1° Domingo Cuaresma, 18 Febrero 2018, Ciclo B


San Marcos 1, 12 - 15

“Conviértanse y Crean en el Evangelio”
    Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.


  1. La Tentación: la experiencia de sentirnos “tentados” o inducidos al mal es una experiencia cotidiana. Superarla implica una lucha permanente. Todas las tentaciones de Jesús durante su vida en realidad se resumen en una sola: “vivir separado de Dios, y huir de la cruz”. Pero el Señor, se mantuvo firme como Cordero de Dios y Servidor sufriente.
  2. El Desierto: es “ésta” nuestra vida transitoria, durante la cual contamos con las promesas de Dios, pero también debemos pasar por duras pruebas. El camino de Jesús por el desierto de este mundo, terminó en la victoria sobre el malo y sobre el mal. Jesús no cayó ante las tentaciones de Satanás. También a nosotros, el Bautismo “no” nos dispone para una vida tranquila y cómoda, sino más bien para una constante lucha contra el espíritu del mal.
  3. La Conversión: es conversión a la persona de Jesucristo, como único Camino. Es dejar otros caminos, por muy atractivos que aparentemente puedan resultar, y tomar el camino de Cristo. Igualmente, la fe con la que somos invitados a responder, no es sólo una fe humana, ni una fe puramente ‘religiosa’, sino plena fe en Jesucristo Dios y Hombre; en su vida y en su doctrina como camino de salvación para el hombre.
  4. El Bautismo: El Bautismo hace partícipe a la persona concreta del don de la reconciliación que el Señor Jesús ha obtenido para la humanidad entera por el misterio de su Pasión, Muerte y Resurrección. Gracias a este sacramento todo bautizado queda liberado del pecado y regenerado como hijo de Dios (ver Catecismo de la Iglesia Católica. De este modo, «el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo. Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo» (2Cor 5,17-18). 

REFLEXIÓN

   El pasaje evangélico de este primer Domingo de Cuaresma recoge la escena de las tentaciones. Jesús no ha conocido una vida fácil ni tranquila. Ha vivido impulsado por el Espíritu, pero ha sentido en su propia carne las fuerzas del mal. 
  • «El Espíritu empuja a Jesús hacia el desierto» No lo conduce a una vida cómoda. Lo lleva por caminos de pruebas, riesgos y tentaciones. Buscar el reino de Dios y su justicia, anunciar a Dios sin falsearlo, trabajar por un mundo más humano es siempre arriesgado. Lo fue para Jesús y lo será para todos nosotros.
  • «Se quedó en el desierto cuarenta días» El desierto será el escenario por el que transcurrirá la vida de Jesús. Este lugar inhóspito y nada acogedor es símbolo de pruebas y dificultades. El mejor lugar para aprender a vivir de lo esencial, pero también el más peligroso para quien queda abandonado a sus propias fuerzas.
  • «Tentado por Satanás» Satanás significa «el adversario, el divisor, la fuerza hostil a Dios y a quienes trabajan por su reinado. En la tentación se descubre qué hay en nosotros de verdad o de mentira, de luz o de tinieblas, de fidelidad a Dios o de complicidad con la injusticia. A lo largo de su vida, Jesús se mantendrá vigilante para descubrir a «Satanás» en las circunstancias más inesperadas.
  • «Vivía entre alimañas y los ángeles le servían» Las fieras, lo seres más violentos de la tierra, evocan los peligros que amenazarán a Jesús. Los ángeles, los seres más buenos de la creación, sugieren la cercanía de Dios, que lo bendice, cuida y sostiene.
   El Evangelio nos enseña que sólo unidos a quien todo lo puede, experimentaremos un modo nuevo de vivir, sano y gozoso, porque nuestro triunfo, será el triunfo del Señor en nosotros.

PARA LA VIDA 
   Érase una vez un rey que tenía una hija muy hermosa. Tenía muchos pretendientes, pero la joven quería encontrar el hombre que la amara más que a cualquier cosa. Para encontrar el esposo perfecto, el rey ideó un test que tenían que superar todos sus pretendientes. El rey mandó publicar un edicto por todo el país anunciando una carrera en la que podrían participar todos los ciudadanos, ricos y pobres, sólo se exigía una condición, que amaran a la princesa más que a nada en el mundo. 

   El que llegara primero se casaría con la princesa que estaría esperándole en la meta. El día señalado para la carrera todos los jóvenes del reino acudieron a la línea de salida, todos preparados para recorrer muchos kilómetros. Antes de comenzar la carrera se hizo el siguiente anuncio. El rey es muy rico y para que nadie corra en vano ha mandado esparcir a lo largo del recorrido gran parte de sus riquezas: joyas, perlas, bolsas de oro, sables...Cada participante podía detenerse a coger lo que quisiera. 

   La carrera comenzó e inmediatamente los jóvenes, seducidos por las riquezas, empezaron a llenarse los bolsillos y se olvidaron de la princesa y de su profesión de amor. Todos menos uno que ignorando todas esas baratijas, sin detenerse, corrió hacia la meta y allí recibió el premio de la carrera, la hija del rey. La tentación fue un simple test, mostró lo que había en cada corazón. ¿Qué hay en el nuestro?


6° Domingo Tiempo Ordinario, 11 Febrero 2018, Ciclo B


San Marcos 1, 40 - 45

“Si Quieres, Puedes Purificarme”

    Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.
  1. La Lepra: Era una horrible enfermedad considerada en la antigüedad, y aún hoy, como una maldición. “Al golpeado por la lepra se le consideraba como un muerto viviente. Su curación se comparaba con la resurrección de un muerto”. Al leproso se le declaraba 'impuro', es decir, no podía entrar en contacto con nadie, ni vivir con la familia, ni en el pueblo: "Mientras le dure la lepra, seguirá impuro: vivirá solo y tendrá su morada fuera del pueblo". Con esta medida, para nosotros cruel e inhumana, se quería evitar el contagio físico y aun moral, puesto que se pensaba que el leproso recibía el justo castigo por sus pecados.
  2. El Pecado: el mal que hay en el hombre, también lo juzgamos contagioso. Pero no es posible separar al pecador, porque todos somos pecadores ("el que dice que no tiene pecado -dice san Juan -es un mentiroso" y "el diablo - dice Jesucristo- es el padre de la mentira"). Es decir, el pecado es un mal. De ahí que el cristiano -siguiendo a Jesucristo- deba luchar contra este mal.
  3. La Indiferencia: es no tener en cuenta ni bien ni mal. Jesucristo no excluye a nadie. Pero no deja el mundo igual. Jesucristo ama a cada hombre - a cada pecador, porque el pecado es como la lepra - y por ello no se desentiende de su mal, de su lepra, sino que la cura. Es decir, lucha contra el mal, porque ama al hombre, a cada hombre, a cada pecador (dicho de otro modo, ama a cada hombre y por ello quiere salvarle, liberarle, curarle).
  4. La Confesión: es expresión del poder y de la misericordia de Dios. Es el propio Jesús quien, en el sacramento de la Penitencia, pronuncia la palabra autorizada y paterna: Tus pecados te son perdonados”9. Oímos a Cristo en la voz del sacerdote. En la Confesión nos acercamos, con veneración y agradecimiento, al mismo Cristo; en el sacerdote debemos ver a Jesús, el único que puede sanar nuestras enfermedades. 


REFLEXIÓN

   La lepra, por su carácter desfigurador del cuerpo, ha sido considerada siempre como un símbolo del pecado. Efectivamente, el pecado desfigura y arruina la imagen de Dios que el Espíritu Santo esculpió en nosotros el día de nuestro bautismo. El pecado es como la lepra en el orden espiritual: pues va borrando progresivamente la imagen de Dios en nosotros. 
   Por eso, nosotros que nos confesamos pecadores, que a lo mejor nos hemos apartado de la comunión de vida con el Señor, necesitamos como el leproso pedir al Señor que nos limpie, que nos purifique. No tengamos miedo de acudir a Jesús en busca de salud; él nos espera, él viene a nuestro encuentro como médico de las almas y de los cuerpos; sólo espera oír de nosotros: "Señor, si quieres, puedes limpiarme". Su respuesta es siempre la misma: "Quiero, queda limpio". Porque esta es la voluntad de Dios: que seamos curados, que quedemos limpios de todos los pecados, para poder participar de los dones de la salvación, de la amistad divina. 
   Quedar limpio equivale a vivir en gracia, de modo que toda nuestra vida sea un testimonio de Dios, como nos ha recomendado el Apóstol: “Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios”. La vida del cristiano que se esfuerza por acercarse a Jesucristo y vivir según el Evangelio es la verdadera gloria de Dios, como se pone de relieve en la vida de los santos. 
   Nosotros, como el leproso del Evangelio, tenemos necesidad también de acercarnos a Jesús para que nos cure; él lo está deseando, sólo falta que, como el leproso, busquemos a Jesús, nos pongamos en camino hacia él, conscientes de nuestros pecados. Jesús, médico de las almas y de los cuerpos, nos conforta con su palabra y nos invita a participar del alimento de salvación, de la medicina de salud, que es la Eucaristía. 
   El leproso responde a la llamada de Jesús: divulga lo sucedido. Al sentirse libre, se libera de cuanto lo esclavizaba y se convierte en agente de evangelización.

PARA LA VIDA

   ¿Han oído alguna vez la palabra Molokai? Para mí es una palabra de mi infancia, de mi catequesis, una palabra de miedo y de esperanza. Molokai fue una isla maldita durante muchos años. En ella vivían sólo leprosos que gritarían como los que describe el libro del Levítico como impuros. Y allí vivían separados del resto de los hombres. 
   La compasión que sintió Jesús por el leproso del evangelio ha existido siempre en la iglesia de Jesús. Un día, un sacerdote, el P. Damián decidió ejercer su ministerio entre los leprosos de Molokai. Y se entregó a ellos con la misma compasión de Jesús. Y un día comenzó su predicación con estas palabras: "Mis hermanos leprosos". 
   Aquel día el P. Damián no sólo era el párroco era también su igual, era un leproso más. Nunca volvió a su tierra y murió de lepra. Como leproso que era tenía prohibido salir de la isla maldita. Como ven la ternura de Dios sigue viva y se manifiesta a través de sus hijos. Y se manifestó con poder en la actuación de su mejor hijo: Jesús de Nazaret.

5° Domingo Tiempo Ordinario, 4 Febrero 2018, Ciclo B


San Marcos 1, 29-39

“Sáname, Señor, de Todos mis Males”

    Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.

  1. La Oración: es comunicación con Dios, es el lenguaje del amor. Cuando nos paseamos por la calle vemos a las personas, celular en mano, comunicándose con todo el mundo; necesidad imperiosa de estar conectados. El mundo de Jesús es su Abba, su padre, y la oración es su medio de comunicación y conexión con Dios. La oración es la manera de decir a su Padre cuánto lo ama.
  2. Predicar: no significa decir lo que la gente quiere que se diga. Cuando la palabra de los cristianos responde a esta demanda, entonces resulta lógico que esta palabra se venda al mejor postor. Ya no se dice en tal caso lo que hay que decir, sino lo que otros quieren que se diga, sirviendo inevitablemente a intereses ajenos y aun  opuestos al evangelio. Predicar no es decir en cualquier lugar una verdad cualquiera, sino decir la verdad que hay que decir aquí y  ahora.
  3. Evangelizar: es liberar a través de la buena noticia y, por tanto, ha de tener actualidad. La misión cristiana de evangelizar incluye anuncio y denuncia. No es cuestión de gusto ni de rendirse a la oportunidad del momento, pues la verdad que hay que decir en cada momento, no es la que ya tiene fácil acogida. Es extender, las palabras y obras de Jesús, por los senderos que él mismo ha trazado; y con la fuerza de su Espíritu que nos ha dejado, ser su voz, su corazón y sus mismos sentimientos, como eco de su Reino.
  4. Cristo: Él puede y quiere curarnos también a nosotros. No sólo en el sacramento de la Reconciliación, donde nos muestra su misericordia y nos hace partícipes de su victoria contra el mal. También en la Eucaristía. Él ha pensado en este sacramento del pan y del vino «para reparar nuestras fuerzas», y con su fuerza, alimentar a los demás.
 
REFLEXIÓN
 
   En el Evangelio de este día Jesús se nos presenta predicando el Reino, expulsando a los demonios, curando a los enfermos, pero antes que todo, él se retira a orar en soledad. Él cumple con fidelidad la misión a la que ha sido enviado. Es consciente de que debe anunciar la buena nueva de la salvación, que debe vencer al mal con su obediencia hasta la muerte de cruz.
 
   Jesús, muy de mañana se retira a orar a un lugar desierto. Para el evangelista parece que el apostolado de Jesús quedaría incompleto si no se ofrece el momento de la oración. Marcos no da una información precisa de la oración de Jesús, pero nos indica que Jesús ora con frecuencia y que lo hace a solas en lugar desierto.
Jesús se preparaba para el combate apostólico de la predicación y, más tarde de la pasión, en la oración, en el encuentro con el Padre. Todo aquel que, como Jesús, se dedique al apostolado, debe acudir a la oración para obtener allí, la fuerza para luchar, la fuerza para resistir, la fuerza para perseverar en el camino.
 
   La gente busca a Jesús porque hace milagros y habla con particular elocuencia, desea proclamarlo rey, ensalzarlo. Sin embargo, Él no acepta. Es consciente de su vocación sabe que es el Salvador y que debe anunciar el Reino también en otras aldeas. Sabe que debe caminar inexorablemente hacia Jerusalén hasta el día de su oblación en la cruz, y nada puede hacerlo desistir de su misión pues para eso ha venido.
El cristiano es un apóstol. La vocación cristiana implica la vocación apostólica. Todo buen cristiano ha de ser buen apóstol. Por eso dice san Pablo: "el hecho de predicar no es para mí motivo de soberbia... me han encargado este oficio y ¡ay de mí si no evangelizara!". Así debemos ser nosotros: llevar en nuestro corazón el anhelo ardiente de que otros conozcan a Cristo, lo amen y den un sentido a sus vidas.
 
PARA LA VIDA
 
   Cuentan que un sacerdote se aproximó a un herido en medio de una dura batalla de una lejana guerra, y le preguntó: ¿quieres que te lea la Biblia? - Primero dame agua, que tengo sed- le respondió el herido. Y el sacerdote le entregó el último trago de su cantimplora, aunque sabía que no había más agua en muchos kilómetros a la redonda. – Y ahora, ¿quieres que te lea la Biblia? - volvió a insistir el sacerdote. – Primero dame de comer- suplicó el herido. Y el sacerdote le dio el último mendrugo de pan que guardaba en su mochila. – Tengo frío- fue el siguiente lamento del herido, y el sacerdote se despojó de su abrigo, a pesar del frío que calaba hasta los huesos, y cubrió al lesionado. – Ahora sí, le dijo el herido al sacerdote, ahora puedes hablarme de ese Dios que te hizo darme tu última agua, tu último mendrugo y tu único abrigo. Ahora quiero conocer a tu Dios.
 
   Convertir la caridad cristiana en mera solidaridad de ONG, olvidando que la raíz del amor cristiano está en el Amor de Dios, Fuente de todo amor. También el Evangelio nos presenta este equilibrio entre oración y vida, entre contemplación y acción. Vemos a un Jesús predicando infatigablemente y haciendo multitud de milagros, atendiendo a todos sin descanso. Pero también a un Jesús que sabe retirarse a solas en oración toda la noche para sacar de ella las energías para seguir haciendo el bien. Y es que sin oración, sin referencia a Dios, la acción cristiana puede convertirse en puro activismo, muy respetable por otra parte, pero es que sin contemplación la acción solidaria no puede llevar el nombre de cristiana, por loable que sea. 


4° Domingo Tiempo Ordinario, 28 Enero 2018, Ciclo B


San Marcos 1, 21 – 28

“Jesús Enseña con Autoridad”

    Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.

  1. La Autoridad: viene de autor y autor indica creación, novedad, crecimiento. Jesús nos hace crecer y nos recrea cada mañana. Los hombres nos ponen en nuestro sitio, nos disminuyen. Jesús es el contenido de su enseñanza. Debemos prestar atención a su vida entera, incluidos sus silencios, hasta confesar que es el Hijo de Dios, el Salvador.
  2. La Enseñanza: esta enseñanza profética, nueva y dada con autoridad, se dirige al hombre para que la acoja y sea receptor activo de su eficacia Cuando se trata de la enseñanza evangélica y cristiana, no cabe otra respuesta que la acogida. Una acogida que es primeramente aceptación de la enseñanza recibida, porque es "enseñanza de Dios".
  3. El Evangelio: el amor a Cristo ha de llevarnos a anunciarlo a los demás, a evangelizar como san Pablo: ¡ay de mí, si no predicara el Evangelio! Todos hemos de anunciarlo: la Iglesia, en cuanto tal, al mundo entero, las abuelas a sus nietos, los padres a los hijos, los hermanos entre los hermanos, los amigos con los amigos, los compañeros y vecinos con los que tienen al lado.
  4. El Pecado: es la enfermedad del cristiano. Al comienzo de la eucaristía, nosotros nos ponemos bajo la mirada de Dios y confesamos los pecados y le gritamos a Jesucristo: Señor ten piedad, Cristo ten piedad, Señor ten piedad. Cada uno de nosotros somos ese hombre, presente en la sinagoga, que tiene un espíritu malo, el espíritu de la ira, del rencor, de la lujuria, del egoísmo, de la indiferencia, de la tibieza..
  5. .Jesús: Él nos escogió para la vida, Él nos llamó a la vida. Dios nos consagró para ser grandes, para ser buenos, para amar y perdonar, nos creó para servir y construir, nos nombró profetas para anunciar la Buena Noticia a los pobres.

REFLEXIÓN
 

   La primera lectura nos habla de la comunicación directa con Dios y de la transmisión de su palabra. En él se presenta a Moisés como mediador, pero anuncia un profeta definitivo que llevará a plenitud esa comunicación con Dios. Es un texto que ha venido a ser muy sugerente y del que se han valido casi siempre los que esperaban mucho más de la religión del Israel. El “profeta” no está definido y se presenta como verdadera alternativa al mismo Moisés. Su sintonía con Dios radica en saber escuchar sus palabras en lo más profundo de su ser, y de rastrear su impronta en la historia de los hombres.
 

   La segunda lectura es un texto que continúa con el tema de las preocupaciones de este mundo, como en el domingo pasado. Elegir el celibato con objeto de estar más libre para las cosas del Señor: predicación, compromiso comunitario… Desde luego, no podemos decir que el apóstol considera la vida célibe como más perfecta que la vida matrimonial, pero las personas casadas han de atender a las necesidades de la familia; sus preocupaciones. Y entre ellas complacer al esposo o a la esposa y a los hijos.
 
   El Evangelio comienza en el día del sábado, dedicado al descanso para escuchar la palabra de Dios. Varias cosas debemos retener de esta narración: Jesús es invitado a comentar las Escrituras, y desde el comienzo, su enseñanza provoca la admiración, con toda seguridad por lo que dice. La gente le reconoce «autoridad» (exousía), cuando sabemos que Jesús no se había formado a los pies de un rabino, sino que todo lo sacaba de sí mismo, desde su experiencia interior.
 
   Ello pone de manifiesto que está en sintonía profética con Dios, y, por lo mismo, que se está cumpliendo lo previsto en el texto de Dt 18. Debemos entender que aquí la autoridad tiene ese sentido de fuerza profética que no se puede aprender en escuela alguna ni con ningún maestro de la ley. Al principio y al final del relato el coro de la gente se hace testigo de algo nuevo e inaudito. El “exorcismo”, como centro del relato, es la excusa “histórica” para que la gente respire con la llegada de este profeta a la sinagoga.

PARA LA VIDA

   Hay un periodista que viaja habitualmente a un pueblo de África y disfruta enterándose de las pequeñas cosas que suceden en la vida de las gentes del poblado. En una de sus visitas descubrió un montón de televisores almacenados en una choza a las afueras del pueblo. Desconcertado, todos estaban aún sin estrenar, se fue a conversar con el jefe del pueblo. ¿Por qué la gente del pueblo no ve la televisión?, le preguntó.


   Y el jefe del pueblo le contestó: "Nosotros tenemos nuestro propio contador de historias." Eso está muy bien pero la televisión puede contarles miles de historias, le dijo el periodista. "Es verdad, le dijo el jefe, pero nuestro contador de historias nos conoce a cada uno de nosotros". Esta es la clave "nuestro contador de historias nos conoce". Así puede contarles no la historia que desearían oír, sino la que necesitan cada día. Puede darles la mejor medicina para el sufrimiento y el mejor consejo para cada decisión que han de tomar. ¿Es la televisión nuestro único contador de historias?


   Para muchos, desgraciadamente, es el único. Para nosotros los que nos reunimos aquí los domingos, tenemos otro contador de historias, otro maestro, otro médico. Jesús es nuestro contador de historias. Nos conoce. Tiene autoridad. Nos ama. Está siempre disponible. Viene a nuestra iglesia y nos enseña.

3° Domingo Tiempo Ordinario, 21 Enero 2018, Ciclo B


San Marcos 1, 14 – 20

“Convertíos y creed la Buena Noticia”

    Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.
  1. Jesús Llama: nos invita a ser discípulos suyos supone renovar cada día nuestra opción por él, buscando dentro de nuestra historia esa voz suya que nos llama desde siempre Así, entramos en la historia de la exaltadora promesa del «os haré pescadores de hombres», que no se agota a buen seguro en la tarea del ministerio eclesial, sino que coincide con la experiencia de todo cristiano auténtico.
  2. La Conversión: Dios quiere la conversión. Puesto que Dios ama al hombre y desea que éste sea feliz, quiere que se convierta y viva. Convertirse significa dejar el camino equivocado de una felicidad aparente y enderezar los pasos hacia el camino del bien, de la verdad y de la plenitud.
  3. La Fe: es la respuesta del hombre a la revelación que Dios nos hace de su verdad y de nuestro bien. Siendo verdad de Dios, no nuestra, tiene la impronta de la objetividad y por tanto debe medir nuestro comportamiento. Esa verdad de Dios para nuestro bien la encontramos en la doctrina dogmática y moral de la Iglesia. Reconocer esto es indispensable para abrir el alma a la conversión, mientras que no reconocerlo es cerrar la puerta a toda posibilidad de convertirse.
  4. Saber Escuchar: ser cristiano significa prestar atención al kairós, a este «momento especial» de la manifestación de Dios en nuestro aquí y ahora. Los primeros discípulos escucharon la «Buena Noticia» y fueron llamados a asociarse a la misión de Jesús. Muchos admiran a Jesús. Muchos leen los Evangelios. Muchos van a las iglesias. Pocos responden a Jesús. Pocos se ponen al servicio de Jesús. Muy pocos darían la vida por Jesús. Y no olvides que la respuesta nace en un corazón limpio y libre y se da con gozo. Y no olvides que la respuesta se da cada día, en el trabajo, en la familia... 
 
REFLEXIÓN 

   La liturgia de hoy nos ofrece, como primera lectura, un texto del libro de Jonás, el profeta que debía ir a la Nínive de los asirios, prototipo del pueblo opresor, para predicar la conversión. 
La segunda lectura es un texto en el que se refleja la tensión escatológica del cristianismo primitivo, y de Pablo muy concretamente. Es un texto que es una respuesta de Pablo a los que le han preguntado sobre el matrimonio y la virginidad. Lo que Pablo propugna es que los cristianos casados deben vivir como tales y los que han elegido la “virginidad” que sean consecuentes. Cada uno debe vivir según su elección y ninguna vida es más perfecta que la otra. Porque el referente es Dios y cada uno tiene que vivir su experiencia cristiana con sentido, en armonía y en libertad. 
   El Evangelio de hoy, de Marcos, tiene dos partes. La primera, un sumario o síntesis, centrada en lo que es el programa de Jesús cuando vino a Galilea: el evangelio de Dios. Jesús viene a proclamar buenas noticias -eso significa evangelio-, de parte de Dios. Ello supone, pues, el anuncio de un tiempo nuevo y la llegada del Reino de Dios.
El segundo elemento determina al primero: el tiempo es nuevo porque el reino de Dios ha comenzado. El tiempo es nuevo porque la soberanía de Dios sobre las miserias del hombre ha de ponerse de manifiesto. Este es el empeño fundamental de Jesús: hacer posible que ese Reino, que no es un territorio, ni un poder violento o material, llegue a los hombres. 
   Dios se compromete profundamente, por medio de Jesús, en hacer posible ese Reino de liberación y de gracia. Pero también, por nuestra parte, se necesitan respuestas: convertíos y creed en el evangelio. Eso es lo que Jesús pedía y eso es lo que se nos pide aún. Ser cristianos, pues, debe significar que, en este mundo de miserias, el evangelio, como buena noticia para los que sufren, está en acción.
  La segunda parte del texto evangélico de hoy describe la llamada a ser discípulos y también pone de manifiesto varias cosas: el evangelio siempre ha contado con testigos que desde el principio forman una comunidad. El anuncio del evangelio provoca decisiones personales creando comunidad y fraternidad. 

PARA LA VIDA 

   Durante la segunda guerra mundial un pueblecito de Baviera fue destruido por las bombas. La iglesia también quedó reducida a escombros. Entre las ruinas, los vecinos encontraron una imagen de Jesús sin brazos ni piernas. Terminada la guerra reconstruyeron el pueblo y la iglesia. Dudaban entre reconstruir la imagen o dejarla tal como la encontraron. Optaron por dejarla como la encontraron y le pusieron esta inscripción: "Ahora no tengo manos ni pies. A partir de hoy, ustedes serán mis brazos y mis pies para ayudar y curar este mundo roto." 
   Un rabino, en una ocasión, le pidió a otro compañero, con el que estaba conversando, que le dijera las palabras de las enseñanzas que había escuchado de su maestro.  Las enseñanzas de mi maestro, le dijo, son como el maná que entra en el cuerpo y ya nunca lo abandona. No contento con esta explicación, le presionaba para que fuera más concreto. En ese momento, su compañero rasgó sus vestiduras y mostrándole el pecho gritó: Mira dentro de mi corazón. En él aprenderás quién es mi maestro. Las enseñanzas del Maestro Jesús no se almacenan en la cabeza sino en el corazón. Sólo ahí dejan de ser enseñanzas para convertirse en vida.


2° Domingo Tiempo Ordinario, 14 Enero 2018, Ciclo B


San Juan 1, 35 – 42

“Aquí estoy, Señor, para Hacer tu Voluntad”

    Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.
  1. El Llamado:es un misterio que afecta a la vida de todo cristiano, pero que se manifiesta con mayor relieve en los que Cristo invita a dejar todo para seguirlo más de cerca. Quien es así invitado puede preguntarse: Señor, ¿por qué precisamente a mí? La respuesta está en el Evangelio: Jesús llamó a los que él quiso (Mc 3, 13). La iniciativa de la vocación es divina, y la vocación es un don gratuito al que se debe corresponder con la entrega de sí mismo.
  2. Seguir a Jesús: tienen una estructura de relación personal, en la que Dios tiene la iniciativa, es él el que llama, y el hombre tiene que responder con su vida a esa llamada de Dios. el seguimiento parece una consecuencia natural. Pero esto resulta insuficiente. Conviene clarificar la razón del seguimiento, purificar la escucha. Se escuchan  tantas cosas e importan sólo muy pocas. Por eso Jesús preguntará: “¿qué buscáis?”. Esa pregunta se torna personal: ¿qué busco yo?, porque para responder al que pregunta, debo tener bien claro qué busco.
  3. El Encuentro: está compuesto de experiencia personal y comunitaria. Una vivencia con el Señor. Experimentar significa salir de los propios límites para ir más allá y encontrarse con el otro. En este caso con el mismo Jesús. Es decir, se va descubriendo el misterio de Cristo, desde un encuentro con Él, mientras se va realizando la gran síntesis de la vida y de la fe.
  4. El Apostolado: se llama apostolado a toda la actividad del Cuerpo Místico que tiende a propagar el Reino de Cristo por toda la tierra. Se trata de la experiencia de comunión de vida, que produce al mismo tiempo una sabiduría existencial que va más allá. De ella surge, necesariamente la misión que se descubre a partir del encuentro con El.


REFLEXIÓN

   Este Domingo tiene cierto carácter de tránsito entre Epifanía y el tiempo ordinario: Jesús se manifiesta a aquellos que iban a ser sus primeros discípulos. Por otro lado, el episodio que hoy nos narra el evangelio de Juan representa el paso del Antiguo al Nuevo Testamento.
  • De Juan a Jesús: "Fijándose en Jesús que pasaba, dijo: Este es el cordero de Dios". He aquí toda la misión de Juan y la de todo apóstol: ser simple indicador de Jesús. "No era él la luz, sino testigo de la luz" (Jn 1,8).
  • El Encuentro con Jesús: lo que convierte a un hombre en testigo y discípulo de Jesús es el hecho de encontrarse, de quedarse con él.
  • La Iglesia, Lugar de Encuentro con Jesús: esto es lo que significa que la Iglesia sea sacramento. Ella es la encargada de hacer presente a Jesús entre los hombres. Es en ella, que ha conservado viva la memoria de Jesús, en la vida concreta de sus comunidades, que los hombres podrán reconocer a Jesús y cuanto él significa para nosotros hoy. Pero esto sólo será posible en la medida en que escuche su palabra, se deje penetrar por su Espíritu y viva de su presencia.
  • Los Efectos del Encuentro con Jesús: el primero es un cambio profundo de la existencia, como el que tuvo lugar en los apóstoles a raíz de su encuentro con el Resucitado y que en el evangelio de hoy vemos reflejado en Simón incluso en el cambio de nombre. El que realmente se ha encontrado con Jesús deviene un hombre nuevo a imagen de Jesús.
   Y, cómo podemos ver también en el evangelio de hoy y es una constante en la historia de la salvación, aquel que se ha encontrado con Jesús y ha comprendido lo que Jesús significaba en su vida, se siente irresistiblemente comprometido a decirlo, a comunicarlo a los demás. La fe se propaga por irradiación.
Como decía Pablo VI, ¿acaso existe otro modo de comunicar la fe, que el de comunicar las propias experiencias? Sólo el que ha "visto" a Dios tiene derecho a hablar de él.

   La Eucaristía es el gran encuentro con Jesús y con los hermanos, Jesús se hace "realmente" presente entre nosotros. Que cada vez que celebremos la Eucaristía este encuentro con Jesús nos ayude a descubrir y a vivir su presencia a lo largo de la vida.
PARA LA VIDA 
   Una señora decía tener un problema de audición y cada vez que se reunía con sus amigas tenía que preguntarles de qué hablaban. Un día decidió ir al especialista del 0ído para hacerse un examen. El doctor le dijo que tenía los medios más modernos pero que iba a usar el medio tradicional. Sacó su reloj del bolsillo y le preguntó si podía oír el tictac del reloj.  Por supuesto, lo oigo muy bien, le contestó. El doctor se alejó unos siete metros y, de nuevo, le preguntó si seguía oyendo el tictac. 

  Sí todavía lo puedo oír, contestó. El doctor salió del despacho y le preguntó: ¿y ahora oye el tictac? Sí, lejano, pero lo oigo. El doctor se sentó frente a la señora y le dijo: Su problema no es de audición. Su problema es de escucha. Usted no sabe escuchar. Dios no te deja mensajes en la grabadora ni te envías faxes ni emails ni sabe el número de tu celular, pero Dios sabe tu nombre y te llama por tu nombre. Te dijo un día en tu bautismo: Ricardo, tú eres mi hijo, yo te quiero. Y te lo sigue diciendo también hoy.

Solemnidad de la Epifanía del Señor, 7 Enero 2018, Ciclo B


San Mateo 2, 1 – 12

“Venimos a Adorar al Rey”

    Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.
  1. Los Reyes Magos: descubren en el firmamento la estrella del Mesías, se ponen diligentemente en camino, vencen no pocas dificultades, y, ante el niño Jesús, se postran, le adoran y le ofrecen sus regalos: oro, incienso y mirra. Son hechos concretos con los que manifiestan su alegre aceptación. Los magos representan el camino que siguen quienes escuchan los anhelos más nobles del corazón humano; la estrella que los guía es la nostalgia de lo divino; el camino que recorren es el deseo. Los reyes le ofrecen:
  2. Oro: Con el oro reconocen la dignidad y el valor inestimable del ser humano; todo ha de quedar subordinado a su felicidad. Un niño merece que se pongan a sus pies todas las riquezas del mundo.
  3. El Incienso: recoge el deseo de que la vida del niño se despliegue y su dignidad se eleve hasta el cielo. Todo ser humano está llamado a participar de la vida misma de Dios.
  4. La Mirra: es medicina para curar la enfermedad y aliviar el sufrimiento. El ser humano necesita de cuidados y consuelo, no de violencia y agresión.
  5. El Regalo: Dios se nos da, pequeño e impotente, sobre un pesebre o en manos de su Madre, María. Se nos da como Salvador, como Amor, como camino de vida, a todos sin excepción. ¿Qué ofrece, en cambio, el mundo al Salvador? El mundo, cada nuevo año, puede ofrecer muchas cosas buenas a Dios. Cada uno de nosotros es parte de ese mundo, y puede y debe contribuir para ofrecer "algo" a Dios.
  6. La Adoración: ante un Dios del que sólo sabemos que es Amor, no cabe sino el gozo, la adoración y la acción de gracias. Por eso, «cuando un cristiano piensa que ya ni siquiera es capaz de orar, debería tener al menos alegría» (L. Boros). 
REFLEXIÓN 

   Epifanía quiere decir manifestación. En la solemnidad de hoy, la Iglesia conmemora la primera manifestación del Hijo de Dios hecho Hombre al mundo pagano, que tuvo lugar con la adoración de los Magos. La fiesta proclama el alcance universal de la misión de Cristo, que viene al mundo para cumplir las promesas hechas a Israel y llevar a cabo la salvación de todos los hombres. La fiesta de Epifanía nació en los primeros siglos del cristianismo. 

   En el Evangelio de hoy, se relata que llegaron estos magos a Jerusalén; tal vez pensaban que aquel era el término de su viaje, pero allí, en la gran ciudad, no encuentran al recién nacido rey de los judíos. Quizá, -parece humanamente lo más lógico si se trata de buscar a un rey, - fueron directamente al palacio de Herodes; pero los caminos de los hombres no son, frecuentemente, los caminos de Dios. Indagan, ponen los medios a su alcance: ¿Dónde está?, preguntan. Y Dios, cuando de verdad se lo quiere encontrar, sale al paso, nos señala la ruta, incluso a través de los medios que podrían parecer menos aptos. 

   ¿Dónde está el recién nacido rey de los judíos? Y nosotros, que como los Magos nos hemos puesto en camino muchas veces en busca del Señor, nos damos cuenta de que Jesús no puede estar en la soberbia que nos separa de Dios, ni en la falta de caridad que nos aísla. Debemos encontrar las verdaderas señales que llevan hasta el Niño Dios. En estos Magos llamados a adorar a Jesús, nos reconocemos a nosotros mismos, que nos encaminamos a Cristo a través de nuestros quehaceres familiares, sociales y de nuestro trabajo, de la fidelidad de lo pequeño de cada día.
   Así como en Belén, Dios se dejó encontrar por los magos, así también quiere que nosotros lo encontremos y le entreguemos nuestros dones. El Señor no necesita de lo que podamos darle, es que nosotros, para encontrarlo, necesitamos poner a sus pies cuanto somos y cuanto de valor tenemos. No es el día de Reyes, una fiesta para pedir o esperar regalos de nuestro Dios y de nuestros seres queridos; debería ser un día para ejercitarnos en la entrega de lo que somos y de cuanto tenemos a Dios, en primer lugar, y a todos los nuestros; la única forma auténtica de adorar a nuestro Dios es convertirse en su benefactor: a quien sea generoso, Dios le permite hoy convertirse en su rey mago.

PARA LA VIDA 

   El día de Reyes una señora suplicaba a su marido que la acompañara a la iglesia. Éste se negó. La idea de que Dios se hiciera hombre y que una estrella guiara a los tres Reyes hasta Belén le parecía tan absurda que se negaba a creer. Desde su ventana veía la nieve caer copiosamente y pensaba en los pájaros que no encontraban las semillas que les había dejado para que se alimentaran. Se puso el abrigo y salió para abrir de par en par la puerta de la cochera y echar allí más semillas, pero los pájaros no entraron.
   Dio todas las luces para que entraran, pero estaban demasiado asustados. Se van a morir de hambre pensaba. Estaban a unos metros de la comida y del agua y no la encontraban. "Oh, si yo fuera un pájaro", pensó para sus adentros, "yo les enseñaría el camino y los llevaría hasta el agua y la comida". En ese momento sonaron las campanas de la iglesia y cayó en la cuenta de que el hijo de Dios y su estrella se hicieron presentes para enseñarnos el camino que lleva a la vida eterna.
   Dios sólo podía enseñarnos el camino haciéndose como uno de nosotros. La liturgia nos recuerda hoy la simbólica historia de los tres reyes magos. La historia de tres hombres que se pusieron en camino para dejarse llevar confiadamente a donde una estrella misteriosa los quisiera guiar. La fe, por definición, implica la idea de un largo y complicado viaje.