28° Domingo del Tiempo Ordinario, 12 de Octubre 2014, Ciclo A


San Mateo 22, 1 - 14 

"Invitados al Banquete Eterno"
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  1. El Reino de Dios: El Reino de los Cielos es como un rey que celebró las bodas de su hijo y envió a sus siervos a llamar a los invitados a las bodas”.Pero éstos no querían acudir. Así somos, Señor. Tú nos invitas a gozar de tu intimidad divina y nosotros nos quedamos dedicados a lo nuestro. Nos inquieta que tus llamadas nos quiten nuestra alegría, como  si te tuviéramos miedo, ser llamados al gran banquete ofrecido por el Rey. Pero ahora lo mejor es ir a «los cruces de los caminos» por donde pasan tantas gentes errantes, sin tierras ni negocios, a los que nadie ha invitado nunca a nada. Ellos pueden entender mejor que nadie la invitación. Pueden recordarnos la necesidad última que tenemos de Dios. Pueden enseñarnos la esperanza a la que estamos llamados a descansar en Dios.
  2. ¿Quiénes son los Invitados?: muchos son los invitados         pero nosotros con alguna escusa no asistimos, nos hacemos los difíciles. Encontramos oficios más interesantes. Incluso, intentamos apagar la voz de tu llamado recurriendo a la violencia: Pero ellos, sin hacer caso, se marcharon: quien a su campo, quien a su negocio. Los demás echaron mano a los siervos, los maltrataron y los mataron. El banquete ha sido un verdadero fracaso. Quizá el Señor hubiera podido reaccionar olvidándose de compartir su riqueza, de abrir las puertas de su casa a los vecinos. Pero Dios actúa distinto a nosotros. Si bien castiga a los invitados originales, Luego les dijo a sus siervos: «Las bodas están preparadas pero los invitados no eran dignos la gente harta se negó a participar. Así que “marchad a los cruces de los caminos y llamad a las bodas a cuantos encontréis».
REFLEXIÓN

   Jesús va descubriendo a sus seguidores cómo experimenta a Dios, cómo interpreta la vida desde sus raíces más profundas y cómo responde a los enigmas más recónditos de la condición humana. Quien entra en contacto vivo con sus parábolas comienza a cambiar. Algo "sucede" en nosotros. 
   Dios no es como lo imaginamos. La vida es más grande y misteriosa que nuestra rutina convencional de cada día. Es posible vivir con un horizonte nuevo. Escuchemos el punto de partida de la parábola llamada «Invitación al Banquete». Dios está preparando una fiesta final para todos sus hijos e hijas. A todos quiere ver sentados junto a él, en torno a una misma mesa, disfrutando para siempre de una vida plena. 
   Esta imagen es de las más queridas por Jesús para sugerir el fin de la historia humana. Jesús introduce en el mundo la experiencia de un Dios que nos está invitando a compartir con él una fiesta fraterna en la que culminará lo mejor de nuestros esfuerzos, anhelos y aspiraciones.

PARA  LA VIDA

    Un poderoso Monarca llamó a un Santo Padre al que todos atribuían poderes curativos, para que le ayudara a disminuir sus dolores de columna. Dios nos ayudará- dijo el hombre santo. Pero antes vamos a entender la razón de estos dolores. Sugiero que Vuestra Majestad se confiese ahora, pues la confesión hace al hombre enfrentar sus problemas, y lo libera de muchas culpas. 
   El monarca un poco molesto, dijo: No quiero hablar de estos temas; necesito a alguien que me cure sin hacer preguntas. El sacerdote salió y volvió meda hora más tarde con otro hombre. Creo que la palabra puede aliviar el dolor, y ayudarme a descubrir el camino acertado para la cura- dijo sin embargo. Usted no desea conversar y no puedo ayudarlo en este reino. 
   Pero le diré a quién necesita: mi amigo es veterinario, y no acostumbra a hablar con sus pacientes. Son muchos los hombres y mujeres que ya no escuchan llamada alguna de Dios. Les basta con responder de sí mismos ante sí mismos. Sin ser, tal vez, muy conscientes de ello, viven una existencia «solitaria», encerrados en un monólogo perpetuo consigo mismos. 
   El riesgo siempre es el mismo: vivir cada día más sordos a toda llamada que pueda transformar de raíz su vida espiritual. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

27° Domingo del Tiempo Ordinario, 5 de Octubre 2014, Ciclo A


San Mateo 21, 33 - 43 

"Somos La Viña Amada del Señor"
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  1. El Reinado del Mundo: cuando Jesús comienza a hablarles de un señor que plantó una viña y la cuidó con solicitud y cariño especial, se crea un clima de expectación. La «viña» es el pueblo de Israel. Todos conocen el canto del profeta Isaías que habla del amor de Dios por su pueblo con esa bella imagen (Is.5,1-7). Ellos son los responsables de esa "viña" tan querida por Dios. La finalidad de  esta parábola es hacerles comprender  que han estado por debajo de su misión y que su tierra será dada a otro, y, en particular a los pobres.
  2. Exigencia de dar Frutos: lo que nadie se espera es la grave acusación que les va a lanzar Jesús: Dios está decepcionado. Han ido pasando los siglos y no ha logrado recoger de su pueblo amado los frutos de justicia, de solidaridad y de paz que esperaba. Una y otra vez ha ido enviando a sus servidores, los profetas, pero los responsables de la viña los han maltratado sin piedad hasta darles muerte. ¿Qué más puede hacer Dios por su viña? Según el relato, el señor de la viña les manda a su propio hijo pensando: «A mi hijo le tendrán respeto». Pero los viñadores lo matan para quedarse con su herencia. La parábola es transparente. Los dirigentes del Templo se ven obligados a reconocer que el señor ha de confiar su viña a otros viñadores más fieles. Jesús les explica la parábola: «Yo os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos».


    REFLEXIÓN


       Desbordados por una crisis a la que ya no es posible responder con pequeñas reformas, distraídos por discusiones que nos impiden ver lo esencial, sin coraje para escuchar la llamada de Dios a una conversión radical al Evangelio. 
    • ¿Somos ese pueblo nuevo que Jesús quiere, dedicado a producir los frutos del reino o estamos decepcionando a Dios? 
    • ¿Vivimos trabajando por un mundo más humano? 
    • ¿Cómo estamos respondiendo desde el proyecto de Dios a las víctimas de la crisis económica y a los que mueren de hambre y desnutrición en el mundo?
    •  ¿Respetamos al Hijo que Dios que nos ha enviado o queremos librarnos de él y echarlo "fuera de la viña"? 
    • ¿Estamos acogiendo la tarea que Jesús nos ha confiado de humanizar la vida o vivimos distraídos por otros intereses religiosos más secundarios? 
    • ¿Qué hacemos con los hombres y mujeres que Dios nos envía también hoy para recordarnos su amor y su justicia? 
    • ¿Ya no hay entre nosotros profetas de Dios ni testigos de Jesús? ¿Ya no los reconocemos?
    PARA  LA VIDA

        Había una joven que tenía todo: un marido maravilloso, hijos perfectos, un empleo donde le pagaban muy bien, una familia unida. Pero su trabajo consumía mucho tiempo, abandonaba a sus hijos, si surgía algún problema, ella dejaba de lado a su marido… 
       Y así, las personas que ella amaba eran siempre dejadas para después, un día, su padre, un hombre muy sabio, le dio un regalo: una flor costosa, de la cual había apenas un ejemplar en todo el mundo. Y le dijo: “Hija, esta flor te ayudará mucho más de lo que tú te imaginas! Únicamente necesitas regarla y podarla de vez en cuando,  conversar un poco con ella, y ella te dará a cambio ese perfume maravilloso y lindas flores. “La joven la recibió la hermosa flor, pero el  tiempo no le permitía cuidar de ella. 
       Llegaba a casa, miraba la flor y aún estaba ahí, siempre linda y perfumada. Ella pasaba sin prestarle atención hasta que un día, la flor murió. Ella llegó a casa y se llevó un susto! Estaba completamente muerta, sus raíces estaban resecas, sus flores caídas y sus hojas amarillas. La Joven lloró y le contó a su padre lo que había sucedido y el padre respondió. Imaginé lo que iba ocurrir, y no puedo darte otra flor, porque no existe otra igual a ella, era única, así como la viña de tu familia: “si no la cuidas, se muere como la flor”.

    26° Domingo del Tiempo Ordinario, 28 de Septiembre 2014, Ciclo A


    San Mateo 21, 25 - 28 

    "Que tu  sea un  y que tu NO sea un NO"
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    1. Actitud de Humildad: el primero rechaza al padre con una  negativa tajante:«No quiero». No le da explicación alguna. Sencillamente no desea ir. Sin embargo, más tarde reflexiona, se da cuenta de que está rechazando a su padre y, arrepentido, marcha a la viña. El segundo atiende amablemente la petición de su padre: «Voy, señor». Parece dispuesto a cumplir sus deseos, pero pronto se olvida de lo que ha dicho. No vuelve a pensar en su padre. Todo queda en palabras. No marcha a la viña.
    2. Docilidad y Humildad: la reacción de los jóvenes es completamente opuesta. El primero responde con un brusco y rotundo «No quiero», pero reflexiona y va a trabajar a la viña, El segundo dice un elegante y gentil «Sí, señor», pero no va a la viña. En el primero, las palabras no son satisfactorias, pero la acción es buena. En el otro, las palabras son buenas, pero falta la acción. Evidentemente, lo decisivo no son tanto las palabras cuanto los hechos. Sólo quien responde dócilmente al deseo del padre, cumple su voluntad. Una primera respuesta equivocada no es una decisión definitiva; puede ser rectificada por medio de la conversión y de un comportamiento que responde fielmente a la voluntad del Padre. Cada uno de nosotros debemos estar atentos al llamado de Dios y mostrar ante el Padre una actitud dócil y obediente a su llamado, construyendo un terreno en la viña del señor  sin rechazarlo.
    REFLEXIÓN

       Dios nos hace un llamado ¿Cuándo hoy, mañana o pasado mañana? Estamos dispuestos a decir “SI” o “NO”. Hay que aprovechar este momento que estamos viviendo. Como dice S. Pablo: “hoy es el tiempo favorable, hoy es el día de la salvación. A veces posponemos el trabajar en la viña del Señor. Decimos: voy a ir a Misa o voy a tomar en serio mi vida matrimonial, o voy a dedicar un tiempo diario a la oración personal ante el Santísimo…Las promesas solas o buenas intenciones, no son garantía para hacer la voluntad del Padre. 
       Nos podemos sentir seguros en el cumplimiento de nuestros deberes religiosos y acostumbrarnos a pensar que nosotros no necesitamos convertirnos ni cambiar. Son, muchas veces, los alejados los que nos dan ejemplo. Por eso no podemos sustituir el SI al Señor, por lo que mundo proponga. Lo dijo Jesús: 

    "No todo el que  diga "Señor", "Señor" entrará en el reino de Dios, sino el que haga la voluntad de mi Padre del cielo"

    PARA  LA VIDA

        Un joven a punto de graduarse, contemplaba todos los días el hermoso auto deportivo en una tienda de autos. Sabiendo que su padre podía comprárselo, le dijo que ese auto era todo lo que quería. Como se acercaba el día de su graduación. Su padre le dijo lo orgulloso que se sentía de tener un hijo tan bueno y lo mucho que lo amaba. 
       El padre tenía en sus manos una hermosa caja de regalo, el joven abrió la caja y encontró una hermosa Biblia, con cubierta de piel y con su nombre finamente escrito en letras de oro. Devolviendo el regalo a su padre, enojado  se fue de su casa. Pasaron muchos años. Un día decidió visitar a su Padre, era anciano, estaba muy enfermo. No lo había vuelto a ver desde el día de su graduación. Antes de que pudiera partir a verlo, recibió un telegrama donde decía que su padre había muerto y le había heredado todas sus posesiones. 
       Su corazón se llenó pronto de tristeza y arrepentimiento. Y encontró la Biblia que en aquella ocasión su padre le quiso obsequiar. Con lágrimas en los ojos, la abrió y empezó a hojear sus páginas". Mientras leía esas palabras, unas llaves de auto cayeron de la Biblia. Tenía una tarjeta de la agencia de autos donde había visto ese auto deportivo que había deseado tanto. En la tarjeta estaba la fecha de su graduación y las palabras: "TOTALMENTE PAGADO".

    25° Domingo del Tiempo Ordinario, 21 de Septiembre 2014, Ciclo A


    San Mateo 20, 1 - 16

    "Prémianos con Tu Bondad, Señor"
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    1. Servir a los demás: una de las características más notorias de la predicación de Jesús es su insistencia en que la acción salvadora de Dios implica una total gratuidad y se debe por completo a su iniciativa amorosa. Esto quiere decir que nosotros, por buenos y justos que nos creamos, no tenemos por qué exigirle a Él la obligación de pagarnos por lo que hacemos. “Mis planes no son vuestros planes, sus caminos no son mis caminos”.
    2. La "Justicia Divina"no es la frialdad condenatoria de un juez implacable, sino la bondad infinita de un Padre compasivo,  El humilde servicio a los demás, a imitación de Cristo, que no vino a ser servido, sino a servir a los demás y a dar su vida por todos.
    3. Alianza y Misericordia: el pacto establecido entre el amo de la viña y los jornaleros es como una imagen de la alianza entre Dios y los suyos, alianza que, por otra parte, no tiene nada que ver. La alianza o gracia del amor gratuito del Padre, gracia que descansa totalmente en la misericordia de Dios y que supone la nuestra. Al aplicar una justicia a los primeros y otra distinta a los segundos, Dios trata de poner de manifiesto su amor a unos y a otros, teniendo siempre en cuenta las situaciones en que cada uno se encuentra. El pago comienza por los últimos y termina por los primeros. Los últimos pasan a primeros y los primeros a últimos

    “Ser discípulo de Jesús no es ser mejor sino ser diferente”.

    REFLEXIÓN

       ¿Cómo calificar la actuación de este  señor que ofrece una recompensa igual por un trabajo tan desigual? ¿No es razonable la protesta de quienes han trabajado durante toda la jornada? Estos obreros reciben el denario estipulado, pero al ver el trato tan generoso que han recibido los últimos, se sienten con derecho a exigir más. No aceptan la igualdad. Esta es su queja: 
    «los has tratado igual que a nosotros». 
       El dueño de la viña le responde con estas palabras: 
    «¿Va ser tu ojo malo porque yo soy bueno?». 
       Esta frase recoge la enseñanza principal de la parábola. Según Jesús, hay una mirada mala, enferma y dañosa, que nos impide captar la bondad de Dios y alegrarnos con su misericordia infinita hacia todos. Nos resistimos a creer que la justicia de Dios consiste precisamente en tratarnos con un amor que está por encima de todos nuestros cálculos. Este es el Gran  amor de Dios. Todos somos acogidos y salvado, no por nuestro trabajo sino por su corazón.
    PARA  LA VIDA

        Una noche tormentosa  un hombre mayor y su esposa entraron a un pequeño hotel en Filadelfia. Se aproximan a la recepción y preguntan: “¿Puede darnos una habitación? “El empleado, un hombre atento con una cálida sonrisa les dijo: Todas las habitaciones de nuestro hotel están ocupadas. 
       “El Matrimonio se angustió. Pero el empleado les dijo: “Miren… no puedo enviarlos afuera con esta lluvia. Si ustedes aceptan  puedo ofrecerles mi propia habitación. Yo me quedaré terminando trabajo de oficina” El matrimonio lo rechazó, pero el empleado insistió de buena gana y finalmente terminaron ocupando su habitación. 
       En la mañana el hombre pidió hablar con él y le dijo: “Usted es el tipo de gerente que yo tendría en mi propio hotel. Dos años después  el conserje recibe una carta de aquel hombre, donde le recordaba la anécdota y le enviaba un pasaje de ida y vuelta a Nueva York con la petición expresa que los visitase. El joven viajó. El hombre lo llevó a la esquina  y señaló con el dedo un imponente edificio de piedra rojiza y le dijo: “Mi Nombre es William Waldorf Astor, he construido este hotel y quiero que usted sea el Gerente General, este es el hotel que he construido para usted. 
    Lección: 
    “Tu vida mañana será el resultado de tus actitudes y elecciones hechas hoy”…

    24° Domingo del Tiempo Ordinario, 14 de Septiembre 2014, Ciclo A


    San Mateo 18, 21 - 35 

    "Perdonar Siempre..."
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    1. Grandeza de Perdonar: perdonar es vivir la caridad. Aunque sea costoso y se oponga a nuestros sentimientos y pasiones, es la mejor manera de manifestar nuestro amor a Dios. El perdón es la manera de vivir más cristiana, y muy necesaria, sobre todo en los ambientes donde reina el odio y la venganza. Las guerras no se vencen con la fuerza de las armas, sino con el poder del perdón.  La grandeza de perdonar y buscar perdón como nos habla el evangelio de hoy,  es un modo de indicar el lugar preponderante que tienen la compasión y el perdón entre las actitudes que Dios espera de sus hijos.
    2. Actitud de AmorLa respuesta de Pedro, indica que no se trata de una actitud ocasional o esporádica, sino permanente. Perdonar setenta veces siete quiere decir siempre, en todas las ocasiones y todas las veces que se nos pida, porque Dios mismo perdona y da una nueva oportunidad siempre.  No se trata de esperar que el tiempo nos haga olvidar los malos recuerdos, ni de ignorar a la persona que nos ha hecho daño, haciéndola desaparecer de la memoria. Eso no es perdonar, sino enterrar, y es tener dentro de nosotros una especie de cadáver que ocupa espacio y perturba. Se trata de perdonar, de poder recordar a esa persona con compasión, sin odio ni deseos de venganza. Perdonar es vivir la caridad. Es la mejor manera de manifestar nuestra correspondencia al amor de Dios. Si él siempre nos perdona y de manera abundante, no podemos jamás negarnos a perdonar a los demás.
    REFLEXIÓN

       Hasta el justo cae siete veces. Estas son palabras que nos estremecen. Nuestra alma así como es el sagrado recinto del amor y del perdón, también alberga el dolor y el rencor. Una vez más viene el señor a nuestro encuentro, con esa advertencia divina, para hablarnos de su misericordia, de su ternura, de su clemencia, que nunca se acaban. 
       Estad seguros: Dios no quiere nuestras miserias, pero no las desconoce, y cuenta precisamente con esas debilidades para que nos hagamos santos. La esperanza nos demuestra que, sin Él, no lograremos realizar ni el más pequeño deber; y con El, con su gracia, cicatrizarán nuestras heridas. 
       Nos revestiremos con su fortaleza para resistir a los ataques del enemigo. El papa San Juan Pablo II dio al mundo uno de los más grandes ejemplos de perdón cuando, en 1982, después de que atentaran contra su vida, fue a visitar a Ali Agca para ofrecerle su perdón. Perdonar a quien intentó asesinarle es todo un testimonio del seguimiento de Cristo.
    PARA  LA VIDA

       En el año 987 Roberto fue coronado rey de Francia. Era piadoso y un gran devoto de Jesús en la Eucaristía. Su mayor placer fue el de adornar los altares y las iglesias, unos hombres conspiraron para asesinarlo y así apoderarse del reino. Pero fueron descubiertos y fueron traídos ante el tribunal que los condenó a muerte. El rey le envió a un sacerdote a la cárcel. 
       Los malhechores se arrepintieron y después de una sincera confesión, recibieron la Sagrada Comunión. Era el día de su ejecución. Las esposas y madres de los sentenciados fueron al rey a pedirle perdón, pero sus consejeros no querían de ninguna manera indultarlos. 
       Entonces una anciana madre se echó a los pies del rey y llorando, dijo: 

    "Es cierto que estos hombres han merecido tal castigo; pero, tened presente, oh rey, que han sido, hace pocos instantes, huéspedes de Jesús, porque acaban de recibir la Santa Comunión. Él les ha perdonado todo…perdonadles también".

       Al oír el rey estas palabras de la afligida madre, y recordando la infinita misericordia de Jesús en la Santa Comunión, hizo llamar inmediatamente a los condenados y, estrechándoles la mano, los indultó. Todo el pueblo aplaudió la bondad del rey que, en adelante, fue el ídolo de sus súbditos.

    23° Domingo del Tiempo Ordinario, 7 de Septiembre 2014, Ciclo A


    San Mateo 18, 15-20 

    "Corregir con Amor y Sabiduría"
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    1. Actuar con Diligencia: Jesús nos invita a actuar con sabiduría, paciencia y sin precipitación, acercándonos de manera personal y fraterna a quien está actuando de manera equivocada. «Si tu hermano peca, repréndelo a solas, entre los dos. Si te hace caso, habrás salvado a tu hermano». Cuánto bien nos puede hacer a todos la actitud fraterna y leal, esa observación oportuna, ese apoyo sincero cuando erramos. Quien está en juego es un hermano.
    2. Franqueza: todo hombre, con la ayuda Dios y un hermano, es capaz de salir de su pecado y volver a la razón y a la bondad. Necesita con frecuencia encontrarse con alguien que le ame, le invite a interrogarse y le siembre en su corazón un deseo nuevo de verdad y generosidad.
    3. Gesto de Caridad: quizás lo que más cambia a muchas personas no son las grandes ideas ni los pensamientos hermosos, sino el haberse encontrado en la vida con alguien que ha sabido acercarse y las ha ayudado a renovarse. Hoy, y de manera fraterna y sin juzgar, debemos orar por tantos equivocados que obran mal. Hay que condenar el pecado propio y ajeno, corregir fraternalmente y hacer circular el amor y la gracia del perdón. Tenemos que preguntarnos cuál es nuestra postura, al escuchar las palabras de Jesús: «Si tu hermano peca, repréndelo... Si te hace caso, habrás salvado a tu hermano». Se requiere primero purificar nuestro corazón y luego, con sabiduría, buscar a que el de los demás se llene de paz.
     REFLEXIÓN

       Cansados de sentir el dolor ajeno, nacen a veces en nosotros preguntas inquietantes y sombrías. ¿Podemos ser mejores personas? ¿Podemos cambiar nuestra vida de manera decisiva? ¿Podemos transformar nuestras actitudes equivocadas y adoptar un comportamiento nuevo? 
       Con frecuencia, lo que vemos, lo que escuchamos, lo que respiramos en torno a nosotros nos aleja del amor  de Dios y de los demás. Indiferentes a todo lo que pueda interpelar nuestra vida, empeñados en asegurar nuestra pequeña felicidad por los caminos egoístas de siempre. ¿Cómo despertar en nosotros la llamada al cambio? ¿Cómo sacudirnos de encima la pereza? ¿Cómo recuperar el deseo de la bondad, la generosidad o la nobleza? ¿Cómo experimentar de nuevo la necesidad de vivir en la verdad? 
       Los creyentes deberíamos escuchar hoy más que nunca la llamada de Jesús a corregimos y ayudarnos mutuamente a ser mejores. 

    PARA  LA VIDA

       Un importante catedrático universitario  se sentía ansioso, infeliz y si bien creía ciegamente en la superioridad que su saber le proporcionaba, no estaba en paz consigo mismo ni con los demás. Su infelicidad era tan profunda igual su falta de cortesía. En un momento de humildad había sido capaz de escuchar a alguien que le sugería aprender a meditar como remedio a su angustia. 
       Ya había oído decir que la meditación era una buena medicina para el espíritu. En su región vivía un excelente maestro y el profesor decidió visitarle para pedirle que le aceptara como estudiante. Cuando el maestro pudo recibirle y tras las presentaciones debidas, el primero le dijo: "permítame invitarle a una taza de té antes de empezar a conversar". 
       En unos minutos el té estaba listo, pero el maestro sin perder su amable y cortés actitud, siguió vertiendo el té. El líquido rebosó derramándose por la mesa y el profesor, que por entonces ya había sobrepasado el límite de su paciencia, airadamente dijo: " ¡Necio! ¿Acaso no ves que la taza está llena y que no cabe nada más en ella?". Sin perder su ademán, el maestro así contestó: "Por supuesto que lo veo, y de la misma manera veo que no puedo enseñarte a meditar. Tu mente también ya está llena".

    22° Domingo del Tiempo Ordinario, 31 de Agosto 2014, Ciclo A


    San Mateo 16, 21-27 

    "Tomar la Cruz y Seguir a Jesús"
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    1. La Cruz: «Si alguno viene detrás de mí... que cargue con su cruz y me siga». Para los seguidores de Jesús, reivindicar la Cruz es acercarse servicialmente a los crucificados; introducir justicia donde se abusa de los indefensos; reclamar compasión donde sólo hay indiferencia ante los que sufren. Esto nos traerá conflictos, rechazo y sufrimiento. Será nuestra manera humilde de cargar con la Cruz de Cristo. Abrazados a la cruz, el dolor pesa menos.   
    2. Sacrificio:  no es fácil seguir a Jesús, pero en su corazón podemos intuir una doble experiencia: su identificación con los últimos y su confianza total en el Padre. Por una parte, sufría con la miseria, injusticia, desgracias y enfermedades que hacen sufrir tanto. Por otra, confiaba totalmente en Dios Padre. Jesús estaba dispuesto a todo por hacer realidad el deseo de Dios y por ver cuanto antes un mundo diferente: el mundo que quería el Padre. Y, como es natural, quería ver entre sus seguidores la misma actitud. Si seguían sus pasos, debían compartir su pasión por Dios y su disponibilidad total al servicio de su reino. Quería encender en ellos el fuego que llevaba dentro. «Si uno quiere salvar su vida, la perderá, pero el que la pierda por mí, la encontrará».
    "Todos tenemos una Cruz... y también tenemos hombros para ayudar Al Señor a Llevarla"

    REFLEXIÓN 

       Lo que agrada a Dios no es el sufrimiento, sino la actitud con la que una persona asume el sufrimiento en  el seguimiento fiel a Cristo, arrancar al ser humano de ese sufrimiento que se esconde en la enfermedad, el hambre, la injusticia, los abusos, el pecado, la muerte. El que quiera seguirle no podrá ignorar a los que sufren. Al contrario, su primera tarea será quitar sufrimiento de la vida de los hombres. «No hay derecho a ser feliz sin los demás ni contra los demás».
       Por último, cuando Jesús se encuentra con el sufrimiento provocado por quienes se oponen a su misión, siempre toma una actitud de fidelidad total al Padre y de servicio incondicional a los hombres. Antes que nada, «tomar la cruz» es seguir los pasos de Jesús. Cada uno hemos de llevar la cruz detrás de él, porque sólo así, cerca de él, la cruz se hace más llevadera, como todo sufrimiento y angustia, puesta a sus pies se hace parte de él.


    PARA LA VIDA

       Un hombre analizando su vida, y la situación económica y sentimental que atravesaba  en medio  de su angustia decidió acercarse a la Iglesia y de rodillas frente al altar, oró al Señor, diciendo: —Señor: ya estoy cansado de llevar la misma cruz en mi hombro, es muy pesada y muy grande para mi estatura. Jesús amablemente le dijo: —Si crees que es mucho para ti, entra en ese cuarto y elige la cruz que más se adapte a ti. 
       El hombre entró y vio una cruz pequeña, pero muy pesada, que se le encajaba en el hombro y le lastimaba, buscó otra, pero era muy grande y muy liviana y le hacía estorbo; tomó otra, pero era de un material que raspaba; buscó otra, y otra, y otra.... hasta que llegó a una que sintió que se adaptaba a él. Salió muy contento y dijo: —Señor, he encontrado la que más se adapta a mí: muchas gracias por el cambio que me permitiste. Jesús le mira sonriendo y le dice: —No tienes nada que agradecer: has tomado exactamente la misma cruz que traías. Tu nombre está inscrito en ella. Mi Padre no permite más de lo que no puedas soportar, porque te ama y tiene un plan perfecto para tu vida.

    La Medida de la Cruz, está en las Exigencias del Evangelio.