San Marcos 1, 25-28
“Poder y Autoridad de Jesús”
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- Autoridad: es un término que viene del latín «augere” que significa «hacer crecer”, “agrandar”, “enriquecer». Las personas con autoridad divina ayudan a crecer, estimulan y enriquecen la vida de los demás. Esta autoridad nace de Dios y de una persona honesta; de su actitud responsable y coherente, de su fidelidad. Ningún poder ni cargo, por importante que sean, se ejercen bien si falta sana autoridad.
- Enseñar:Jesús no es «un vendedor de ideologías» ni un repetidor de lecciones aprendidas de antemano. Es un maestro de vida que coloca al hombre ante las cuestiones más decisivas y vitales. Un hombre que enseña a vivir. Es duro reconocer que, con frecuencia, las nuevas generaciones no encuentran «maestros de vida» a quienes poder escuchar.
- Sanar: el mal, al verse descubierto, protesta y grita, pero Jesús, con su poderosa palabra, manda fuera al espíritu y recupera al ser humano que estaba perdido. Igualmente nos sucede a nosotros.
Sin Jesús nos falta la luz para comprender lo que está bien y lo que está mal; pueden colarse en nuestro corazón maldades que ni siquiera sabemos que están ahí. Cuando Jesús se acerca, cuando su mensaje resuena en nuestro corazón, el mal es descubierto, y se resiste, se retuerce, grita. Es una reacción habitual cuando alguien se ve descubierto en su maldad: no quiere aceptarla. Pero la misión de Jesús es la del servicio de limpieza. Vino para limpiarnos de nuestras miserias, para cargar sobre sí nuestra maldad y llevársela, para transformarnos en seres nuevos.
“Somos hijos de Dios, Él nos hizo y somos suyos”
REFLEXIÓN
En Marcos, Jesús manda callar el mal y Él calló ante Pilatos. Jesús es más importante que su enseñanza porque él es la enseñanza misma, su vida entera es su gran enseñanza. La autoridad de Jesús consiste en que no mira al pasado sino al presente y al futuro que le pertenecen a Dios. Jesús nos enseña a vivir de cara al futuro. La autoridad de Jesús es EL AMOR por los que sufren más: los pecadores, los leprosos, los impuros, las mujeres, los niños, los extranjeros. No olvidemos que Dios condena al pecado y salva al pecador. Él vino a salvarnos y a liberarnos del poder del maligno.
PARA LA VIDA
Miraban y la curva se iba ensanchando cada vez más y más. Ensimismada, la niña presenció su primera salida de sol, su primer amanecer. En voz muy baja, le preguntó a su abuela: ¿Sucede esto todos los días? La vida, rutinaria y triste, está llena de los pequeños y grandes regalos que Dios nos ofrece cada día. Asombrémonos y demos gracias por las maravillas de Dios.
“Se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad”