21° Domingo del tiempo Ordinario, 22 Agosto 2021, Ciclo B

 San Juan 6, 60 - 69

"¿A quién iremos? Tú tienes Palabras de Vida Eterna"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.-Las Palabras de Vida: en la sociedad moderna vivimos inundados de palabras: anuncios, publicidad, noticiarios, discursos y declaraciones invaden nuestro mundo. Esta “inflación de la palabra” ha penetrado también en algunos sectores de la Iglesia. Es la hora de la “papelorum progressio”, dicen algunos en broma. Se oyen muchas críticas a la predicación de la Iglesia. Nos dicen que no nos entienden, que es una predicación muy fría, descarnada, que no transmitimos entusiasmo. La palabra de Jesús era diferente. Nacía de su propio ser, brotaba de su amor apasionado al Padre y a los hombres. Era una palabra creíble, llena de vida y de verdad. Se entiende la reacción espontánea de Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna». Uno de los mayores servicios que podemos realizar en la Iglesia es poner la persona y el mensaje de Jesús al alcance de los hombres y mujeres de nuestros días.

2.- Seguir a Jesús: el hombre es incapaz de darse la vida a sí mismo, él se comprende sólo a partir de Dios: es la relación con él lo que da consistencia a nuestra humanidad y lo que hace buena y justa nuestra vida. En el Padrenuestro pedimos que sea santificado su nombre, que venga su reino, que se cumpla su voluntad. Es ante todo el primado de Dios lo que debemos recuperar en nuestro mundo y en nuestra vida, porque es este primado lo que nos permite reencontrar la verdad de lo que somos; y en el conocimiento y seguimiento de la voluntad de Dios donde encontramos nuestro verdadero bien. Dar tiempo y espacio a Dios, para que sea el centro vital de nuestra existencia.

3.-La Eucaristía: este inmenso don es accesible a nosotros en el Sacramento de la Eucaristía: Dios se dona a nosotros, para abrir nuestra existencia a él, para involucrarla en el misterio de amor de la cruz, para hacerla partícipe del misterio eterno del cual provenimos y para anticipar la nueva condición de la vida plena en Dios, en cuya espera vivimos. La comunión eucarística, queridos amigos, nos arranca de nuestro individualismo, nos comunica el espíritu de Cristo muerto y resucitado, nos conforma a él; nos une íntimamente a los hermanos en el misterio de comunión que es la Iglesia, donde el único Pan hace de muchos un solo cuerpo (cf. 1 Co 10, 17)

 REFLEXIÓN

La liturgia del Domingo 21 nos habla de opciones. Nos recuerda que nuestra existencia puede ser gastada persiguiendo valores efímeros y estériles o apostando por valores eternos que nos conduzcan a la vida definitiva, a la realización plena. Cada hombre y cada mujer tiene, día a día, que hacer su elección.

En la primera lectura, Josué invita a las tribus de Israel reunidas en Siquén a escoger entre “servir al Señor” o el servir a otros dioses. El Pueblo elige claramente “servir al Señor”, pues ha visto, en la historia reciente de la liberación de Egipto y del camino por el desierto, como sólo Yahvé puede proporciona a su Pueblo la vida, la libertad, el bienestar y la paz.

En la segunda lectura, Pablo dice a los cristianos de Éfeso que la opción por Cristo tiene consecuencias también en las relaciones familiares. Para el seguidor de Jesús, el espacio de las relaciones familiares tiene que ser el lugar donde se manifiestan los valores de Jesús, los valores del Reino. Con su compartir el amor, con su unión, con su comunión de vida, el hogar cristiano está llamado a ser signo y reflejo de la unión de Cristo con su Iglesia

El Evangelio pone delante de nuestros ojos a dos grupos de discípulos, con opciones diversas ante la propuesta de Jesús. Uno de los grupos, prisionero de la lógica del mundo, tiene como prioridad los bienes materiales, el poder, la ambición y la gloria; por eso, rechaza la propuesta de Jesús. Otro grupo, abierto a la acción de Dios y del Espíritu, está disponible para seguir a Jesús en su camino de amor y de entrega de la vida; los miembros de este grupo saben que sólo Jesús tiene palabras de vida eterna. Es este último grupo el que es propuesto como modelo a los creyentes de todos los tiempos.

«en la comunión eucarística, está incluido a la vez el ser amados y el amar a los otros», por lo cual «una Eucaristía que no comporte un ejercicio concreto del amor es fragmentaria en sí misma» (Deus caritas est, 14). desde la comunión con el Señor, desde la Eucaristía nace una nueva e intensa asunción de responsabilidades a todos los niveles de la vida comunitaria; nace, por lo tanto, un desarrollo social positivo, que sitúa en el centro a la persona, especialmente a la persona pobre, enferma o necesitada. Nutrirse de Cristo es el camino para no permanecer ajenos o indiferentes ante la suerte de los hermanos, sino entrar en la misma lógica de amor y de donación del sacrificio de la cruz.

PARA LA VIDA

   Cierto día, Buda, sentado sobre la flor del loto, enseñaba la necesidad de suprimir el sufrimiento para alcanzar la felicidad. El dolor, al oírlo, se quedó muy triste, porque ya nadie lo querría. Poco después pasó por allí un joven lleno de caridad, y, viendo llorar al dolor, se le enterneció el corazón, lo tomó de la mano y lo convirtió en su amigo inseparable. Ese joven se llamaba Jesús. Cuando Jesús comenzó a predicar, los oyentes se contagiaron de su felicidad. Por primera vez en la historia, el dolor se alegraba viendo que él también podía dar algún fruto, pues Jesús decía que no habría felicidad sin cruz. 

   Incluso murió en ella abrazado a su amigo el dolor, pero con el corazón inmerso en la alegría. Buda se asombró al constatar que Jesús y él buscaban lo mismo: la felicidad. Sin embargo, mientras Buda eliminaba el sufrimiento por la vía de la renuncia y de la meditación, Jesús lo asumía para sanar el pecado y traer la salvación. Al final, ni uno ni otro erradicaron el dolor del mundo. Buda no pudo; Jesús no quiso. Hoy, la felicidad toma la mano al sufrimiento para que no se encuentre solo. Y el sufrimiento se llena de esperanza y de alegría cuando ve que la felicidad pasa por el camino de la cruz.

   El cuento de esta semana nos recuerda que Cristo nos invita a una felicidad que pasa por la cruz, que no huye del sufrimiento, que se abaja para amar y servir más y mejor. Una felicidad que no nace del poder ni de la fama ni del dinero, sino de la humilde entrega diaria en ser Buena Noticia para los empobrecidos y marginados de nuestra sociedad. Una felicidad que no es fácil, que es exigente, que nace de una vida esculpida en valores como el amor, la generosidad, la entrega hasta la muerte si es necesario.

Solemnidad Nuestra Señora de La Asunción, 15 Agosto 2021, Ciclo B

San Lucas 1, 39 - 56

"El Todopoderoso Ha Hecho en mí Grandes Cosas; Elevó a los Humildes"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.-María: en quien es glorificada la condición humana Esta mujer es María, la humilde esclava, la silenciosa, aquella que guarda en su corazón la Palabra de Dios. María, la fiel, aquella que creyó desde la Anunciación hasta el Nacimiento, desde el Templo hasta la Cruz. Misterio del amor, poder de la fe, fuerza de la esperanza. En María, toda la condición femenina –mejor dicho, toda la condición humana– es glorificada por Cristo resucitado: él arranca a su madre del pecado, la conduce por el camino estrecho de la fe hasta la Cruz, la ensalza haciéndola superar la muerte. Ella vive para siempre en la gloria de Dios.  

2.- María Virgen y Madre: "María, siempre virgen", afirma nuestra fe. Se trata de una integridad física, ciertamente, pero más todavía de una total y perpetua disponibilidad, de capacidad infinita de donación. Tan sólo el amor exige y da sentido a la virginidad. En el corazón absolutamente libre, en el corazón enteramente disponible, Dios halla un lugar, y –en el caso de María– se encarna. Quizá actualmente no está de moda hacer elogios de la virginidad. Pero hoy no podemos dejar de recordar la fe viva de la Iglesia desde hace 2.000 años, una fe que suscita vírgenes consagradas a Dios para que él pueda llenar más plenamente con su amor a los que son capaces de abrírsele totalmente como María. Por la acción misteriosa de Dios, María, la virgen, también es madre. Madre de Dios. 

3.- María se Fía de Dios: fiarse de Dios no es baldío. Fiarse de Dios, aun cuando las evidencias empíricas parezcan invitar a lo contrario; esto es lo que el autor quiere inculcar con esta joya del arte de narrar. Es la reacción entusiasmada de la persona que ha experimentado cómo Dios cumple su palabra. Y desde su experiencia concreta, María descubre alborozada que el cumplimiento de la palabra por parte de Dios está a la base de la existencia misma del pueblo. María: una persona para quien Dios es alguien con sentido, para quien el ordenamiento de Dios es una realidad. Y rompe en gritos entusiasmados de acción de gracias hacia quien hace posible la maravilla de un mundo diferente.

REFLEXIÓN 

   La liturgia de hoy nos presenta la resplandeciente imagen de la Virgen elevada al cielo en la integridad del alma y del cuerpo. En el esplendor de la gloria celestial brilla la Mujer que, en virtud de su humildad, se hizo grande ante el Altísimo hasta el punto de que todas las generaciones la llaman bienaventurada (cf. Lc 1, 48). Ahora se halla como Reina, al lado de su Hijo, en la felicidad eterna del paraíso y desde las alturas contempla a sus hijos. 

   El texto del Apocalipsis, habla del enorme dragón rojo, que representa la perenne tentación que se plantea al hombre: preferir el mal al bien, la muerte a la vida, el placer fácil de la despreocupación al exigente pero gratificante camino de la santidad, para el que todo hombre ha sido creado. En la lucha contra «el gran dragón, la serpiente antigua, el llamado diablo y satanás, el seductor del mundo entero» (Ap12,9), aparece el signo grandioso de la Virgen victoriosa, Reina de gloria, de pie a la derecha del Señor. Y en esta lucha espiritual su ayuda a la Iglesia es decisiva para lograr la victoria definitiva sobre el mal. 

   En el Evangelio, el cántico de María, mantiene ese mismo contraste de los humildes que reconocen la grandeza del Señor, y el de los poderosos del mundo. Por una parte, la grandeza y la obra de Dios, que es la gracia santificante, es realizada en María, en su Iglesia, en cada cristiano discípulo misionero del Jesús. 

   Las maravillas de la vida divina en nosotros actúan mediante la fe, la esperanza, la caridad; Nos hace comunidad que vive y testimonia la comunión con Dios y con los hermanos. Las ideologías de género, la promoción del aborto, los métodos anticonceptivos amenazan a la naturaleza humana. Las así llamadas nuevas corrientes antropológicas aprisionan la libertad del hombre y la reduce a mero consumo de compra y vende. Un mundo sin Dios representa cada vez más un descalabro moral en la pérdida del ser hombre y mujer, de la familia y del pluralismo cultural. 

   Hoy debemos mirar a María Santísima quien nos abre a la esperanza: Qué bueno es escuchar juntos el cántico de María, el Magnificat. Nos abre a la esperanza para quienes experimentamos conflictos, lucha cotidiana, frustraciones, tentaciones y atractivos del mal, porque como María creemos en la victoria del amor, en el poder de Dios que “derriba a los poderosos y enaltece a los humildes”. Son éstos quienes experimentan la cercanía y la misericordia de Dios. 

PARA LA VIDA 

   Javier estaba un día platicando con su cuñado Rafael y de pronto le hizo una confesión sorprendente. Ambos estaban casados con dos hermanas gemelas y aunque la esposa de Rafael deseaba desesperadamente tener un hijo, ésta después de diez años de matrimonio no había concebido. Javier le dijo a su cuñado que su esposa se había ofrecido a tener un hijo para dárselo a su hermana. El hijo nació, la madre lo acarició y se lo entregó a su hermana. Y ésta agradecida comentó: "Ni en sueños podría imaginar que alguien se sacrificara así para hacerme feliz". Meses más tarde, un periódico publicaba la noticia con este titular: "Un regalo de amor que no tiene precio. Hermana da su baby a hermana sin hijos". 

   La Palabra de Dios nos recuerda a todos nosotros que hace dos mil años Dios nos hizo un regalo de amor que no tiene precio. Dios, a través de una mujer llamada María, entregó a su hijo Jesús al mundo entero. Un hijo que se sacrificó para hacerle feliz. Un hijo que hace posible la resurrección. Un hijo que vence a sus enemigos, incluida la muerte. Un hijo "nacido de mujer" y del Espíritu para que tú nazcas cada día a lo nuevo. Un hijo en el que puede contemplar la sonrisa de su Padre y ver el rostro glorioso de Dios. Y oír una voz del cielo que dice: "Ahora se ha hecho presente la salvación y el poder y el reino de Dios y la autoridad de su ungido". Regalo de Dios, sí, pero gracias a la fe de María que acogió la Palabra de Dios para entregarla al mundo hecha carne, hecha Jesús. 

19° Domingo del tiempo Ordinario, 8 Agosto 2021, Ciclo B

 San Juan 6, 41 - 51

"Yo Soy El Pan Vivo Bajado del Cielo"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.- El Pan: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. el pan de vida, como la fe en Cristo, producen el mismo efecto. Es evidente que no se trata aquí de un comer físicamente el cuerpo de Cristo, como tampoco se trata aquí de un simple creer racionalmente en Cristo. Comer el cuerpo de Cristo es comulgar con él, es identificarse místicamente con él, como también creer en Cristo es querer identificarme con él, es querer vivir en comunión con él. Cuando comemos físicamente el cuerpo sacramentado de Cristo en la eucaristía debemos comulgar mística y espiritualmente también con Cristo. Solo si comulgamos espiritualmente con Cristo cuando comemos físicamente el pan consagrado, habremos comido el pan vivo que nos hace vivir para siempre.

2.- Comulgar: es unirse a Jesucristo y comprometerse en su misión. Comulgar es recibir el cuerpo de Cristo "que se entrega por la vida del mundo"; por lo tanto, es incorporarse personalmente a Cristo y enrolarse en su misión salvadora y en su sacrificio. La eucaristía fue instituida "la noche antes de padecer" para que los discípulos quedaran comprometidos en la misma entrega que Jesucristo, que se iba a realizar definitivamente al día siguiente. El que comulga debe saber que siempre se halla en esta situación: "antes de padecer" y que recibe "el cuerpo que se entrega para la vida del mundo". Comulgar no es sólo comer, es creer, y esto significa comprometerse.

3.- La Fe En La Eucaristía: es un gran tesoro; pero hay que buscarlo con sumisión, conservarlo por medio de la piedad y defenderlo aun a costa de los mayores sacrificios. No tener fe en el santísimo Sacramento es la mayor de todas las desgracias. Ante todo, ¿es posible perder completamente la fe en la sagrada Eucaristía, después de haber creído en ella y haber comulgado alguna vez? Yo no lo creo. Un hijo puede llegar hasta despreciar a su padre e insultar a su madre; pero desconocerlo…imposible. De la misma manera un cristiano no puede negar que ha comulgado ni olvidar que ha sido feliz alguna vez cuando ha comulgado.

REFLEXIÓN

   La liturgia del Domingo 19 del Tiempo ordinario nos da cuenta, una vez más de la preocupación de Dios por ofrecer a los hombres el “pan” de vida plena y definitiva. Por otro lado, invita a los hombres a prescindir del orgullo y de la autosuficiencia y a acoger, con reconocimiento y gratitud, los dones de Dios.

   La primera lectura muestra cómo Dios se preocupa por ofrecer a sus hijos el alimento que da vida. En el “pan cocido sobre piedras calientes” y en el “cántaro de agua” con la que Dios repone las fuerzas del profeta Elías, se manifiesta el Dios de la bondad y del amor, lleno de solicitud para con sus hijos, que anima a sus profetas y les da la fuerza para dar testimonio, también en los momentos de dificultad y de desánimo.

   La segunda lectura nos muestra las consecuencias de la adhesión a Jesús, el “pan” de vida. Cuando alguien acoge a Jesús como el “pan” que bajó del cielo, se convierte en un Hombre Nuevo, que renuncia a la vida vieja del egoísmo y del pecado y que pasa a vivir en la caridad, a ejemplo de Cristo.

   El Evangelio presenta a Jesús como el “pan” vivo que ha bajado del cielo para dar la vida al mundo. Para que ese “pan” sacie definitivamente el hambre de vida que reside en el corazón de cada hombre o mujer, es preciso “creer”, esto es, adherirse a Jesús, acoger sus propuestas, aceptar su proyecto, seguirlo en el “sí” a Dios y en el amor a los hermanos.

   Cristo, el Hijo de Dios vivo, encarnado en nuestra propia carne y sangre, para hacer a los hombres hijos de Dios, se nos ha convertido en Sacramento de Pan de vida al alcance de todos los hombres. 

   Quien quiere vivir sabe dónde está su vida y sabe de dónde le viene la vida. Que se acerque, y que crea, y que se incorpore a este Cuerpo, para que tenga participación de su vida» (Tratado sobre el Evangelio de San Juan 26,13).

 PARA LA VIDA

   Como era su costumbre, iba Dios dando un paseo por la tierra de los hombres. Y, como siempre, eran pocos los que le reconocían. Aquel día pasó por una muy humilde casa donde estaba llorando un niño.  Dios se detuvo y llamó a la puerta. Una mujer con cara enfermiza salió afuera: -¿Qué es lo que quiere, señor?. –Vengo a ayudarte, contestó Dios. -¿Ayudarme a mí?.Nadie ha querido hacerlo hasta ahora. Sólo Dios podría ayudarme. 

   Mi niño llora porque tiene hambre. Sólo me queda un pedazo de pan en el armario. Después no tendremos nada para comer. Al escuchar  esto, Dios empezó a sentirse mal. Unas lágrimas como las del niño recorrían sus mejillas y su rostro se volvió igual de enfermizo que el de la mujer. -¿Y nadie te ha querido ayudar, mujer?. –Nadie, señor. Todos me han dado la espalda. La mujer quedó impresionada por la reacción de aquella persona. 

   Por su aspecto parecía tan pobre como ella. Entonces fue al armario donde guardaba su último pedazo de pan, cortó un poco y se lo ofreció. Cuando Dios vio este gesto, se emocionó mucho y mirándola a los ojos le dijo: -No, no, gracias. Tú lo necesitas más que yo. Quédatelo y dáselo a tu hijo. Mañana te llegará mi ayuda. No dejes de hacer con nadie lo que hoy has hecho conmigo. Y dicho esto, se marchó. La mujer no entendió nada, pero se le quedó grabada aquella mirada. 

   Esa noche, ella y su hijo se comieron el último pedazo de pan que les quedaba. Al día siguiente, la mujer se llevó una gran sorpresa. El armario estaba lleno de pan, un pan que nunca se acababa. En aquella casa nunca más faltó el pan. Pronto comprendió la mujer quién era aquél que había llamado a su puerta. Y desde entonces, no dejó de hacer con nadie lo que había hecho por él: compartir su pan con el necesitado.

18° Domingo del tiempo Ordinario, 1° Agosto 2021, Ciclo B

 San Juan 6, 24 - 35

"El que Viene a Mí Jamás Tendrá hambre; el que Cree en Mí Jamás Tendrá Sed"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.- El Alimento: alimentar el cuerpo es fácil, pero llenar el alma, el espíritu…sólo Dios tiene poder para hacerlo. El trabajo de los hombres es comer y dar de comer a todos. El trabajo de Jesús es darnos de comer el pan de vida, en este aquí y ahora, para el mañana y para siempre. Recibimos a Jesús en la Eucaristía. Que nuestras eucaristías sean realmente comulgar en todo nuestro ser con Cristo encarnado en el hoy de nuestra historia para tener vida eterna.

2.- Nuestra Búsqueda: “todos queremos más y más y más; el que tiene un euro quiere tener dos; el que tiene cuatro quiere tener seis.” Y a Jesús, primero, le pedían pan. Luego le exigían más y, al final, solicitaban de Cristo, todo, menos lo esencial: su Palabra, su Reino, la razón de su llegada al mundo. Que sigamos viviendo nuestra fe con la seguridad de que, Jesús, sigue siendo el pan de la vida. Y, sobre todo, que amemos al Señor no por aquello que nos da, sino por lo que es: Hijo de Dios.

3.- El Verdadero Pan: cada uno encuentra en él un sabor distinto…Porque no tiene el mismo sabor para el que se convierte y comienza el camino como para el que avanza en él o está ya llegando a la meta. No tiene el mismo sabor en la vida activa que en la vida contemplativa, ni para el que usa de este mundo como el que vive apartado de él, para el célibe y el hombre casado, para el que ayuna y distingue los días como para el que considera todos iguales. (cf Rm 14,5)…

4:- Puesto que Cristo nos llevaba en sí a todos nosotros, ya que hasta llevaba nuestros pecados, vemos que el agua representa al pueblo, mientras que el vino representa la sangre de Cristo. Así pues, cuando en el cáliz se mezclan el agua y el vino, el pueblo se une con Cristo, y la multitud de los creyentes se une y se junta a Aquel en quien cree. Esta unión y conjunción de agua y vino en el cáliz del Señor hace una mezcla que ya no puede deshacerse. Por esto la Iglesia, es decir la multitud que está constituida en Iglesia y persevera fiel y firmemente en su fe no podrá por nada ser separada de Cristo, ni nada podrá hacer que no permanezca adherida a él e indivisa en el amor.

REFLEXIÓN

La liturgia del Domingo 18 del Tiempo Ordinario repite, en lo esencial, el mensaje de las lecturas del pasado Domingo. Nos asegura que Dios está empeñado en ofrecer a su Pueblo el alimento que da la vida eterna y definitiva.

La primera lectura nos habla de la preocupación de Dios por ofrecer a su Pueblo, con solicitud y amor, el alimento que da la vida. La acción de Dios no se dirige, únicamente, a satisfacer el hambre física de su Pueblo, sino que pretende también, y principalmente, ayudar al Pueblo a crecer, a madurar, a superar las mentalidades estrechas y egoístas, a salir de su cerrazón y a tomar conciencia de otros valores.

La segunda lectura nos dice que la adhesión a Jesús implica dejar de ser un hombre viejo y pasar a ser otra persona. El encuentro con Cristo debe significar, para cualquier hombre, un cambio radical, una manera completamente diferente de situarse frente a Dios, frente a los hermanos, frente a uno mismo y frente al mundo.

Evangelio, Jesús se presenta como el “pan” de vida que baja del cielo para dar vida al mundo. A los que le siguen, Jesús les pide que acepten ese “pan”, esto es, que escuchen las palabras que él les dice, que las acojan de corazón, que acepten sus valores, que se adhieran a su propuesta.

Además del hambre física, el hombre lleva en sí también otra hambre, un hambre más fundamental, que no puede saciarse con un alimento ordinario. Se trata aquí de un hambre de vida, un hambre de eternidad. La señal del maná era el anuncio del acontecimiento de Cristo, que saciaría el hambre de eternidad del hombre, convirtiéndose él mismo en el «pan vivo» que «da la vida al mundo». 

¡Qué gran dignidad se nos ha dado! El Hijo de Dios se nos entrega en el santísimo Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre. ¡Cuán infinitamente grande es la liberalidad de Dios! Responde a nuestros más profundos deseos, que no son únicamente deseos de pan terreno, sino que alcanzan los horizontes de la vida eterna. ¡Este es el gran misterio de la fe!

PARA LA VIDA

   Se me acercó, un día, un mendigo y me dijo: Quiero pan. Qué listo eres, le dije. Lo que necesitas es pan y has encontrado la mejor panadería de la ciudad. Cogí de la estantería un libro de cocina y empecé a decirle todo lo que sabía sobre el pan. Le hablé de la harina y del trigo, de las medidas y cantidades y de las distintas recetas. Cuando le miré me sorprendió que no sonriera. Sólo quiero pan, me dijo. Qué listo eres, alabo tu gusto. Sígueme y te enseñaré la panadería. No encontrarás una como ésta. 

   Tenemos pan para todos los gustos. Pero déjame que te enseñe lo mejor: nuestro salón de la inspiración. Sabía que estaba conmovido cuando lo introduje en el auditorio con sus magníficas vidrieras. El mendigo no dijo nada. Subí al podio y adopté la pose de orador. La gente de la redonda viene a escucharme y una vez a la semana a mis trabajadores, aquí reunidos, les leo las recetas del libro de cocina de la vida. Le pregunté al mendigo, sentado en la primera fila si quería escucharme. No, dijo, pero quisiera un trozo de pan. 

   Lo que tengo que decirte ahora es muy importante" le dije cuando salimos afuera. A lo largo de la calle encontrarás muchas panaderías pero aunque lo que hacen lo llamen pan no es verdadero pan, no está hecho según el libro. El mendigo se giró y se marchó. ¿No quieres pan le pregunté? Me miró, se encogió de hombros y dijo: Creo que he perdido el apetito. Qué vergüenza, me dije. El mundo ya no está preparado para el pan verdadero.

17° Domingo del tiempo Ordinario, 25 Julio 2021, Ciclo B

 San Juan 6, 1 - 15

"Distribuyó a los que Estaban Sentados, Dándoles Todo lo que Quisieron"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.- La Caridad: la misericordia de Dios es infinita, porque lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. El amor a los pobres, lo mismo que a los enemigos, es el test por excelencia de la calidad de la caridad. Reconocer a los pobres el derecho a recibir el pan de la vida es comprometerse hasta el final con las exigencias del amor y materializar en una nueva multiplicación de los panes a escala del planeta el gesto alimenticio iniciado por Cristo.

2.- El Pan: La Eucaristía distribuye el pan de vida en abundancia como revelación de la persona de Cristo, signo escatológico y sacramento de la Pascua. Pero no puede darse una verdadera recepción de ese pan de vida sino mediante una disponibilidad absoluta que hace de cada participante un hermano de los más pobres entre los hombres.

3.- El Dinero: la oposición a esta nueva liberación está en el dinero, con el cual no se puede alimentar a todos ni se puede comprar la alegría de la fraternidad, y que siempre termina por pensar la vida en términos de poder humano, cosa de la cual Jesús huye. El hombre piensa que no hay más forma de multiplicar los panes que a base de dinero, pero Jesús no piensa así. Es la fraternidad la que multiplica los panes y hace la fiesta.

4.-: EL HAMBRE: Más de la mitad del mundo tiene hambre, mientras la otra mitad está harta. Aquéllos tienen hambre de pan y de justicia, éstos están hartos de pan y de todo. Los primeros mueren de hambre y desesperación ante la insolidaridad de los otros. Los segundos también se mueren aburridos de su crecimiento económico, de drogas, de alcohol, de stress, de autocomplacencia, de indiferencia hacia los pobres.

5.- La Misión de la Iglesia: los pastores de la Iglesia han de dar ese pan y ayudarnos a compartirlo. Deben ayudar a que llegue a todo el pan material que acaba con el hambre del cuerpo, y el pan de la palabra y la Eucaristía, que saciar el hambre más existencial del hombre.

REFLEXIÓN

   La liturgia del Domingo 17 del tiempo Ordinario, nos da cuenta de la preocupación de Dios por saciar el “hambre” de vida de los hombres. De forma especial, las lecturas de este Domingo nos dicen que Dios cuenta con nosotros para repartir su “pan” con todos aquellos que tienen “hambre” de pan, de amor, de libertad, de justicia, de paz, de esperanza.

    En la primera lectura el profeta Eliseo, al compartir el pan que le fue ofrecido con las personas que le rodean, testimonia la voluntad de Dios de saciar el “hambre” del mundo, y sugiere que Dios viene al encuentro de los necesitados a través de los gestos de compartir y de generosidad para con los hermanos que los “profetas” están invitados a realizar.

   En la segunda lectura, Pablo recuerda a los creyentes algunas de las exigencias de la vida cristiana. Les recuerda, especialmente, la humildad, la mansedumbre y la paciencia: son actitudes que no se casan con esquemas de egoísmo, de orgullo, de autosuficiencia, de prejuicios en relación con los hermanos.

   El Evangelio repite el mismo tema. Jesús, el Dios que ha venido al encuentro de los hombres, da cuenta del “hambre” de la multitud que le sigue y se propone liberarla de su situación de miseria y de necesidad que padece. A los discípulos (aquellos que van a continuar, hasta el fin de los tiempos, la misión que el Padre le confió), Jesús les invita a rechazar la lógica del egoísmo y a asumir otra del compartir, haciéndola realidad en el servicio sencillo y humilde en favor de los hermanos. 

    Todos, cada día, debiéramos de mirar nuestras manos. No para que nos lean el futuro, cuanto para percatarnos si –en esas horas– hemos realizado una buena obra; si hemos ofrecido cariño; si hemos desplegado las alas de nuestra caridad; si hemos construido o por el contrario derrumbado; si nos hemos centuplicado o restado en bien de la justicia o de la fraternidad. Si, amigos. Cada día que pasa, cada día que vivimos es una oportunidad que Dios nos da para multiplicarnos, desgastarnos y brindarnos generosamente por los demás.

PARA LA VIDA

  Un día, un niño se compró un helado de chocolate. Cuando iba a destaparlo, se acordó de que a su hermano mayor le encantaba el chocolate. Fue a casa, lo guardó en el frigorífico y le dijo a su hermano que había comprado su helado preferido. Éste se puso muy contento y le dijo que ya se lo comería más tarde. Pasó un rato y el hermano mayor fue a tomar su helado. Pero cuando iba a destaparlo, su hermana pequeña lo agarró de las piernas y se lo pidió. Al final, acabó dándoselo. 

   La hermana pequeña se fue muy contenta con su helado. Se sentó en una silla del comedor y se puso a mirar el helado. Estuvo pensando un momento y después fue rápidamente a buscar a su madre. La encontró en la terraza tendiendo la ropa. Había pensado regalarle su helado, porque sabía que le gustaba mucho el chocolote. La madre la tomó en brazos y le dio un beso. Le dijo que ahora no se lo podía comer, que se lo guardara en el frigorífico. Al mediodía llegó el padre a casa cansado del trabajo. 

   Hacía mucho calor y la madre, al oírle llegar, le dijo que se comiera el helado de chocolate que había en la nevera. El padre fue y lo tomó. Lo destapó y empezó a comérselo. Entonces recordó que a sus hijos les encantaba el chocolate. Mientras se comía el helado, fue a la tienda de al lado de su casa y compró una tarta helada de chocolate. Cuando llegó la hora de comer, todos se llevaron una gran sorpresa al ver aquella tarta tan rica de chocolate. Al pensar los unos en los otros, habían salido todos ganando. 

16° Domingo del tiempo Ordinario, 18 Julio 2021, Ciclo B

 San Marcos 6, 30 – 34

"Eran Como Ovejas Sin Pastor"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.- El Pastor: El Señor es mi pastor”. Sólo con que yo llegue a creer eso, cambiará mi vida. Si de veras creo en él, quedaré libre para gozar, amar y vivir. Jesús es Dios con nosotros y delante de nosotros, el único Pastor, el Buen Pastor que reúne a las ovejas descarriadas. El buen pastor da la vida por las ovejas. Por este medio procura granjearse la amistad de las ovejas. Y a Cristo lo ama el que escucha solícito su voz.

2.- Las Ovejas: todos los cristianos debemos sentirnos, interior y exteriormente, buenos discípulos, buenas ovejas, de nuestro único pastor, que es Cristo. Cristo debe ser para nosotros nuestro único camino, nuestra única verdad y nuestra única vida. Es evidente que, a lo largo de nuestra vida, tenemos otros guías y maestros, como son nuestros padres y educadores, pero cuando ya somos personas cristianas adultas y responsables debemos considerar a Cristo como nuestro único pastor, el que nos marca, en cada caso concreto, el camino que hemos de seguir, la verdad en la que debemos creer y la única vida que debe vivir plenamente dentro de nosotros.

3.- Los Falsos Pastores: los malos pastores. Sabemos bien quiénes son los malos pastores: los que no cuidan de las ovejas, sino que se buscan a sí mismos; los que en vez de unir y guiar, dispersan; los que no las defienden contra los peligros.  Apoyarnos en el Señor es caer en la cuenta de que, muchas de nuestras infelicidades, es porque seguimos a líderes que nos llevan por donde quieren, pero no por dónde nos conviene.

4.- El Retiro: la actividad misionera causa fatiga, necesita reposo para refrescar el cuerpo y el espíritu. De lo contrario, viene el agotamiento, el hastío, el abandono. Son muchos y diversos los cansancios del apostolado y del testimonio de la fe. La tranquilidad permite el análisis de los hechos con serenidad interior, a la vez que reconforta con nuevas esperanzas para el compromiso de la acción. Descansar con Dios es saber que su Palabra siempre tiene una respuesta para cada momento.

REFLEXIÓN

La liturgia del Domingo 16 del tiempo Ordinario nos da cuenta del amor y de la solicitud de Dios por las “ovejas sin pastor”. Ese amor y esa solicitud se traducen, naturalmente, en una oferta de vida nueva y plena que Dios hace a todos los hombres. 

   En la primera lectura, por la voz del profeta Jeremías, Yahvé condena a los pastores indignos que utilizan al “rebaño” para satisfacer sus propios proyectos personales; y, paralelamente, Dios anuncia que, él mismo, va a tomar por su cuenta a su “rebaño”, asegurándole la fecundidad y la vida en abundancia, la paz, la tranquilidad y la salvación.

   En la segunda lectura, Pablo habla a los cristianos de la ciudad de Éfeso de la solicitud de Dios por su Pueblo. Esa solicitud se manifestó en la entrega de Cristo, que dio a todos los hombres, sin excepción, la posibilidad de formar parte de la familia de Dios. Reunidos en la familia de Dios, los discípulos de Jesús son ahora hermanos, unidos por el amor. Todo lo que signifique barrera, división, enemistad, ha quedado definitivamente superado.

   El Evangelio nos recuerda que la propuesta salvadora y liberadora de Dios para los hombres, ofrecida en Jesús, es ahora continuada por los discípulos. Los discípulos de Jesús son, como Jesús lo fue, los testigos del amor, de la bondad y de la solicitud de Dios por esos seres humanos que caminan por el mundo perdidos y sin rumbo, “como ovejas sin pastor”. La misión que los discípulos tienen, además, es la de tener siempre a Jesús como referencia. Los discípulos, enviados al mundo en misión, deben buscar con frecuencia el encuentro con Jesús, dialogar con él, escuchar sus propuestas, elaborar con él los proyectos para la misión, confrontar el anuncio que presentan con la Palabra de Dios.

PARA LA VIDA

Éranse una vez unos pastores, unas ovejas despistadillas y un rey. Había ovejas blancas, negritas, gorditas, con manchas, esquiladas, flacas, preñadas, viejas, cojas, Él las conocía por su nombre. Sabía la que caminaba lentamente, la que se perdía todos los días o se «trastornaba». También había alguna cabra. Ajustó unos cuantos pastores con buena formación ovejera.

Unos las llevaban a buenos pastos y las contaban cada hora, hacían cursillos y redactaban un diario. Otros buscaban la sombra para dormir y otros hicieron un máster de absentismo.

Había uno muy raro: a veces se dormía, a veces las miraba, a veces las hacía correr hasta el arroyo y les daba de beber en sus propias manos. Resoplaba con las parturientas y abrazaba a los corderillos. Algunas veces se quedaba con ellas al raso y contaba las estrellas (camino de Santiago). También canturreaba.

Cuando el rey preguntó a las ovejas sobre aquel pastor, todas respondieron: «Él es nuestra paz». Nos da seguridad. Ése fue el último día que trabajaron los otros contratados.

Ojalá Jesús sea el pastor de cada uno de nosotros, que tengamos la capacidad suficiente como para saber discernir la voluntad de Dios, y eso requerirá por nuestra parte mucha formación, formación para conocer lo que pasa a nuestro alrededor sin que nadie tenga que contárnoslo, formación para saber el por qué pasan las cosas y necesitaremos también mucha humildad para saber escuchar la voz del Señor y no la nuestra.

15° Domingo del tiempo Ordinario, 11 Julio 2021, Ciclo B

San Marcos 6, 7 - 13

"Jesús Llamó a los Doce y los Envió de Dos en Dos"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1. El Anuncio: todos los cristianos hemos nacido con la misión de predicar el evangelio. Tenemos que empezar por nosotros mismos, porque si nosotros no estamos convertidos, mal podremos convencer a los demás. Los cristianos de ahora y de siempre debemos, pues, ser personas humildes, sobrias y extremadamente generosas con todos los que nos necesiten. La sociedad en la que nosotros vivimos no soporta a los hipócritas, corruptos y explotadores. Jesús fue, por encima de todo, una persona que pasó por la vida haciendo el bien; intentemos nosotros hacer lo mismo.

2. La Elección: primero, que Dios nos ha llamado a todos los cristianos, en la persona de Cristo, a ser santos e irreprochables ante él por el amor y segundo: que hemos sido destinados a ser sus hijos. Que la santidad de los cristianos debe estar fundamentada en el mandamiento del amor, parece algo evidente, ya que el mandamiento del amor es el mandamiento nuevo de Jesús. Como dice san Pablo en más de una ocasión: si no tenemos amor no somos cristianos. Y, en segundo lugar, que Dios nos ha destinado a vivir como hijos de Dios. 

3. Nuestro Compromiso: todos, desde el momento de nuestro Bautismo, insertados en el Cuerpo de Cristo que es su Iglesia estamos convocados y urgidos a desarrollar –con nuestros carismas, habilidades, dones, talentos e inteligencia– una misión personal que nada ni nadie en nombre de nosotros podrá realizar. ¿Por qué? Porque cada uno, allá donde está, debe dar su peculiar color a su vida cristiana y, con su vida cristiana, color a todo lo que le rodea. Hoy, además de sacerdotes, necesitamos cristianos convencidos. Hombres y mujeres que, siendo conscientes de que creen y esperan en Jesús, están llamados a participar de la encomienda de Jesús: “id por el mundo”. Nos quedamos con una frase del Papa Francisco pronunciada en Quito en su viaje reciente a Ecuador:” La sociedad necesita más nuestras obras que nuestras palabras.”

REFLEXIÓN

   La liturgia del 15º Domingo Ordinario nos recuerda que Dios actúa en el mundo a través de los hombres, a los que él llama y envía como testigos de su proyecto de salvación. Esos “enviados” deben tener como prioridad la fidelidad al proyecto de Dios y no la defensa de sus propios intereses o privilegios.

   La primera lectura nos presenta el ejemplo del profeta Amós. Escogido, llamado y enviado por Dios, el profeta vive para proponer a los hombres, con verdad y coherencia, los proyectos y los sueños que Dios tiene para el mundo. Actuando con total libertad, el profeta no se deja manipular por los poderosos ni amordazar por sus propios intereses personales.

   La segunda lectura nos asegura que Dios tiene un proyecto de vida plena, verdadera y total para cada ser humano, un proyecto que desde siempre estuvo en la mente de Dios. Ese proyecto, presentado a los hombres a través de Jesucristo, exige de cada uno de nosotros una respuesta decidida, total y sin subterfugios.

   En el Evangelio, Jesús envía a los discípulos en misión. Esa misión, que es prolongación de su misma misión, consiste en anunciar el Reino y en luchar objetivamente contra todo aquello que esclaviza al hombre y que le impide ser feliz. Antes de marcharse, Jesús da a los discípulos algunas instrucciones acerca de la forma de realizar la misión. Les invita especialmente a la pobreza, a la sencillez, al desprendimiento de los bienes materiales.

   El predicador ha de tener tanta confianza en Dios que, aunque no se provea de lo necesario para la presente vida, esté sin embargo segurísimo de que nada le ha de faltar, no ocurra que por tener la atención centrada en las cosas temporales, descuide de proveer a los demás las realidades eternas.

PARA LA VIDA

   Un padre muy enfermo reunió a sus tres hijos junto a su cama. Apenas podía hablar. Con gran dificultad, tomó una pequeña cajita que contenía semillas, y dio una a cada hijo diciéndoles: -“Todo lo que les pase a ellas, os pasará a vosotros”. Y diciendo esto, murió. Los tres hijos no entendieron estas últimas palabras de su padre. Pensaron que estaba delirando y no sabía lo que se decía. Cada uno guardó la semilla y se marchó a su casa. El hermano mayor puso su semilla en un frasco de cristal. Y lo colocó en el lugar más visible de la casa.

   Cada vez que lo mirara, recordaría a su querido padre. Al hermano mediano se le perdió la semilla por el camino y no se preocupó mucho de buscarla.. Y el hermano menor tuvo curiosidad por saber qué tipo de semilla le había dado su padre antes de morir. Buscó un macetero, preparó la tierra y la plantó con todo cuidado. Después de muchos cuidado, al cabo del tiempo, creció una rosa roja. Fueron pasando los años y, sin saber cómo, a cada hermano le iba ocurriendo lo mismo que le pasó a su semilla. 

   El hermano mayor cayó enfermo de un extraño mal que lo dejó en cama para siempre, sin poder salir de su casa. El hermano mediano se perdió en medio de la selva cuando estaba haciendo un viaje de vacaciones. Nunca más se volvió a saber de él. En cambio, al hermano menor las cosas le fueron muy bien. Se dedicó a lo que más le gustaba: la pintura. Hizo muchos cuadros y fue conocido en todo el mundo por lo bien que pintaba. Sus obras de arte se podían ver en los mejores museos. Todas ellas estaban firmadas con una pequeña rosa roja dibujada en un extremo. El hermano menor fuel el único que cultivó la semilla. Y por este motivo le ocurrió lo mismo que le pasó a ella: floreció.