4° Domingo de Cuaresma, 14 Marzo de 2021, Ciclo B

 San Juan 3, 14 - 21

"Dios Envió a Su Hijo Para que el Mundo se Salve Por Él"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 

1.-Las Falsas Seguridades: hoy día puede pasarnos a nosotros lo mismo, al pensar que somos “cumplidores” del precepto dominical y de otras normas. Podemos creer, como decía aquella ilustración de Mingote, que “al cielo iremos los de siempre”.

2.- La Gracia: El amor, que se revela mediante la cruz, es precisamente la gracia. En ella se desvela el más profundo rostro de Dios. ¡La gracia es un don que compromete! ¡El don de Dios vivo, que compromete al hombre para la vida nueva! Y precisamente en esto consiste ese juicio del que habla también Cristo a Nicodemo: la cruz salva y, al mismo tiempo, juzga. Juzga diversamente. Juzga más profundamente. «Porque todo el que obra el mal, aborrece la luz»... 

3.- La Cruz: es preciso que nosotros reunidos en esta estación cuaresmal de la cruz de Cristo, nos hagamos estas preguntas fundamentales, que fluyen de la cruz hacia nosotros. ¿Qué hemos hecho y qué hacemos para conocer mejor a Dios? Este Dios que nos ha revelado Cristo. ¿Quién es El para nosotros? ¿Qué lugar ocupa en nuestra conciencia, en nuestra vida?

4.-La Alegría: surge espontáneamente la pregunta: pero ¿cuál es el motivo por el que debemos alegrarnos? Desde luego, un motivo es la cercanía de la Pascua, cuya previsión nos hace gustar anticipadamente la alegría del encuentro con Cristo resucitado. Pero la razón más profunda está en el mensaje de las lecturas bíblicas que la liturgia nos propone hoy y que acabamos de escuchar. Nos recuerdan que, a pesar de nuestra indignidad, somos los destinatarios de la misericordia infinita de Dios. Dios nos ama de un modo que podríamos llamar "obstinado", y nos envuelve con su inagotable ternura.

5.-El Amor: "Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna" (Jn 3, 16). Sabemos que esa "entrega" por parte del Padre tuvo un desenlace dramático: llegó hasta el sacrificio de su Hijo en la cruz. Si toda la misión histórica de Jesús es signo elocuente del amor de Dios, lo es de modo muy singular su muerte, en la que se manifestó plenamente la ternura redentora de Dios. 

REFLEXIÓN 

   La liturgia dominical de hoy comienza con la palabra: Laetare: "¡Alégrate!", es decir, con la invitación a la alegría espiritual. A mitad de nuestro camino cuaresmal, en este cuarto domingo de Cuaresma, se nos invita a meditar sobre un tema que está en el centro del anuncio cristiano, es decir, el gran amor que Dios siente por la humanidad. En el evangelio de hoy leemos: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna» (Jn3, 16).

   En la primera lectura de las Crónicas 36, 14 - 16 . 19 - 23: La ira y la misericordia del Señor se manifestaron en el exilio y en la liberación del puebloEl final del segundo libro de las Crónicas contiene una meditación profunda de la historia del pueblo de Israel que, con su rebeldía y pecados, provoca el castigo divino. El Señor abate su soberbia y luego le regenera por la misericordia.

   En la segunda lectura a los Efesios 2,4 -10Muertos por el pecado, por pura gracia estáis salvados. El misterio de la Cruz, signo definitivo de la salvación, es también una prueba amorosa de amor salvífico del Padre sobre nosotros.

   En el Evangelio, Juan 3, 14 - 21: Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por Él. Como hijos de las tinieblas, todos los hombres éramos seres mordidos por el pecado para la muerte y la condenación. Por el misterio de la Cruz el Padre nos regenera de nuevo para la luz y la vida de hijos.  

   La Cruz de Cristo es la prueba suprema de la misericordia y del amor de Dios por nosotros: Jesús nos amó «hasta el extremo» (Jn 13, 1), es decir, no sólo hasta el último instante de su vida terrena, sino hasta el límite extremo del amor. Si en la creación el Padre nos dio la prueba de su inmenso amor dándonos la vida, en la pasión y en la muerte de su Hijo nos dio la prueba de las pruebas: vino a sufrir y morir por nosotros. Así de grande es la misericordia de Dios: Él nos ama, nos perdona; Dios perdona todo y Dios perdona siempre.

PARA LA VIDA 

   Había una vez un hombre cuyo único pensamiento era tener oro, hacerse con todo el oro posible del mundo.  Era un pensamiento obsesivo que le roía el cerebro y el corazón. No era capaz de pensar en otra cosa, ni de concebir ningún otro pensamiento, desear o querer ninguna otra cosa que no fuera el oro.  Cuando paseaba por las calles de la ciudad contemplando escaparates, sólo veía las joyerías o platerías. No se daba cuenta ni de la gente que pasaba ni tenía ojos para contemplar las obras de arte, el cielo azul o la maravilla de los jardines en primavera.

 

   Sólo veía oro, oro, oro. Un día no pudo resistir más: entró corriendo en una joyería y empezó a llenarse los bolsillos de collares, perlas, pulseras, sortijas y prendedores de oro. Naturalmente, cuando se disponía a salir del comercio fue detenido en el acto por los vigilantes del negocio. Los policías le preguntaron: - Pero, ¿cómo podrías pensar que te ibas a salir con la tuya y escapar sí por las buenas con todo el botín? La tienda estaba llena de gente y los vigilantes te estaban observando. - ¿Posible? – dijo el hombre sorprendido – No tenía ni la más mínima idea de que había gente en la tienda. Yo sólo veía el oro. 

   Nuestra misión es dura: decir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo que lo que viven no es la auténtica Felicidad, que van ciegos por la vida fijándose y valorando lo que es vacío y caduco, que algo más que contemplar en la vida, como nos dice el cuento, la bondad, la amistad, la familia, la fe, los que nos necesitan, y que esa Felicidad está sólo en Cristo y en el Evangelio del Amor..

3° Domingo de Cuaresma, 7 Marzo de 2021, Ciclo B

 San Juan 2, 13 - 25

"Destruyan Este Templo y en Tres Días lo Volveré a Levantar"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 

1.- Los Mandamientos: si se analizan en profundidad, son el instrumento que el Señor nos da para defender nuestra libertad tanto de los condicionamientos internos de las pasiones como de los abusos externos de los maliciosos.  Los "no" de los mandamientos son otros tantos "sí" al crecimiento de una libertad auténtica. 

2.- La Casa: es la morada del hombre. Es una condición necesaria para que el hombre pueda venir al mundo, crecer, desarrollarse, para que pueda trabajar, educar, y educarse, para que los hombres puedan constituir esa unión más profunda y más fundamental que se llama "familia". Se construyen las casas para las familias. Después, las mismas familias se construyen en las casas sobre la verdad y el amor.

3.- La Familia: el fundamento primero de esta construcción es la alianza matrimonial, que se expresa en las palabras del sacramento con las que el esposo y la esposa se prometen recíprocamente la unión, el amor, la fidelidad conyugal. Sobre este fundamento se apoya ese edificio espiritual, cuya construcción no puede cesar nunca. La familia está construida sobre la sabiduría y el poder del mismo Cristo, porque se apoya sobre un sacramento. Y está construida también y se construye constantemente sobre la ley divina, que no puede ser sustituida en modo alguno por cualquier otra ley.

4.- El Templo: El Señor se refería al templo vivo de su cuerpo, que sería destruido con la muerte en la cruz, pero que resucitaría al tercer día. su cuerpo, destruido en la cruz por la violencia del pecado, se convertirá con la Resurrección en lugar de la cita universal entre Dios y los hombres. Cristo resucitado es precisamente el lugar de la cita universal —de todos— entre Dios y los hombres. Cada Eucaristía que celebramos con fe nos hace crecer como templo vivo del Señor, gracias a la comunión con su Cuerpo crucificado y resucitado. Jesús conoce lo que hay en cada uno de nosotros, y también conoce nuestro deseo más ardiente: el de ser habitados por Él, sólo por Él. Dejémoslo entrar en nuestra vida, en nuestra familia, en nuestro corazón.

REFLEXIÓN 

La liturgia del 3º domingo de Cuaresma nos da cuenta de la eterna preocupación de Dios por conducir a los hombres hacia la vida nueva. En ese sentido, la Palabra de Dios que se nos propone ofrece sugerencias diversas de conversión y renovación.

   En la primera lectura, Dios nos ofrece un conjunto de indicaciones (“mandamientos”) que deben conducir nuestro camino por la vida. Son indicaciones que se refieren a las dos dimensiones fundamentales de nuestra existencia: nuestra relación con Dios y nuestra relación con los hermanos.

   En la segunda lectura, el apóstol Pablo nos sugiere la conversión a la lógica de Dios. Es preciso que descubramos que la salvación, la vida plena, la felicidad sin fin no se encuentra en una lógica de poder, de autoridad, de riqueza, de importancia, sino que está en la lógica de la cruz, esto es, en el amor total, en la donación de la vida hasta las últimas consecuencias, en el servicio sencillo y humilde a los hermanos.

   En el Evangelio, Jesús se presenta como el “Nuevo Templo” donde Dios se revela a los hombres y donde les ofrece su amor. Nos invita a mirar a Jesús y a descubrir en sus indicaciones, en su anuncio, en su “Evangelio” esa propuesta de vida nueva que Dios nos quiere presentar.

En este tiempo de Cuaresma nos estamos preparando para la celebración de la Pascua, en la que renovaremos las promesas de nuestro bautismo. Caminemos en el mundo como Jesús y hagamos de toda nuestra existencia un signo de su amor para nuestros hermanos, especialmente para los más débiles y los más pobres, construyamos para Dios un templo en nuestra vida. Y así lo hacemos «encontrable» para muchas personas que encontramos en nuestro camino. Si somos testigos de este Cristo vivo, mucha gente encontrará a Jesús en nosotros, en nuestro testimonio.

PARA LA VIDA

   El comandante en jefe de las fuerzas de ocupación le dijo al alcalde de la aldea: “Tenemos la absoluta seguridad de que ocultan ustedes a un traidor en la aldea. De modo que, si no nos lo entregan, vamos a hacerles la vida imposible, a usted y a toda su gente, por todos los medios a nuestro alcance”. En realidad, la aldea ocultaba a un hombre que parecía ser bueno e inocente y a quien todos querían. Pero, ¿qué podía hacer el alcalde, ahora que se veía amenazado el bienestar de toda la aldea?. 

   Días enteros de discusiones en el Consejo de la aldea no llegaron a ninguna solución. De modo que, en última instancia, el alcalde planteó el asunto al cura del pueblo. El cura y el alcalde se pasaron toda la noche buscando en las Escrituras y, al fin, apareció la solución. Había un texto en la Biblia que decía: “Es mejor que muera uno solo por el pueblo y no que perezca toda la nación”. De forma que el alcalde decidió entregar al inocente a las fuerzas de ocupación, si bien antes pidió que le perdonara. 

  El hombre le dijo que no había nada que perdonar, que él no deseaba poner a la aldea en peligro. Fue cruelmente torturado hasta el punto de que sus gritos pudieron ser oídos por todos los habitantes de la aldea. Por fin fue ejecutado. Veinte años después pasó un profeta por la aldea, fue directamente al alcalde y le dijo: “¿Qué hiciste? Aquel hombre estaba destinado por Dios a ser el salvador de este país. Y tú lo entregaste para ser torturado y muerto” “¿Y qué podría hacer yo?”, alegó el alcalde. “El cura y yo estuvimos mirando las Escrituras y actuamos en consecuencia”.  “Ese fue vuestro error”, dijo el profeta. “Mirasteis las Escrituras, pero deberíais haber mirado a sus ojos”.

2° Domingo de Cuaresma, 28 Febrero de 2021, Ciclo B

 San Marcos 1, 40- 45

"Este Es Mi Hijo, el Amado"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 

1.- La Transfiguración: esa extraordinaria manifestación de la filiación divina de Jesús. Es la revelación de la gloria, que precede la prueba suprema de la cruz y anticipa la victoria de la resurrección. debemos ponernos a la escucha de Jesús. Él nos revela al Padre, porque, como Hijo eterno, es «imagen de Dios invisible» (Col 1, 15).

2.- El Sacrificio: el sacrificio de Isaac anticipa el de Cristo: el Padre no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó para la salvación del mundo. Él, que detuvo el brazo de Abraham en el momento en que estaba a punto de inmolar a Isaac, no dudó en sacrificar a su propio Hijo por nuestra redención. De ese modo, el sacrifico de Abraham pone de relieve que nunca y en ningún lugar se deben realizar sacrificios humanos, porque el único sacrificio verdadero y perfecto es el del Hijo unigénito y eterno de Dios vivo.

3.-El Camino: La Cuaresma es un camino de subida. Es una invitación a redescubrir el silencio pacificador y regenerador de la meditación. Se trata de un esfuerzo de purificación del corazón, para liberarlo del pecado que pesa sobre él. Ciertamente se trata de un camino arduo, pero que orienta hacia una meta rica en belleza, esplendor y alegría.

4.- Cristo: es el Hijo amado del Padre. Es, sobre todo, la palabra "amado" la que, respondiendo a nuestros interrogantes, descorre en cierto modo el velo que oculta el misterio de la paternidad divina. En efecto, nos da a conocer el amor infinito del Padre al Hijo y, al mismo tiempo, nos revela su "pasión" por el hombre, por cuya salvación no duda en entregar a este Hijo tan amado. 

5.- La Fe: en efecto, la existencia humana es un camino de fe y, como tal, transcurre más en la penumbra que a plena luz, con momentos de oscuridad e, incluso, de tinieblas. Mientras estamos aquí, nuestra relación con Dios se realiza más en la escucha que en la visión; y la misma contemplación se realiza, por decirlo así, con los ojos cerrados, gracias a la luz interior encendida en nosotros por la palabra de Dios.

 REFLEXIÓN 

   El Segundo Domingo nos lleva a contemplar a Jesús transfigurado (Mc 9,2-9). Tras el doloroso y desconcertante primer anuncio de la pasión y la llamada de Jesús a seguirle por el camino de la cruz (8,31-38), se hace necesario alentar a los discípulos abatidos. Además de que la ley y los profetas –personificados en Moisés y Elías– manifiestan a Jesús como aquel en quien hallan su cumplimiento, es Dios mismo –simbolizado en la nube– quien le proclama su Hijo amado.

   La primera lectura nos refiere el episodio en el que Dios pone a prueba a Abrahán (cf. Gn 22, 1-18). Abrahán tenía un hijo único, Isaac, que le nació en la vejez. Era el hijo de la promesa, el hijo que debería llevar luego la salvación también a los pueblos. Dios no quiere la muerte, sino la vida; el verdadero sacrificio no da muerte, sino que es la vida, y la obediencia de Abrahán se convierte en fuente de una inmensa bendición hasta hoy. Dejemos esto, pero podemos meditar este misterio.

   En la segunda lectura, san Pablo afirma que Dios mismo realizó un sacrificio: nos dio a su propio Hijo, lo donó en la cruz para vencer el pecado y la muerte, para vencer al maligno y para superar toda la malicia que existe en el mundo. 

   Por último, el Evangelio nos habla del episodio de la Transfiguración (cf. Mc 9, 2-10): Jesús se manifiesta en su gloria antes del sacrificio de la cruz y Dios Padre lo proclama su Hijo predilecto, el amado, e invita a los discípulos a escucharlo. Jesús sube a un monte alto y toma consigo a tres apóstoles —Pedro, Santiago y Juan—, que estarán especialmente cercanos a él en la agonía extrema, en otro monte, el de los Olivos. La transfiguración es un momento anticipado de luz que nos ayuda también a nosotros a contemplar la pasión de Jesús con una mirada de fe. La pasión de Jesús es un misterio de sufrimiento, pero también es la «bienaventurada pasión». Tenemos necesidad de ella en nuestro camino diario, a menudo marcado también por la oscuridad del mal. 

 PARA LA VIDA 

   Un día un el discípulo de un gran maestro le preguntó: -¿Cómo puedo encontrar a Dios?. Y el maestro le contestó: - Debes quererlo. El discípulo de dijo: - Pero yo lo estoy deseando con todo el corazón. Entonces, ¿por qué no lo encuentro? Un día, el maestro se estaba bañando en el río con el discípulo. Sumergió la cabeza del joven bajo el agua y allí la sujetaba mientras el pobrecillo discípulo pataleaba desesperadamente para librarse. 

  Al día siguiente, el maestro inició la conversación: - ¿Por qué te agitabas tanto ayer cuando te sujetaba la cabeza bajo el agua? - Porque buscaba ansiosamente aire para respirar - contestó el discípulo. - Pues entonces, cuando te decidas a buscar a Dios de verdad tan ansiosamente como buscabas el aire para respirar, entonces seguro que lo encontrarás”.  Los discípulos también tuvieron la tentación de quedarse colgados de aquella experiencia y pretendieron construir tres tiendas para no bajar al valle de la vida cotidiana y real. 

   Jesús los tuvo que enviar de nuevo a bajar. La oración, el encuentro gozoso con el Señor, no es para quedarse en ella, sino para llevarla a la vida, o más bien, para que nuestra vida, la que vivimos cada día, sea en verdad oración. Así nuestra vida rutinaria se coloreará de luz, saldrá de su monotonía y de su encerramiento materialista, y la proyectará hacia las estrellas. Así surgirá ese deseo de Dios del que nos habla el cuento y necesitaremos del Él como del oxígeno para respirar. Y eso se notará en la vida, porque nuestro rostro y nuestra vida también quedarán transfigurados, transformados, resplandecientes, luminosos como el de Cristo.

1° Domingo de Cuaresma, 21 Febrero de 2021, Ciclo B

 San Marcos 1, 40 - 45

"Se Dejaba Tentar por Satanás, y los Ángeles le Servían"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 

1.- La Prueba o Tentación: está ahí, acecha a todo ser humano. Lo malo no es ser tentado, Jesús también lo fue, lo malo es caer en la tentación. Iniciamos este tiempo de Cuaresma haciéndonos conscientes de que el mal y la tentación están cerca de nosotros. Está nuestra capacidad de elegir: de consentir o de vencer. Sin embargo, en nosotros hay una llamada a dejarnos guiar por el Espíritu, a optar por Dios como compañero de camino, nunca para manipularlo y servirnos de Él, sino para que se realice el destino de vivir en libertad, pese al “poder de las tinieblas”. ¡Jesús ha vencido ya!

2.-La Conversión: que pide Jesús como primer tema de la predicación del Reino debería empezar por dar la vuelta a nuestro modo de vivir habitualmente nuestra fe. Casi todos la vivimos en un contexto que favorece las posturas acomodadas. Nos habituamos a largas componendas, a la generosa tolerancia con lo que sabemos no cuadra muy bien. Nos protegemos con la excusa de que somos así y al cabo de tanto tiempo no hay cambio posible.

3.-El Desierto: además de ser lugar de encuentro con Dios, es también lugar de tentación y de lucha espiritual. Es un período de soledad y de prueba espiritual, que supera con la ayuda de la palabra de Dios y con la oración.

4.- El Pecador: a la vez que ofende a Dios y se daña a sí mismo, se hace responsable también del mal testimonio y de la influencia negativa de su comportamiento. Incluso cuando el pecado es interior, empeora de alguna manera la condición humana y constituye una disminución de la contribución que todo hombre está llamado a dar al progreso espiritual de la comunidad humana.

5.-La Reconciliación: sí, el hombre es la única criatura en la tierra que puede establecer una relación de comunión con su Creador, pero también es la única que puede separarse de él. De hecho, por desgracia, con frecuencia se aleja de Dios. Afortunadamente, muchos, como el hijo pródigo, después de abandonar la casa paterna y disipar la herencia recibida, al tocar fondo, se dan cuenta de todo lo que han perdido (cf. Lc 15, 13-17). Entonces, emprenden el camino de vuelta: «Me levantaré, iré a mi padre y le diré:  «Padre, pequé…» » (Lc 15, 18).

REFLEXIÓN 

   Hoy es el primer domingo de Cuaresma, y el Evangelio, con el estilo sobrio y conciso de san Marcos, nos introduce en el clima de este tiempo litúrgico:  «El Espíritu impulsó a Jesús al desierto y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás» (Mc 1, 12-13).

   En Tierra Santa, al oeste del río Jordán y del oasis de Jericó, se encuentra el desierto de Judea, que, por valles pedregosos, superando un desnivel de cerca de mil metros, sube hasta Jerusalén. Después de recibir el bautismo de Juan, Jesús se adentró en aquella soledad conducido por el mismo Espíritu Santo que se había posado sobre él consagrándolo y revelándolo como Hijo de Dios.

   En la primera lectura del Génesis 9,8-15: encontramos el Pacto de Dios con Noé, liberado de las aguas del diluvio. Tras el castigo purificador del diluvio, Dios volvió a proclamar su designio de alianza y salvación sobre la comunidad nuevamente regenerada y misteriosamente seleccionada entre la humanidad pecadora: «Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia» (Rom 5,20).

En la segunda lectura 1 Pedro 3,18-22Aquello fue un símbolo del bautismo que ahora os salva. Por la muerte redentora de Cristo las aguas bautismales son, en los planes de Dios, el medio sacramental que nos limpia de nuestros pecados y nos incorpora a la Iglesia, arca definitiva de salvación. 

   El Evangelio de Marcos 1,12-15: nos muestra como el Señor era tentado por Satanás y los ángeles le servían. La conversión evangélica personal y la penitencia reformadora de nuestras vidas son tan imprescindibles, que sin ellas no puede haber salvación para nosotros. El aval de nuestra conversión es el Corazón del Hijo Redentor. 

PARA LA VIDA 

   Érase una vez un rey que tenía una hija muy hermosa. Tenía muchos pretendientes, pero la joven quería encontrar el hombre que la amara más que a cualquier otra cosa. Para encontrar el esposo perfecto, el rey ideó un test que tenían que superar todos sus pretendientes. El rey mandó publicar un edicto por todo el país anunciando una carrera en la que podrían participar todos los ciudadanos, ricos y pobres, sólo se exigía una condición, que amaran a la princesa más que a nada en el mundo. 

   El que llegara el primero se casaría con la princesa que estaría esperándole en la meta. El día señalado para la carrera todos los jóvenes del reino acudieron a la línea de salida, todos preparados para recorrer muchos kilómetros. Antes de comenzar la carrera se hizo el siguiente anuncio. El rey es muy rico y para que nadie corra en vano ha mandado esparcir a lo largo del recorrido gran parte de sus riquezas: joyas, perlas, bolsas de oro, sables...Cada particiante podía detenerse a coger lo que quisiera. 

   La carrera comenzó e inmediatamente los jóvenes, seducidos por las riquezas, empezaron a llenarse los bolsillos y se olvidaron de la princesa y de su profesión de amor. Todos menos uno que ignorando todas esas baratijas, sin detenerse, corrió hacia la meta y allí recibió el premio de la carrera, la hija del rey. La tentación es un simple test, muestra si lo que hay dentro de cada uno es escoria o mineral auténtico. 

   Jesús eligió la opción de Dios, ser el Mesías del servicio, del anonadamiento, del sufrimiento, de la muerte para llevar a plenitud el plan de Dios. La opción de Dios se nos antoja como un monumental fracaso. Nosotros después de dos mil años seguimos predicando y confiando en el Mesías de Dios.

6° Domingo del Tiempo Ordinario, 14 de Febrero de 2021, Ciclo B

 San Marcos 1, 40 - 45

"La Lepra Desapareció y Quedó Purificado"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 

1.- La Lepra: personifica en los tiempos que vivimos a toda persona que se duele y llora por las situaciones de contradicción que se dan en el mundo. Por tanta exclusión e injusticia fruto de la intolerancia o de los intereses que convierten automáticamente a unos en buenos y a otros en malos. la perseverancia y la mano de Dios salen al paso de aquellos que saben que, sólo Dios, es capaz de responder con generosidad cuando el mundo rechaza o abandona.

2.-El Amor: está por encima de la ley. tenemos que acercarnos al necesitado, acogerle con cariño y estar dispuestos a tenderle nuestra mano. Las manos sirven a veces para golpear, para rechazar, para desplazar al otro. Jesús emplea su mano para perdonar, para acoger, para ayudar, para apoyar al que se tambalea, para guiar al que no encuentra el camino. Jesús ha unido el mandamiento del amor a Dios con el de amor al prójimo. Amar, según es “ocuparse del otro y preocuparse por el otro”. Se trata de un amor oblativo, que se entrega al otro, es decir del amor entendido como “agapé”, auto donación gratuita y generosa al hermano.

3.-Ver con Misericordia: Jesús actúa con misericordia –poniendo el corazón en la miseria–. El cura y, sobre todo, pone sus ojos de amor en aquel hombre. Hemos de aprender a mirar no con nuestros ojos, sino desde los ojos y sentimientos de Jesús, que se fija en el necesitado y sale a su encuentro. Sólo pide fe, la confianza del leproso, que le dice: “Si quieres, puedes curarme”. Y Jesús....le devolvió la salud y la dignidad.

4.-“Comparte lo que Importa”: hoy se celebra la “Campaña Contra el Hambre de Manos Unidas”. Para los cristianos la caridad no es una especie de actividad de asistencia social, que se podría dejar a otros, sino que es algo que pertenece a su naturaleza y a su esencia. La Iglesia es la familia de Dios en el mundo. En el mundo no debe haber nadie que sufra por falta de alimentos. Es necesario luchar por la justicia y por una sociedad más equitativa. 

REFLEXIÓN 

   La liturgia del 6º Domingo del tiempo ordinario nos presenta a un Dios lleno de amor, bondad y ternura, que nos invita a formar parte de la comunidad de los hijos amados de Dios. No excluye a nadie ni acepta que, en su nombre, se inventen sistemas de discriminación o de marginación de los hermanos.

   La primera lectura nos presenta la legislación que definía la forma de tratar a los leprosos. Impresiona cómo, a partir de una imagen desfigurada de Dios, los hombres son capaces de inventar mecanismos de discriminación y de expulsar en nombre de Dios.

   La segunda lectura nos invita a los cristianos a tener como prioridad la gloria de Dios y el servicio de los hermanos. El ejemplo supremo debe ser el de Cristo, que vivió en la obediencia incondicional a los planes del Padre y que hizo de su vida una ofrenda de amor, al servicio de la liberación de los hombres.

   El Evangelio nos dice que, en Jesús, Dios viene al encuentro de sus hijos, víctimas de la discriminación y de la exclusión, que se compadece de su miseria, tendiéndoles la mano con amor, liberándolos de sus sufrimientos, invitándoles a formar parte de la comunidad del “Reino”. Dios no pacta con la discriminación y denuncia como contrarios a sus proyectos todos los mecanismos de opresión de los hermanos.

   La Eucaristía de cada domingo, el encuentro con la Palabra y con el Resucitado, nos inyecta a los cristianos la fuerza necesaria para insertarnos de nuevo, con impulso renovado y claro, en una sociedad donde no siempre predomina el bien común. Recordemos que hemos de ser sal (aunque pique) y luz (aunque deslumbre).

   La oración, personal o comunitaria, nos brinda esa oportunidad para recuperarnos de otros tantos rechazos cuando presentamos, con respeto pero con valentía, nuestra forma de entender el mundo, la sociedad, el hombre, etc., desde la fe.

   El testimonio, de lo que llevamos dentro, de nuestra experiencia de Dios, nos exige pregonar que con Jesús nos sentimos bien. Que haber encontrado a Dios, lejos de ser una preocupación, nos ayuda a llenar huecos peligrosos en nuestra vida.

 PARA LA VIDA 

   Darío, rey de Persia, estaba cazando un día cuando se encontró apartado de sus sirvientes. Cabalgaba solo a través de una pradera y observó que un hombre corría hacia él. - Es un enemigo – pensó, y colocando una flecha en su arco, apuntó. -Mi señor – gritó el hombre lleno de miedo- No disparéis. ¿No me reconocéis? Soy vuestro caballerizo y cuido de vuestros corceles. -Da gracias a tu buen ángel – dijo Darío sonriendo, mientras guardaba la flecha- Un minuto más y estarías muerto. El caballerizo rio nerviosamente, se acercó y se inclinó. -Espero que me perdonéis, mi señor, si os ofrezco un consejo – dijo - ¡Tiene que haber algo verdaderamente errado cuando un rey no distingue a un amigo de un enemigo! Una de las exigencias de la gran posición que ocupáis es la de saber quién es cada uno de vuestros servidores. 

   He estado a menudo en vuestra presencia y hemos discutido varias veces sobre los caballos que cuido para vos. Pero ahora, cuando corría lleno de alegría para daros la bienvenida, no deberíais haber pensado que era un enemigo. - ¿Veis todos estos caballos? – dijo el caballerizo extendiendo los brazos -. ¡Hay cientos de ellos, miles de ellos! Y conozco el nombre de todos. Nombrad uno y os lo traeré. Esta es la razón de que me confiaseis este puesto. ¡Oh, majestad! Deberíais atender a vuestros súbditos con el mismo cuidado. Se dijo que Darío se dirigió amablemente al hombre y que grabó el consejo en su corazón. Más que nunca necesitamos ser tocados, acariciados, acogidos, sentirnos útiles, saber que somos amados como personas, con nuestro nombre.

5° Domingo del Tiempo Ordinario, 7 de Febrero de 2021, Ciclo B

 San Marcos 1, 29 - 39

"Sanó a Muchos, que Sufrían Diversos Males"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 

1.-El Sufrimiento: se dice que el dolor es como el fuego que o nos quema y nos destruye, o nos purifica y salva. Los santos subieron hasta la santidad a través de peldaños de sufrimiento y mortificación. Si nosotros queremos de verdad seguir a Jesús sepamos sufrir y sepamos amar, o, mejor, sepamos sufrir amando y amar sufriendo.

2.-La Oración: sin oración no se puede pasar cristianamente el puente del dolor. En la oración abrimos el corazón a Dios, le mostramos nuestras debilidades y le pedimos ayuda y fuerza para seguir intentando ser fieles a su voluntad. La oración es reflexión, es contemplación y es, sobre todo, comunión con Dios. Dice santa Teresa que orar es hablar con Dios como el que habla con un amigo; un amigo que nos ama infinitamente y al que sabemos infinitamente superior a nosotros. 

3.-Evangelizares llevar la palabra de Dios a la pregunta del hombre sobre el sentido de la vida y el sufrimiento, para que el hombre sea responsable. evangelizar significa, también, asumir la responsabilidad humana con esperanza, hacerse todo para todos para ganar al menos algunos, no para la iglesia, sino para Cristo. Es hacerse débil con los más débiles, para que se manifieste la gracia de Dios en medio de la debilidad. 

4.-La Misiónen primer lugar, acompañando la palabra con acciones salvíficas: mitigar el dolor y suscitar salud. Transmitiendo siempre paz, que es el don de los tiempos mesiánicos. En gran cercanía a los hombres y mujeres, participando de su mesa y de su vida. Es la cercanía a las personas y a la realidad que viven, lo que hace que la Iglesia de hoy sea fiable y tenga algo que decir. si se ama con amor de Dios, el amor es eterno; si se sirve con las manos de Dios, el servicio es constante; si se transforma el entorno con la sabiduría de Dios, la sociedad se hace más justa y fraternal. 

REFLEXIÓN 

   ¿Qué sentido tiene el sufrimiento y el dolor que acompañan el camino del hombre por la tierra? ¿Cuál es la “posición” de Dios frente a los dramas que marcan nuestra existencia? La liturgia del 5º Domingo del tiempo ordinario reflexiona sobre estas cuestiones fundamentales. Nos garantiza que el proyecto de Dios para el hombre no es un proyecto de muerte, sino un proyecto de vida verdadera, de felicidad sin fin.

   En la primera lectura, un creyente llamado Job comenta, con amargura y desilusión, el hecho de que su vida está marcada por un sufrimiento atroz y que Dios parece estar ausente e indiferente frente a la desesperación en la que su existencia discurre. A pesar de esto, es a Dios a quien Job se dirige, pues sabe que Dios es su única esperanza y que fuera de él no hay posibilidad de salvación.

   La segunda lectura subraya, especialmente, la obligación que los discípulos de Jesús tienen de testimoniar ante los hombres la propuesta liberadora de Jesús. En su acción y en su testimonio, los discípulos de Jesús no pueden ser guiados por intereses personales, sino por el amor a Dios, al Evangelio y a los hermanos.

   En el Evangelio vemos a Jesús  haciendo su ministerio de curar a los enfermos y expulsar  demonios.  La misión de Jesús era enseñar que Dios quería lo mejor para la persona humana- que la voluntad de Dios es que la persona viviera sana y libre de las fuerzas del mal.  En el Evangelio estas fuerzas malas están expresadas como enfermedades y como demonios.  Jesús tiene poder para librar a la persona de estas fuerzas y llevarle otra vez a la comunidad humana.  Por ejemplo, después de la curación, la suegra de Simón Pedro está incluida en las actividades de la casa, y los demás curados entraron en la vida del pueblo.

La enfermedad llega a los buenos tanto a los malos.  No podemos comprar ni la salud ni la dicha por nuestras acciones.  El sufrimiento es un misterio, un misterio que queda más allá de nuestro entendimiento.  Pero eso no es decir que debemos buscar el dolor, ni verlo como algo bueno.  Mejor dicho, debemos tratar de aliviar el dolor y el sufrimiento, según el ejemplo de Jesús.   Jesús sirve como ejemplo para nuestra vida.  Tenemos que hacer todo lo posible para que cada persona viva sane y libre de los espíritus malos que nos separan de la plenitud de la comunidad humana.  

PARA LA VIDA 

   Cuentan que un sacerdote se aproximó a un herido en medio de una dura batalla de una lejana guerra, y le preguntó: ¿quieres que te lea la Biblia? Primero dame agua, que tengo sed- le respondió el herido. Y el sacerdote le entregó el último trago de su cantimplora, aunque sabía que no había más agua en muchos kilómetros a la redonda. – Y ahora, ¿quieres que te lea la Biblia? - volvió a insistir el sacerdote. – Primero dame de comer- suplicó el herido.

   Y el sacerdote le dio el último mendrugo de pan que guardaba en su mochila. – Tengo frío- fue el siguiente lamento del herido, y el sacerdote se despojó de su abrigo, a pesar del frío que calaba hasta los huesos, y cubrió al lesionado. – Ahora sí, le dijo el herido al sacerdote, ahora puedes hablarme de ese Dios que te hizo darme tu última agua, tu último mendrugo y tu único abrigo. Ahora quiero conocer a tu Dios.

   Al amor como a la fe hay que dedicarle tiempo y tenerlos como prioridades en nuestras vidas, si no queremos caer en un desgaste que nos lleve al cansancio, al estrés, a la depresión y a la anorexia psicológica y espiritual.  Porque el problema de esto es que el amor puramente voluntarista y humano se agota, se cansa, se desgasta.

   Hay muchos cristianos que dejaron incluso de creer después de muchos años en la lucha solidaria con los pobres. Dejaron de alimentar esa lucha en las fuentes de la fe: la eucaristía, la oración, la vida comunitaria. Sólo en Dios el amor no se agota, y se entrega mucho más allá de los meros deberes de justicia humana.