Solemnidad del Bautismo del Señor, 9 de Enero 2022, Ciclo C
Lucas 3, 15-16. 21-22
"Este Es Mi Hijo Muy Amado”
Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.1.- El Bautismo: todo bautizado es el hijo esperado sobre el que se posa el Espíritu del Señor. Y así nosotros creyentes somos llamados, como la primera comunidad cristiana, a dar testimonio del camino recorrido por Jesús, que es el único que salva al hombre y lo conduce a la comunión con Dios.
2.- El Padre: Dios Padre busca hacer de la humanidad una familia más justa y fraterna. El mundo debe saber lo bueno que es este Dios que busca y acoge siempre a sus hijos perdidos porque sólo quiere salvar, no condenar. Quien no habla este lenguaje de Jesús, no hable le lenguaje del amor.
3.- El Hijo: Jesús, al ser bautizado por Juan, escuchó la bendición de Dios: «Tú eres mi Hijo, el amado». También a nosotros nos alcanza esa bendición de Dios sobre Cristo. Cada uno de nosotros puede escucharla en el fondo de su corazón: «Tú eres mi hijo amado». Eso será también este año lo más importante.
4.- El Espíritu Santo: nos hace invocar a Dios como Padre. Necesitamos el divino Espíritu que nos enseñe a pasar de lo puramente exterior a lo que hay de más íntimo en el hombre, en el mundo y en la vida. El divino Espíritu que nos enseñe a acoger a ese Dios que habita en el interior de nuestras vidas y en el centro de nuestra existencia, con sus siete dones.
REFLEXIÓN
Hoy de nuevo se manifiesta Dios en su Hijo Jesús. Se manifiesta como Siervo que viene a restaurar la justicia y ser luz de las naciones. El viene a liberar, por eso el cristiano debe sentirse liberado desde su bautismo y enviado a ser como Jesús: luz que alumbre a su alrededor con amor. Ser bautizado es optar por luchar en hacer el bien y a favor de los demás.
La fiesta del bautismo de Jesús concluye el Tiempo de Navidad. Todo lo que en este tiempo festejamos con gozo que Dios, con la Encarnación de su Hijo, se haya vinculado de manera definitiva a la humanidad; que la venida de Jesús esté determinada por el Espíritu Santo y que él sea el Hijo del Altísimo.
Como Jesús, todos los cristianos son llamados por Dios y consagrados por Él para evangelizar y colaborar en la construcción del Reino. Así el Reino llega a todos y con la colaboración de todos.
En el Evangelio se resalta la gran diferencia entre el bautismo de Juan y el de Jesús. El bautismo de Jesús es un bautismo en el que se hace presente el Espíritu Santo. Jesús nace para ser el salvador, pero el Espíritu Santo lo consagra como el enviado de Dios y su siervo en el bautismo del Jordán.
En su bautismo en el río Jordán, Jesús fue elegido por Dios como su enviado; allí fue llenado con la fuerza del Espíritu para que comience su predicación del Reino y para que realice los signos del Reino, aún con dificultades y a riesgo de su vida. El cristiano es alguien que, tras ser elegido por Dios para ser su hijo y mensajero, acepta esa elección y se entrega o consagra a Dios de por vida.
PARA LA VIDA
Un hombre encontró un huevo de águila y lo puso en el nido de una gallina, en un corral. El aguilucho fue incubado junto con la nidada de polluelos, y creció con ellos. Y ella águila hacía lo que hacían los pollos del corral, creyendo que era uno de ellos. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos. Piaba y cacareaba. Y movía las alas y volaba unos pocos metros.
Pasaron los años y el águila envejeció. Un día vio un ave magnífica volando por encima de ella, en el cielo sin nubes. Se deslizaba con graciosa majestad entre las poderosas corrientes de aire, moviendo sus fuertes alas doradas.
La vieja águila miraba hacia arriba con asombro. - ¿Quién es ella? —peguntó. - Ella es el águila, la reina de las aves —le dijo su vecina—. Nadie vuela como ella, nadie puede cazar como ella. Ella pertenece al cielo. Nosotras, en cambio, pertenecemos a la tierra; somos gallinas. ¡Tú eres una gallina! Así, aquella pobre águila vivió y murió creyendo que en verdad era una gallina.
Estamos llamados a ser divinos, a volar alto, a soñar horizontes de paz, a ser cada día mejores, a vivir la plenitud del amor, hemos nacido con alas de águila, no de gallina.
Pero, mientras llega eso, tú y yo, cada uno de los que nos llamamos cristianos podemos intentar vivir en serio las consecuencias de nuestro bautismo. Este es el mensaje del Bautismo de Jesús y el mensaje de las consecuencias de nuestro propio bautismo.
¡Que esta Semana y cada día se nos Note que Somos Bautizados y Testigos Alegres del Evangelio de Cristo!
1.- El Bautismo: todo bautizado es el hijo esperado sobre el que se posa el Espíritu del Señor. Y así nosotros creyentes somos llamados, como la primera comunidad cristiana, a dar testimonio del camino recorrido por Jesús, que es el único que salva al hombre y lo conduce a la comunión con Dios.
2.- El Padre: Dios Padre busca hacer de la humanidad una familia más justa y fraterna. El mundo debe saber lo bueno que es este Dios que busca y acoge siempre a sus hijos perdidos porque sólo quiere salvar, no condenar. Quien no habla este lenguaje de Jesús, no hable le lenguaje del amor.
3.- El Hijo: Jesús, al ser bautizado por Juan, escuchó la bendición de Dios: «Tú eres mi Hijo, el amado». También a nosotros nos alcanza esa bendición de Dios sobre Cristo. Cada uno de nosotros puede escucharla en el fondo de su corazón: «Tú eres mi hijo amado». Eso será también este año lo más importante.
4.- El Espíritu Santo: nos hace invocar a Dios como Padre. Necesitamos el divino Espíritu que nos enseñe a pasar de lo puramente exterior a lo que hay de más íntimo en el hombre, en el mundo y en la vida. El divino Espíritu que nos enseñe a acoger a ese Dios que habita en el interior de nuestras vidas y en el centro de nuestra existencia, con sus siete dones.
REFLEXIÓN
Hoy de nuevo se manifiesta Dios en su Hijo Jesús. Se manifiesta como Siervo que viene a restaurar la justicia y ser luz de las naciones. El viene a liberar, por eso el cristiano debe sentirse liberado desde su bautismo y enviado a ser como Jesús: luz que alumbre a su alrededor con amor. Ser bautizado es optar por luchar en hacer el bien y a favor de los demás.
La fiesta del bautismo de Jesús concluye el Tiempo de Navidad. Todo lo que en este tiempo festejamos con gozo que Dios, con la Encarnación de su Hijo, se haya vinculado de manera definitiva a la humanidad; que la venida de Jesús esté determinada por el Espíritu Santo y que él sea el Hijo del Altísimo.
Como Jesús, todos los cristianos son llamados por Dios y consagrados por Él para evangelizar y colaborar en la construcción del Reino. Así el Reino llega a todos y con la colaboración de todos.
En el Evangelio se resalta la gran diferencia entre el bautismo de Juan y el de Jesús. El bautismo de Jesús es un bautismo en el que se hace presente el Espíritu Santo. Jesús nace para ser el salvador, pero el Espíritu Santo lo consagra como el enviado de Dios y su siervo en el bautismo del Jordán.
En su bautismo en el río Jordán, Jesús fue elegido por Dios como su enviado; allí fue llenado con la fuerza del Espíritu para que comience su predicación del Reino y para que realice los signos del Reino, aún con dificultades y a riesgo de su vida. El cristiano es alguien que, tras ser elegido por Dios para ser su hijo y mensajero, acepta esa elección y se entrega o consagra a Dios de por vida.
PARA LA VIDA
Un hombre encontró un huevo de águila y lo puso en el nido de una gallina, en un corral. El aguilucho fue incubado junto con la nidada de polluelos, y creció con ellos. Y ella águila hacía lo que hacían los pollos del corral, creyendo que era uno de ellos. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos. Piaba y cacareaba. Y movía las alas y volaba unos pocos metros.
Pasaron los años y el águila envejeció. Un día vio un ave magnífica volando por encima de ella, en el cielo sin nubes. Se deslizaba con graciosa majestad entre las poderosas corrientes de aire, moviendo sus fuertes alas doradas.
La vieja águila miraba hacia arriba con asombro. - ¿Quién es ella? —peguntó. - Ella es el águila, la reina de las aves —le dijo su vecina—. Nadie vuela como ella, nadie puede cazar como ella. Ella pertenece al cielo. Nosotras, en cambio, pertenecemos a la tierra; somos gallinas. ¡Tú eres una gallina! Así, aquella pobre águila vivió y murió creyendo que en verdad era una gallina.
Estamos llamados a ser divinos, a volar alto, a soñar horizontes de paz, a ser cada día mejores, a vivir la plenitud del amor, hemos nacido con alas de águila, no de gallina.
Pero, mientras llega eso, tú y yo, cada uno de los que nos llamamos cristianos podemos intentar vivir en serio las consecuencias de nuestro bautismo. Este es el mensaje del Bautismo de Jesús y el mensaje de las consecuencias de nuestro propio bautismo.
¡Que esta Semana y cada día se nos Note que Somos Bautizados y Testigos Alegres del Evangelio de Cristo!
Natividad del Señor, 25 Diciembre 2021, Ciclo C
San Juan 1, 1 - 18
"La Palabra se hizo Carne y Habitó entre Nosotros”
Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.
1.- La Natividad: Un Niño ha nacido, y es Dios que se hace hombre y que viene a
salvarnos. Jesucristo, Palabra del Padre, que existe desde siempre,
por el que hemos sido creados, ha venido a nosotros para iluminar
nuestra vida. Acerquémonos hoy al portal de Belén, asomémonos al
pesebre, contemplemos a ese niño recién nacido y descubramos en él
a Dios con nosotros. Él nos trae la paz, la felicidad y la luz que
ilumina nuestras vidas. Este es el mejor deseo para estas fiestas
de Navidad.
2.- Navidad: cuando volvemos en Navidad al portal de Belén, recordamos cómo
Jesús tuvo que nacer en un portal por no tener sitio en la posada.
Dios no fue recibido por los hombres cuando se hizo hombre. La luz
que disipa la oscuridad no es aceptada por muchos que prefieren
vivir en la tiniebla. Un ejemplo lo tenemos en estos días de
Navidad, que en medio de tanto trasiego, mucha gente vive como si
Dios no existiese. Es triste celebrar la Navidad como nos la
presenta el mundo, una Navidad sin Dios, en tiniebla, sin hacer
caso a la luz.
3.- Belén: Asomarnos aquí, junto al portal, es agradecer a Dios el hecho de
que sigue apostando por el hombre; que sigue confiando en nosotros.
¡Tanto confía…que del hombre se fía y se hace hombre como nosotros!
¡Gracias, amigo y Señor! Contemplar aquí, delante de la Sagrada
Familia el Misterio, es dejarse impresionar por el amor gigantesco
de Dios. Belén, en este día de Navidad, tiene sabor a fraternidad.
En Belén, los seres humanos, se dan la paz. Y, en Belén, al
abrazarnos con Dios no hacemos otra cosa que, en su pobreza,
enriquecernos con todo lo bueno que Dios tiene, con todo lo bueno
que Él nos da.
4.- Dios con Nosotros: es un mensaje de alegría para un pueblo abatido y sin horizontes:
¡Dios vuelve! Mensaje para el que se siente desanimado: ¡Dios
sigue entre los que creen! El que cree en el mensaje piensa que la
restauración de una sociedad en ruinas y en crisis económica es
posible. Es el mensaje para el creyente de hoy en esta Navidad. Si
ser cristiano supone siempre el propósito de vivir como vivió
Cristo, en este día solemne de la Navidad debemos hacer un
propósito solemne de ser seguidores de Cristo, imágenes vivas de
Él, nacer y crecer cada día como Cristos vivos.
REFLEXIÓN
La Liturgia nos lleva hoy a Belén, junto al pesebre,
donde reposa el divino Rey, recién nacido. Dejémonos llevar por
ella. Una vez ante el divino Niño, postrémonos en actitud de
adoración y recitemos el símbolo de la fe y el prólogo del
Evangelio según San Juan: «Dios de Dios, Luz de Luz, Dios
verdadero de Dios verdadero, Engendrado no creado, de la misma
sustancia que el Padre… Descendió de los cielos, por nosotros los
hombres y por nuestra salvación. Fue concebido por obra y gracia
del Espíritu Santo y nació de santa María Virgen…
Primera
Lectura Ha cumplido Dios su palabra de consolación. Nos ha redimido,
dejándose ver y amar en medio de nosotros. Cristo es la realidad
suprema del acercamiento pedagógico de Dios a nosotros. Cristo es el
Mensajero que viene a anunciar la Buena Nueva: el Evangelio, de la
paz y de la salvación.
Segunda
lectura Dios nos ha hablado por su Hijo. Cristo es personalmente la Palabra de Dios vivo. En la plenitud
de los tiempos el Padre nos ha hablado por su Hijo. Ha habido dos
fases en la Revelación: la preparación por los profetas, primero, y
en la plenitud de los tiempos la revelación perfecta por medio del
Hijo. Son dos momentos continuos, de manera que, ciertamente, en
todo tiempo Dios ha hablado a los hombres. Pero en el último tiempo
su Palabra se ha expresado de un modo insólito y maravilloso, con un
gesto nuevo de infinito amor.
Evangelio La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. El Verbo, que es Luz y Vida divina –Luz que salva y Amor que
redime–, se ha hecho uno más entre nosotros. El Hijo de Dios se
nos hace presente en la realidad viviente de un Corazón también
humano. San Agustín ha comentado este pasaje evangélico muchas
veces. «Un año más ha brillado para nosotros –y hemos de
celebrarlo– el Nacimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
En Él la verdad ha brotado de la tierra (Sal 84,12); el Día del
día ha venido ha nuestro día: alegrémonos y regocijémonos en Él
(Sal 117,24). La fe de los cristianos conoce lo que nos ha
aportado la humildad de tan gran excelsitud.
PARA LA VIDA
Hubo una vez un hombre tan harto de ver tantas cosas malas
por el mundo, que una Navidad deseó que todo el mundo fuera bueno y
tuviera espíritu navideño. Y resultó que, mágicamente, su deseo se
vio cumplido. Cuando salió a la calle, todo el mundo parecía feliz y
nadie era capaz de hacer mal. Unos niños tiraron piedras a un perro
pero, por el aire, las piedras se convirtieron en nieve; un hombre
cruzó la calle despistado, y cuando el conductor sacó medio cuerpo
por la ventanilla para gritar algo, le dio los buenos días y le
deseó felices fiestas; y hasta una mujer rica que caminaba envuelta
en su abrigo de pieles, al pasar junto a un mendigo,
cuando parecía que iba proteger aún más su bolso, lo agarró y se lo dio
lleno, con todo el dinero y las joyas.
Nuestro navideño hombre estaba feliz, pero la cosa
cambió cuando fue a pagar en el supermercado. Le atendió aquella
cajera que lo estaba pasando tan mal por falta de dinero, y pensó en
dejarle de propina lo justo para poder tomarse luego un chocolate
caliente, pero antes de darse cuenta, sin saber muy bien cómo, le había dejado de
propina todo el dinero que llevaba encima. Y si aquello no le hizo
mucha gracia, menos aún le gustó cuando en lugar de ir al gimnasio
subió al autobús que iba a la prisión y se pasó un par de horas
visitando peligrosos delincuentes encarcelados, y otro par de horas
escuchando la pesada charla de una anciana solitaria en el asilo, en
lugar de ir a ver una preciosa obra de teatro sobre la Navidad, tal y
como había previsto.
Molesto por todo aquello, sin saber qué le empujaba a
obrar así, empezó a comprobar que todo el mundo tenía aquel perfecto
espíritu navideño gracias a que se había cumplido su deseo. Pero
igual que él mismo, casi nadie estaba a gusto haciendo todas
aquellas justas y generosas cosas. Entonces se dio cuenta de lo
injusto que había sido su deseo: había pedido que todos mejoraran,
que el mundo se hiciera bueno, cuando él estaba realmente lejos de
ser así.
Durante años se había creído bueno y justo, pero
habían bastado un par de días para demostrarle que era como todos, sólo un poco bueno, sólo un poco
generoso, sólo un poco justo... y lo peor de todo, no quería que
aquello cambiase. Hay quien dice que todos somos como ese hombre.
También hay locos que dicen que bastaría con que un hombre cambie para
cambiar el mundo. Y algunos, mis favoritos, dicen que ya ha llegado la
hora de cambiar a ese hombre sólo un poco bueno que llevamos con
nosotros a todas partes.
1.- La Natividad: Un Niño ha nacido, y es Dios que se hace hombre y que viene a salvarnos. Jesucristo, Palabra del Padre, que existe desde siempre, por el que hemos sido creados, ha venido a nosotros para iluminar nuestra vida. Acerquémonos hoy al portal de Belén, asomémonos al pesebre, contemplemos a ese niño recién nacido y descubramos en él a Dios con nosotros. Él nos trae la paz, la felicidad y la luz que ilumina nuestras vidas. Este es el mejor deseo para estas fiestas de Navidad.
2.- Navidad: cuando volvemos en Navidad al portal de Belén, recordamos cómo Jesús tuvo que nacer en un portal por no tener sitio en la posada. Dios no fue recibido por los hombres cuando se hizo hombre. La luz que disipa la oscuridad no es aceptada por muchos que prefieren vivir en la tiniebla. Un ejemplo lo tenemos en estos días de Navidad, que en medio de tanto trasiego, mucha gente vive como si Dios no existiese. Es triste celebrar la Navidad como nos la presenta el mundo, una Navidad sin Dios, en tiniebla, sin hacer caso a la luz.
3.- Belén: Asomarnos aquí, junto al portal, es agradecer a Dios el hecho de que sigue apostando por el hombre; que sigue confiando en nosotros. ¡Tanto confía…que del hombre se fía y se hace hombre como nosotros! ¡Gracias, amigo y Señor! Contemplar aquí, delante de la Sagrada Familia el Misterio, es dejarse impresionar por el amor gigantesco de Dios. Belén, en este día de Navidad, tiene sabor a fraternidad. En Belén, los seres humanos, se dan la paz. Y, en Belén, al abrazarnos con Dios no hacemos otra cosa que, en su pobreza, enriquecernos con todo lo bueno que Dios tiene, con todo lo bueno que Él nos da.
4.- Dios con Nosotros: es un mensaje de alegría para un pueblo abatido y sin horizontes: ¡Dios vuelve! Mensaje para el que se siente desanimado: ¡Dios sigue entre los que creen! El que cree en el mensaje piensa que la restauración de una sociedad en ruinas y en crisis económica es posible. Es el mensaje para el creyente de hoy en esta Navidad. Si ser cristiano supone siempre el propósito de vivir como vivió Cristo, en este día solemne de la Navidad debemos hacer un propósito solemne de ser seguidores de Cristo, imágenes vivas de Él, nacer y crecer cada día como Cristos vivos.
REFLEXIÓN
La Liturgia nos lleva hoy a Belén, junto al pesebre, donde reposa el divino Rey, recién nacido. Dejémonos llevar por ella. Una vez ante el divino Niño, postrémonos en actitud de adoración y recitemos el símbolo de la fe y el prólogo del Evangelio según San Juan: «Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, Engendrado no creado, de la misma sustancia que el Padre… Descendió de los cielos, por nosotros los hombres y por nuestra salvación. Fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de santa María Virgen…
Primera Lectura Ha cumplido Dios su palabra de consolación. Nos ha redimido, dejándose ver y amar en medio de nosotros. Cristo es la realidad suprema del acercamiento pedagógico de Dios a nosotros. Cristo es el Mensajero que viene a anunciar la Buena Nueva: el Evangelio, de la paz y de la salvación.
Segunda lectura Dios nos ha hablado por su Hijo. Cristo es personalmente la Palabra de Dios vivo. En la plenitud de los tiempos el Padre nos ha hablado por su Hijo. Ha habido dos fases en la Revelación: la preparación por los profetas, primero, y en la plenitud de los tiempos la revelación perfecta por medio del Hijo. Son dos momentos continuos, de manera que, ciertamente, en todo tiempo Dios ha hablado a los hombres. Pero en el último tiempo su Palabra se ha expresado de un modo insólito y maravilloso, con un gesto nuevo de infinito amor.
Evangelio La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. El Verbo, que es Luz y Vida divina –Luz que salva y Amor que redime–, se ha hecho uno más entre nosotros. El Hijo de Dios se nos hace presente en la realidad viviente de un Corazón también humano. San Agustín ha comentado este pasaje evangélico muchas veces. «Un año más ha brillado para nosotros –y hemos de celebrarlo– el Nacimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. En Él la verdad ha brotado de la tierra (Sal 84,12); el Día del día ha venido ha nuestro día: alegrémonos y regocijémonos en Él (Sal 117,24). La fe de los cristianos conoce lo que nos ha aportado la humildad de tan gran excelsitud.
PARA LA VIDA
Hubo una vez un hombre tan harto de ver tantas cosas malas por el mundo, que una Navidad deseó que todo el mundo fuera bueno y tuviera espíritu navideño. Y resultó que, mágicamente, su deseo se vio cumplido. Cuando salió a la calle, todo el mundo parecía feliz y nadie era capaz de hacer mal. Unos niños tiraron piedras a un perro pero, por el aire, las piedras se convirtieron en nieve; un hombre cruzó la calle despistado, y cuando el conductor sacó medio cuerpo por la ventanilla para gritar algo, le dio los buenos días y le deseó felices fiestas; y hasta una mujer rica que caminaba envuelta en su abrigo de pieles, al pasar junto a un mendigo, cuando parecía que iba proteger aún más su bolso, lo agarró y se lo dio lleno, con todo el dinero y las joyas.
Nuestro navideño hombre estaba feliz, pero la cosa cambió cuando fue a pagar en el supermercado. Le atendió aquella cajera que lo estaba pasando tan mal por falta de dinero, y pensó en dejarle de propina lo justo para poder tomarse luego un chocolate caliente, pero antes de darse cuenta, sin saber muy bien cómo, le había dejado de propina todo el dinero que llevaba encima. Y si aquello no le hizo mucha gracia, menos aún le gustó cuando en lugar de ir al gimnasio subió al autobús que iba a la prisión y se pasó un par de horas visitando peligrosos delincuentes encarcelados, y otro par de horas escuchando la pesada charla de una anciana solitaria en el asilo, en lugar de ir a ver una preciosa obra de teatro sobre la Navidad, tal y como había previsto.
Molesto por todo aquello, sin saber qué le empujaba a obrar así, empezó a comprobar que todo el mundo tenía aquel perfecto espíritu navideño gracias a que se había cumplido su deseo. Pero igual que él mismo, casi nadie estaba a gusto haciendo todas aquellas justas y generosas cosas. Entonces se dio cuenta de lo injusto que había sido su deseo: había pedido que todos mejoraran, que el mundo se hiciera bueno, cuando él estaba realmente lejos de ser así.
Durante años se había creído bueno y justo, pero habían bastado un par de días para demostrarle que era como todos, sólo un poco bueno, sólo un poco generoso, sólo un poco justo... y lo peor de todo, no quería que aquello cambiase. Hay quien dice que todos somos como ese hombre. También hay locos que dicen que bastaría con que un hombre cambie para cambiar el mundo. Y algunos, mis favoritos, dicen que ya ha llegado la hora de cambiar a ese hombre sólo un poco bueno que llevamos con nosotros a todas partes.
4° Domingo de Adviento, 19 Diciembre 2021, Ciclo C
San Lucas 1, 39 - 45
"Dichosa Tú que has Creído”
Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.
- El Saludo de María: hay muchas maneras de «saludar» a las personas. María trae paz, alegría y bendición de Dios. Lucas recordará más tarde, que Jesús pedía a sus seguidores: en cualquier casa que entréis, decid lo primero: Paz a esta casa. Todo saludo debe llevar la huella de Dios…como María a Isabel.
- La Vida: las madres portadoras de vida, son mujeres «bendecidas» por el creador: el fruto de sus vientres es bendito. María es la «bendecida» por excelencia: con ella nos llega Jesús, la gran bendición de Dios al mundo. Isabel termina exclamando: Dichosa tú, que has creído.
- La Felicidad: feliz el pueblo donde hay madres creyentes, portadoras de vida, capaces de irradiar paz y alegría. Feliz la Iglesia donde hay mujeres bendecidas por Dios, mujeres felices que creen y transmiten fe y vida a sus hijos. La auténtica alegría no se fabrica desde fuera, brota del interior. En realidad, la alegría emerge cuando aprendemos a vivir en la verdad.
- Relacionarse: la relación íntima y personal del Espíritu Santo con María ha hecho posible que el Verbo de Dios asuma carne y se vaya formando hombre en su seno materno. La relación de María con el Verbo de Dios es extremamente misteriosa y delicada: Misteriosa porque la fecundación de su seno es obra de Dios mismo; delicada, porque está dando a Dios su carne y su sangre, pero sobre todo su amor, su dedicación y su entrega total.
REFLEXIÓN
Si tuviésemos que escribir la mejor historia de amor, seguramente escogeríamos como protagonista a María... Si tuviésemos que escribir la mejor historia de entrega y confianza, seguramente escogeríamos como protagonista también a la Virgen María. Y si tuviésemos que escribir una historia sobre el mejor discípulo que Jesús tuvo, la protagonista sería igualmente, la Virgen María.
Así es presentada María en este cuarto domingo de Adviento: como la mejor oyente de Dios. Porque si es cierto que el mejor discípulo es aquel que transmite lo que lleva dentro casi sin necesidad de hablar, ese discípulo es entonces María. Y sé que ni Isabel, ni el hijo que llevaba en sus entrañas sabían lo que le había ocurrido a María. Pero nada más entrar en casa de su prima, y sin hablar, los dos se dan cuenta de que hay algo especial en ella.
Las palabras que Isabel usa para saludar a María: « ¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! las usamos cada vez que rezamos el Avemaría. Jesús es esperado. Jesús es amado con su primer amor. Bendita tú eres,... bendito es tu hijo...Y Santa Isabel pregunta con humildad ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor?
Estas dos mujeres, María e Isabel, están inmersas en el misterio: Evidentemente hay cosas extrañas en torno a los os nacimientos. Isabel se da cuenta de ello en forma inmediata y con sus palabras refleja la adoración y el agradecimiento a Dios por el don recibido. Nos alienta esta escena a pedir al Señor que estemos siempre atentos a reconocer su presencia y a saber reconocer sus signos.
PARA LA VIDA
Érase una vez un rey generoso y sabio. Trataba a los ricos y a los pobres del mismo modo y era muy bondadoso con los niños. Un año todos sus súbditos decidieron celebrar una gran fiesta en el día de su cumpleaños. Y lo hicieron de manera distinta a los años anteriores. Como trataba a todos por igual decidieron que todos los regalos iban a estar envueltos con papel blanco para que parecieran iguales. Cuando llegó el día todos trajeron sus regalos blancos al rey.
Unos eran un puñado de arroz pero envuelto en papel blanco. Otros regalos eran joyas o marfil pero estos también estaban envueltos en papel blanco. Todos parecían iguales y cuando el rey los abrió trató a todos por igual porque sabía que todos llevaban el mismo amor y devoción.
Y los que no tenían regalos que ofrecer, firmaban en un libro blanco para ofrecerle su tiempo y sus talentos. ¿Ya ha encontrado el regalo perfecto para esta Navidad? ¿Ya ha practicado la elegancia social del regalo? Sus hijos no necesitan un nuevo juguete, le necesitan a usted. Su esposa no necesita el último perfume de Calvin Klein, le necesita a usted. Sus padres ya mayores no necesitan guantes nuevos, necesitan que usted les caliente sus manos con su calor. Dar cosas es fácil, darse uno mismo es lo difícil. Jesús es el regalo de Dios para todos nosotros y no necesita nada pero nos necesita a nosotros.
- El Saludo de María: hay muchas maneras de «saludar» a las personas. María trae paz, alegría y bendición de Dios. Lucas recordará más tarde, que Jesús pedía a sus seguidores: en cualquier casa que entréis, decid lo primero: Paz a esta casa. Todo saludo debe llevar la huella de Dios…como María a Isabel.
- La Vida: las madres portadoras de vida, son mujeres «bendecidas» por el creador: el fruto de sus vientres es bendito. María es la «bendecida» por excelencia: con ella nos llega Jesús, la gran bendición de Dios al mundo. Isabel termina exclamando: Dichosa tú, que has creído.
- La Felicidad: feliz el pueblo donde hay madres creyentes, portadoras de vida, capaces de irradiar paz y alegría. Feliz la Iglesia donde hay mujeres bendecidas por Dios, mujeres felices que creen y transmiten fe y vida a sus hijos. La auténtica alegría no se fabrica desde fuera, brota del interior. En realidad, la alegría emerge cuando aprendemos a vivir en la verdad.
- Relacionarse: la relación íntima y personal del Espíritu Santo con María ha hecho posible que el Verbo de Dios asuma carne y se vaya formando hombre en su seno materno. La relación de María con el Verbo de Dios es extremamente misteriosa y delicada: Misteriosa porque la fecundación de su seno es obra de Dios mismo; delicada, porque está dando a Dios su carne y su sangre, pero sobre todo su amor, su dedicación y su entrega total.