San Marcos 16, 5 - 20
"La Ascensión del Señor"
- La Fuerza del Evangelio: A los cuarenta días después de la Resurrección habiendo instruido a sus Apóstoles les encarga la noble misión de establecer el Reino de Dios en el mundo. La Ascensión de Cristo al cielo no es el fin de su presencia entre los hombres, sino el comienzo de una nueva forma de estar en el mundo. Es la alegría de las bienaventuranzas, fruto del sufrimiento, porque brota de la muerte y resurrección de Cristo. Se trata de una alegría porque Cristo ha ascendido al cielo, nuestra humanidad ha sido ensalzada, elevada, mucho más allá de nuestros estrechos horizontes. Es preciso que nos dejemos educar para ver lo invisible. ¿Cómo? Se ve creyendo, se siente esperando, se conoce amando. Lo encontramos en el pobre y en el que sufre. Lo conseguiremos sólo si antes lo reconocemos con verdadero amor en su humillación, acogiéndonos los unos a los otros.
- Vocación: Aquí nace la vocación evangelizadora de la Iglesia. Es un mandato, una orden del Señor. Es la orden última y definitiva que da antes de ascender al cielo. Pero no constituye ninguna sorpresa. De esto nos estuvo hablando de una u otra forma todo el tiempo. No se enciende una luz para esconderla; la fe debe traducirse en obras; de ella deben hablar tus actos…Jesús nos ha revelado una Buena Nueva, nos ha dado la mejor noticia que alguien podría habernos dado. No podemos guardarla para nosotros. Id por todo el mundo y anunciad la Buena Nueva.
PARA LA VIDA
Una vez, un hombre se levantó por la mañana, pero como era tarde no encontró tiempo para agradecer a Dios, así que se dijo que lo haría de camino al trabajo… pero sonó su celular, había un gran atascamiento en la autopista y además iba desayunando, por lo que tampoco encontró tiempo para dar gracias en el auto.
Pensó en hacerlo al llegar a la oficina, pero entre las juntas, las llamadas, los e-mails y los compromisos no encontró el tiempo para agradecer… así que se dijo, “no importa, lo haré en el almuerzo”… pero llegaron unos compañeros y le invitaron a almorzar. Pensó en hacerlo cuando regresara, pero al volver recordó que tenía una junta toda la tarde y parte de la noche, así que se dijo que lo dejaría para cuándo llegará a la casa.
Al llegar estuvo tan cansado que cayó rendido en su cama y pensó en agradecer a la mañana siguiente… la cual no llegó pues sufrió un paro cardíaco durante la noche. Este hombre llegó al cielo y se encontró con San Pedro en la puerta. San Pedro lo buscó en el libro de la vida, entonces le miró y le dijo: “Lo siento, hijo, pero no puedes entrar… es que hemos estado tan ocupados que no tuvimos tiempo para inscribirte.”