24° Domingo del Tiempo Ordinario, 14 de Septiembre 2014, Ciclo A


San Mateo 18, 21 - 35 

"Perdonar Siempre..."
    Descargar  Homilia del Padre Rector

  1. Grandeza de Perdonar: perdonar es vivir la caridad. Aunque sea costoso y se oponga a nuestros sentimientos y pasiones, es la mejor manera de manifestar nuestro amor a Dios. El perdón es la manera de vivir más cristiana, y muy necesaria, sobre todo en los ambientes donde reina el odio y la venganza. Las guerras no se vencen con la fuerza de las armas, sino con el poder del perdón.  La grandeza de perdonar y buscar perdón como nos habla el evangelio de hoy,  es un modo de indicar el lugar preponderante que tienen la compasión y el perdón entre las actitudes que Dios espera de sus hijos.
  2. Actitud de AmorLa respuesta de Pedro, indica que no se trata de una actitud ocasional o esporádica, sino permanente. Perdonar setenta veces siete quiere decir siempre, en todas las ocasiones y todas las veces que se nos pida, porque Dios mismo perdona y da una nueva oportunidad siempre.  No se trata de esperar que el tiempo nos haga olvidar los malos recuerdos, ni de ignorar a la persona que nos ha hecho daño, haciéndola desaparecer de la memoria. Eso no es perdonar, sino enterrar, y es tener dentro de nosotros una especie de cadáver que ocupa espacio y perturba. Se trata de perdonar, de poder recordar a esa persona con compasión, sin odio ni deseos de venganza. Perdonar es vivir la caridad. Es la mejor manera de manifestar nuestra correspondencia al amor de Dios. Si él siempre nos perdona y de manera abundante, no podemos jamás negarnos a perdonar a los demás.
REFLEXIÓN

   Hasta el justo cae siete veces. Estas son palabras que nos estremecen. Nuestra alma así como es el sagrado recinto del amor y del perdón, también alberga el dolor y el rencor. Una vez más viene el señor a nuestro encuentro, con esa advertencia divina, para hablarnos de su misericordia, de su ternura, de su clemencia, que nunca se acaban. 
   Estad seguros: Dios no quiere nuestras miserias, pero no las desconoce, y cuenta precisamente con esas debilidades para que nos hagamos santos. La esperanza nos demuestra que, sin Él, no lograremos realizar ni el más pequeño deber; y con El, con su gracia, cicatrizarán nuestras heridas. 
   Nos revestiremos con su fortaleza para resistir a los ataques del enemigo. El papa San Juan Pablo II dio al mundo uno de los más grandes ejemplos de perdón cuando, en 1982, después de que atentaran contra su vida, fue a visitar a Ali Agca para ofrecerle su perdón. Perdonar a quien intentó asesinarle es todo un testimonio del seguimiento de Cristo.
PARA  LA VIDA

   En el año 987 Roberto fue coronado rey de Francia. Era piadoso y un gran devoto de Jesús en la Eucaristía. Su mayor placer fue el de adornar los altares y las iglesias, unos hombres conspiraron para asesinarlo y así apoderarse del reino. Pero fueron descubiertos y fueron traídos ante el tribunal que los condenó a muerte. El rey le envió a un sacerdote a la cárcel. 
   Los malhechores se arrepintieron y después de una sincera confesión, recibieron la Sagrada Comunión. Era el día de su ejecución. Las esposas y madres de los sentenciados fueron al rey a pedirle perdón, pero sus consejeros no querían de ninguna manera indultarlos. 
   Entonces una anciana madre se echó a los pies del rey y llorando, dijo: 

"Es cierto que estos hombres han merecido tal castigo; pero, tened presente, oh rey, que han sido, hace pocos instantes, huéspedes de Jesús, porque acaban de recibir la Santa Comunión. Él les ha perdonado todo…perdonadles también".

   Al oír el rey estas palabras de la afligida madre, y recordando la infinita misericordia de Jesús en la Santa Comunión, hizo llamar inmediatamente a los condenados y, estrechándoles la mano, los indultó. Todo el pueblo aplaudió la bondad del rey que, en adelante, fue el ídolo de sus súbditos.