6° Domingo Tiempo Ordinario, 17 Feb 2019, Ciclo C


San Lucas 6, 17. 20 -26

“Dichoso el hombre que confía en el Señor" 



Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.



  1. La Confianza: en Dios nunca se acaba. Se convierte así para nosotros como una corriente de agua que no termina, que constantemente nutre las raíces del árbol de nuestra vida. Aunque venga el duro calor del verano y apriete la sequedad, el árbol plantado junto a una corriente de agua no se seca y sigue dando fruto. Si queremos una vida duradera y fecunda, nuestra confianza ha de estar puesta en el Señor. “Todo se pasa, Dios no se muda. Quien a Dios tiene nada le falta”.
  2. Los Bienaventurados: los que saben ser pobres y compartir lo poco que tienen con sus hermanos, los que conocen el hambre y la necesidad porque no quieren explotar, oprimir y pisotear a los demás, los que lloran las injusticias, las muertes, las torturas, los abusos y el sufrimiento de los débiles.
  3. La Felicidad: todos buscamos ser felices.  Estamos hechos para la felicidad.  Lo que sucede es que no coincidimos ni en qué es la felicidad, ni cómo conseguirla. El mundo nos propone una felicidad barata, que nos deslumbra en un primer instante, pero que es de quita y pon. El mundo dice que es feliz el que más tiene, el que posee más comodidades y seguridades. Para Jesús la felicidad no está en poseer, ni en tener, sino en dar; la felicidad no está en reír, sino en solidarizarnos con los que lloran; la felicidad no está en gozar, sino en acompañar a los que sufren.

REFLEXIÓN
   Con las bienaventuranzas Jesús nos está invitando a ir mucho más lejos, sin que esto suponga sacrificios especiales. No se trata de que las bienaventuranzas sean sólo para los que sienten la vocación por la vida religiosa o sacerdotal, que deben comprometerse, con un voto o no, a llevar una vida de castidad y pobreza en óptimo grado. Todos los cristianos hemos sido llamados a seguir el camino de las bienaventuranzas, porque todos tenemos que despojarnos de las apetencias mundanas y, sin dejar de vivir en el mundo, vivir sabiendo que no pertenecemos al mundo.

   Para ser un verdadero cristiano hay que tener clara la conciencia de que somos peregrinos. Nada tenemos que no sea temporal y pasajero. Cuando olvidamos esto y nos encastillamos, pensando que poseemos algo seguro en la tierra, pasamos a ser unos cristianos que, si actuamos bien, lo hacemos sólo para poder pasar el examen, aunque sea con un mero aprobado.

   Y esto es vivir en un gran riesgo, pues al Señor no le gustan las medias tintas, y no soporta que podamos servir, al mismo tiempo, a otro señor.

  El lo dijo claramente: “Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No pueden ustedes servir a Dios y al Dinero” (Lucas 16,13). Las bienaventuranzas son otra forma de decirnos que sólo hay dos caminos. No podemos transitar al mismo tiempo por los dos. Tenemos que definirnos. Tenemos que decidirnos por cuál de ellos vamos a caminar. 

PARA LA VIDA 


   Después de haber llevado una vida sencilla y tranquila, una mujer murió. Se encontró dentro de una larga y ordenada procesión de personas que avanzaban lentamente hacia el Juez Supremo. A medida que se iban acercando a la meta, escuchaba cada vez con mayor claridad las palabras del Señor. Oyó así que el Señor decía a uno: - Tú me socorriste cuando estaba accidentado en la autopista y me llevaste al hospital, entra en mi Paraíso. Luego a otro: - Tú hiciste un préstamo sin exigirle los intereses a una mujer viuda, ven a recibir el premio eterno. Y luego a un médico: -Tú hiciste gratuitamente operaciones quirúrgicas muy difíciles a gente pobre que no las podía pagar, ayudándome a devolver la esperanza a muchos, entra en mi Reino. Y así sucesivamente. 


   La pobre mujer se iba asustando cada vez más, puesto que, por mucho que se esforzaba, no recordaba haber hecho en su vida nada extraordinario. Intentó apartarse de la fila para tener tiempo de reflexionar, pero no se lo permitieron: un ángel, sonriente pero decidido, no le dejó abandonar la larga fila. Con el corazón latiéndole como un tambor y llena de miedo, llegó junto al Señor. Enseguida se sintió inundada por una sonrisa…y escuchó de los labios del Juez Supremo: - Tú has planchado, durante largos años y con mucho amor, todas mis camisas…Entra conmigo a la felicidad.

5° Domingo Tiempo Ordinario, 10 Feb 2019, Ciclo C


San Lucas 5, 1 - 11

“En Tu Nombre, Echaré las Redes”

Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.
  1. La Vocación: todas las vocaciones son iguales y tienen su precio, su esfuerzo. Pero será siempre producto de la inspiración directa del Espíritu. Dios está siempre con nosotros. Pero la llamada de ese Dios oculto es lo que nos ayuda a entender su presencia real. Él llama en el trabajo de cada día.
  2. El Llamado: a todos nos ha elegido Jesús. Y a partir de ahí no hay diferencias porque todos somos iguales ante los ojos del Señor. Toda llamada es un don gratuito de Dios y una acogida responsable y coherente por parte del hombre a colaborar con Él.
  3. El Desprendimiento: seguir a Jesús requiere abandonarlo todo. Solamente quien, como Pedro, ha sabido aceptar su limitación, está en condiciones de aceptar que los frutos de su trabajo apostólico son de Dios. El hombre le sirve como instrumento. Dios da el fruto y en él, bendice el trabajo del hombre.
  4. El Discípulo: El Señor llama a los Apóstoles a ser pescadores de hombres, pero el verdadero pescador es Él: el buen discípulo no es más que la red. Todos somos propiedad de la red del Señor. Ella recoge la pesca. Esta red solamente es efectiva si actúa como lo hicieron los Apóstoles: dejándolo todo y siguiendo al Señor, para ser pescadores de hombres.

  
REFLEXIÓN

   En las lecturas de este domingo tenemos tres modelos de personas que aceptaron la vocación a la santidad que Dios les dio, reconociendo inicialmente su incapacidad para conseguirlo. Estas tres personas –Pedro, Isaías y san Pablo– fueron llamadas por Dios a conseguir la santidad mediante la predicación de la palabra de Dios. Ante la grandeza de Cristo Pedro se siente profundamente débil y pecador. Él, experto pescador, no había conseguido pescar nada en toda la noche, pero cuando actúa en nombre de Cristo consigue llenar las redes de peces. Pedro, con todos sus defectos y con todas sus virtudes puede y debe ser un buen ejemplo para nosotros. 

   Desde que sintió la llamada del Señor, estuvo siempre dispuesto a dar y hasta perder su vida al servicio del evangelio. También en el caso de Jeremías, el profeta que crece y supera la dificultad para hablar, cuando sabe que es Dios quien habla y le envía. Aunque Pablo no pertenece ya a la generación de los Doce, se considera apóstol por excepción. 

   Pues ha tenido también su "experiencia" del Señor resucitado. Nosotros también debemos transmitir nuestra fe desde nuestra experiencia de Jesucristo resucitado. Con la misma disposición que María se someterá a los designios de Dios, ahora el profeta acepta voluntariamente la misión que se le encomienda: "Aquí estoy, mándame".

   La predicación de Jesús, el milagro de la pesca y la decisión de abandonarlo todo para seguir al Maestro, marcan tres momentos psicológicos en el proceso de la vocación de los apóstoles. La "señal", o el milagro, refuerza las palabras de Jesús y aumenta su credibilidad ante los que van a ser sus discípulos en adelante. La invitación a internarse en alta mar conlleva el riesgo a afrontar los temporales tan frecuentes como inesperados en el lago de Tiberíades.

PARA LA VIDA

   Un poderoso sultán viajaba por el desierto seguido de una larga comitiva que transportaba su tesoro favorito de oro y piedras preciosas. A mitad del camino, un camello de la caravana, agotado por el ardiente reverbero de la arena, se desplomó agonizante y no volvió a levantarse. El cofre que transportaba rodó por la falda de la duna, reventó y derramó todo su contenido de perlas y piedras preciosas entre la arena. 

   El sultán no quería aflojar la marcha; tampoco tenía otros cofres de repuesto y los camellos iban con más carga de la que podían soportar. Con un gesto, entre molesto y generoso, invitó a sus pajes y escuderos a recoger las piedras preciosas que pudieran y a quedarse con ellas. 

   Mientras los jóvenes se lanzaban con avaricia sobre el rico botín y escarbaban afanosamente en la arena, el sultán continuó su viaje por el desierto. Se dio cuenta de que alguien seguía caminando detrás de él. Se volvió y vio que era uno de sus pajes que lo seguía, sudoroso y jadeante. - ¿Y tú – le preguntó el sultán- no te has parado a recoger nada?. El joven respondió con dignidad y orgullo - ¡Yo sigo a mi rey!

4° Domingo Tiempo Ordinario, 3 Feb 2019, Ciclo C


San Lucas 4,21-30

“Jesús, Profeta de Todos” 


Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.

  1. ¿Quién es el Profeta?: es una persona que hace presente la verdad de Dios, pone al descubierto nuestras mentiras y cobardías, y llama a todos a un cambio de vida. Antes de formarte en el vientre te escogí, antes de que salieras del seno materno te consagré; te nombré profeta de los gentiles"
  2. La Vocación: la vocación es la llamada que Dios nos hace. "Yo estaré contigo para salvarte". El pondrá en su boca lo que ha de decir y la fuerza para decirlo. Dios no cesa de llamarnos en Cristo. Podemos rechazar su invitación como los habitantes de Nazaret o podemos acogerla; podemos ahogarla o dejarla crecer en nuestro corazón. Nuestra vocación definitiva es a estar con Dios.
  3. La Gracia: precisamente el dilema decisivo de la vida se formulaba en estos términos: “estar en gracia” o “estar en pecado”. El hombre no es un ser “des-graciado”. No está en “des-gracia” ante Dios. Toda persona, lo sepa o no, cuenta siempre con su gracia. Aún el más alejado de Dios o el más perdido en el pecado, está siempre amparado por la gracia de Dios que lo acoge y lo ama sin fin. Otra cosa es que el pecador no quiere. Dios siempre nos espera…
  4. El Amor:  es el principal empuje que debemos tener en la obra de la evangelización. Si Dios es amor, toda nuestra vida de creyentes debe ser

REFLEXIÓN 

   En la primera lectura el profeta Jeremías nos muestra que uno no es profeta porque decide serlo, sino porque Dios lo ha escogido para hablar en su nombre.

   No es nada fácil su misión, pues tiene que decir la Verdad, que no siempre es bien recibida, especialmente por los que la ven como un obstáculo para sus planes de enriquecimiento ilícito, de acaparamiento de poder, o simplemente de verse libres para cometer toda clase de fechorías. Por eso recibe una gracia especial del Espíritu, a fin de que hable y actúe sin miedo, aunque al final su misión lo lleve a los peores padecimientos.  

   El texto evangélico es también un anuncio de lo que vivirá todo cristiano a lo largo de la historia de la Iglesia si quiere ser fiel al programa de Jesús. El año de gracia ha comenzado con el Hoy de Jesús y debe seguir con el Hoy de cada generación cristiana.

   La tarea de ser fiel al programa de Jesús siempre irá acompañada del rechazo, pero esto no impedirá que siga el camino hasta su consumación. Como a Jeremías, Dios nos ha llamado a cada uno de nosotros.

   Quizá tengamos dudas, ser incomprendidos, perseguidos, ignorados, pero si nos fiamos de Dios, él nos acompañará y será quien guíe nuestra vida. Este es el trasfondo de la liturgia de hoy: Ellos te combatirán, pero no te podrán, porque contigo estoy para protegerte (Jr 1,19). Dios nos ha hablado y nos ha llamado a anunciar su amor a los jóvenes 

PARA LA VIDA 

   Un campesino muy inculto, de edad avanzada, llegó a las puertas de un monasterio. Cuando le abrieron, se explicó así:   - Amigos monjes, soy un hombre con mucha fe, quiero recibir enseñanzas.  Los monjes hablaron entre sí, al margen del recién llegado. 

   Al comprobar su incultura, pensaron que no estaba capacitado para recibir enseñanzas y, mucho menos, métodos de auto desarrollo, pero como les parecía un hombre de, le dijeron: - Mira, buen hombre, te vas a hacer cargo de barrer todos los días el monasterio. Puedes quedarte aquí y tendrás sustento y alojamiento. 

   Meses después, los monjes comenzaron a ver que cada día el campesino se encontraba más tranquilo, con una sonrisa siempre dibujada en sus labios y un brillo especial en sus ojos. Transmitía verdadero sosiego y se le veía muy contento y equilibrado. Tanto es así que los monjes, extrañados, le preguntaron: - Buen hombre, parece que en estos meses has sufrido una gran evolución espiritual. ¿Estás practicando algún método especial? Y el hombre les contestó: - Hermanos, lo único que hago con mucha atención, lucidez y amor, es barrer el monasterio. 

   Pongo toda mi vigilancia y precisión en ello. Pienso que al barrer la basura estoy barriendo de mí los rencores, los engaños, la codicia y el odio. Y pienso además que barriendo estoy más cerca

3° Domingo Tiempo Ordinario, 27 Ene 2019, Ciclo C


San Lucas 1,1-4; 4,14-21

“La Buena Noticia” 


Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.

  1. El Profeta: Jesús no ha sido ungido con aceite de oliva como se ungía a los reyes. Ha sido "ungido" por el Espíritu de Dios. No viene a gobernar ni a regir. Es profeta de Dios dedicado a liberar la vida. Solo le podremos seguir si aprendemos a vivir con su espíritu profético. Cristo realiza su función profética, no sólo a través de la jerarquía, sino también por medio de los laicos. Él los hace sus testigos y les da el sentido de la fe y la gracia de la palabra. Enseñar a alguien para traerlo a la fe es tarea de todo creyente. Desde el bautismo, todos somos profetas.
  2. La Buena Noticia:Jesús es la PALABRA con mayúsculas que Dios nos ha dirigido a todos nosotros. Él es la Palabra de Dios hecha carne, hecha vida. Cada vez que nos acercamos a la Palabra, nos acercamos a Jesús, para conocerle mejor, amarle más y seguirle más de cerca. “desconocer la Escritura es desconocer a Cristo”. La Buena Noticia es que Dios es amor…
  3. La Liberación:  Jesucristo vino a liberar al hombre en su totalidad a fin de hacerlo apto para construir "hoy y aquí" el Reino de Dios que El anunció y quiso construir como tarea prioritaria de su vida. La libertad que da Cristo quita, además del pecado, el obstáculo que impide las relaciones de amistad y alianza con Dios. Desde este punto de vista, es una reconciliación.

REFLEXIÓN 

   Cristo vino a traernos las Buenas Noticias de un Dios que ama a sus hijos. A nosotros nos toca difundirlas en todos los ambientes y situaciones. Al esposo o a la esposa que ya no saben luchar más, al limitado físico, al anciano que empieza a sentirse inútil para todos, al obrero que no es calificado, al sacerdote que flaquea, al hijo que se equivoca procurando estrenar la libertad, hemos de llevar la buena noticia de Jesús, con frases de amor y de esperanza.

   En determinados momentos, cada uno de nosotros comprueba que es pobre, que está cautivo, que sufre en la opresión, que lo aqueja una ceguera interior. Jesús habló del "Año de gracia del Señor". Un año se vive en cada minuto. En cada instante en que los hombres de buena voluntad anunciamos las buenas noticias de Jesucristo.

  Si no somos pobres de espíritu no somos aptos para el Evangelio, porque de la pobreza sale la humildad y sólo el humilde puede escuchar bien a Dios y sintonizar con él. Jesús se proclama el liberador de los cautivos, y nosotros somos cautivos de muchos males. Somos cautivos de nuestra soberbia. Somos cautivos de nuestro orgullo. Con la fe de Cristo, podemos encontrar la libertad de los hijos de Dios. Jesús también nos da la vista como la dio a tantos ciegos. No la vista exterior sino la vista de la fe, la iluminación interior. Hoy vamos a pedirle al Señor, que la admiración que los primeros oyentes de Jesús sintieron por sus palabras, despierte en nosotros una mayor fe en nuestro Señor. 

PARA REFLEXIONAR 

  Una princesa recibió por su cumpleaños de su prometido un paquete pesado de forma esférica. Impaciente por la curiosidad lo abrió y encontró….una gruesa bala de cañón. Desilusionada y furiosa tiró contra el suelo el negro proyectil de bronce. Al caer a tierra, el caparazón exterior de la esfera se abrió y apareció una bola más pequeña de plata. 

   La princesa la recogió en seguida. Al darle vueltas en la mana hizo una ligera presión sobre la superficie. La bola de plata de abrió también y apareció un pequeño estuche de oro. Esta vez la princesa abrió el estuche con facilidad. En su interior, sobre una blanda superficie de terciopelo negro, destacaba una magnífica sortija engarzada con espléndidos brillantes, que hacían corona a dos sencillas palabras: “TE AMO”. 

  Cuando algo en la vida se repite mucho, puede ocurrir que al final ya no tenga ninguna resonancia especial para nosotros, o simplemente pierda la fuerza transformadora original. Eso nos ha pasado a veces con nuestra fe cristiana y con el mensaje del Evangelio: que al final no sabemos qué es lo importante., aquello original y único.

   No tengamos miedo: el Espíritu nos acompaña y nos dará palabras adecuadas y nos fortalecerá y nos enviará a ser testigos del verdadero Evangelio de Cristo.

2° Domingo Tiempo Ordinario, 20 Ene 2019, Ciclo C


San Juan 2, 1 -11

“Las Bodas de Caná” 


Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.

  1. El Matrimonio: no es sólo un sacramento, sino un estado sacramental. Cuando dos creyentes se casan por la Iglesia, lo que buscan es convertir su amor en sacramento, es decir, en signo o señal del amor que Dios vive hacia sus criaturas. Esto es lo que los novios quieren decir con su gesto en el momento de la boda: «Nosotros nos queremos con tal hondura y fidelidad, con tanta ternura y entrega, de manera tan total, que nos atrevemos a presentaros nuestro amor como “sacramento”, es decir, como signo del amor que Dios nos tiene y que queremos prolongar.
  2. El Amor: es un «vino» que comienza a escasear. Pero no lo olvidemos. Sin este «vino» no es posible la verdadera alegría entre los esposos. Un «vino» que sólo lo saborean quienes han creído en el amor gratuito de Dios Padre y viven animados por un espíritu de verdadera fraternidad. Sólo si se dispone, y en abundancia, de este vino se pueden celebrar estas bodas.
  3. La Fe: se despierta y aviva en nuestro corazón cuando somos capaces de captar en medio de la vida signos que nos invitan a abrirnos al misterio de Dios. Según el evangelista, la fe de los discípulos comenzó a crecer cuando pudieron ver “los signos” que Jesús inició en la aldea de Caná.

REFLEXIÓN 

   La imagen de las bodas ocupa un puesto central en la liturgia de hoy. En el Evangelio se habla de las bodas de Caná, pero sobre todo se insinúa a Jesús como esposo. Jerusalén ya no será llamada "Abandonada" ni "Devastada", sino que será llamada "Desposada" y su tierra tendrá un esposo. La comunidad cristiana, esposa de Cristo, goza de la diversidad de carismas que el único y mismo Espíritu derrama sobre ella para ponerlos al servicio de todos, y que constituyen las arras de Cristo-esposo. 

   Las arras del Mesías-Esposo. Las arras son el símbolo de la alianza entre los esposos. Las arras que Jesús-esposo ofrece a la Iglesia-esposa son los carismas, que otorga mediante su Espíritu. Todos y cada uno de los carismas se los entrega Cristo a su Iglesia para que pueda realizar su vocación esponsal. El Espíritu distribuye estos carismas con gran libertad, pero a la vez endereza todos ellos a la utilidad común de toda la Iglesia.

   No es fácil vivir en el amor para unos esposos. Pero hoy la liturgia nos recuerda dicho amor. Nos lo recuerda para que también nosotros seamos fieles al amor de Cristo. Fidelidad y amor se unen, como una es la Iglesia a la que todos pertenecemos y debemos sentirnos útiles y activos en la misma. 

   Las bodas de Caná nos recuerdan el amor de María, siempre atenta a ver las necesidades de los demás, y el amor de Jesús que no duda en manifestar en Caná el amor de Dios. En cada Eucaristía también se hace presente el amor de Dios que convierte nuestras realidades de la vida en sacramento de salvación. Que vivamos con la alegría de sentirnos esposados en Cristo y que sepamos vivir el valor de ser fieles a nuestro Bautismo. 

PARA LA VIDA 

   Una niña pequeña volvía de casa de una vecina que acababa de perder a su hija de seis años en un trágico accidente. - ¿Qué tenías que hacer tú en casa de la vecina? – le preguntó el padre - Fui a consolar a la madre - Y, ¿qué podías hacer tú para consolarla? - Me senté sobre sus rodillas y me puse a llorar con ella. Si a tu lado hay alguien que sufre, llora con él. Si alguien es feliz, ríe con él. El amor no sólo ve, sino mira; no le basta oír, sino puede escuchar. No necesita palabras para expresar los sentimientos. Amar es participar plenamente con todo el ser. Quien ama descubre en sí un montón de recursos para consolar y compartir. Somos ángeles con una sola ala. Sólo podemos avanzar, si volamos abrazados. 

   Una frase que resume toda la vida cristiana: “Haced lo que El os diga”. Fe absoluta de María. Fe que consigue el milagro a pesar de no ser todavía “la hora” de Jesús. La María que dio a luz a Jesús, nos manifiesta de nuevo con su fe al Mesías, al Vino Nuevo y Mejor, al que ha llevado a plenitud las promesas del Antiguo Testamento. Porque nada de lo antiguo era pleno, era perfecto. Cristo es la felicidad definitiva, el vino que aporta la verdadera alegría. 

   Menos palabras, más hechos. Por nuestras obras de amor, reconocerán que somos discípulos de Jesús. Que esta semana renueve cristo en nosotros su amor y nos haga estar sensibles y atentos a quienes nos necesitan, como lo hizo maría y como quiere Jesús que lo hagamos.

Solemnidad Bautismo del Señor, 13 Ene 2019, Ciclo C


San Mateo 3, 15-16. 21-22

“Este Es Mi Hijo Muy Amado” 


Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.
  1. El Bautismo: todo bautizado es el hijo esperado sobre el que se posa el Espíritu del Señor. Y así nosotros creyentes somos llamados, como la primera comunidad cristiana, a dar testimonio del camino recorrido por Jesús, que es el único que salva al hombre y lo conduce a la comunión con Dios.
  2. El Padre: Dios Padre busca hacer de la humanidad una familia más justa y fraterna. El mundo debe saber lo bueno que es este Dios que busca y acoge siempre a sus hijos perdidos porque sólo quiere salvar, no condenar. Quien no habla este lenguaje de Jesús, no hable le lenguaje del amor.
  3. El Hijo: Jesús, al ser bautizado por Juan, escuchó la bendición de Dios: «Tú eres mi Hijo, el amado». También a nosotros nos alcanza esa bendición de Dios sobre Cristo. Cada uno de nosotros puede escucharla en el fondo de su corazón: «Tú eres mi hijo amado». Eso será también este año lo más importante.
  4. El Espíritu Santo: nos hace invocar a Dios como Padre. Necesitamos el divino Espíritu que nos enseñe a pasar de lo puramente exterior a lo que hay de más íntimo en el hombre, en el mundo y en la vida. El divino Espíritu que nos enseñe a acoger a ese Dios que habita en el interior de nuestras vidas y en el centro de nuestra existencia, con sus siete dones. 

REFLEXIÓN 

   Hoy de nuevo se manifiesta Dios en su Hijo Jesús. Se manifiesta como Siervo que viene a restaurar la justicia y ser luz de las naciones. El viene a liberar, por eso el cristiano debe sentirse liberado desde su bautismo y enviado a ser como Jesús: luz que alumbre a su alrededor con amor. Ser bautizado es optar por luchar en hacer el bien y a favor de los demás. 

   La fiesta del bautismo de Jesús concluye el Tiempo de Navidad. Todo lo que en este tiempo festejamos con gozo que Dios, con la Encarnación de su Hijo, se haya vinculado de manera definitiva a la humanidad; que la venida de Jesús esté determinada por el Espíritu Santo y que él sea el Hijo del Altísimo.
   Como Jesús, todos los cristianos son llamados por Dios y consagrados por Él para evangelizar y colaborar en la construcción del Reino. Así el Reino llega a todos y con la colaboración de todos. 

   En el Evangelio se resalta la gran diferencia entre el bautismo de Juan y el de Jesús. El bautismo de Jesús es un bautismo en el que se hace presente el Espíritu Santo. Jesús nace para ser el salvador, pero el Espíritu Santo lo consagra como el enviado de Dios y su siervo en el bautismo del Jordán. 

   En su bautismo en el río Jordán, Jesús fue elegido por Dios como su enviado; allí fue llenado con la fuerza del Espíritu para que comience su predicación del Reino y para que realice los signos del Reino, aún con dificultades y a riesgo de su vida. El cristiano es alguien que, tras ser elegido por Dios para ser su hijo y mensajero, acepta esa elección y se entrega o consagra a Dios de por vida. 

PARA LA VIDA 

   Un hombre encontró un huevo de águila y lo puso en el nido de una gallina, en un corral. El aguilucho fue incubado junto con la nidada de polluelos, y creció con ellos. Y ella águila hacía lo que hacían los pollos del corral, creyendo que era uno de ellos. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos. Piaba y cacareaba. Y movía las alas y volaba unos pocos metros. 

   Pasaron los años y el águila envejeció. Un día vio un ave magnífica volando por encima de ella, en el cielo sin nubes. Se deslizaba con graciosa majestad entre las poderosas corrientes de aire, moviendo sus fuertes alas doradas. 

   La vieja águila miraba hacia arriba con asombro. - ¿Quién es ella? —peguntó. - Ella es el águila, la reina de las aves —le dijo su vecina—. Nadie vuela como ella, nadie puede cazar como ella. Ella pertenece al cielo. Nosotras, en cambio, pertenecemos a la tierra; somos gallinas. ¡Tú eres una gallina! Así, aquella pobre águila vivió y murió creyendo que en verdad era una gallina. 

   Estamos llamados a ser divinos, a volar alto, a soñar horizontes de paz, a ser cada día mejores, a vivir la plenitud del amor, hemos nacido con alas de águila, no de gallina. 

   Pero, mientras llega eso, tú y yo, cada uno de los que nos llamamos cristianos podemos intentar vivir en serio las consecuencias de nuestro bautismo. Este es el mensaje del Bautismo de Jesús y el mensaje de las consecuencias de nuestro propio bautismo. 

¡Que esta Semana y cada día se nos Note que Somos Bautizados y Testigos Alegres del Evangelio de Cristo¡

Solemnidad Epifanía del Señor, 6 de Ene 2019, Ciclo C


San Mateo 2, 1-12

“Niño de Todos y para Todos” 


Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.

  1. Epifanía: es la manifestación de Dios. Es la historia de un viaje de ida y vuelta. Dios vino a los suyos en pobreza y debilidad y los suyos no lo reconocieron ni lo recibieron. Este viaje es la Epifanía, la manifestación de Dios a los hombres. La vida del creyente es también la historia de un viaje, un viaje al encuentro de Dios. Si Dios sale a mi encuentro, yo también tengo que salir a su encuentro.
  2. Los Tres Reyes Magos: sabían que era importante seguir la estrella, es la búsqueda personal, su gran oportunidad de encontrarse y adorar al Rey de Reyes. Guiados por el niño Dios, como los tres reyes tenemos que viajar, tenemos que buscar y tenemos que decidir creer en Jesús personalmente y con la gracia de Dios.
  3. El Viaje: en el viaje de la fe hay muchas personas que nos pueden ayudar si somos osados y sabios para preguntar. Todos necesitamos de los demás y en el terreno de la fe necesitamos toda la ayuda que los demás y Dios nos pueden brindar.
  4. La Luz: la luz que apareció en la Navidad y hoy se manifiesta a las naciones es el amor de Dios, revelado en la persona del Verbo encarnado. Esa Luz, que es Cristo, tiene que ser conocida. Es deber nuestro comunicarla. Impulsado por el amor, cada uno de nosotros ha de esforzarse por iluminar y por comunicar esa Luz, para que las tinieblas del error y del pecado desaparezcan, para que el amor de Dios revelado en la persona del Verbo sea conocido y correspondido, para que la sociedad viva de acuerdo con los planes de Dios.

REFLEXIÓN

   El relato de los magos ha sido visto por los Padres de la Iglesia como ejemplo de unos hombres que, aun viviendo en las tinieblas del paganismo, han sido capaces de responder fielmente a la luz que los llamaba a la fe. Lo importante es descubrir que vivimos en tinieblas. Que hemos perdido el sentido fundamental de la vida. Quien descubre esto se encuentra ya muy cerca del verdadero camino. Ojalá en medio de nuestro vivir diario, no perdamos nunca la capacidad de estar abiertos a toda luz que pueda iluminar nuestra existencia, a toda llamada que pueda dar profundidad a nuestra vida. 

   Por eso el día de hoy nos invita a renacer a una vida que manifiesta a Jesús. A ser Reyes Magos que llevan a los demás la alegría del perdón, del amor, de la paz, del detalle, del saber escuchar, del saber estar con quien lo necesita, de abrir la puerta al vecino, de ser generoso y darlo todo. Y no es fácil, nos envuelven en regalos y no vemos el corazón de las cosas. 

   Manifestemos nuestra fe con alegría, sembremos de estrellas de esperanza nuestro mundo y seamos auténticos cristianos. Así como en Belén, Dios se dejó encontrar por los magos, así también quiere que nosotros lo encontremos y le entreguemos nuestros dones. El Señor no necesita de lo que podamos darle, es que nosotros, para encontrarlo, necesitamos poner a sus pies cuanto somos y cuanto de valor tenemos. 

PARA LA VIDA 

   Hace ya un tiempo, un hombre castigó a su pequeña niña de 3 años por desperdiciar un rollo de papel de envoltura dorado. El dinero era escaso en esos días por lo que explotó en furia cuando vio a la niña tratando de envolver una caja para ponerla debajo del árbol de navidad. Mas sin embargo la niña le llevó el regalo a su padre la siguiente mañana y dijo: "Esto es para ti, Papito". Él se sintió avergonzado de su reacción de furia, pero éste volvió a explotar cuando vio que la caja estaba vacía. 

   Le volvió a gritar diciendo: "Qué no sabes que cuando das un regalo a alguien se supone que debe haber algo adentro?" La pequeñita volteó hacia arriba con lágrimas en los ojos y dijo: "Oh, Papá, no está vacía, yo soplé besos adentro de la caja, todos para ti." El padre se sintió morir; puso sus brazos alrededor de su niña y le suplicó que lo perdonara. 

   Se ha dicho que el hombre guardó esa caja dorada cerca de su cama por años y siempre que se sentía derrumbado, él tomaba de la caja un beso imaginario y recordaba el amor que su niña había puesto ahí. En una forma muy sensible, cada uno de nosotros humanos hemos recibido un recipiente dorado, lleno de amor incondicional y besos de nuestros hijos, amigos, familia o de Dios. Nadie podría tener una propiedad o posesión más hermosa que esta.

Es decir, hoy es la fiesta del regalo, sobre todo del regalo de la fe que nos trae Jesús, el principal de los regalos, que nos otro que regalarnos su amor, su paz y su propia vida divina. Jesús nos acoge como humanos para llevarnos a Dios y abrirnos su corazón de Padre.