26° Domingo del Tiempo Ordinario, 25 de Septiembre 2016, Ciclo C


San Lucas  16, 19 - 31

“  Hijo, Recuerda que Recibiste Tus Bienes en Vida "   

  1. Tener: La búsqueda de bienes materiales nos puede cegar, haciéndonos creer que el dinero y las cosas que con el dinero conseguimos, son lo único verdaderamente importante y necesario.  Y no es así. Debemos recordar que, aunque los bienes materiales sirven, los que cuentan verdaderamente, son los bienes eternos.
  2. Poseer: el problema radica en la libertad humana, que adquiere estos bienes, no por el camino del trabajo honrado sino por los senderos tortuosos del delito, primando su interés personal sobre el bien común y acumulándolos de manera egoísta. Los bienes verdaderamente importantes y que cuentan, son los bienes espirituales. Estos son los bienes que no se acaban. Son los que realmente debemos buscar. Son los que nos aseguran la conquista de la vida eterna, la que nos refiere hoy el Apóstol San Pablo.
  3. Dinero: la vida se reduce a una concepción materialista que a la larga no llena, y en buen número de ocasiones, es ocasión de infelicidad, de discusión, de separaciones en las familias.  El dinero no ha podio llenar la capacidad de deseo que hay en nuestro corazón y a veces se ha convertido en una maldición.  Hay historias muy tristes de personas que han ganado millones en las loterías y al final lo han perdido todo, y a veces han perdido hasta la misma vida.
  4. La Pobreza: es una de las realidades más lacerantes del mundo de hoy. Según las estadísticas mundiales, 800 millones de seres humanos padecen hambre  y se van a la cama cada día sin comer. Hay mucha desigualdad en la distribución de la riqueza a nivel mundial y a nivel local.  Parece ser un problema endémico.  Cada vez hay más Lázaros, y cada vez hay más ricos también.  Hay una desigualdad económica y social en nuestro entorno y en el mundo que clama al cielo. Nosotros mismos vivimos en medio de gran riqueza, porque podemos cubrir todas nuestras necesidades de hogar, medicinas, seguridad, educación, pero la otra mitad del mundo carece de estas necesidades básicas.
    REFLEXIÓN 
       La parábola de este domingo hay que tenerla siempre presente y debe formar nuestra conciencia. Cristo pide de nosotros una actitud abierta hacia los hermanos necesitados, apertura al pobre, al desvalido. No podemos permanecer ociosos disfrutando de nuestros bienes materiales, espirituales, morales, intelectuales… sin atender a los Lázaros del siglo XXI que están a las puertas de nuestras vidas. Los bienes que poseemos llevan consigo una responsabilidad, crean en nosotros una obligación para con los hermanos más necesitados, tanto a escala mundial, como en el ámbito más reducido de nuestra vida diaria. 
       El rico no fue condenado por tener riquezas materiales, sino porque no ayudó al pobre Lázaro; porque ni siquiera se percató de su miserable existencia, aunque estaba a la puerta de su casa. Él mismo ser condenó porque no supo utilizar sus bienes para ayudar a las necesidades de los pobres. El rico es un hombre de corazón vacío, que solo vive para llenar su vida vacía, con banquetes, ropas lujosas. El muro de su casa lo aisló de Lázaro. 
       Jesús nuca dijo que la posesión de las riquezas fuera un mal.  No.  Solo  nos pide que ella no nos endurezca el corazón, ni nos haga insensibles al grito del necesitado, del hambriento, del marginado.  Todos ellos son nuestros prójimos.  Jesús anuncia que el principal valor es el ser humano. Que todos nacemos para la felicidad y que al final de nuestra vida Dios dará a cada uno su propio cielo o su propio infierno, según las obras. 
       Al final de la vida podemos ignorar estas dos realidades: cielo e infierno. Al final de la vida se abrirán dos puertas, la puerta de la vida eterna para los servidores, los que han visto y han aprendido en la escuela de Jesús, y la puerta de la perdición para los que sólo han vivido para sí mismos detrás de los muros de su corazón. Nadie se equivocará de puerta, porque elegirá la puerta que ha construido a lo largo de la vida. CIELO O INFIERNO.

    PARA LA VIDA 

       Hace unos años una mujer llamada Sara Miles vio la puerta de una iglesia abierta, entró y desde ese día ya no es la misma persona. En su libro, Take This Bread, cuenta lo que pasó aquel día. “Una mañana nublada cuando yo tenía cuarenta y seis años, entré en una iglesia al comenzar el día, comí un trozo de pan, y bebí un poco de vino. 
       Una actividad rutinaria para millones de americanos, pero yo hasta ese momento había llevado una vida totalmente secularizada, indiferente a la religión, y a menudo aterrorizada por tanto fundamentalismo. Esa fue mi primera comunión y mi vida cambió completamente. El sacramento misterioso resultó ser algo más que un mero símbolo: fue verdadero alimento, pan de vida. 
       Comulgué, pasé el pan a los otros y seguí caminando”. Sara Miles describe su conversión así: “Descubrí una religión enraizada en la práctica de lo más ordinario y al mismo tiempo una mesa a la que todos son invitados. Y me hice cristiana. Siguió asistiendo los domingos a la iglesia de San Gregorio de San Francisco y a partir de aquel día comenzó a distribuir alimentos a los pobres de la ciudad durante la semana. En la mesa del Señor encontró la mesa de la fraternidad. 
       La puerta abierta de la iglesia permitió a Sara Miles contemplar por primera vez el adentro de la casa de Dios, y sin saber lo que hacía se sintió llena de gracia y alimentada con un trozo de pan y un poco de vino. El Señor le abrió la puerta y el corazón.

    25° Domingo del Tiempo Ordinario, 18 de Septiembre 2016, Ciclo C


    San Lucas  16, 1 - 13

    “  No Podemos Servir a Dios y al Dinero "   

    1. La Astucia: para ser astutos necesitamos discernir quién gobierna nuestro corazón, a quién servimos de verdad. Si servimos al dinero por el dinero, fracasaremos, si servimos a Dios y usamos con astucia los bienes que se nos han dado a favor del Reino de Dios, seremos bendecidos por Dios con el tesoro que nunca se acaba.
    2. La Fidelidad: solo quien es fiel será fiable. La fidelidad en lo pequeño hará que el discípulo de Cristo merezca confianza cuando se trata de lo más importante. El buen uso del dinero y de los bienes de la tierra es un signo de la seriedad del compromiso del creyente.
    3. La Riqueza: es un falso dios, objeto de adoración. Mientras millones de personas pasan hambre, nuestra sociedad derrocha a raudales lo que otros necesitan para vivir. Como cristianos estamos llamados a compartir lo que hemos recibido y debemos tener cuidado, pues "no podemos servir a Dios y al dinero".
    4. La Fe: hemos de ir al fondo y examinar qué acogida damos al mensaje de salvación; qué espacio real damos a la fe en nuestra vida; hasta qué punto esa fe que profesamos es capaz de transformar nuestra persona.
    5. La Libertad: quien quiera ser libre tendrá que hacer una opción por Dios. Porque solo entonces me sentiré libre también frente al dinero. Porque no se trata de no tener. Se trata de ser libre y no esclavo. El problema no es el dinerro en sí mismo. Es la actitud ante él. En la vida siempre tendremos dos opciones: Ser libres. Ser esclavos. Dominar a los demás. Servir a los demás. Cuando sirvo a Dios, soy libre. Dios siempre respeta mi libertad, pero si sirvo al dinero, soy su esclavo. Por el contrario, Dios nunca esclaviza a nadie.
    6. La Caridad: nos mueve a socorrer con generosidad de nuestros bienes a los pobres: El verdadero cristiano da, porque en últimas, todo es prestado. Mientras la limosna no nos cuesta, vale poco. La caridad está por encima de la limosna; ésta, para tener valor debe ser el fruto de un sentimiento interno de respeto y de amor al pobre. Por eso dice San Pablo: aunque distribuya en limosnas toda mi fortuna, si no tengo caridad de nada me aprovecha.
      REFLEXIÓN 

         En el Evangelio, Jesús nos vuelve a poner otra de esas exigencias que cuando la escuchamos hace que algo suene en nuestro interior: no podéis servir a Dios y al dinero (recordemos que esto, está dicho hace XX siglos). Si hace dos domingos nos decía que el afecto hacía Él debería estar por encima del de nuestra propia familia, hoy nos lanza este nuevo reto. Jesús no condena el dinero, que es algo imprescindible para vivir, lo necesitamos incluso para cumplir con la misión de anunciar el Reino de Dios en nuestro mundo. 
         Pero nos pide que apliquemos algunos elementos correctores que sí son importantes, por ejemplo, que el dinero no sea el centro de nuestra vida, o sea que nuestra vida no se mueva únicamente por el deseo de tener. Hay otros valores que influyen más decisivamente en mi modo de vivir. Hay otras cosas que preocupan más que el  deseo desproporcionado y enfermizo de poseer cuanto más poder económico mejor. 
         Las cosas que se nos han dado son pequeñas en comparación con las cosas del cielo, con la vida eterna, de la cual, dice San Pablo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre… porque es algo grandioso, inefable. Si somos fieles en lo poco iremos creciendo en fidelidad y alcanzaremos con la gracia de Dios la vida eterna. Hay algo que los cristianos olvidamos con facilidad: ser cristiano exige cambiar radicalmente nuestros criterios de actuación y encauzar nuestra vida por caminos diferentes a los que nos ofrece la sociedad actual. 
         El que toma en serio a Jesús, sabe que no puede organizar su vida desde el proyecto egoísta de poseer ilimitadamente siempre más y más, sino que debe aprender a compartir y solidarizarse con los más necesitados. Porque el que realmente tiene alma de pobre, no puede seguir disfrutando tranquilamente de sus bienes mientras junto a él hay hombres necesitados hasta de lo más elemental.

      PARA LA VIDA 
      SER FELICES CON POCO…

         Érase una vez un hombre de negocios, un americano de vacaciones en un pueblecito de la costa mejicana. Un día contempló a un mejicano en su barquita que volvía de pescar unos grandes peces. -Felicidades. 
         Hermosos peces. ¿Cuánto tiempo le costó pescarlos? -El mejicano le dijo: sólo un ratito. -¿Y por qué no le dedica más tiempo y así pesca muchos?-Oh, no, con esto tengo más que suficiente para mi familia. -¿Y qué hace el resto del tiempo cuando no sale a pescar? -Me levanto tarde, pesco un rato, juego con mis hijos, hago la siesta, paseo por el pueblo, toco la guitarra con mis amigos…como ve tengo mi vida bien llena. -Escuche, yo soy un graduado de Harvard y le puedo ayudar a mejorar su negocio. Tiene que dedicar más tiempo a la pesca. Así podrá comprar un barco más grande, pescará más y podrá comprar más barcos.
          Después podrá tener su propia empresa. Por supuesto tendría que dejar su pueblo y trasladarse a México y luego a Nueva York para dirigir su gran empresa. -Pero señor, ¿cuánto tiempo llevará todo eso? -De 15 a 20 años. -¿Y después qué? -El americano sonriendo le dijo, después viene lo mejor. Una vez consolidada su empresa la vende y se hace millonario. -¿Y después qué? -Después, le dijo el graduado de Harvard, usted se retira, vuelve a un pueblo de la costa, se levanta tarde, pesca un ratico, juega con sus nietos, hace la siesta, pasea por el pueblo y toca la guitarra con sus amigos. -El mejicano le contestó, pero, señor, eso mismo es lo que estoy haciendo ahora.

      24° Domingo del Tiempo Ordinario, 11 de Septiembre 2016, Ciclo C


      San Lucas  15, 1 - 32

      “  Habrá más Alegría en el Cielo por un Pecador que se Convierta..."   

      1. La Confianza: a veces no le damos la oportunidad a las personas, o quizá, les anticipamos posibles fracasos; así que desconfiamos, preferimos que no lo intenten, que las personas a quien queremos no experimenten lo que significa fallar. A veces queremos retener y poseer a las personas, no dejarlas libres para que cometan sus propios errores. Pero las fallas y las caídas de la vida también pueden convertirse en oportunidades de aprendizaje.
      2. La Paciencia: es la del Padre, que espera al hijo sin cansarse y sin perder la Esperanza, que lo abraza tiernamente, que celebra el regreso con una fiesta, y que trata de que el hijo mayor lo entienda y lo acepte. De este padre decía el Papa Francisco en una catequesis: la parábola evangélica del hijo pródigo nos muestra al padre que espera a la puerta de casa el retorno del hijo. Sabe esperar, sabe perdonar, sabe corregir. Ese padre no puede ser otro, no es otro, que nuestro Padre Dios.
      3. La Misericordia: con todo, Dios se nos muestra siempre como un Padre amoroso que está dispuesto a perdonarnos. No importa la gravedad y número de nuestros pecados, Él nos limpiará una y otra vez si acudimos a El arrepentidos. De ahí que cuando uno va arrepentido, como el hijo a su padre, y confiesa sus pecados, el Señor lo perdona. Y no sólo perdona, sino que también olvida.
      4. La Alegría: es también la alegría de Dios ante aquellos que se arrepienten. La vocación de los que siguen a Jesús consiste en ser felices, en regocijarnos de la vida, aún en medio de las vicisitudes y altibajos que encontramos en nuestro camino.
      5. La Generosidad: Dios no es un Ser lejano, ajeno a nuestro dolor, nuestro pecado, nuestros problemas. Dios es un PADRE que nos ama, nos acoge, nos perdona SIEMPRE. Su amor y su perdón no tienen más límites que nuestra propia libertad. Es importante ver la figura de ese Padre de la parábola esperando al hijo en la puerta, porque su corazón dolorido le decía que volvería. Es maravilloso observar cómo  el Padre sale corriendo a abrazar a su hijo. ¡Hay algo más que decir sobre Dios! Sólo adorar y agradecer este inmenso AMOR MISERICORDIOSO, dejarnos abrazar por El, abandonarnos en su pecho, llorar de arrepentimiento, sentir su corazón latiendo al compás de su inmenso cariño por nosotros.

        REFLEXIÓN 

           Hay tres fases en la parábola: Primero, el alejamiento del todo; Dios es todo, Dios es la felicidad. Aquel hijo que le pide al padre: "Dame la herencia porque me voy", es el hombre, es la mujer, es el joven que les parece pesada la ley de Dios. Y se quiere ir y se retira. Nadie respeta tanto la libertad del hombre como Dios. Sólo Dios, que me ha hecho libre y respeta mi libertad: "Si te quieres ir, si no te alegra mi ley, si no te sientes feliz en mi casa, si te parece aburrido el consejo que tu mamá te dió en nombre mío, si te parece molestia la honestidad de tu esposa que te llama a la fidelidad, si te parece vergüenza que tus hermanos denuncien tu vicio de hermano mayor; entonces vete, vete a gozar tu vida". 
           Y va el pobre hijo pródigo, feliz porque lleva dinero. Se aleja de aquel que es todo, de aquel que llena las aspiraciones más profundas del hombre. El hombre ha sido hecho para Dios- decía San Agustín- y su corazón está inquieto mientras no descansa en Dios. Dichoso el inocente que no traiciona la ley de Dios. Qué pocos son, pero los hay gracias a Dios. Dios me ha hecho para él y toda mi razón de ser, el cultivo de mis cualidades, el desarrollo de mis facultades, toda mi vida será feliz desarrollándose, si tiene como centro la gloria de Dios. Pero hay muchos que piensan al revés y se va la primera fase. 
           Hay muchos que están en esta primera fase: Los que ya se están cansando de la fidelidad al Señor, los que están comenzando a tener los primeros conflictos en su hogar, los que están comenzando a sentir nieblas en su fe. ¡Cuidado, hermanos! No se vayan. Si no han roto todavía las relaciones con Dios, con la Iglesia, quédense, estúdienla, aguanten un poquito. La pasión de ese momento pasa. La eternidad de Dios permanece. Hermanos, el evangelio es duro. Y ojalá no hubiéramos tenido la triste y amarga experiencia de haber saboreado que las bellotas de los cerdos no llenan la felicidad del hombre. 
           No está allí la felicidad. En la droga, en el aguardiente, en la prostitución, en el robo, en el crimen, en la violencia nunca habrá felicidad. No, son bellotas de cerdos; jamás te vas a sentir satisfecho. Fíjense cómo hay una pobreza pecadora; la pobreza del hijo pródigo fue fruto de su decisión equivocada y arrogante ante el Padr… 

        PARA LA VIDA 

           Un famoso predicador comenzó su sermón enseñando un billete de 100 euros. Y preguntó a los asistentes: "¿Quién de ustedes quiere este billete de 100 euros? Las manos empezaron a alzarse. Les dijo: "Voy a dar este billete a uno de ustedes, pero antes déjenme hacer esto". Y empezó a estrujar el billete. 
           Siguió preguntado; "¿Todavía lo quieren?" La gente levantó las manos. Bien, les dijo: "¿Y si hago esto?" Dejó caer el billete al suelo y comenzó a pisarlo y ensuciarlo con sus zapatos. Lo recogió, ahora arrugado y sucio. "¿Todavía lo quiere alguien?". Las manos seguían levantándose. 
           Amigos, han aprendido una valiosa lección. Hiciera lo que hiciera al billete, ustedes seguían deseándolo porque, a pesar de su aspecto cada vez más feo, sabían que su valor seguía siendo el mismo. Seguía valiendo 100 euros. Nosotros somos ese billete. Muchas veces ensuciados y postrados por nuestras propias decisiones o por las decisiones de los demás. 
           Nos sentimos indignos y sin valor. Pero el valor de nuestras vidas no está en lo que hacemos sino en lo que somos.  Y todos somos especiales. Hay que valorar las bendiciones de la vida, no los problemas.

        23° Domingo del Tiempo Ordinario, 4 de Septiembre 2016, Ciclo C


        San Lucas  14, 25 - 33

        “  Ser Discípulo de Jesús Exige Vivir Como Él"   

        1. La Familia: constituye el espacio natural en que nacemos y nos desarrollamos. Pocas instituciones tienen un valor tan alto. No obstante, Jesús no la absolutiza ni la banaliza. Las relaciones familiares, que son un magnífico impulso para el crecimiento en libertad, a veces son también una trampa que acaba oprimiendo a sus miembros. Es importante ser lúcidos para liberarse y liberar.
        2. La Cruz: es el símbolo del sufrimiento, tantas veces inevitable. Pero la cruz de Jesús es algo más: expresa el desprecio a quien es diferente, a quien con su modo de vivir y de obrar cuestiona tantos convencionalismos, inercias y comodidades. Vivir como creyente incomoda frecuentemente en la sociedad, e incluso en la Iglesia. Porque el creyente es el que busca y arriesga. El que sabe, con todas las consecuencias, que Dios está más allá de nuestras imágenes, nuestros discursos y de nuestras religiones.
        3. La Lucidez: para Jesús ser lúcido es actuar con decisión. Y mantener los compromisos asumidos con uno mismo, con los demás y con Dios. En la vida cotidiana decimos: Mi familia, Mi dinero, Mi institución, Mi país… Todo gira en torno a Mí, a mi libertad, a mi elección. Somos poseídos por el yo. Jesús nos pide relativizar todo lo que es pasajero y adherirnos a lo que es eterno.
        4. El Discípulo: ser discípulo de Jesús no es un camino fácil. La gracia que ‘cuesta’ es el evangelio que ha de buscarse siempre nuevamente; es don que se ha de pedir en la oración, es la puerta a la que hay que llamar con insistencia.  Cuesta porque llama a la obediencia, es gracia porque llama a la obediencia a Jesucristo, cuesta porque se trata de gastar la propia vida, cuesta porque condena el pecado; es gracia porque regenera al pecador.
        5. El Seguimiento de Cristo: puede efectuarse de diferentes maneras. Sigue a Jesús quien oye y pone en práctica su llamamiento a la conversión y a la fe en su mensaje. Pero los Evangelios conocen también un seguimiento que consiste en la adhesión permanente a Jesús, abandonando por consiguiente casa, profesión y familia. De esta manera siguieron a Jesús los apóstoles. Jesús no pide descuidar lo que amamos o lo que nos sirve en la vida (seres amados o bienes), lo que Él exige es que nada de eso esté por encima de Él. Es él, quien está por encima de todo y su nombre está sobre todo nombre.
          REFLEXIÓN 

             En el texto evangélico de hoy el interlocutor de Jesús no es un “tu” individualizado, sino un “vosotros” comunitario. El seguimiento no es un empeño individual, sino una experiencia compartida. Los cristianos llamamos Iglesia al conjunto de los que creemos en Jesús y le seguimos. La Iglesia es, en efecto, una comunidad de seguidores. Todo lo que ella hace debe tener ese trasfondo. Antes que compartir una doctrina, obedecer unas normas, realizar unos ritos, nos une haber descubierto a Jesús como camino, verdad y vida. 
             Alguien que nos lleva a los demás, como hermanos, pues todos somos hijos de su Padre. Viene bien recordar estas palabras del Papa Francisco en su Exhortación, La alegría del Evangelio: “No se nos pide que seamos inmaculados, pero sí que estemos siempre en crecimiento, que vivamos el deseo profundo de crecer en el camino del Evangelio, y no bajemos los brazos”. Es decir, una Iglesia que no se guarda para sí misma, sino que sigue a su Señor.
          Es claro que para seguirle a Jesús hay tres condiciones indispensables.  La primera es preferir una relación con Jesús a cualquier otra.  En segundo lugar, hay que aceptar la cruz.  No es solamente aceptar el sufrimiento que es parte de la vida humana, sino el rechazo, la burla, o la intimidación de los que no son de la misma mentalidad. 
             La cruz es el símbolo que indica que uno lleva una vida enfocada en la paz y el bien, aunque sea en medio de un mundo de violencia. Y al final, hay que vivir en contra de la cultura de egoísmo.  La propagando de las revistas, de la televisión, de la radio, todo nos dice que merecemos lo mejor- sea de ropa, de comida, de hoyas, de autos, de cualquier cosa material, pero todos sabemos que lo mejor es únicamente el Señor Jesús.

          PARA LA VIDA

             Érase una vez una mujer que caminando por las montañas encontró una piedra preciosa en un riachuelo. Al día siguiente se encontró con un viajero hambriento. Nuestra mujer abrió su bolsa para compartir la comida. El viajero que vio la piedra preciosa, lleno de avaricia, se la pidió y ella se la dio sin más. El viajero siguió su camino feliz, sabía que esa piedra preciosa tenía mucho valor y le iba a proporcionar mucho dinero. 
             Unos pocos días después, el viajero volvió y le devolvió la piedra a la mujer. He estado pensando y vengo a devolverle su piedra y espero me dé algo mucho mejor. Dame lo que usted lleva dentro, ese poder que hizo  que usted se desprendiera, sin más, de esta piedra preciosa. ¿Verdad que esta historia viene a cuento con el evangelio de hoy? Sí, hay algo más precioso y más valioso que las joyas o las cadenas de oro que se pueden comprar en una joyería. Lo más valioso está dentro de nosotros, en nuestro corazón:
             La libertad frente a las cosas y las personas, el desprendimiento de las riquezas, la mirada limpia, la sabiduría para discernir lo permanente de lo efímero, el Espíritu Santo que me ayuda a renunciar a todo para seguir.

          22° Domingo del Tiempo Ordinario, 28 de Agosto 2016, Ciclo C


          San Lucas  14, 1 . 7 - 14

          “  Hay más Alegría en Dar que en Recibir "   

          1. La Humildad: para alcanzar la verdadera grandeza humana, para ser enaltecidos auténticamente, la virtud de la humildad es esencial en nuestras vidas. La humildad es el fundamento de todas las demás virtudes, ella es la más importante de todas. “Humildad es andar en verdad”, es decir, no creerte más pero tampoco menos de lo que verdaderamente eres, pues así como no debes aparentar ser más o creerte superior a los demás, tampoco debes aparentar ser menos o pensar que nada vales. El que es humilde es generoso, misericordioso con los otros. Esa es la razón por la que la humildad cristiana es actitud sabia y principio de amor.
          2. El Amor: da y se da sin esperar. “Hazte pequeño en las grandezas humana, y encontrarás el favor de Dios“. Dios ama a todos, sin excluir a nadie, pero en su corazón de Padre, ocupan un lugar preferente, los que no tienen sitio en nuestra sociedad: los pequeños, los humillados, los que sobran... Sería una equivocación creer que uno sabe amar de verdad y con generosidad por el simple hecho de vivir en armonía y saber desenvolverse con facilidad en el círculo de sus amistades y en las relaciones familiares. También el hombre egoísta “ama” mucho a quien le aman mucho.
          3. La Eucaristía: Cristo se hace Eucaristía para poder seguir sirviendo a toda la Humanidad, siendo su alimento y compañero.  Es su supremo servicio.  Es un acompañamiento en el caminar de la vida hacia la Vida Eterna, hacia la Casa del Padre. El Señor está pensando en otro banquete de más trascendencia, el banquete de las moradas eternas. Allí cada uno tendrá su puesto, cada uno gozará de su propia categoría. Entonces no valdrán los empujones ni las zancadillas para colocarse en los primeros puestos, no servirán las mentiras ni las apariencias.

            REFLEXIÓN 

               Jesús, hoy, y en todo el evangelio nos invita a sus hijos a vivir y elegir la difícil virtud de la humildad. La humildad nos coloca en nuestro puesto frente a Dios. La humildad nos hace reconocer a Dios como el único primero, el único santo, el único bueno, el único Señor. La humildad nos recuerda nuestra fragilidad, nuestra caducidad y nuestro fin. La humildad nos hace sentirnos iguales a los hermanos. Nadie es más que nadie. Sólo Dios es más que todos nosotros. En el mundo de Dios los últimos son los preferidos y los primeros invitados. 

               En el mundo de Dios los únicos excluidos, no somos los pecadores, sino los orgullosos, los que se creen justos, los perfectos, los que nada deben a Dios. El orgullo es la gran barrera que nos separa de Dios. El orgulloso se hace Dios. La soberbia es lo contrario de la humildad y es uno de los mayores motivos de separación de Dios. El texto del evangelio de hoy, a propósito de un banquete en el que los invitados buscaban los primeros puestos, da pie a Jesús para hablar de la humildad. El Maestro sigue exponiendo su enseñanza apoyado en ese banquete del que toma parte. 

               Al hombre que le ha invitado le dice que cuando dé una comida o una cena no invite a quienes le pueden corresponder con otra invitación semejante. Cuando des un banquete, le dice, invita a los pobres, a esos que no podrán corresponderte. Sólo así será Dios mismo el que les pague, el que recompense su buena acción. Es decir, Jesús nos enseña que hemos de hacer siempre el bien, buscando no la recompensa y la gratitud de los hombres, sino la recompensa eterna de Dios. De aquí brota esa suprema intuición de San Agustín: que te conozca, Señor, y que me conozca. 

               En efecto, sólo conociendo a Dios nos conoceremos a nosotros mismos, sabremos, de verdad, qué somos.  Esta virtud, o verdad, es la que hace posible nuestra relación con Dios. Lo opuesto, la soberbia, provoca el rechazo divino. San Gregorio Magno llamaba a la humildad madre y maestra de todas las virtudes. Es bueno tener esa humildad que nos hace alegrarnos por el don recibido, y recordar que el banquete será para los últimos. 

            PARA LA VIDA 

               Cuentan que Christian Herter gobernador de Massachussets, estaba haciendo campaña para su reelección. Un día en que ni había desayunado ni comido acudió a una barbacoa para levantar fondos para la campaña. Se puso en la fila y cuando llegó su turno le sirvieron un trozo de pollo. -Perdone, señora, pero estoy hambriento. -Lo siento, señor, pero sólo se da un trozo por persona. 

               Este señor, habitualmente sencillo y amable, quiso echar todo el peso de su oficio y de su prestigio y le dijo: "Señora, ¿sabe quién soy? Soy el gobernador de este estado". Y ella le contestó: "Señor, ¿sabe quién soy yo? Soy la encargada del pollo. Siga la fila, señor". En las relaciones, en los banquetes y en las invitaciones humanas pasaba en tiempo de Jesús lo que pasa hoy. 

               Todos quieren "buscar los primeros puestos"; sentirse importante, darse a conocer, intercambiar tarjetas de visita para conectarse. Pero lo importante es ser invitado y codearse con la gente importante. El que no es invitado es que no existe socialmente.

            21° Domingo del Tiempo Ordinario,21 de Agosto 2016, Ciclo C


            San Lucas  13, 22 - 30

            “  Esforzaos en entrar por la puerta estrecha "   

            1. La Puerta Estrecha: es una alusión al esfuerzo que requiere la auténtica conversión. No sólo es estrecha, sino que además puede cerrarse en cualquier momento; de ahí la urgencia: la conversión no puede dejarse para mañana. Podemos aspirar al triunfo presente, pero sin olvidarnos de que es mucho más importante el que logremos cuando atravesemos la puerta del cielo.
            2. La Salvación: siempre supone esfuerzo, decisión, conversión continua. El Reino que se nos promete es para los valientes, animosos y alentados. Para salvarse no basta con estar inscrito en el registro parroquial, ni haber entrado una vez a la Iglesia por medio del bautismo, sin querer entrar todos los días por la puerta estrecha de la fidelidad al mensaje evangélico y del compromiso personal.
            3. El Camino: Cristo es nuestro camino y nuestra verdad y nuestra vida. Para ser buen cristiano hay que estar dispuesto a sufrir por Cristo y a luchar contra el mal. No nos vale la mediocridad; sólo los esforzados entrarán en el Reino de los Cielos, no nos bastará haber dicho “Señor, Señor”, sino habernos esforzado en todo momento en cumplir la voluntad del Padre. Así lo hizo Cristo, así debemos hacerlo todos los cristianos, y así tendrán que hacerlo todas las personas que quieran acompañar a Cristo en su Reino.
            4. La Misericordia: el motivo principal para aclamar al Señor, para alabarle desde lo más íntimo de nuestro ser, es la firmeza de su misericordia para con nosotros, su fidelidad que dura por siempre, la certeza de que el amor divino no es voluble y caduco como el amor humano. Jesús ya abrió la puerta de par en par. Jesús ya hizo todo lo que el Padre le mandó para que haya salvación para todos. A nosotros nos toca pasar día tras día por la puerta estrecha de esta vida.
              REFLEXIÓN

                 El Evangelio puede sonar un poco desconcertante, dependiendo en gran parte del dicho: “esforzaros de entrar por la puerta estrecha”. El pasaje se sitúa en el camino que Jesús emprende hacia Jerusalén y el seguimiento que ello implica, es una catequesis del verdadero discipulado. En realidad la lectura a fondo de este evangelio plantea cuestiones muy importantes desde el punto de vista de la actitud cristiana. 
                 Jesús no responde directamente a la pregunta del número, porque no es eso algo que pueda responderse. Lo de la puerta estrecha es un símil popular y no debe producir escándalo, porque los caminos de Dios no son lo mismo que los caminos de los hombres: esto es evidente. Esta es una llamada a la “radicalidad” en todo caso, que pudiéramos transcribir así: quien quiera salvarse debe vivir según la voluntad de Dios. 
                 Muchos pensarán que han sido cristianos de toda la vida, que han cumplido los mandamientos de Dios y de la Iglesia de toda la vida (si es que eso se puede decir), que han sido muy creyentes… pero el “dueño” no los conoce. ¿No es desesperante la conclusión? El contraste es que podemos estar convencidos que estamos con Dios, con Jesús, con el evangelio, con la Iglesia, pero en realidad no hemos estado más que interesados en nosotros mismos y en nuestra salvación. Si no sabemos recibir la salvación como una “gracia”, como un don y con el esfuerzo del ser humano, no entenderemos nada del evangelio. 
                 Lo importante es atravesar la puerta estrecha, es decir el empeño serio y personal por la búsqueda del reino de Dios, esta es la única garantía que nos da la certeza que se está en el camino que nos conduce a la luz de la salvación. Jesús ha repetido muchas veces este concepto: "no todos los que me dicen Señor, Señor entraran en el Reino de los cielos, sino aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
              PARA LA VIDA

                 Érase una vez una mujer muy, muy malvada. Y el día en que murió nadie recordaba ningún gesto de caridad que hubiera hecho a lo largo de su vida. Así pues el demonio la llevó al infierno. Su ángel de la guarda empezó a repasar su vida para ver si encontraba una buena acción para presentársela a Dios. Finalmente encontró una. Una vez arrancó una cebolla de su huerto y se la dio a un mendigo. 

                 Dios le dijo al ángel de la guarda: "Toma una cebolla, enséñasela y que se agarre a ella, si la puedes subir hasta el paraíso que entre, pero si la cebolla se rompe se quedará en el infierno". El ángel de la guarda corrió hacia ella y le dijo: Ven, agárrate y yo te salvaré. Con mucho cuidado empezó a subir y ya estaba casi afuera cuando otros pecadores que la vieron ya casi salvada se agarraron a ella para salir también ellos. Pero como era tan mala empezó a darles golpes y les dijo: "Me están sacando a mí, no a vosotros; es mi cebolla, no la vuestra. Soltadme". 

                 Al decir esto la cebolla se rompió. La mujer cayó de nuevo al infierno y allí sigue hasta hoy. Su ángel de la guarda sigue llorando porque no pudo salvarla. Hoy, le preguntan a Jesús si es verdad que son pocos los que se salvan. Jesús no contesta a la pregunta de aquel hombre curioso. No dice si son muchos o pocos. Simplemente dice: "esfuércense por entrar por la puerta estrecha porque yo les digo que muchos tratarán de entrar y no lo lograrán.

              20° Solemnidad de la Asunción de María Virgen, 13 y 14 de Agosto 2016, Ciclo C


              Fiesta Patronal Diócesis de Zipaquirá

              San Lucas  1, 39 - 56

              “  Proclama mi Alma la Grandeza del Señor     

              1. La Esperanza: es la virtud del que experimentando el conflicto, la lucha cotidiana entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal, cree en la resurrección de Cristo, en la victoria del amor. Es un don de Dios que nos hace avanzar mirando al cielo.
              2. La Vocación: es la disponibilidad al proyecto de Dios La vida del hombre únicamente se puede desarrollar confiando y trabajando por alcanzar metas. Las llamamos ilusiones, deseos de superación... Es lo que en la Biblia se llaman promesas.
              3. La Humildad:  María “le conquistó el corazón a Dios” por su humildad, y sobresale siempre por su sencillez y humildad entre “los pobres de Dios” de quienes es la figura suprema y eximia.
              4. El Servicio: María ha entendido su existencia desde la pro-existencia, es decir, desde una entrega generosa, desinteresada y gratuita. Así lo mostró en Belén cuando nos dio a su Hijo, en Caná cuando ayuda a los necesitados, en la cruz cuando ofrece a su propio Hijo por la salvación de todos...
              5. La Oración: María ha sido una persona orante y contemplativa. Nunca perdió la amistad con Dios, con su propio Hijo...Cuando no entendía las palabras de su Hijo - como en el Templo de Jerusalén-, las guardaba en su corazón y las meditaba en silencio.
              6. El Gozo: Esta felicidad llega, no tanto de nuestros sentimientos, sino de sus méritos. ¡Dichosa me dirán todas las generaciones porque el Padre misericordioso ha hecho en mi obras admirables!. Como buenos hijos, participamos en la alegría de la Madre, porque en ella contemplamos la bondad misericordiosa de Dios que cuida de los débiles. Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen con fidelidad.

                REFLEXIÓN

                   La importancia de la Asunción para nosotros, hombres y mujeres de comienzos de este Tercer Milenio de la Era Cristiana, radica en la relación que hay entre la Resurrección de Cristo y la nuestra. La presencia de María, mujer de nuestra raza, ser humano como nosotros, quien se halla en cuerpo y alma, ya glorificada en el Cielo es eso: una anticipación de nuestra propia resurrección. Tengamos, pues, a María como modelo. 
                   Como ella, pongámonos en camino para ir a ayudar a los que nos necesitan. Ella llevaba a Jesús en sus entrañas y no se quedó en casa, atemorizada porque no le fuera a pasar nada malo, sino que, empujada por el fruto que se iba tejiendo en su seno, subió a ayudar a su prima. No nos quedemos a Jesús para nosotros solos, por miedo a que no se estropee. Ella nos impulsa a llevarlo a todas partes.
                Nos falta esperanza. Nos sobra miedo, angustia, desánimo a todos los niveles. Hoy es un día como para crecer en optimismo. Es una fiesta que alegra el verano y a muchas poblaciones les es ocasión de fiesta humana y cristiana. UNA VICTORIA "CONTAGIOSA". 
                La fiesta de la Asunción, vista desde las lecturas bíblicas, se puede decir que tiene tres niveles:
                •    La victoria de Cristo Jesús: éste es el punto central de la salvación y de nuestra historia. Cristo Resucitado, tal como nos lo presenta Pablo, es el contenido prioritario de nuestra fe y de nuestra fiesta durante todo el año, también para hoy.
                •    La Virgen María es la "primera cristiana", la que participa más plenamente en esa victoria de su Hijo, siendo también ella elevada a la gloria en cuerpo y alma. La Virgen que supo abrirse totalmente a Dios, que creyó en El, le alabó y le fue radicalmente dócil en su vida ("hágase en mí según tu Palabra"), es glorificada, como primer fruto de la Pascua de Jesús, asociada a su victoria.
                •    Pero la fiesta de hoy presenta el triunfo de Cristo y de la Virgen en su proyección a todos nosotros: a la Iglesia y en cierto sentido a toda la humanidad. María es el modelo de los cristianos, la que en todo momento apoya a la Iglesia en su lucha contra el mal.

                PARA LA VIDA 

                   Javier estaba un día platicando con su cuñado Rafael y de pronto le hizo una confesión sorprendente. Ambos estaban casados con dos hermanas gemelas y aunque la esposa de Rafael deseaba desesperadamente tener un hijo, ésta después de diez años de matrimonio no había concebido. Javier le dijo a su cuñado que su esposa se había ofrecido a tener un hijo para dárselo a su hermana. 
                    El hijo nació, la madre lo acarició y se lo entregó a su hermana. Y ésta agradecida comentó: "Ni en sueños podría imaginar que alguien se sacrificara así para hacerme feliz". Meses más tarde, un periódico publicaba la noticia con este titular: "Un regalo de amor que no tiene precio. Hermana da su bebé a hermana sin hijos". 
                   La Palabra de Dios nos recuerda a todos nosotros que hace dos mil años Dios nos hizo un regalo de Amor que no tiene precio. Dios, a través de una mujer llamada María, entregó a su Hijo Jesús al mundo entero. 
                • Un Hijo que se ofreció por nosotros. 
                • Un Hijo que hace posible la resurrección. 
                • Un Hijo que vence a sus enemigos, incluida la muerte. 
                • Un Hijo "nacido de mujer" y del Espíritu para que tú nazcas cada día a lo nuevo. 
                • Un Hijo en el que puede contemplar la sonrisa de su Padre y ver el rostro glorioso de Dios.