6° Domingo del Tiempo Ordinario, 13 Febrero de 2011

San Mateo 5, 17-37


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( Mandamiento del Amor )

  1. Los Conflictos: no sólo envenenan el corazón y conducen al envenenamiento de la comunidad sino que nos rompen el corazón. Hay que colocar todo empeño en evitar no sólo la acción mala, sino también el corazón malo y la palabra mala. Como personas de paz y de fe debemos evitar que los conflictos, peleas y tensiones debiliten el amor hacia el prójimo. La paz es el alimento de un corazón noble.
  2. Reconciliación: El camino que Jesús sugiere para la superación de los conflictos es el del amor y la reconciliación. Para ello se requieren naturalmente dos o más personas. La reconciliación no se puede obtener con el esfuerzo de una sola parte; presupone la disponibilidad de la otra parte.
  3. El Adulterio: Nace de un corazón desordenado, de una mirada concupiscente y carnal. La fuerza de la fidelidad y el temor de Dios superará los estándares del divorcio.
  4. La Verdad: los hombres no somos transparentes los unos con los otros. Cada persona no puede saber por sí misma todo lo que es importante para ella o aprenderlo con las propias fuerzas; depende de las afirmaciones y de las promesas de su prójimo. Jesús nos dijo en su Palabra: «A vosotros os basta decir sí o no». Se requiere una relación estable y directa con la verdad, sin necesidad de recurrir a ninguna forma de juramento.
  5. El Perdón: El prójimo es el lugar de encuentro con Dios. No puede comulgar con Dios quien no es capaz de perdonar al hermano. “Un corazón contrito y humillado tú no lo desprecias”, Señor (Sal 50,10). Jesús reafirma lo dicho por un letrado: “Amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”

PARA MEDITAR

Erase una vez un escultor a quien un obispo le había encargado una estatua para la catedral. Cuando llegó el día de entregarla, el escultor se sentía mal, no estaba satisfecho de su trabajo y no le gustaba su estatua.

Llamó a su ayudante para que le ayudara a transportarla y le dijo: ya quería entregar esta estatua. Su ayudante de mal humor miró para otro lado. Entonces el escultor recordó las veces que le había maltratado e insultado durante el trabajo. Éste le pidió perdón y el viaje hasta la catedral se hizo más agradable.

En el camino se encontró con su mujer que le miró con desprecio y no quería viajar con ellos. Pero el escultor, con humildad, le pidió perdón y ella con una sonrisa se lo dio y se sentó junto a su marido.

Más adelante se encontró con el cantero que le había vendido la piedra para hacer la estatua. El cantero le miró con ira porque no le había pagado a pesar de sus promesas. El escultor se disculpó una vez más y pagó su deuda y viajó con ellos a la catedral.

Cuando llegaron a la catedral, la mujer del escultor invitó al obispo para que viera la estatua mientras el escultor, su ayudante y el cantero la descargaban.

Cuando la descubrieron todos se maravillaron de su extraordinaria belleza. El más sorprendido fue el escultor y es que cada vez que pedía perdón y se reconciliaba la estatua se hacía más hermosa.

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