San Mateo 16, 21-27
"Tomar la Cruz y Seguir a Jesús"
- La Cruz: «Si alguno viene detrás de mí... que cargue con su cruz y me siga». Para los seguidores de Jesús, reivindicar la Cruz es acercarse servicialmente a los crucificados; introducir justicia donde se abusa de los indefensos; reclamar compasión donde sólo hay indiferencia ante los que sufren. Esto nos traerá conflictos, rechazo y sufrimiento. Será nuestra manera humilde de cargar con la Cruz de Cristo. Abrazados a la cruz, el dolor pesa menos.
- Sacrificio: no es fácil seguir a Jesús, pero en su corazón podemos intuir una doble experiencia: su identificación con los últimos y su confianza total en el Padre. Por una parte, sufría con la miseria, injusticia, desgracias y enfermedades que hacen sufrir tanto. Por otra, confiaba totalmente en Dios Padre. Jesús estaba dispuesto a todo por hacer realidad el deseo de Dios y por ver cuanto antes un mundo diferente: el mundo que quería el Padre. Y, como es natural, quería ver entre sus seguidores la misma actitud. Si seguían sus pasos, debían compartir su pasión por Dios y su disponibilidad total al servicio de su reino. Quería encender en ellos el fuego que llevaba dentro. «Si uno quiere salvar su vida, la perderá, pero el que la pierda por mí, la encontrará».
"Todos tenemos una Cruz... y también tenemos hombros para ayudar Al Señor a Llevarla"
REFLEXIÓN
Lo que agrada a Dios no es el sufrimiento, sino la actitud con la que una persona asume el sufrimiento en el seguimiento fiel a Cristo, arrancar al ser humano de ese sufrimiento que se esconde en la enfermedad, el hambre, la injusticia, los abusos, el pecado, la muerte. El que quiera seguirle no podrá ignorar a los que sufren. Al contrario, su primera tarea será quitar sufrimiento de la vida de los hombres. «No hay derecho a ser feliz sin los demás ni contra los demás».
Por último, cuando Jesús se encuentra con el sufrimiento provocado por quienes se oponen a su misión, siempre toma una actitud de fidelidad total al Padre y de servicio incondicional a los hombres. Antes que nada, «tomar la cruz» es seguir los pasos de Jesús. Cada uno hemos de llevar la cruz detrás de él, porque sólo así, cerca de él, la cruz se hace más llevadera, como todo sufrimiento y angustia, puesta a sus pies se hace parte de él.
PARA LA VIDA
Un hombre analizando su vida, y la situación económica y sentimental que atravesaba en medio de su angustia decidió acercarse a la Iglesia y de rodillas frente al altar, oró al Señor, diciendo: —Señor: ya estoy cansado de llevar la misma cruz en mi hombro, es muy pesada y muy grande para mi estatura. Jesús amablemente le dijo: —Si crees que es mucho para ti, entra en ese cuarto y elige la cruz que más se adapte a ti.
El hombre entró y vio una cruz pequeña, pero muy pesada, que se le encajaba en el hombro y le lastimaba, buscó otra, pero era muy grande y muy liviana y le hacía estorbo; tomó otra, pero era de un material que raspaba; buscó otra, y otra, y otra.... hasta que llegó a una que sintió que se adaptaba a él. Salió muy contento y dijo: —Señor, he encontrado la que más se adapta a mí: muchas gracias por el cambio que me permitiste. Jesús le mira sonriendo y le dice: —No tienes nada que agradecer: has tomado exactamente la misma cruz que traías. Tu nombre está inscrito en ella. Mi Padre no permite más de lo que no puedas soportar, porque te ama y tiene un plan perfecto para tu vida.
La Medida de la Cruz, está en las Exigencias del Evangelio.
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