5° Domingo de Cuaresma, 3 de Abril 2022, Ciclo C

 San Juan 8, 1-11

"Anda, Ver en Paz, y no Peques Más”

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.- Pecado: Jesús ha pasado la noche orando en el Monte de los Olivos. De pronto, un grupo de escribas y fariseos irrumpe trayendo a "una mujer sorprendida en adulterio". No les preocupa el destino terrible de la mujer. Nadie le interroga de nada. Está ya condenada. Los acusadores lo dejan muy claro: "En la Ley de Moisés se manda apedrear a las adúlteras. Tú, ¿qué dices?” La situación es dramática: los fariseos están tensos, la mujer, angustiada; la gente, expectante. Jesús guarda un silencio sorprendente. Tiene ante sí a aquella mujer humillada, condenada por todos. Pronto será ejecutada. ¿Es esta la última palabra de Dios sobre esta hija suya?

2.- Misericordia: Jesús, que está sentado, se inclina al suelo y comienza a escribir algunos trazos en tierra. Los acusadores le piden una respuesta en nombre de la Ley. Él les responderá desde su experiencia de la misericordia de Dios: aquella mujer y sus acusadores, todos ellos, están necesitados del perdón de Dios. Los acusadores sólo están pensando en el pecado de la mujer y en la condena de la Ley. Jesús cambiará la perspectiva. Pondrá a los acusadores ante su propio pecado. El perdón a la mujer, es la peor pedrada al acusador. Ante Dios, todos hemos de reconocernos pecadores. Todos necesitamos su perdón.

3.- Perdón: como le siguen insistiendo cada vez más, Jesús se incorpora y les dice: "Aquel de vosotros que no tenga pecado puede tirarle la primera piedra". ¿Quiénes sois vosotros para condenar a muerte a esa mujer, olvidando vuestros propios pecados y vuestra necesidad del perdón y de la misericordia de Dios? Los acusadores se van retirando uno tras otro. Jesús apunta hacia una convivencia donde la pena de muerte no puede ser la última palabra sobre un ser humano. Más adelante, Jesús dirá solemnemente: "Yo no he venido para juzgar al mundo, sino para salvarlo". Le ofrece su perdón, y, al mismo tiempo, le invita a no pecar más. 

REFLEXIÓN 

   Todos esperan que se sume al rechazo general a aquella mujer sorprendida en adulterio, humillada públicamente, condenada por escribas respetables y sin defensa posible ante la sociedad y la religión. Jesús, sin embargo, desenmascara la hipocresía de aquella sociedad, defiende a la mujer del acoso injusto de los varones y le ayuda a iniciar una vida más digna. Jesús se dirige a aquella mujer humillada con ternura y respeto: Tampoco yo te condeno. 

   Vete, sigue caminando en tu vida y, en adelante, no peques más. Jesús confía en ella, le desea lo mejor y le anima a no pecar. De sus labios no saldrá condena alguna. Sin embargo, quien conoce cuánta oscuridad reina en el ser humano y lo fácil que es condenar a otros para asegurarse la propia tranquilidad, sabe muy bien que en esa actitud de comprensión y de perdón que adopta Jesús, incluso contra lo que prescribe la ley, hay más verdad que en todas nuestras condenas estrechas y resentidas. 

   El creyente descubre en la actitud de Jesús el rostro verdadero de Dios. Entonces: «Cuando no tengas a nadie que te comprenda, cuando los hombres te condenen, cuando te sientas perdido y no sepas a quien acudir, has de saber que Dios está de tu parte, Dios comprende tu debilidad y tu pecado, pero te pide que no vuelvas a pecar». Ésa es la mejor noticia que podíamos escuchar los hombres. Frente a la incomprensión, los enjuiciamientos y las condenas fáciles de las gentes, el ser humano siempre podrá esperar en la misericordia y el amor insondable de Dios. Cristo nos espera al final del camino, para resucitarnos con La noche de la Pascua. 

   Pero antes tenemos que pasar por la cruz y la muerte de nuestros egoísmos y nuestro cristianismo fácil y cómodamente instalado en la vivencia de una fe que poco nos compromete con la causa de Jesús: la causa de los pobres, los marginados, los rechazados socialmente, los que más lo necesitan en esta sociedad de “aparente felicidad”.  Afrontemos, pues, esta recta final de la Cuaresma con el corazón humilde ante Dios, para que Él nos llene de su mirada de misericordia, de perdón, de amor y de compasión hacia nosotros mismos y hacia los demás. 

PARA LA VIDA

   Cuentan que un día Buda estaba sentado en la ladera de una montaña, meditando y contemplando en serenidad el paisaje, cuando un primo suyo, Devadatta, que le envidiaba, subió hasta lo más alto de la montaña y lanzó desde allí una enorme roca con la intención de matarle. Sin embargo, Devadatta erró en su intento, y la pesada roca aterrizó con estrépito junto a Buda, interrumpiendo su meditación, pero sin hacerle daño. Instantes después, el maestro siguió como si nada, sereno y mirando al horizonte.   

   Días después, Buda se encontró con su primo. Este, Avergonzado, le preguntó:– Maestro, ¿no estás enfadado?– No, claro que no- contestó él.– ¿Por qué no lo estás, si yo Intenté matarte? – Porque ni tú eres ya el mismo que arrojó la roca, ni yo soy el mismo que estaba allí sentado: «Para el que sabe ver, todo es transitorio; para el que sabe amar, todo es perdonable»

No hay pecado que esté por encima del perdón y de la misericordia de Dios.

“Vete en Paz, Pero no Vuelvas a Pecar”

4° Domingo de Cuaresma, 27 de Marzo 2022, Ciclo C

 San Lucas 15, 1-3.11-32

"Este Hermano Tuyo Estaba Muerto y ha Revivido”

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.- Alegría: no hay nada más sublime y hermoso y humano y divino. Si alguien quiere saber cómo es Dios, que lea esta parábola. La parábola del hijo pródigo”, El verdadero protagonista de esa parábola es el Padre. Por dos veces repite el mismo grito de alegría: "Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado". Este grito revela lo que hay en en corazón de Padre. Enseguida "echa a correr". No es el hijo quien vuelve a casa. Es el padre el que sale corriendo y busca el abrazo con más ardor que su mismo hijo. "Se le echó al cuello y se puso a besarlo". Así está siempre Dios. Corriendo con los brazos abiertos hacia quienes vuelven a él.

 2.- Bondad: la invitación del Evangelio de este domingo nos regala un hermoso mensaje. El relato describe con todo detalle el encuentro sorprendente del padre con el hijo que abandonó el hogar. Estando todavía lejos, el padre "lo vio" venir hambriento y humillado, y "se conmovió" hasta las entrañas. Esta mirada buena, llena de bondad y compasión es la que nos salva. Solo Dios nos mira así. Quien oiga esta parábola desde fuera, no entenderá nada. Seguirá caminando por la vida sin Dios. Quien la escuche en su corazón, tal vez llorará de alegría y agradecimiento. Sentirá por vez primera que el misterio último de la vida es Alguien que nos acoge y nos perdona porque solo quiere nuestra alegría.

3.- Perdón: el hijo comienza su confesión: la ha preparado largamente en su interior. El padre le interrumpe para ahorrarle más humillaciones. No le impone castigo alguno, no le exige ningún rito de expiación; no le pone condición alguna para acogerlo en casa. Sólo Dios acoge y protege así a los pecadores. El padre solo piensa en la dignidad de su hijo. Hay que actuar de prisa. Manda traer el mejor vestido, el anillo de hijo y las sandalias para entrar en casa. Así será recibido en un banquete que se celebra en su honor. El hijo ha de conocer junto a su padre la vida digna y dichosa que no ha podido disfrutar lejos de él. Sin duda, la parábola más cautivadora de Jesús es la del "padre bueno, "parábola del hijo pródigo". Precisamente este "hijo menor" ha atraído siempre la atención de comentaristas y predicadores. Su vuelta al hogar y la acogida increíble del padre han conmovido a todas las generaciones cristianas. 

REFLEXIÓN

   El protagonista no es el hijo perdido, porque además hay dos hijos perdidos, uno que se va de casa y otro que se va del corazón, habría que decir de los dos hijos pródigos. Pero es que en realidad el protagonista principal, la “estrella” de esta historia es el padre, no los hijos. Lo sorprendente de esta escena no es el comportamiento humano de los hijos, muy humano, por cierto, sino el comportamiento desmesurado del padre. Es el amor a borbotones y sin media del padre lo que conmueve. Y es lo que convierte a los hijos perdidos en los hijos recuperados. Claro que nosotros no actuaríamos con tanta generosidad y menos con tanta parcialidad. 

   El hijo mayor, diríamos, no se merece ese trato del padre, pobrecito. Encima de que se mata trabajando, su padre parece que no entiende su amor desmedido con el hijo mejor, el hijo perdido. Aquí estamos ante la pugna entre Jesús y los fariseos, los que se creían buenos, pero a la vez superiores a los demás, y eso es lo que los hacía realmente pecadores, lo que estropeaba su virtud. Porque la fe cristiana no es un cúmulo de buenas acciones que exigen la recompensa de Dios. No. Dios no nos ama porque lo merecemos, sino porque somos sus hijos. Su amor no está condicionado ni por nuestra virtud ni por nuestro pecado. 

   Es puro amor, puro don, pura gracia, pura misericordia y perdón. Pero es que además es ésta una experiencia humana muy real. Nadie cambia ni se convierte sino es desde el sentirse amado incondicionalmente por el otro. Maravilloso ejemplo del padre, de nuestro Padre Dios, que sale con los brazos abiertos a nuestro encuentro y prepara una fiesta. Un buen programa para nuestra vida de cristianos. Todos somos pecadores ante Dios, pero pecadores amados, salvados, perdonados, recuperados. Nadie opuede mirar al otro con desdén o desde la superioridad moral o espiritual. Sólo Dios es totalmente Bueno y Santo. Todos somos hijos pródigos.

   Todos somos hermanos e hijos de este Padre de la Misericordia. Imitemos el corazón de nuestro Dios, abriéndonos a su Amor infinito, reflejando en nuestra vida este perdón y esta misericordia a los que nos rodean, a los que nos ofenden, a los que se alejan, a los que no son como nosotros. Sólo por esta parábola, Cristo se merece estar en lo más alto de la sabiduría

humana y en lo más elevado del panteón divino. He aquí el resumen de todo el mensaje de Jesús, la fuente de donde brota su comportamiento, su muerte, su resurrección. 

PARA LA VIDA

    Una pareja de recién casados, un día el marido le hizo esta propuesta a su esposa: "Querida voy a irme de la casa por un tiempo, buscaré un empleo y trabajaré hasta que haya ganado el suficiente dinero como para regresar y poder darte una vida más cómoda y digna. No sé cuánto tiempo voy a estar lejos de ti. Trabajo por veinte años, y luego le dijo a su patrón: “Es hora de regresar a mi casa, quiero que me entregue mis ahorros, saldré mañana muy temprano”. 


   El patrón estuvo de acuerdo, pero antes de cumplir con su parte del pacto, le hizo una propuesta: "Yo puedo darte tu dinero y tú te vas, o puedo darte tres consejos y no te doy el dinero y te vas. Si yo te doy el dinero, no te doy los consejos y viceversa. Vete a tu cuarto, piénsalo y después me das la respuesta”. Como respetaba a su patrón y lo consideraba un gran sabio y sabía que lo amaba como a su propio hijo, finalmente no dudo y le dijo: "Quiero los tres consejos" El patrón le recordó: "Si te doy los consejos, no te doy el dinero.". Si, si, lo sé, pero quiero los consejos. “Nunca tomes atajos en tu vida”. 2.. “Nunca seas curioso de aquello que represente el mal” 3. “Nunca tomes decisiones en momentos de odio y dolor” después de varios días de camino volvió a su hogar. 


   Cuando su esposa abrió la puerta y lo reconoció, lo abrazó fuertemente, pero él con lágrimas en los ojos, le reprochó que le hubiera sido fiel, traicionándolo con otro hombre. Ella sorprendida le respondió: "Yo jamás te traicioné, te fui fiel durante todos estos veinte años”. Y entonces, le preguntó: "¿quién es ese hombre que acariciabas ayer por la tarde?”. Y ella le contestó: "Aquel hombre es nuestro hijo. Cuando te fuiste, descubrí que estaba embarazada”. Entonces el marido entró, abrazó a su hijo y les contó toda su historia, mientras la esposa preparaba la cena. Finalmente se sentaron a comer el último pan, tal como le había encargado el patrón. Después de dar gracias por los alimentos, partió el pan y al abrirlo, se encontró con todo el dinero que había ganado durante los veinte años que trabajo para su patrón.

3° Domingo de Cuaresma, 20 de Marzo 2022, Ciclo C

 San Lucas 13, 1 - 9

"Si No Os Convertís, Todos Pereceréis”

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.-Llamado: Es el momento de escuchar la invitación del Evangelio de este domingo: “Si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo”. Sí, convertirse y cambiar de conducta. Por eso el cristiano sabe que todos los pecadores pueden ser rescatados: El sermón de la montaña es la carta magna del cristiano: “Bienaventurados los artesanos de la paz, porque serán llamados hijos de Dios” Va pasando el tiempo y Jesús ve que la gente no reacciona a su llamada, como sería su deseo. Son muchos los que vienen a escucharlo, pero no acaban de abrirse al "Reino de Dios". Jesús va a insistir. Es urgente cambiar antes que sea tarde.

2.- Amor: Si Dios nos hubiera abandonado a nuestras propias fuerzas, tan limitadas y volubles, no tendríamos razones para esperar que la humanidad viva como familia, como hijos de un mismo Padre. Pero Dios se nos ha acercado definitivamente en Jesús; en su cruz experimentamos la victoria de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio. La cruz, antes símbolo de afrenta y amarga derrota, se vuelve manantial de vida. Desde la cruz mana a torrentes el amor y la paciencia de Dios que perdona y reconcilia. Con la sangre de Cristo podemos vencer al mal con el bien. El mal que penetra en los corazones y en las estructuras sociales. El mal de la división entre los hombres, que han sembrado el mundo con sepulcros con las guerras, con esa terrible espiral del odio que arrasa, aniquila en forma tétrica e insensata.

3.- Perdón: El perdón de Cristo despunta como una nueva alborada, como un nuevo amanecer. Es la nueva tierra, “buena y espaciosa”, hacia la que Dios nos llama, como hemos leído antes en el libro del Éxodo (Ex 3,8). Esa tierra en la que debe desaparecer la opresión del odio y dejar el puesto a los sentimientos cristianos: “Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros” 

REFLEXIÓN

   En cierta ocasión, el propietario de un terreno tiene plantada una higuera en medio de su viña. Año tras año, viene a buscar fruto en ella y no lo encuentra. Su decisión parece la más sensata: la higuera no da fruto y está ocupando inútilmente un terreno, lo más razonable es cortarla. Pero el encargado de la viña reacciona de manera inesperada. ¿Por qué no dejarla todavía? Él conoce aquella higuera, la ha visto crecer, la ha cuidado, no la quiere ver morir. 

   Él mismo le dedicará más tiempo y más cuidados, a ver si da fruto. El relato se interrumpe bruscamente. La parábola queda abierta. El dueño de la viña y su encargado desaparecen de escena. Es la higuera la que decidirá su suerte final. Mientras tanto, recibirá más cuidados que nunca de ese viñador que nos hace pensar en Jesús, "el que ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”. Hemos de reaccionar antes que sea tarde. Jesús está vivo en medio de nosotros. Como el encargado de la viña, él cuida de nuestras Comunidades cristianas, cada vez más frágiles y vulnerables. 

   Él nos alimenta con su Evangelio, nos sostiene con su Espíritu. Hemos de mirar el futuro con esperanza, al mismo tiempo que vamos creando ese clima nuevo de conversión y renovación que necesitamos tanto y que los decretos del Concilio Vaticano no han podido hasta hora consolidar en la Iglesia. Jesús compara la vida estéril de una persona con una «higuera que no da fruto». ¿Para qué va a ocupar un terreno en balde? La pregunta de Jesús es inquietante. 

   ¿Qué sentido tiene vivir ocupando un lugar en el conjunto de la creación si nuestra vida no contribuye a construir un mundo mejor? ¿Qué significa pasar por esta vida sin hacerla un poco más humana? Criar un hijo, construir una familia, cuidar a los padres ancianos, cultivar la amistad o acompañar de cerca a una persona necesitada... no es «desaprovechar la vida», sino vivirla desde su raíz más plena. Hemos de reaccionar antes que sea tarde. 

   Lo que se le pide a la Iglesia de hoy es que sea lo que dice ser: la Iglesia de Jesucristo. Por decirlo con palabras del evangelio de Juan, lo decisivo es «permanecer» en Cristo y «dar fruto» ahora mismo, sin dejarnos coger por la nostalgia del pasado ni por la incertidumbre del futuro. No es el instinto de conservación sino el Espíritu del Resucitado el que ha de guiamos. No hay excusas para no vivir la fe de manera viva ahora mismo, sin esperar a que las circunstancias cambien. Es necesario reflexionar, buscar nuevos caminos, aprender formas nuevas de anunciar a Cristo, pero todo ello ha de nacer de una santidad nueva.

PARA LA VIDA

   En cierta ocasión un joven decidió engañar a un Maestro, con el fin de comprobar que no era tan sabio como la gente decía. El muchacho escondió un pájaro entre sus manos y, sin que nadie supiera qué tenía en ellas, le preguntó al Maestro: “Dime, Maestro, ¿Qué tengo aquí: vida o muerte?”. 

   La trampa del muchacho consistía en que si el Maestro decía: “vida”, el joven oprimiría fuertemente y mostraría un ave muerta”, Y si el Maestro decía: “muerte”, el chico mostraría vida, dejando al ave en libertad. El joven y sus discípulos estaban ansiosos y expectantes ante lo que el maestro pudiese responder: Al cabo de unos momentos, el Maestro contestó: “La vida o la muerte están en tus manos”.

2° Domingo de Cuaresma, 13 de Marzo 2022, Ciclo C

 San Lucas 9, 28b-36

"Transfigurados con el Señor”

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.-Oración: En este segundo domingo de Cuaresma, el evangelista Lucas subraya que Jesús subió al monte «a orar» junto con los apóstoles Pedro, Santiago y Juan y, «mientras oraba» acaeció el luminoso misterio de su transfiguración. Subir al monte para los tres apóstoles supuso quedar involucrados en la oración de Jesús, que se retiraba con frecuencia para orar, especialmente en la aurora o después del atardecer, y en ocasiones durante toda la noche. Ahora bien, sólo en esa ocasión, en el monte, quiso manifestar a sus amigos la luz interior que le invadía cuando oraba: su rostro se iluminó y sus vestidos dejaron traslucir el esplendor de la Persona divina del Verbo encarnado. La verdadera oración consiste precisamente en unir nuestra voluntad con la de Dios. La oración jamás es salirse de la realidad sino mas bien entrar plenamente en ella.

2. -Divinidad: El Señor Jesús manifestará a Pedro, Santiago y a Juan su identidad más profunda, oculta tras el velo de su humanidad. La luminosidad de sus vestidos manifiesta su divinidad. No está Dios «vestido de esplendor y majestad, revestido de luz como de un manto» El Mesías no es tan sólo un hombre, sino Dios mismo que se ha hecho hombre. 

 3.-Plenitud: La Transfiguración del Señor nos habla de la plenitud, nos habla que no existen carencias, ni limitaciones ni ausencias cuando se está en presencia del Señor. Cuántas veces las ausencias de los seres queridos son tremendos motivos de tristeza y de pena. Ausencias físicas unas veces, ausencias espirituales otras; ausencias producidas por una distancia que hay en kilómetros medibles, o ausencias producidas por una distancia afectiva. Aprendamos a compartir con Cristo todo lo que Él ha venido a hacer a este mundo. El saber ofrecernos, ser capaces de entregarnos a nuestro Señor cada día para resucitar con Él cada día. «Si con Él morimos -dice San Pablo- resucitaremos con Él. Si con Él sufrimos, gozaremos con Él». La Transfiguración viene a significar, de una forma muy particular, nuestra unión con Cristo.

REFLEXIÓN

   Evangelio nos invita a no nos quedemos simplemente viendo la Transfiguración como un misterio espectacular por parte de Cristo, sino que, viendo a Cristo Transfigurado, nos demos cuenta de que ésa es nuestra identidad, de que ahí está nuestra felicidad. Una felicidad que vamos a ser capaces de tener sola y únicamente a través de la comunión con los demás, a través de la comunión con Dios

   El Señor ha venido a salvar al ser humano, a reconciliarlo. No quiere que nadie se pierda. Él conoce los más profundos anhelos del corazón humano y sabe cómo saciar verdaderamente sus anhelos y sed de eternidad. A diferencia del padre de la mentira que ofrece una gloria vana, pasajera, el Señor ofrece a todo el que crea en Él la gloria auténtica, la que verdaderamente realiza al ser humano. Un destello de esa gloria es la que muestra cuando en el monte Tabor se transfigura ante Pedro, Santiago y Juan. Es esa la gloria de la que Dios quiere hacer partícipe a su criatura humana. El Tabor es para nosotros un punto fundamental de referencia en todo el Evangelio.

    Jesucristo nos pide y exige el que le sigamos cargados cada uno con nuestra propia cruz —la del deber, la del trabajo, la de la pobreza, la de la enfermedad, la de la lucha por la virtud, la cruz que sea—, y necesitamos un estímulo, un motivo, algo que nos convenza que nuestro seguimiento a Cristo no es cosa inútil y que nos vaya hacer arrepentirnos. ¿Qué recompensa nos espera? Como a Jesús, la resurrección. Pero, ¿cómo va ser esta resurrección? El Tabor nos da la respuesta: nos va dar a nosotros la misma gloria con que apareció Jesús en aquella visión grandiosa. 

   Con esta fe y esta esperanza, ¿quién se desanima?¡Venga, adelante! San Pablo nos lo dice con palabras de ánimo: En un mundo que se está secularizando y que pierde el sentido de lo divino, ¡qué bien nos vienen unas palabras como éstas! El placer pasa; el fruto del deber cumplido, permanece en premio eterno. Pidamos para nosotros la gracia de identificarnos con Cristo como fuente de felicidad. Pidámosla también para los que están dentro de nuestro corazón y para aquellas personas que no son capaces de encontrar que estar con Cristo es lo mejor que un hombre o una mujer pueden tener en su vida.

   Evangelio nos invita a no nos quedemos simplemente viendo la Transfiguración como un misterio espectacular por parte de Cristo, sino que, viendo a Cristo Transfigurado, nos demos cuenta de que ésa es nuestra identidad, de que ahí está nuestra felicidad. Una felicidad que vamos a ser capaces de tener sola y únicamente a través de la comunión con los demás, a través de la comunión con Dios.

   El Señor ha venido a salvar al ser humano, a reconciliarlo. No quiere que nadie se pierda. Él conoce los más profundos anhelos del corazón humano y sabe cómo saciar verdaderamente sus anhelos y sed de eternidad. A diferencia del padre de la mentira que ofrece una gloria vana, pasajera, el Señor ofrece a todo el que crea en Él la gloria auténtica, la que verdaderamente realiza al ser humano. Un destello de esa gloria es la que muestra cuando en el monte Tabor se transfigura ante Pedro, Santiago y Juan. Es esa la gloria de la que Dios quiere hacer partícipe a su criatura humana. El Tabor es para nosotros un punto fundamental de referencia en todo el Evangelio.

    Jesucristo nos pide y exige el que le sigamos cargados cada uno con nuestra propia cruz —la del deber, la del trabajo, la de la pobreza, la de la enfermedad, la de la lucha por la virtud, la cruz que sea—, y necesitamos un estímulo, un motivo, algo que nos convenza que nuestro seguimiento a Cristo no es cosa inútil y que nos vaya hacer arrepentirnos. ¿Qué recompensa nos espera? Como a Jesús, la resurrección. Pero, ¿cómo va ser esta resurrección? El Tabor nos da la respuesta: nos va dar a nosotros la misma gloria con que apareció Jesús en aquella visión grandiosa.

   Con esta fe y esta esperanza, ¿quién se desanima?¡Venga, adelante! San Pablo nos lo dice con palabras de ánimo: En un mundo que se está secularizando y que pierde el sentido de lo divino, ¡qué bien nos vienen unas palabras como éstas! El placer pasa; el fruto del deber cumplido, permanece en premio eterno. Pidamos para nosotros la gracia de identificarnos con Cristo como fuente de felicidad. Pidámosla también para los que están dentro de nuestro corazón y para aquellas personas que no son capaces de encontrar que estar con Cristo es lo mejor que un hombre o una mujer pueden tener en su vida.

 PARA LA VIDA

   En el jardín de una casa había tres ancianos. Señores, nos gustaría muchísimo que pasaran los tres, pero como solo podemos escoger a uno hemos decidido que con mucho gusto invitamos a Amor. Si es tan amable, acompáñeme, por favor. Amor, el anciano con más cara de bonachón, se acercó a él y juntos caminaron sobre la hierba. Entraron en la casa y la mujer le indicó que se sentara a la mesa. – Es un placer tenerle con nosotros, señor Amor. 

   El anciano sonrió y tomó asiento. En ese mismo instante, los otros dos se presentaron en el comedor. La familia se miró desconcertada y la mujer se acercó a ellos con amabilidad. – Pasen, por favor, están en su casa. Estamos felices de que también se unan a la cena, pero me gustaría saber por qué al final los tres aceptan nuestra invitación. Nos hicieron escoger a uno y decidimos que fuera Amor… ¡Perdonen, pero la verdad es que no entiendo nada! 

   El señor Amor miró a la niña que estaba sentada a su lado, le guiñó un ojo, y resolvió el misterio. – Verá, buena mujer, todo tiene una fácil explicación: si hubiera escogido el éxito o la riqueza los otros dos nos habríamos quedado afuera, pero me han elegido a mí, y a donde yo voy ellos van, pues donde hay amor, siempre hay éxito y riqueza.

1° Domingo de Cuaresma, 6 de Marzo 2022, Ciclo C

 San Lucas 4, 1 - 13

"No Tentarás al Señor, tu Dios”

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.- Tentación: la tentación nos acompaña a través de nuestra vida. El tentador está solo, y es tan arrogante que no tiene ningún escrúpulo en tentar incluso al Hijo de Dios. El Evangelio claramente demuestra la increíble fidelidad de Dios hacia el hombre. En medio de los tiempos oscuros y de los momentos aparentemente desesperados de la historia, Dios camina fielmente con su gente en Egipto. Cuando Cristo es tentado por el diablo y más adelante cuando parece derrotado por la muerte, su Padre le fue fiel. Dios desea unir su fidelidad con la del hombre; Jesús unió su fidelidad a la del Padre de una manera extraordinaria.

2.- Preparación: mientras que las culturas y las costumbres cambian él ha ido cambiando sus tácticas, pero los ingredientes son siempre iguales: poder, conocimiento y placer. La sociedad moderna ofrece al tentador una avalancha de posibilidades para influir en la humanidad, y a menudo estamos indefensos y desprotegidos. Como creyentes afirmamos con orgullo nuestra fe en un mundo que se olvida a ratos de ella, la sofoca, o la deja de lado. Las tentaciones son una oportunidad de dar testimonio de Jesucristo, nuestro Señor y Dios, y a través de nuestro testimonio conquistar la tentación con el poder de Dios. No debemos asustarnos de la tentación. "Tu fe es la victoria que conquista el mundo".

 3.- Confianza: no nos dejes caer en la tentación. Los cristianos somos débiles como cualquier persona y lo sabemos. Pero también sabemos que tenemos gran poder de Dios, y que si confiamos en él podemos estar seguros que los ataques del tentador, no importa cuán poderosos sean, no pueden derrotarnos, las obras de Nuestro Corazón son el arma para vencer el mal. Al escucharlas, nos damos cuenta de que no estamos vivos, que nuestra vida no es vida. Que necesitamos liberarnos de nuestra avidez, egoísmo y superficialidad, para despertar en nosotros el amor y la generosidad. Necesitamos escuchar a Dios que nos invita a gozar creando solidaridad, amistad y verdadera fraternidad. 

REFLEXIÓN 

   Queridos hermanos, el miércoles pasado, con el rito de la ceniza, hemos comenzado un nuevo camino cuaresmal. Se abre ante nosotros un nueva Cuaresma, "tiempo fuerte”, tiempo de amor, limosna, ayuno oración, autocontrol y conversión, en el que Dios nos concede una gracia especial para fortalecernos en la lucha que debe llevarnos a una conversión profunda de nuestras vidas, y la meta de este tiempo es la mañana de Pascua, cuando el sepulcro de Cristo aparezca vacío, porque Él ya ha resucitado.

   Pero antes hemos de pasar por la experiencia dolorosa –siempre lo es– de la muerte de Cristo en la Cruz. Moisés haciéndole ver al pueblo elegido las maravillas obradas por Dios, le manda adorarlo sólo a Él por encima de todo. En el Evangelio vemos cómo el Espíritu empuja a Jesús al desierto, donde es colocado en la situación de guerra entre el bien y el mal que definirá toda su actuación mesiánica. Cuaresma es un tiempo de preparación, con ayuno, oración y limosna, para lo que nos aguarda: la Pascua de Resurrección.

   La Cuaresma es tiempo de reflexión, aprendizaje y discernimiento sobre la evolución y desarrollo de nuestras posibilidades como ser humano pleno. Examina tus tentaciones en este tiempo de cuaresma, tentaciones no solo ni principalmente de orden moral. También las de orden social y espiritual. Creer en Dios supone reconocer a los otros hombres y mujeres con la dignidad misma de hijos de Dios, amigos y hermanos intocables con los que estoy llamado a compartir y construir la historia. 

   Creer en Dios supone descubrir que el mal, la injusticia y la muerte no tienen la última palabra. La vida termina en Dios y es más grande que “esta vida”. Hay que «volver al desierto». Aprender de aquel Jesús que se negó a hacer milagros por pura utilidad, capricho o placer. Escuchar la verdad que se encierra en sus inolvidables palabras: «No sólo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios». 

PARA LA VIDA

   Yusuf el terrible turco era un luchador de 140 kilos que había salido de su Turquía natal y había emigrado a los Estados Unidos en busca de fama y fortuna. Pronto se convirtió en el luchador más popular. La gente de todos los rincones del país se arremolinaba para ver cómo derrotaba a sus oponentes. Yusuf era, realmente, un forzudo. Pero tenía una debilidad, el oro. Cada vez que Yusuf ganaba un partido, exigía que le pagasen en monedas de oro. Tan pronto como le pagaban, metía las monedas en el cinturón monedero que llevaba a la cintura.

   Un día, Yusuf anunció que su carrera como luchador se había acabado. Se retiraba y regresaba a su país natal. Ya no competiría más. Tenía todo el oro que necesitaba. A bordo de un gran vapor, Yusuf emprendió viaje hacia Turquía. Pero, en la segunda noche de la travesía, se desató una terrible tormenta. Pronto, el barco empezó a hundirse. La tripulación recibió orden de arrojar los botes salvavidas al agua.

   Yusuf cruzó corriendo la cubierta. Al ver un bote a la deriva a poca distancia del barco, el forzudo se arrojó al océano. Pero cuando empezó a nadar hacia el bote, el peso de las monedas de oro lo arrastró hacia abajo y él y su fortuna nunca más fueron vistos. Yusuf hizo que el oro fuese su tentación y este lo destruyó.

8° Domingo del tiempo Ordinario, 27 de Febrero 2022, Ciclo C

 San Lucas 6, 39-45

"Lo Que Rebosa del Corazón, lo Habla la Boca”

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.-Juzgar: después de las exigencias del amor a los enemigos que escuchábamos el domingo pasado, hoy Jesús nos invita a revisarnos a nosotros mismos. Es fácil pensar que los demás son los que no hacen bien las cosas. Por eso hoy Jesús nos llama la atención y nos dice que no es posible que podamos ver la mota de polvo que tiene el otro en su ojo cuando intentamos quitársela, si no nos quitamos nosotros primero la viga que tenemos en el nuestro.

2.- Bondad: Jesús nos recuerda que cada árbol da el fruto que le corresponde: De un árbol bueno se espera que dé fruto bueno, mientras que de un árbol malo se espera que de fruto malo. Del mismo modo, de un hombre que tiene un buen corazón, lleno del amor de Dios, saldrán frutos de bondad, de amor y de misericordia hacia los demás, mientras que un corazón lleno de maldad, de rencor y de juicios hacia los demás sólo podrá dar furos de odio, de división y de maldad. Al acercanos a la Cuaresma, preguntemos: ¿cuáles son los frutos que estamos dando?

3.- Frutos: Pero no hemos de olvidar que quien llena nuestro corazón de bondad y de amor, es Dios, fuente de todo. Él es quien nos da la salvación y quien es capaz de convertir nuestro corazón de piedra por un corazón de carne. Es importante recordar esto: que no somos nosotros quienes podemos cambiar nuestro corazón, por mucho que nos esforcemos en ello. Es Dios, como nos dice san Pablo en la segunda lectura, quien nos da la victoria sobre el mal y sobre la muerte, es Él quien ha vencido a la muerte con su propia muerte. Así, si deseamos dar los buenos frutos que Dios espera de nosotros, lo primero que hemos de hacer es acercarnos a Él, con un corazón sencillo y humilde, para que Él llene nuestro corazón de la bondad y del amor.

REFLEXIÓN 

   Son los hechos, el modo de hablar y de actuar, los frutos, lo que muestra quién es y cómo es cada persona. Es lo que resume la famosa frase: "Por sus frutos los conoceréis". Lo importante es saber qué llevamos dentro, qué criterios y qué actitudes de fondo nos mueven a actuar. Porque si lo que llevamos dentro es bondad, lo que aflorará serán frutos de bondad, mientras que, si llevamos maldad, los frutos serán de maldad. Hay un "modo de ser", una manera de entender la vida y las relaciones con los demás, que es la del Reino, y otra que es contraria al Reino. 

   Está claro que necesitamos conversión un cambio en la manera de pensar y de ver las cosas. “Corrección fraterna”. Jesús nos propone a salir al encuentro del otro sin juzgarlo … una mirada de amor que acoge al otro en su fragilidad. El Papa Francisco hace referencia a la “corrección fraterna. Hoy, es una buena ocasión para preguntarnos: ¿Cómo me relaciono con los demás? ¿Salgo a su encuentro sin prejuicios? ¿Acojo su historia? ¿Me reconozco también pecador y necesitado del perdón del Señor? Aquello que existe en nuestro interior se manifiesta a través de nuestras palabras. 

   El perdón puede ser otra fuente de esperanza en nuestra sociedad. Las personas que no guardan rencor ni alimentan el odio, el juicio o la venganza, sino que saben perdonar desde dentro, siembran esperanza en el mundo. Junto a esas personas siempre crecerá la vida. Escomo un árbol al lado del rio. No se trata de cerrar los ojos al mal y a la injusticia del ser humano. Se trata sencillamente de escuchar la consigna de san Pablo: «No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien.» La manera más sana de luchar contra el mal en una sociedad tan dañada en algunos valores humanos es hacer el bien «sin devolver a nadie mal por mal...; en lo posible, y en cuanto de vosotros dependa, en paz con todos los hombres»

PARA LA VIDA

 

   El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa de éste y le dice: – Oye maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con maldad…– ¡Espera! – lo interrumpe el filósofo – ¿ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme? – ¿Las tres rejas? – Si. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
– No. Lo oí comentar a unos vecinos. – Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien? – No, en realidad no. ¡Al contrario…–! ¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
 A decir verdad, no.
 Entonces, dijo el sabio sonriendo. Si no sabemos si es verdad, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

   Intentemos filtrar por las tres rejas todo lo que hablamos y pensamos. Eso nos ayudará a no murmurar, ni a criticar. QUITEMOS LAS VIGAS DE NUESTROS OJOS, Y VEREMOS LAS MARAVILLAS DE LOS DEMÁS.