24° Domingo del Tiempo Ordinario, 11 de Septiembre 2022, Ciclo C

San Lucas 15, 1 - 32

 

“Habrá Alegría en el Cielo por un Pecador que se Convierta”

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.- El Pecado nos Aleja de Dios: por eso, el pecado «no es cosa mía», como a veces decimos; porque esa cosa mía atenta contra muchos, contra el bien de otros, contra la «cosa nuestra» de la comunidad. Así, quien odia, deja de aportar amor; quién miente, deja de aportar verdad. No hay, entonces, término medio: o aportamos en la construcción de la comunidad o colaboramos en su debilitamiento y destrucción.

2.- El Pecado Nos Hace Volver a Dios: una íntima vergüenza nos invade, prisioneros de una ilusión suicida. «Soy un pobre-hombre», concluimos. Es la sensación que todos, alguna vez, hemos vivido: esa rara mezcla de amargura, desazón, vergüenza y lástima de nosotros mismos. Son los momentos en que tocamos con nuestras propias manos nuestro límite, para reconocer al fin que nos hemos equivocado. Pero aún no sabemos si ese sentimiento es orgullo herido o sincero arrepentimiento. Sin embargo -esto es lo maravilloso de la vida-, esa amarga y humillante experiencia puede ser el punto de partida de un nuevo y largo camino: el camino de la reconstrucción de la vida. 

3.- La Alegría del Perdón: Dios se alegra al acoger al pecador arrepentido; más aún, él mismo, que es Padre de infinita misericordia, "dives in misericordia", suscita en el corazón humano la esperanza del perdón y la alegría de la reconciliación. Todos necesitamos ser salvados. Y si no hemos caído más bajo ha sido por pura gracia.

4.- La Salvación: Jesús vino para salvar a los pecadores. Ante el misterio del Corazón Redentor de Cristo, todo hombre es siempre recuperable para la salvación y la santidad. No tenemos que condenar a los demás, toda vez que Dios, desde el momento en que constata el arrepentimiento, perdona y no niega su gracia. Así se derrumba todo lo que pudiera constituir orgullo del "justo" y del observante, frente al perdón que viene de Dios. El pecado nos separa de Dios, principio de vida. El perdón que Dios nos regala es una nueva creación, una renovación interior expresada mediante la imagen de "un corazón nuevo". 

REFLEXIÓN 

   La liturgia de este Domingo centra nuestra reflexión en la lógica del amor de Dios. Sugiere que Dios ama al hombre, infinita e incondicionalmente; y que ni siquiera el pecado nos aparta de ese amor.

   La primera lectura nos presenta la actitud misericordiosa de Yahvé frente a la infidelidad del Pueblo. En este episodio, situado en el Sinaí, en el espacio geográfico de la alianza, Dios asume una actitud que se va a repetir muchas veces a lo largo de la historia de la salvación: deja que el amor se superponga a la voluntad de castigar al pecador.

   En la segunda lectura, Pablo recuerda algo que nunca deja de asombrar: el amor de Dios manifestado en Jesucristo. Ese amor se derrama incondicionalmente sobre los pecadores, les transforma y les convierte en personas nuevas. Pablo es un ejemplo concreto de esa lógica de Dios; por eso, no dejará nunca de testimoniar el amor de Dios y de darle gracias.

   El Evangelio nos presenta al Dios que ama a todos los hombres y que, de forma especial, se preocupa por los pecadores, por los excluidos, por los marginados. La parábola del “hijo pródigo”, en especial, presenta a Dios como a un padre que espera ansiosamente el regreso del hijo rebelde, que lo abraza cuando le avista, que le hace volver a entrar en su casa y que ofrece una gran fiesta para celebrar el reencuentro.

   Así ve Jesús a Dios, el «Padre» por excelencia. No impone su voluntad ni mendiga el cariño de nadie. Le dio la libertad al hombre y acepta el riesgo de su desobediencia y el desafío del pecado... sin resentimiento. Es un Dios que cree en el amor; y que el amor es más fuerte que el pecado más tremendo. Cree que el amor puede transformar al hombre; por eso espera. Es un amor que se adelanta a todo gesto de arrepentimiento; un amor -gran paradoja- que hace vivir al pecador.

 PARA LA VIDA 

   Existía un monasterio que estaba ubicado en lo alto de la montaña. Sus monjes eran pobres, pero conservaban en una vitrina tres manuscritos antiguos muy piadosos. Vivían de su esforzado trabajo rural y fundamentalmente de las limosnas que les dejaban los fieles curiosos que se acercaba a conocer los tres rollos, únicos en el mundo. Eran viejos papiros con fama universal de importantes y profundos pensamientos. En cierta oportunidad, un ladrón robó dos rollos y se fugó por la ladera. Los monjes avisaron con rapidez al abad.

   El superior, como un rayo, buscó la parte que había quedado y con todas sus fuerzas corrió tras el agresor y lo alcanzó: "¿Qué has hecho? Me has dejado con un sólo rollo. No me sirve. Nadie va a venir a leer un mensaje que está incompleto. Tampoco tiene valor lo que me robaste. Me das lo que es del templo o te llevas también este texto. Así tienes la obra completa." "Padre, estoy desesperado, necesito urgente hacer dinero con estos escritos santos". El abad le dijo: "Bueno, toma el tercer rollo, si no, se va a perder en el mundo algo muy valioso. Véndelo bien. Estamos en paz”. 

   Los monjes no llegaron a comprender la actitud del abad. Estimaron que se había comportado débil con el ladrón, y que era el monasterio el que había perdido. Pero guardaron silencio, y todos dieron por terminado el episodio. Cuenta la historia que después de una semana, el ladrón regresó. Pidió hablar con el Padre Superior: " Aquí están los tres rollos, no son míos. Los devuelvo. Te pido, en cambio que me permitas ingresar como un monje. Cuando me alcanzaste, todo me esperaba, menos que tuvieras la generosidad como para darme el tercer rollo y la confianza en mí como para creer el valor de mi necesidad, y que todavía dijeras que estábamos en paz, perdonándome con mucha sinceridad.

   Eso me ha hecho cambiar. Mi vida se ha transformado". Nunca ese hombre había sentido la grandeza del perdón, la presencia de tanta generosidad. El abad recuperó los tres manuscritos para beneficio del monasterio, ahora mucho más concurrido por la leyenda del robo y del resarcimiento. Y además consiguió un monje trabajador y de una honestidad a toda prueba.  

   “En cada palabra se recibe un don que no está fabricado por los hombres; entonces podemos decir que Dios viene a nosotros y que nos hace libres”.

 

23° Domingo del Tiempo Ordinario, 4 de Septiembre 2022, Ciclo C

 San Lucas 14, 25 - 33

 

“El Que No Renuncia a Todos sus Bienes no Puede ser Discípulo Mío”

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.-Cómo Seguirlo? empezando por uno mismo, por mis bienes corporales y por todos mis bienes, incluida, por supuesto, mi familia, mi dinero, mis cargos públicos y privados. Si soy una persona sana y fuerte debo poner al servicio de Cristo mi salud y mi fortaleza; si soy débil o estoy enfermo, igualmente debo poner al servicio de Cristo mi debilidad y ni enfermedad. Todos tenemos, o podemos tener nuestras propias cruces, pongamos estas cruces al servicio de Cristo. Y si nos consideramos muy felices y afortunados por lo que somos y tenemos, pongámonos enteramente al servicio de Cristo. Es decir, que lo primero en mi vida es Cristo, después viene todo lo demás.

2.- La Eucaristía: en este encuentro maravilloso con Cristo, que se entrega por nosotros, escuchamos una vez más lo que Dios quiere de nosotros: que le sigamos, que seamos sus discípulos y que le imitemos. Para ello hemos de renunciar a muchas cosas, entre otras a nosotros mismos. Es lo mismo que hizo el Señor, que se rebajó hasta la muerte, y una muerte de cruz. Así lo vamos a celebrar en la Eucaristía. Que dios nos de su sabiduría y su Espíritu Santo para que podamos comprender un poco más los designios de Dios para con nosotros, y que nos ilumine y de fuerzas para seguir lo que Él quiere de cada uno de nosotros.

3.-Seguir a Jesús: Jesús nos pide un compromiso radical con su misión, no le valen las medias tintas. Pero a los que le tienen confianza, Él le devuelve cien veces más. Jesús nos deja libertad de elección y nos advierte claramente de los riesgos y dificultades que entraña la aventura de seguirle. No es una decisión que pueda ser tomada a la ligera, en un momento de euforia. Hace falta seriedad, inteligencia, un programa serio y comprometido de vida, aceptación de la cruz. Para poder decidirse hace falta hacer una opción clara por Jesús de Nazaret y con las exigencias del Reino. 

REFLEXIÓN 

   La liturgia de este domingo nos invita a tomar conciencia de cuán exigente es el camino del “Reino”. Optar por el “Reino” no es escoger un camino de facilidad, sino aceptar recorrer un camino de renuncia y de entrega de la vida. Es, sobre todo.

   La primera lectura recuerda a todos aquellos que no consiguen decidirse por el “Reino”. Sólo en Dios es posible encontrar la verdadera felicidad y el sentido de la vida. Aunque exigente, el camino “reino” conduce a la felicidad plena.

   La segunda lectura recuerda que el amor es el valor fundamental, para todos los que aceptan la dinámica del “Reino”; sólo él permite descubrir la igualdad de todos los hombres, hijos del mismo Padre y hermanos en Cristo. Aceptar vivir en la lógica del “Reino” es reconocer en cada hombre a un hermano y actuar en consecuencia.

   En el Evangelio donde se trazan las coordenadas del “camino del discípulo”: es un camino en el que el “Reino” debe tener la primacía sobre las personas que amamos, sobre nuestros bienes, sobre nuestros propios intereses y esquemas personales.Quien toma contacto con esta propuesta tiene que pensar seriamente si quiere acoger, si tiene fuerzas para seguir. Jesús no admite medias tintas: o se acepta el “Reino” y se embarca en esa aventura a tiempo completo y “a fondo perdido”, o no vale la pena comenzar algo que no se va a llevar a efecto.

Jesús propone siempre máximos, aunque comprende nuestros mínimos, lo cual no es una excusa, porque no es imposible cumplir esas metas de horizontes infinitos. Estamos recordando estos días el centenario de su nacimiento y un nuevo aniversario de la muerte de la beata Madre Teresa de Calcuta, una mujer y una santa, que vivió en plenitud el seguimiento de Jesús, pero tenía claro que las formas de seguirlo son diferentes y variadas, según las diferentes vocaciones. Ella nos recuerda sin embargo cuál debe ser la meta a la que tenemos que tender; tener sólo a Dios por el centro de nuestra vida.

 PARA LA VIDA

   Un poderoso sultán viajaba por el desierto seguido de una larga comitiva que transportaba su tesoro favorito de oro y piedras preciosas. A mitad del camino, un camello de la caravana, agotado por el ardiente reverbero de la arena se desplomó agonizante y no se volvió a levantar. El cofre que transportaba rodó por la falda de la duna, reventó y derramó todo su contenido de perlas y piedras preciosas entre la arena. El sultán no quería aflojar la marcha; tampoco tenía otros cofres de repuesto y los camellos iban con más carga de la que podían soportar. 

   Con un gesto, entre molesto y generoso, invitó a sus pajes y escuderos a recoger las piedras preciosas que pudieran y a quedarse con ellas. Mientras lo jóvenes se lanzaban con avaricia sobre el rico botín y escarbaban afanosamente en la arena, el sultán continuó su viaje por el desierto. Se dio cuenta de que alguien seguía caminando detrás de él. Se volvió y vio que era uno de sus pajes que lo seguía, sudoroso y jadeante. - ¿Y tú – le preguntó el sultán – no te has detenido como los demás a recoger el tesoro? El joven respondió con dignidad y orgullo: - No, ¡yo sigo a mi Rey!.

   “Eres lo que tienes” es su lema.  Aunque la realidad sea mucha gente insatisfecha, vacía, aislada, deprimida por no conseguirlo todo ni poder comprarlo todo.  Pero en esta sociedad donde debemos vivir y ser en ella testigos del proyecto liberador y solidario de Jesús. No es fácil, porque es una continua lucha diaria por mantenernos fieles al Evangelio, pero es fuente de alegría, de paz, de salud humana y espiritual. 

22° Domingo del Tiempo Ordinario, 28 de Agosto 2022, Ciclo C

 San Lucas 14, 1. 7 – 14

 

“El Que Se Eleva Será Humillado, y el Que Se Humilla Será Elevado”

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.-La Humildad: como una virtud necesaria en la vida de todas las personas. La persona humilde es, casi siempre, más apreciada que la persona soberbia. Dice san Agustín: “El verdadero camino para llegar a la verdad es la humildad, segundo la humildad, tercero la humildad; y cuantas veces me lo preguntes, otras tantas te diré lo mismo. No es que falten otros que se llamen preceptos, pero si la humildad no precede, acompaña y sigue todas nuestras buenas acciones.

2.-La Soberbia: nos lo arrancará todo de las manos. Porque los otros vicios son temibles en el pecado, más el orgullo es temible incluso en las buenas obras. El soberbio religioso es muy peligroso porque fácilmente condena, denuncia y desprecia a los demás porque se creen que lo suyo es lo único válido. San Agustín dice que a los soberbios les conviene caer para que experimenten también la debilidad: "Si es más soberbio, jamás será mejor; si es mejor, sin duda alguna será más humilde. Si quieres descubrir que eres mejor, interroga a tu alma por si ves en ella alguna hinchazón. Donde hay hinchazón, hay vaciedad. El diablo intenta hacer su nido donde encuentra un lugar vacío". 

3.-La Acogida: al banquete de la Eucaristía todos somos invitados por igual. Quien preside es Cristo, en su nombre y sólo en su nombre lo hace el sacerdote. Al celebrar la Eucaristía hemos de tener los mismos sentimientos de Cristo, que nos invita a su mesa. El altar es la "mesa del compartir". Celebramos una comida fraterna en la que todos participamos y a la que son llamados especialmente los más pobres. Jesús advierte que cuando demos un banquete invitemos especialmente a pobres, lisiados, cojos y ciegos porque no podrán pagarte. Cuando junto a la mesa del banquete están los más necesitados estamos poniendo en práctica el deseo de Jesús. Habrá quien diga que no son dignos, pero está muy equivocado. 

REFLEXIÓN 

   La liturgia de este domingo nos propone una reflexión sobre algunos valores que acompañan al desafío del “Reino”: la humildad, la gratuidad, el amor desinteresado. 

   En la primera lectura, un sabio de inicios del II antes de Cristo aconseja la humildad como camino para ser agradable a Dios y a los hombres, para tener éxito y ser feliz. Es la reiteración del mensaje fundamental que la Palbra de Dios nos presenta hoy.

   La segunda lectura invita a los creyentes, instalados en una fe cómoda y sin grandes exigencias, a redescubrir la novedad y la exigencia del cristianismo; insiste en que el encuentro con Dios es una experiencia de comunión, de proximidad, de amor, de intimidad, que da sentido al caminar del cristiano. Aparentemente, esta cuestión no tiene mucho que ver con el tema principal de la liturgia de este domingo, sin embargo podemos ligar la reflexión de esta lectura  con el tema central de la liturgia de hoy, la humildad, la gratuidad, el amor desinteresado, a través del tema de la exigencia: la vida cristiana, esa vida que brota del encuentro con el amor de Dios, es una vida que exige de nosotros determinados valores y actitudes, entre los cuales sobresalen la humildad, la sencillez, el amor que se hace don.

   El Evangelio nos sitúa en el ambiente de un banquete en la casa de un fariseo. El encuadre es el pretexto para que Jesús hable del “banquete del Reino”. A todos los que quieran participar en ese “banquete” él les recomienda humildad; al mismo tiempo, denuncia la actitud de aquellos que conducen sus vidas con la lógica de la ambición, de la lucha por el poder y por el reconocimiento social, de la superioridad sobre los otros. Jesús sugiere, también, que todos los hombres están invitados al “banquete del Reino” y que la gratuidad y el amor desinteresado deben caracterizar las relaciones establecidas entre todos los que participen en el “banquete”.

 PARA LA VIDA

Lo Importante no es el Dinero, si no el Corazón


   Durante su estadía en la ciudad de París, el poeta alemán Reinero María Rilke pasaba todos los días por un lugar donde se hallaba una mendiga. Ella estaba sentada, espaldas a un muro de una propiedad privada, en silencio y aparentemente sin interés en aquello que solía ocurrir a su alrededor. Cuando alguien se acercaba y depositaba en su mano una moneda, rápidamente con un ademán furtivo guardaba ese tesoro en el bolsillo de su desgarbado abrigo. No daba nunca las gracias y nunca levantaba la vista para saber quién fue el donante. Así estaba, día tras día, echada de espaldas contra aquella pared. 

   Un día, Reinero María pasó con un amigo y se paró frente de la mendiga.  Sacó una rosa que había traído y la depositó en su mano. Aquí pasó lo que nunca había ocurrido: la mujer levantó su mirada, agarró la mano de su benefactor y, sin soltarla, la cubrió de besos. Enseguida se levanta, guarda la rosa entre sus manos y lentamente se aleja del lugar. 

   Al día siguiente no se encontraba la mujer en su lugar habitual y tampoco durante el día siguiente y el subsiguiente; y así durante toda una semana. Con asombro, el amigo le consulta a Reinero María acerca del resultado tan angustiante de su dádiva.  Rilke le dice:  - "Se debe regalar a su corazón, no a su mano."  Tampoco se aguantó el amigo la otra pregunta acerca de cómo haya vivido la mendiga durante todos estos días, ya que nadie ha depositado ninguna moneda en sus manos. Reinero María le dijo: - "De la rosa".

21° Domingo del Tiempo Ordinario, 21 de Agosto 2022, Ciclo C

 San Lucas 13, 22 -30


“Vendrán de Oriente y Occidente y se Sentarán a la Mesa en el
Reino de Dios”

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.-El Llamado: todos los hombres están llamados a vivir con Dios, pero han de pasar por la puerta estrecha de la renuncia y del don de sí mismos. El auténtico cristiano es consciente de la necesidad que tienen de Cristo todos los hombres y actúan consecuentemente.

2.-La Salvación: no es algo que se recibe de manera irresponsable de un Dios permisivo. No es tampoco el privilegio de algunos elegidos. No basta ser hijos de Abrahán. No es suficiente haber conocido al Mesías. Para acoger la salvación de Dios es necesario esforzarnos, luchar, imitar al Padre, confiar en su perdón.

3.-La Misericordia: Jesús no rebaja sus exigencias: «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso»; «No juzguéis y no seréis juzgados»; «Perdonad setenta veces siete» como vuestro Padre; «Buscad el reino de Dios y su justicia».

4.-La Puerta: «entrar por la puerta estrecha», hemos de recordar las palabras de Jesús que podemos leer en el evangelio de Juan: «Yo soy la puerta; si uno entra por mí será salvo» (Juan 10,9). Entrar por la puerta estrecha es «seguir a Jesús»; aprender a vivir como él; tomar su cruz y confiar en el Padre que lo ha resucitado.

5.-Seguir a Jesús: en este seguimiento a Jesús, no todo vale, no todo da igual; hemos de responder al amor de Padre con fidelidad. Lo que Jesús pide no es rigorismo legalista, sino amor radical a Dios y al hermano. Por eso, su llamada es fuente de exigencia, pero no de angustia. Jesucristo es una puerta siempre abierta. Nadie la puede cerrar. Sólo nosotros si nos cerramos a su perdón.

6.-Dar: no podemos ser generosos sin regularmente dar de nuestros dispensarios a los necesitados. El esfuerzo por vivir según la justicia es el camino para llegar a la plenitud de la alegría. Conocer muchas cosas acerca de Jesús pero no vivir según la voluntad de Dios es poner en juego el logro de la meta y exponernos al fracaso y la desesperación. La salvación es un don de Dios que tenemos que conquistar.


REFLEXIÓN

   La liturgia de este Domingo nos propone el tema de la “salvación”. Nos dice que el acceso al “Reino”, a la vida plena, a la felicidad total (“salvación”), es un don que Dios da a todos los seres humanos, sin excepción; pero, para llegar a eso, es necesario renunciar a una vida basada en esos valores que nos hacen orgullosos, egoístas, prepotentes, autosuficientes, y seguir a Jesús por su camino de amor, de entrega, de donación de la vida.

   En la primera lectura el profeta Isaías nos enseña que el plan de Dios es congregar a todos los hombres para mostrarles su gloria. La evangelización y el testimonio no son ante todo un andar, un hacer, sino principalmente un ser. Algunos cristianos han sido llamados a vivir este aspecto de un modo especial. Debemos ir a los no creyentes, mas al mismo tiempo vivir de forma tal que seamos signos, para que sean atraídos.

   La segunda lectura en la carta a los Hebreos. El Señor reprende a los que ama. La visión paternal de Dios es siempre más amplia y amorosa que la irresponsabilidad engreída de los hijos. «Todo cuanto nos viene de parte de Dios, y que de pronto nos parece próspero o adverso, nos es enviado por un Padre lleno de ternura y por el más sabio de los médicos, con miras a nuestro propio bien» (Colaciones 7,28).

   En el Evangelio San Lucas nos recuerda que: Vendrán de Oriente y de Occidente y se sentarán en la mesa del Reino de Dios. Frente al racismo religioso y presuntuoso de Israel, el Evangelio es diáfano. La salvación se alcanza con fidelidad humilde a la voluntad del Padre, que quiere que todos los hombres se salven (1 Tim 2,4), no con la propia autojustificación o nuestra presunción de elegidos.

Debemos identificarnos con la inmolación reparadora del Corazón de Cristo en favor de todos los hombres. A todos los hombres debemos testimoniar fraternalmente nuestros anhelos por su salvación.

PARA LA VIDA

   Había una vez un joven a quien gustaban tanto las marionetas que se convirtió en aprendiz de artesano. Pero era muy torpe, y su maestro y compañeros constantemente le decían que no tenía habilidad para ello y nunca llegaría a nada. Sin embargo, tanto le gustaba que trabajaba día tras día por mejorar. Y aún así, siempre encontraban fallos en sus muñecos, hasta que terminaron echándole de la escuela. Entonces, decidido a no rendirse, aquel joven dedicó desde aquel día todo su empeño a hacer un muñeco, sólo uno. 

   Siempre hacía la misma marioneta, y en cuanto detectaba un fallo, la abandonaba y volvía a empezar desde cero. Pasaron los años, y con cada nuevo intento su muñeco era un poco mejor. Y aunque su marioneta era mucho más bella que cualquiera de las que hacían sus antiguos compañeros, no dejaba de intentar que fuera perfecta. Así, el hombre no ganaba dinero y como era muy pobre muchos se reían de él. Cuando aquel pobre artesano llegó a viejecito, su marioneta era realmente maravillosa. 

   Tanto, que finalmente un día, tras mucho trabajo, terminó el muñeco y dijo: "No encuentro ningún defecto, esta vez ya es perfecto", y por primera vez en todos aquellos años, en lugar de abandonar el muñeco, lo colocó en un estante, verdaderamente satisfecho y feliz. Lo demás ya es historia. Aquel muñeco perfecto llegó a cobrar vida, vivió mil aventuras y dio a aquel viejecito, llamado Gepetto, más alegrías de las que ningún otro artesano famoso consiguió con ninguna de sus marionetas.

   Jesucristo es una puerta siempre abierta. Nadie la puede cerrar. Sólo nosotros si nos cerramos a su perdón. (José Antonio Pagola)

20° Domingo del Tiempo Ordinario, 14 de Agosto 2022, Ciclo C

 70 años Diócesis de Zipaquirá

San Lucas 1, 39 - 56

“De Pie a tu Derecha está la Reina, Enjoyada con Oro de Ofir”

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.-La Asunción: la presencia de María ilumina el mundo entero tal como el cielo resplandece por la irradiación esplendorosa de la santísima Virgen. Es, pues, con todo derecho, que en los cielos resuena la acción de gracias y la alabanza.

2.-La Madre de Dios: «Convenía que aquella que en el parto había conservado intacta su virginidad conservara su cuerpo también después de la muerte libre de la corruptibilidad. Convenía que aquella que había llevado al Creador como un niño en su seno tuviera después su mansión en el cielo. Convenía que la esposa que el Padre había desposado habitara en el tálamo celestial. 

3.-Virgen y Madre: el cuerpo de la Virgen María, la Madre de Dios, se mantuvo incorrupto y fue llevado al cielo, porque así lo pedía no sólo el hecho de su maternidad divina, sino también la peculiar santidad de su cuerpo virginal:«Tú, según está escrito, te muestras con belleza; y tu cuerpo virginal es todo él santo, todo él casto, todo él morada de Dios, todo lo cual hace que esté exento de disolverse y convertirse en polvo, y que, sin perder su condición humana, sea transformado en cuerpo celestial e incorruptible, lleno de vida y sobremanera glorioso, incólume y partícipe de la vida perfecta.»

4.-María en la Salvación: María, desde lo profundo de su silencio, brota ese cántico que expresa toda la verdad del gran Misterio. Es el cántico que anuncia la historia de la salvación y manifiesta el corazón de la Madre: «Mi alma engrandece al Señor…» (Lc 1, 46). Era necesario que Ella, en la que habitó el Hijo de Dios como autor de la victoria sobre el pecado y sobre la muerte, también la primera habitase en Dios, libre del pecado y de la corrupción del sepulcro: del pecado, mediante la Inmaculada Concepción;  de la corrupción del sepulcro, mediante la Asunción.

 REFLEXIÓN 

«Dios te salve, María, llena de gracia…» (cf. Lc 1, 28).

   Cada vez que rezamos estas palabras venimos a ser, en cierto sentido, el arcángel que dio el anuncio. Toda la Iglesia, reunida en oración para el «Ángelus», renueva el misterio de la anunciación.

   El arcángel anuncia a María, ante todo que es «llena de gracia«. Antes de decirle que se convertirá en la Madre del Hijo de Dios, afirma: «llena eres de gracia».

   Toda la Iglesia, y en ella cada uno de nosotros, hace propio este saludo y este anuncio. Cuántas veces en la vida (y especialmente en el «Ángelus») nos dirigimos a la Madre de Dios y le decimos: «llena eres de gracia«.

   Estas palabras nos vuelven a unir directamente con el misterio de la Encarnación. Al pronunciarlas, pensamos en la Maternidad divina de la Virgen de Nazaret: es «llena de gracia» a causa de la Maternidad divina.

   Hoy pronunciamos las palabras «llena de gracia» pensando en la Asunción de María.

   La plenitud de gracia de que gozaba María desde el primer instante de su concepción, en consideración de los méritos de Cristo, se confirma en la asunción en alma y cuerpo.

   Asunción significa la unión definitiva con Dios, Padre-Hijo-Espíritu Santo. La gracia lleva a esta unión y la realiza gradualmente durante la existencia terrena del hombre. La realiza definitivamente en el cielo. El cielo es el estado de la conclusiva e irreversible unión con Dios en el misterio de la Santísima Trinidad. La gracia de Dios prepara al hombre para este estado: la gracia santificante con todas las gracias actuales y todos los dones del Espíritu Santo.

   Cuando, el día de la Asunción, decimos «llena de gracia», pensamos en la plenitud de estos dones sobrenaturales, que prepararon a la Madre de Dios para la glorificación en el seno de la Santísima Trinidad.

PARA LA VIDA 

   Un día un niño vio cómo un elefante del circo, después de la función, era amarrado con una cadena a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Se asombró de que tan corpulento animal no fuera capaz de liberarse de aquella pequeña estaca, y que de hecho no hiciera el más mínimo esfuerzo por conseguirlo. Decidió preguntarle al hombre del circo, el cual le respondió: "Es muy sencillo, desde pequeño ha estado amarrado a una estaca como ésa, y como entonces no era capaz de liberarse, ahora no sabe que esa estaca es muy poca cosa para él. Lo único que recuerda es que no podía escaparse y por eso ni siquiera lo intenta".
 

   María proclama al Dios «Poderoso» porque «su misericordia llega a sus fieles de generación en generación». Dios pone su poder al servicio de la compasión. Su misericordia acompaña a todas las generaciones. Lo mismo predica Jesús: Dios es misericordioso con todos. Por eso dice a sus discípulos de todos los tiempos: «sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso». Desde su corazón de madre, María capta como nadie la ternura de Dios Padre y Madre, y nos introduce en el núcleo del mensaje de Jesús: Dios es amor compasivo.

   María proclama también al Dios de los pobres porque «derriba del trono a los poderosos» y los deja sin poder para seguir oprimiendo; por el contrario, «enaltece a los humildes» para que recobren su dignidad. A los ricos les reclama lo robado a los pobres y «los despide vacíos»; por el contrario, a los hambrientos «los colma de bienes» para que disfruten de una vida más humana.


19° Domingo del Tiempo Ordinario, 7 de Agosto 2022, Ciclo C

 San Lucas 12, 32 - 48

“Estad Preparados”

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.- Vigilar: permanecer despiertos, aunque todos duerman. Es una buena imagen de lo que es un cristiano: alguien que está despierto. Vigilamos cuando sabemos que un mal puede venirnos, pero también cuando aguardamos con amor a alguien. Las dos cosas son necesarias y son recomendados por Cristo, Nuestro Señor. Tenemos que vigilar para que ningún ladrón nos robe, pero también vigilamos porque sabemos que nuestro Amo y Señor viene. 

2.- La Fe: por la fe entramos en contacto con lo prometido y esperado, al unirnos estrechamente al que lo ha prometido. La fe es también prueba de las cosas que no se ven. La fe es el primer paso en el camino. Decir 'creo' y no acoger esa fe en el corazón y llevarla a la acción en una vida comprometida y de crecimiento en las virtudes sería una incoherencia que llevaría a la frustración y a la mediocridad en la vida cristiana. La fe es la base de una vida virtuosa, y la vida virtuosa es el natural despliegue de una fe auténtica.

3.- La Esperanza: hay que esperar la llegada del Señor con las lámparas encendidas, es decir, con la fe viva, con la esperanza activa y con la caridad operante. es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo. 

4.- La Lámpara:  es la Eucaristía, alimento para el camino. Nos da la fuerza para seguir adelante y para trabajar por el Reino de Dios. Y mientras la celebramos repetimos con frecuencia nuestra mirada hacia el futuro «mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo». 

REFLEXIÓN 

   La Palabra de Dios que la liturgia de hoy nos ofrece nos invita a la vigilancia: el verdadero discípulo no vive con los brazos cruzados, en una existencia cómoda y resignada, sino que está siempre atento y disponible para acoger al Señor, para escuchar sus llamadas y trabajar por el “Reino”.

   La primera lectura nos presenta las palabras del  “sabio”, para quien sólo la atención a los valores de Dios genera vida y felicidad. La comunidad israelita, confrontada con un mundo pagano e inmoral, que cuestiona los valores sobre los cuales se construye la comunidad del Pueblo de Dios, debe, por tanto, ser una comunidad “vigilante”, que consiga discernir entre los valores efímeros y los valores duraderos.

   La segunda lectura nos refiere a Abrahán y Sara como modelos de fe para los creyentes de todas las épocas. Atentos a las llamadas de Dios, empeñados en responder a sus desafíos, conseguirán descubrir los bienes futuros en las limitaciones y en la caducidad de la vida presente. Es esa actitud la que el autor de la carta a los Hebreos, recomienda a los creyentes, en general.

   El Evangelio presenta una catequésis sobre la vigilancia. Propone a los discípulos de todas las épocas una actitud de espera serena y atenta al Señor, que viene a nuestro encuentro para liberarnos y para insertarnos en una dinámica de comunión con Dios. El verdadero discípulo es aquel que está siempre preparado para acoger los dones de Dios, para responder a sus llamadas y para comprometerse en la construcción del “Reino”. 

   Dios vino, viene y vendrá. El hombre espera, acoge y vigila. Pero, en paralelo a estas dos corrientes (Dios viene y el hombre espera), avanza otra más desde que, algunos hombres, decidieron apagar el faro de una vigilancia real y activa. Otros, en cambio, aún con limitaciones seguimos esperando, acogiendo y espabilados para que las costas de nuestras almas y de nuestros corazones.

PARA LA VIDA 

   Una noche tuve un sueño: Soñé que con el Señor caminaba por la playa, y a través del cielo, escenas de mi vida pasaban. Por cada escena que pasaba percibí que quedaron dos pares de pisadas en la arena. Unas eran las mías y las otras las del Señor. Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena, y noté que muchas veces en el camino de mi vida había sólo un par de pisadas en la arena. Noté también que esto sucedió en los momentos más difíciles de mi vida. 

   Esto me perturbó y, entonces, pregunté al Señor: “Señor, tú me dijiste, cuando yo resolví seguirte, que andarías conmigo a lo largo de todo el camino, pero he notado que durante los peores momentos de mi vida se divisan en la arena sólo un par de pisadas. No comprendo por qué me dejaste en las horas que más te necesitaba”. Entonces El, clavando en mí su mirada infinita de amor, me contestó: “Mi hijo querido, yo siempre te he amado y jamás te dejaría en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena un solo par de pisadas, fue justamente allí donde yo te cargué en mis hombros”.

18° Domingo del Tiempo Ordinario, 31 de Julio 2022, Ciclo C

 San Lucas 12, 13 - 21

“Nuestra Riqueza Está en el Cielo”

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.- El Amor Generoso: la parábola del rico insensato que vive acumulando riquezas y echando a perder su vida, puede estar dirigida directamente a nosotros. Nos preocupamos mucho por mejorar nuestro nivel de vida, pero, ¿no es una vida cada vez menos solidaria y, por tanto, menos humana? De, ahí el grito de alerta de Jesús: «No podéis servir a Dios y al dinero». No puede un hombre ser fiel a un Dios Padre, que busca la justicia, la solidaridad y la fraternidad de todos los hombres, y, al mismo tiempo, vivir pendiente de sus riquezas como valor supremo.

2.- Vivir la Solidaridad: este hombre rico no es José, el hijo de Jacob, que en Egipto ante una gran cosecha abre nuevos graneros y almacena el trigo para la salvación de los demás. Es todo aquel que sólo piensa en sí, en su seguridad, en sus placeres, en su vida guardada en la caja fuerte de su codicia y avaricia. Como tantos otros personajes criticados por Jesús, el rico “Epulón” que ignora a Lázaro, no ve ni piensa en los demás. Sin Dios, todo, gira en torno a él, sólo existe él. A pesar de creer tener la vida asegurada, el seguro de la abundancia, ese mismo día muere y su riqueza, ironía de la parábola, va a parar a los demás.

3.- Bien Común de la Humanidad: en estos tiempos en que todos somos educados para ser ávidos consumidores y grandes individualistas esta enseñanza de Jesús es más relevante que cualquier otra. Jesús nos dice: "Mirad, guardaos de toda clase de codicia" Todo lo que tienes es de Dios y le pertenece a él y a los demás. El hombre no es un ser solitario. Es relación y vive con los demás. Y en la cultura judía esto era más verdad. Se vivía en la familia, en el clan, en la tribu. No había hombres solos. Este hombre rico, desconectado de Dios y de los demás, habla consigo mismo. Ha triunfado, lo tiene todo, pero no tiene a nadie con quien compartirlo y disfrutarlo. Nadie escucha su monólogo: "túmbate, come, bebe y date buena vida". Él es el centro de todo. 

REFLEXIÓN

"Un Mundo Más Humano"

   Jesús nuevamente, habló con toda claridad en una pequeña parábola. Un rico terrateniente se vio sorprendido por una cosecha que superaba todas sus expectativas. Ante la inesperada cosecha, sólo se pregunta una cosa: ¿Qué haré? Eso se preguntan también los campesinos pobres que escuchan a Jesús: ¿Qué hará?, ¿se acordará de los que viven de hambre? Pronto toma una decisión de hombre poderoso: no construirá un granero más. 

   Los destruirá todos y construirá otros nuevos y más grandes. Sólo él disfrutará de aquella inesperada cosecha: «túmbate, come, bebe y date buena vida». Los pobres no piensan así. Este hombre es cruel e inhumano: ¿no sabe que, acaparando para sí toda la cosecha, está privando a otros de lo que necesitan para vivir? De forma inesperada interviene Dios. 

   Aquel rico morirá esa noche sin disfrutar de sus bienes. Por eso, Dios lo llama «necio» y hace una pregunta: «lo que ha acumulado, ¿de quién será?». Los pobres no tienen duda alguna: esas cosechas con qué Dios bendice los campos de Israel, ¿no han de ser antes que nadie de los más pobres?. Los poderosos sólo piensan en su bienestar. Siempre es así. Los ricos van acaparando cada vez más bienes y los pobres se van hundiendo cada vez más en la miseria., destruyen la vida de los pobres y no pueden asegurar la suya.

   El dinero puede dar poder, fama, prestigio, seguridad, bienestar, pero, en la medida en que esclaviza a la persona, la cierra a Dios Padre, la hace olvidar su condición de hombre y hermano, y la lleva a romper la solidaridad con los otros. Dios no puede reinar en la vida de un hombre dominado por el dinero.

  • Triunfar es buscar en nuestro corazón el más grande de los tesoros el amor de Dios, no es tener más, almacenar más en nuevos y gigantescos graneros.
  • Triunfar es ser más a imagen de Jesús que se hizo pobre para enriquecernos.
  • Triunfar es vivir la dimensión humana, temporal, con ilusión y alegría y en actitud de servicio. Ser capaz de ver a los demás y compartir sus carencias.
  • Triunfar es olvidarse del “YO”, el hombre rico de la parábola habla 9 veces en primera persona, -“¿ Qué haré Yo?”- y pensar en “Nosotros”.
  • Triunfar es negarse a vivir sólo en un mundo cerrado, en un presente sin apertura al mañana de Dios.

PARA LA VIDA

   Cuentan que Buda tuvo que refugiarse en la cabaña de un pescador a causa de una tormenta. El pescador que no sabía quién era su huésped le ofreció una humilde cena y una cama. A la mañana siguiente, al despedirse, Buda le dijo quién era, le dio las gracias por la hospitalidad y le dijo que le pidiera lo que quisiera. "Quiero oro", le dijo el pescador. Preocupado por su bienestar, Buda le aconsejó: "El oro adquirido sin esfuerzo es una maldición, no una bendición. Te enseñaré por tanto la manera de adquirirlo". 

   En la playa, en frente de tu casa, hay una piedra mágica. Si la encuentras y tocas con ella un trozo de acero, éste se convertirá en oro. El pescador que llevaba una pulsera de acero se puso de inmediato a buscar la piedra mágica. Tocaba su pulsera con las piedras y las lanzaba al mar. El ansia del oro no le permitía descansar. Y así fue lanzando todas las piedras al mar. Finalmente, miró su pulsera y, oh sorpresa, se había convertido en oro. Pero, ¿dónde estaba la piedra mágica? La había lanzado al fondo del mar. La piedra mágica se había perdido en el frenesí avaricioso de encontrarla y hacerse rico.

El mejor uso de la vida es gastarla en algo que perdure más allá de la misma vida