24° Domingo del Tiempo Ordinario, 15 de Septiembre 2013, Ciclo C

San Lucas  15, 1 - 10
 
 
La Misericordia Infinita de Dios


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  1. La Oveja Perdida: Es la experiencia del que se siente “perdido” y al que Dios no deja nunca de buscar. Es la experiencia del que “vuelve a casa” arrepentido y recibe un abrazo acogedor. Cuando nos acercamos al sacramento de la Reconciliación contamos con la garantía del perdón y de la misericordia de Dios, que ve el arrepentimiento sincero en nuestro corazón.
  2. El Pecador: El pecador ha de saber que siempre será bien acogido por Dios. Jesús, que come con los pecadores y les ofrece su compañía en la mesa y quiere hacerles sentir hasta qué punto se interesa Dios por en brazos a sus hijos. Nos quiere también impulsar a la conversión; quiere mostrar que Dios no es duro, que no repudia, que no rechaza. Que sus atributos más divinos son su misericordia y su perdón.
  3. La Misericordia: Jesús quiere abrir así nuestro corazón a la misericordia de Dios, no sólo de una manera pasiva, es decir, haciéndonos disponibles para acoger esta misericordia, sino también de una manera activa, a saber: practicando también nosotros mismos la misma misericordia y el amor en unión con Dios.        
REFLEXIÓN 
   La Palabra del Evangelio nos invita a revisar nuestro corazón. ¿No somos muchas veces como los fariseos que se incomodaban porque Jesús acogía a los pecadores? Pensando que somos justos, en muchas ocasiones despreciamos a quienes Dios tiene preparada una misericordia inmensa. Nuestras Eucaristías deben ser momentos de gran alegría: El Padre Bueno recibe, abraza, levanta y envía a quienes buscamos su misericordia perdonadora. 
   Nosotros nos conformamos, si se nos pierde algo pequeño.  Si a un vendedor de frutas se le cae un mango, y es difícil recuperarlo, lo abandona. Un financista podrá sobrellevar la pérdida del uno por ciento, pero no la pérdida del 99%. Pero el reino de Dios es un lugar donde las reglas normales de negocios no se aplican, y que refleja la naturaleza radical del amor de Dios.                
PARA LA VIDA
   El único sobreviviente de un naufragio llegó a la playa de una diminuta y deshabitada isla. El oró fervientemente a Dios pidiéndole ser rescatado, y cada día escudriñaba el horizonte buscando ayuda, pero no parecía llegar. Cansado, finalmente optó por construirse una cabaña de madera para
protegerse de los elementos y almacenar sus pocas pertenencias. Un día, tras merodear por la isla en busca de alimento, regresó a casa para encontrar su cabañita envuelta en llamas, con el humo ascendiendo hasta el cielo. 
   Lo peor había ocurrido... lo había perdido todo. Quedó anonadado con tristeza y rabia. "Dios: cómo me pudiste hacer esto a mí!" se lamentó. Temprano al día siguiente, sin embargo, fue despertado por el sonido de un barco que se acercaba a la isla. Había venido a rescatarlo. ¿Cómo supieron que estaba aquí?, preguntó el cansado hombre a sus salvadores. "Vimos su señal de humo", contestaron ellos. Es fácil descorazonarse cuando las cosas marchan mal. Pero no debemos desanimarnos, porque Dios trabaja en nuestras vidas, aún en medio del dolor, la incertidumbre y el sufrimiento. Él nos rescata…¡Ten fe! Dios está contigo y te ayudará a salir adelante.