerte a la vida, es el grito que proclama que Jesús vive, y para El no hay ni olvido ni silencio.

4° Domingo de Cuaresma, 22 de Marzo 2020, Ciclo A

San Juan 9, 1 - 41

Fue, se Lavó y Volvió con Vista

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 
1.-La Alegríadebemos alegrarnos, puesto que el auténtico espíritu cuaresmal es búsqueda de la alegría profunda, fruto de la amistad con Dios. Nos alegramos porque la Pascua ya está cerca, y dentro de poco celebraremos nuestra liberación del mal y del pecado, gracias a la vida nueva que nos trajo Cristo muerto y resucitado.
2.-La Luz«Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá luz de vida» (Jn 8, 12). Cristo es Buen Pastor porque es la luz de nuestras almas. ¡Ser luz también en la parroquia, en tu ciudad, en tu patria! Ser luz, con la frecuencia asidua y convencida a la Santa Misa dominical y festiva; ser luz eliminando escrupulosamente las palabras soeces, alejándonos de cuanto oscurece el alma; ser luz con el ejemplo continuo de bondad y de fidelidad en todo lugar, pero especialmente en el ambiente privilegiado de la familia, recordando que «toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz».
3.-El Agua: es símbolo de Cristo, el enviado del Padre que devuelve la vista al ciego de nacimiento. El ciego curado había realizado así un itinerario que lo llevó gradualmente a descubrir la identidad de Aquél que lo había curado, a confesar su fe en Él como profeta y finalmente a postrarse ante Él para adorarlo como el Hijo enviado del Padre. Nuestro deber para con Dios es creer en Él y dar testimonio de Él.
REFLEXIÓN
El itinerario cuaresmal que estamos viviendo es un tiempo especial de gracia, durante el cual podemos experimentar el don de la bondad del Señor para con nosotros. La liturgia de este domingo, denominado «Laetare», nos invita a alegrarnos, a regocijarnos.
   La primera lectura no se refiere directamente al tema de la “luz” (el tema central de la liturgia de este Domingo). Sin embargo, cuenta la elección de David para ser rey de Israel y su unción; es un pretexto óptimo para que reflexionemos sobre la unción que recibimos el día de nuestro Bautismo y que nos constituyó como testigos de la “luz” de Dios en el mundo.
   En la segunda lectura, Pablo propone a los cristianos de Éfeso que rehúsen vivir al margen de Dios (“tinieblas”) y que escojan la “luz”. En concreto, Pablo explica que vivir en la “luz” es practicar las obras de Dios (la bondad, la justicia y la verdad).
   En el Evangelio, Jesús se presenta como “la luz del mundo”; su misión es liberar a los hombres de las tinieblas del egoísmo, del orgullo y de la autosuficiencia. El ciego de nacimiento representa al hombre marcado por el pecado, que desea conocer la verdad sobre sí mismo y sobre su destino, pero se ve impedido por una enfermedad congénita. Sólo Jesús puede curarlo: él es «la luz del mundo» (Jn 9, 5). Al confiar en él, todo ser humano espiritualmente ciego de nacimiento tiene la posibilidad de «volver a la luz», es decir, de nacer a la vida sobrenatural. Para quien encuentra a Jesús, no hay términos medios: o reconoce que lo necesita a él y su luz, o elige prescindir de él. En este último caso, tanto a quien se considera justo ante Dios como a quien se considera ateo, la misma presunción les impide abrirse a la conversión auténtica.
PARA LA VIDA 
   La antorcha de Cristo: Cuatro amigos escritores: Pedro, Rosa, Sergio y Jaime, deciden ir a un castillo para estudiar su historia. Comenzaron a recorrer el castillo y al caer la tarde un fuerte relámpago apagó las luces. Pedro aseguró que era un simple corte de luz y que pronto se restablecería. 
   Pasó el tiempo y nada. Se quedaron quietos pero el frío se hacía insoportable. Sergio largó la mano y encontró un pedazo de madera e hizo una antorcha, la cual iluminó todo, y comenzaron salir. Pero Jaime quien argumentó conocer muy bien el castillo y la oscuridad no era problema. Trataron de disuadirlo, pero todo fue en vano pues era demasiado orgulloso. 
   Los demás siguieron y al rato escucharon un fuerte golpe. Al correr encontraron a Jaime muerto, había rodado por unas escaleras. Los amigos lloraron la muerte de su infortunado amigo. Pero si Jaime hubiese seguido a Sergio, quien llevaba la antorcha, él hubiese permanecido con vida. “Ciegos somos todos, cuando nos cerramos a la verdad y andamos en la equivocación”

3° Domingo de Cuaresma, 15 de Marzo 2020, Ciclo A

San Juan 4, 5-15. 19b-26. 39a. 40-42  

“Si Conocieras el DON de Dios: ¡CRISTO!”


Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.
SIN GRABAR AÚN
1.-La SedSólo quien ha experimentado la sed del desierto, como los israelitas en Rafidim, está capacitado para entender el valor del agua, que se convierte en el símbolo de lo único que puede satisfacer profunda y plenamente al hombre. Sólo quien ha experimentado la sed ardiente de Dios, sabe valorar el precio del Agua Viva de la gracia. San Agustín decía que Dios tiene sed de nuestra sed de él, es decir, desea ser deseado. Cuanto más se aleja el ser humano de Dios, tanto más él sigue con su amor misericodioso.
2.-El Agua: el Don de Dios, simbolizado en el agua, que es Cristo, su amistad, su seguimiento, nuestra divinización y plenitud. Es la perla preciosa, el tesoro escondido en el campo (Mt 13,44). El que lo encuentra se hace rico. Es lo mejor que le puede pasar.
3.-El Encuentro: como el de la samaritana, es el que hace al cristiano convincente y persuasivo, y ese encuentro sólo lo conseguiremos en la oración. Sin oración, los sembradores siembran granos vacíos, sin germen de vida, consiguientemente estériles.  
4.-La Adoración a Dios: constituye la razón de ser de la Iglesia y de cada hombre, el cual no puede dar expresión cabal a su existencia, sin manifestar este acto amoroso, espontáneo y consciente a Dios, su Creador. Y este acto de adoración se realiza sobre todo en la comunidad reunida para la celebración del banquete del Señor, en la fracción del pan, que también nosotros renovaremos dentro de poco.
REFLEXIÓN 
   La Palabra de Dios que hoy se nos propone afirma, esencialmente, que nuestro Dios está siempre presente en nuestro caminar por la historia y que sólo Él nos ofrece un horizonte de vida eterna, de realización plena, de felicidad perfecta. 
La primera lectura muestra cómo Yahvé acompañó el caminar de los hebreos por el desierto del Sinaí y cómo, en los momentos de crisis, respondió a las necesidades de su Pueblo. El cuadro revela la pedagogía de Dios y nos da la clave para entender su lógica, manifestada en cada paso de la historia de la salvación.
La segunda lectura repite, en otros términos, la enseñanza de la primera: Dios acompaña a su Pueblo en su marcha por la historia; y, a pesar del pecado y de la infidelidad, insiste en ofrecerle, de forma gratuita e incondicional, la salvación.
El Evangelio: El simbolismo del agua vuelve con gran elocuencia en la célebre página evangélica que narra el encuentro de Jesús con la samaritana en Sicar, junto al pozo de Jacob. Notamos enseguida un nexo entre el pozo construido por el gran patriarca de Israel para garantizar el agua a su familia y la historia de la salvación, en la que Dios da a la humanidad el agua que salta hasta la vida eterna. Si hay una sed física del agua indispensable para vivir en esta tierra, también hay en el hombre una sed espiritual que sólo Dios puede saciar. Esto se refleja claramente en el diálogo entre Jesús y la mujer que había ido a sacar agua del pozo de Jacob.
En el diálogo entre Jesús y la samaritana vemos delineado el itinerario espiritual que cada uno de nosotros, que cada comunidad cristiana está llamada a redescubrir y recorrer constantemente. 

PARA LA VIDA
Agua dulce 
   Un pequeño buque de carga navegaba cerca de las costas de América del Sur cuando la provisión de agua potable se le agotó. El capitán no conocía exactamente cuál era su posición; entonces, al percibir otro barco a lo lejos, la tripulación envió por radio un pedido de socorro en estos términos: "El agua dulce falta a bordo" Cuál no fue su sorpresa cuando el navío interpelado respondió: ¡Sólo tienen que sacar agua! 
   Así lo hicieron; sacaron agua, la filtraron y bebieron tanta agua dulce como quisieron. ¿Qué había sucedido? Su barco se encontraba cerca de la desembocadura del Amazonas, el gran río cuyas aguas se pierden en el Atlántico a más de cien kilómetros mar adentro. A pesar de las apariencias contrarias, se salvaron al creer el mensaje que se les dirigió. 
   Hay sed, pero… Vivimos distraídos, con mucho trabajo. Se vive deseando y no buscando. Queriendo y no buscando… Nos falta decisión. Coraje. Disposición. Jesús el agua que da vida. Es regalo de Dios. Por el agua y el espíritu nos regeneramos.