33° Domingo del tiempo Ordinario, 14 Noviembre 2021, Ciclo B

 San Marcos  13, 24 - 32

"Reunirá a sus Elegidos de los Cuatro Viento

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.- El Cielo: el cielo y la tierra pasarán, pero nosotros no pasaremos en tanto en cuanto vivamos espiritualmente en comunión con Dios, en comunión con su hijo Jesucristo. Vivir en comunión con Cristo es tratar de identificarnos con él, aceptarle como nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida. Es el espíritu, el espíritu de Cristo, el que debe vivir dentro de nosotros, dirigiendo y gobernando todo nuestro ser y todo nuestro obrar. La persona que vive en comunión con Cristo, aunque pase su cuerpo terreno y mortal, él, la persona humana en cuanto tal, no pasará porque su espíritu participa del espíritu de Cristo, del espíritu de Dios, que es eterno en sí mismo. Tratemos, pues, de vivir siempre según el espíritu de Cristo y así nosotros seremos también eternos, como es eterno el mismo Cristo, el mismo Dios.

2.-La Muerte: unos para la vida eterna, otros para la ignominia perpetua…Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad. Es muy difícil en esta vida ser sabios y justos, pero esa es nuestra tarea y nuestro empeño. Vivir en este mundo, que es muchas veces tan injusto y tan necio, como sabios y justos, debe ser la aspiración de toda persona y más especialmente si somos cristianos. Esforcémonos en conseguirlo.

3.- El Juicio para la Salvación: El Hijo del Hombre, vendrá a salvar y no a condenar. El juicio será para la salvación no para la condenación. Cristo ofreció su vida por nuestros pecados de una vez para siempre. Desde entonces introdujo el perdón de los pecados, como regalo perpetuo que Dios nos hace. Los sabios según Dios y aquellos que enseñaron y practicaron la justicia brillarán por toda la eternidad. Una vez más constatamos que Dios está a favor nuestro, que cuenta con nosotros para construir el Reino de Dios ya desde ahora. El futuro que nos aguarda no es terrible, sino gratificante y feliz.

4.- Estar Preparados: «El día y la hora nadie lo sabe». Dios ha ocultado el momento y también este hecho forma parte de su plan infinitamente sabio y amoroso. No es para sorprendernos, como si buscase nuestra condenación. Lo que busca es que estemos vigilantes, atentos, «para que ese día no nos sorprenda como un ladrón» (1Tes 5,4). No se trata de temor, sino de amor. Es una espera hecha de deseo, incluso impaciente. El verdadero cristiano es el que «anhela su venida» 

REFLEXIÓN

   La liturgia del Domingo 33 del Tiempo ordinario nos presenta, fundamentalmente, una invitación a la esperanza; a confiar en ese Dios libertador, Señor de la historia, que tiene un proyecto de vida definitiva para los hombres. Como dicen nuestros textos, Él va a cambiar la noche del mundo en la aurora de una vida sin fin.

   La primera lectura anuncia a los creyentes perseguidos y desanimados la llegada inminente del tiempo de la intervención liberadora de Dios para salvar al Pueblo fiel. Esta es la esperanza que debe sostener a los justos, llamados a permanecer fieles a Dios, a pesar de la persecución y de la prueba. Su constancia y fidelidad serán recompensadas con la vida eterna.

    La segunda lectura recuerda que Jesús vino al mundo para hacer realidad el proyecto de Dios en el sentido de liberar al hombre del pecado y de insertarlo en una dinámica de vida eterna. Con su vida y con su testimonio, nos enseñó a vencer el egoísmo y el pecado y a hacer de la vida un don de amor a Dios y a los hermanos. Ese es el camino del mundo nuevo y de la vida definitiva.

   En el Evangelio, Jesús nos garantiza que, en un futuro sin fecha determinada, el mundo viejo del egoísmo y del pecado caerá y que, en su lugar, Dios va a hacer aparecer un mundo nuevo, de vida y de fidelidad sin fin. A sus discípulos, Jesús les pide que estén atentos a los signos que anuncian esa nueva realidad y disponibles para acoger los proyectos, las llamadas y los desafíos de Dios. «Que nadie pretenda conocer el último día, es decir, cuándo ha de llegar. 

   Pero estemos todos en vela mediante una vida recta, para que nuestro último día particular no nos halle desprevenidos, pues de la forma como haya dejado el hombre su último día, así se encontrará en el último del mundo. Serán las propias obras las que eleven u opriman a cada uno... ¿Quién ignora que es una pena tener que morir necesariamente y, lo que es peor, sin saber cuándo? La pena es cierta e incierta la hora; y, de las cosas humanas, solo de esta pena tenemos certeza absoluta» (Sermón 97,1-2). 

PARA LA VIDA

   Iba yo pidiendo de puerta en puerta, por el camino de la aldea, cuando tu carro de oro apareció de lejos, como un sueño. Y yo me preguntaba maravillado quién sería aquel rey de reyes. Mis esperanzas volaron hacia el cielo, y pensé que mis días malos de habían acabado. Y me quedé esperando limosnas espontáneas, tesoros derramados por el polvo. La carroza se detuvo a mi lado, me miraste y bajaste corriendo. Sentí que la felicidad de la vida me había llegado al fin. 

   Y de pronto, tú me tendiste la mano derecha diciéndome: - ¿Puedes darme alguna cosa? - ¡Ah, qué ocurrencia de tu realeza, pedirle a un mendigo! Yo estaba confuso y no sabía qué hacer. Saqué entonces despacio de mi mochila y granito de trigo y te lo di... ¡Qué sorpresa la mía cuando, al vaciar por la tarde mi mochila en el suelo, encontré un grano de oro! Entonces, qué amargamente lloré por no haberte tenido corazón para entregarte todo mi trigo. Se me habría convertido en oro.

Cristo pasa a nuestro lado y seguirá tendiendo su mano para que le demos todo, no sólo migajas de nuestra vida, como hizo del mendigo del cuento. Saber verle en el pobre, en el inmigrante, en el que está solo, en el que sufre, en el parado. Sabes escucharle en la oración y recibirle en la Eucaristía.  

   Saber encontrarle en cada ser humano que se cruza en nuestro camino y en cada signo de vida que nos rodea. Saber sobre todo amarle siendo nosotros amor amable, sonriente, acogedor, solidario. No dejemos pasar la oportunidad. Que no nos pase como al mendigo, que luego lo lamentemos.

Aprovechemos este momento de gracia que Dios nos pone en el camino y dejemos que Cristo entre más plenamente en nuestra vida.

32° Domingo del tiempo Ordinario, 14 Noviembre 2021, Ciclo B

 San Marcos  12, 38 - 44

"Esa Pobre Viuda ha Echado Más Que Nadie

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.- Cristo, Sacerdote: todos nosotros tenemos parte en el único y eterno sacerdocio de Cristo, Hijo de Dios. Precisamente este templo... es el lugar de esta participación. Efectivamente, la parroquia surge y existe, a fin de que todos nosotros tengamos parte en la misión sacerdotal, profética y real (pastoral) de Cristo, como nos enseña el Concilio Vaticano II; para que, ofreciendo junto con El y por El nuestros dones espirituales, podamos entrar con El y por El en el santuario eterno de la Majestad Divina, el santuario que El ha preparado para nosotros como "casa del Padre" (Jn 14, 21).

2.- La Viuda Pobre: esto puede sonar a paradoja, pero esta pobreza esconde en sí una riqueza especial. Efectivamente, rico no es el que tiene, sino el que da. Y da no tanto lo que posee, cuanto a sí mismo. Entonces, él puede dar aun cuando no posea. Aun cuando no posea, es por lo tanto rico. El hombre, en cambio, es pobre, no porque no posea, sino porque está apegado. Esto es, está apegado de tal manera que no se halla en disposición de dar nada de sí. Cuando no está en disposición de abrirse a los demás y darse a sí mismo. En el corazón del rico todos los bienes de este mundo están muertos. En el corazón del pobre, en el sentido en que hablo, aun los bienes más pequeños reviven y se hacen grandes.

3.- Amor a Dios y al Prójimo: nadie es tan pobre que no pueda dar algo. Ningún gesto de bondad carece de sentido delante de Dios, ninguna misericordia permanece sin fruto» (Sermo de jejunio dec. mens., 90, 3). Jesús, hoy, nos dice también a nosotros que el metro para juzgar no es la cantidad, sino la plenitud. Hay una diferencia entre cantidad y plenitud. Tú puedes tener tanto dinero, pero ser una persona vacía. No hay plenitud en tu corazón.

4.-El Miedo Nuestro:  tenemos miedo de quedarnos sin nada, olvidando que en realidad Dios nos basta. Preferimos confiar en nuestras previsiones más que en el hecho de que Dios es providente (1a lectura). Desatendemos la palabra de Jesús: el que quiera guardar su vida, la pierde; el que la pierde por Él es quién de verdad la gana (Mc 8,35). Y además, lo que tenemos no es nuestro: «¿Qué tienes que no hayas recibido?» (1Cor 4,7).

REFLEXIÓN

   La liturgia del 32º Domingo del Tiempo Ordinario nos habla del verdadero culto que debemos dirigir a Dios. A Dios no le interesan las grandes manifestaciones religiosas o los ritos externos más o menos fastuosos, sino una actitud permanente de entrega en sus manos, de disponibilidad hacia sus proyectos, de acogida generosa de sus desafíos, de generosidad para entregar nuestra vida en beneficio de nuestros hermanos.

   La primera lectura nos ofrece el ejemplo de una mujer pobre de Sarepta, que da de su pobreza y necesidad, está dispuesta a acoger las llamadas, los desafíos y los dones de Dios. La historia de esta viuda que reparte con el profeta los pocos alimentos que tiene, nos garantiza que la generosidad, el compartir y la solidaridad no empobrecen, sino que son portadoras de vida y de vida en abundancia.

   La segunda lectura nos ofrece el ejemplo de Cristo, el sumo sacerdote que entregó su vida a favor de los hombres. Él nos mostró, con su sacrificio, cual es el don perfecto que Dios quiere y que espera de cada uno de sus hijos. Más que dinero u otros bienes materiales, Dios espera de nosotros el don de nuestra vida, al servicio de ese proyecto de salvación que Él tiene para los hombres y para el mundo.

   El Evangelio no habla, a través del ejemplo de otra mujer pobre, de otra viuda, cuál es el verdadero culto que Dios quiere de sus hijos: que ellos sean capaces de ofrecerle todo, en una completa donación, en una pobreza humilde y generosa (que es siempre fecunda), en un despojamiento de sí que brota de un amor sin límites y sin condiciones. Solo los pobres, esto es, aquellos que no tienen el corazón lleno de sí mismos, son capaces de ofrecer a Dios el culto verdadero que Él espera. 

   Jesús, muy observador, destaca la grandeza de esta mujer que ha dado de lo que le falta, no de lo que le sobra, como hacían los fariseos. Y lo ha hecho humildemente, para que nadie se entere, lo ha hecho desde el corazón. Hoy esta viuda pasaría desapercibida en nuestra sociedad actual a la que le gusta exhibir las “obras de caridad” de tantos famosos que de paso se hacen publicidad y que apenas dan una mínima parte de lo que les sobra.

PARA LA VIDA

   Había una vez una rosa roja muy bella, que se creía sin duda la rosa más linda del jardín. Un día se dio cuenta de que la gente miraba de lejos, sin querer acercarse a ella. Observando a su alrededor vio que al lado de ella siempre había un sapo grande y oscuro, y que ésa era la causa por la que la gente no se acercaba a verla a ella para maravillarse de su belleza. Indignada ante lo descubierto, la rosa ordenó al sapo que se fuera de allí de inmediato. Y el pobre sapo, muy obediente, acató la orden de la rosa y desapareció del jardín. 

   Así, las personas podían ver y admirar de cerca la hermosura vanidosa de aquella rosa presumida. Un tiempo después, el sapo volvió a pasar por donde estaba la rosa, y se sorprendió al verla totalmente marchita, sin hojas y sin pétalos. Entonces le dijo: -Te ves muy mal. ¿Qué te ha pasado? La rosa contestó: - Es que desde que te fuiste de mi jardín las hormigas me han comido día a día, y nunca pude volver a ser igual. 

   Ahora me muero de tristeza al ver que nadie se detiene a mirar la belleza que en otro tiempo fue la admiración de este jardín. El sapo, con una indisimulada satisfacción, le contestó: - Pues claro, te olvidaste de que era yo quien me comía las hormigas que te amenazaban, y por eso eras la más bella del jardín. Y la rosa, que había aprendido la lección del sapo, le pidió de nuevo que se quedara junto a ella.

   Hoy nos pide Dios mirar al corazón, no a la exterior. Nos pide dejar de ser esa rosa orgullosa y egoísta del cuento que despreció al feo sapo que, sin embargo, era  quien le hacía a ella permanecer bella y hermosa en el jardín. No despreciemos a nadie, todos somos importantes, por pequeño que sea nuestro trabajo, sea en la sociedad o en la Iglesia. Valoremos a las personas por lo que son, no por lo que tienen o exhiben. Demos de corazón, no de lo que nos sobra, sino de lo que nos cuesta.

31° Domingo del tiempo Ordinario, 31 Octubre 2021, Ciclo B

San Marcos  12, 28b - 34

"Amarás al Señor, tu Dios. Amarás a tu Prójimo 

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.- Amar a Dios en el Prójimo: porque todo el que ama al prójimo necesariamente tiene ya en su corazón el amor de Dios. porque hay que buscar a Dios donde habita y Él nos ha dicho que está en el hambriento, en el enfermo, en el marginado.” Tuve hambre y me disteis de comer, estuve enfermo y me visitasteis, estuve preso y me vinisteis a ver.” el amor al prójimo es la piedra de toque para saber si ese amor que decimos tener a Dios es de verdad o “falsa monea”. Porque el amor cristiano, según proclama el mismo Señor Jesús poco antes de su Pasión es que no nos amemos como a nosotros mismos, sino que amemos a los demás como el Señor nos amó hasta dar la vida unos por otros.

2.- Amar sin Esperar Nada: se trata de amar, no como yo me amo, sino a la medida del amor con que Jesús nos amó. Jesús asoció el mandamiento del amor a Dios con el mandamiento del amor al prójimo, y los presentó como inseparables. El amor total de Dios nos capacita para amarnos a nosotros mismos y a nuestro prójimo. El amor no es un sentimiento, es una decisión. Al decidir amar a una persona se decide honrarla con actos de amor sin importar nuestros sentimientos.

2.- Dios: nos invita a volcarnos con el de arriba y con el de abajo; a sonreír al guapo y al feo; a ayudar al que me cae bien y al que me cae mal; a perdonar al que está lejos y al que tengo cerca; a entregarme con el alegre y con el triste; con el pobre y con el rico

4.- El Hombre: para nosotros es imposible amar a Dios de todo corazón y menos posible amar a otros, si nos falta la fe.  Por tanto, es muy importante aceptar que Dios nos ama de todo corazón y sin condiciones.  El amor de Dios no depende de nuestra fidelidad a la ley.  El amor de Dios no se gana por nuestra bondad.  El amor de Dios es un don gratuito que está disponible para nosotros a pesar de lo que hagamos o dejemos de hacer.  Esta fe en el amor de Dios es la base de nuestro compromiso y nuestro deseo de vivir en relación con Dios. 

 REFLEXIÓN

   La liturgia del Domingo 31 del Tiempo Ordinario nos habla de que el amor está en el centro de la experiencia cristiana. El camino de la fe que, día a día, estamos invitados a recorrer, se resume en el amor a Dios y en el amor a los hermanos, dos vertientes que no se excluyen, sino que más bien se complementan. 

   La primera lectura nos presenta el inicio del “Shema Israel”, la solemne proclamación de fe que todo israelita debe hacer diariamente. Es una afirmación de la unicidad de Dios y una invitación a amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas.

   La segunda lectura nos presenta a Jesucristo como el sumo sacerdote que vino al mundo para realizar el proyecto salvador del Padre y para ofrecer su vida en donación de amor a los hombres. Cristo, con su obediencia al Padre y con su entrega a favor de los hombres, nos dice cual es la mejor forma de expresar nuestro amor a Dios.

   El Evangelio nos dice, de forma clara e incuestionable, que toda experiencia de fe del discípulo de Jesús se resume en el amor, amor a Dios y amor a los hermanos. Los dos mandamientos no pueden separarse: “amar a Dios” es cumplir su voluntad y establecer con los hermanos relaciones de amor, de solidaridad, de compartir, de servicio, hasta la donación total de la vida. Todo lo demás es explicación, desarrollo, aplicación a la vida práctica de esas dos coordenadas fundamentales de la vida cristiana.

Tal vez el desafío mas grande que tenemos es acercarnos humildemente a Dios, implorando la fe- fe en el amor de Dios para nosotros, fe en la capacidad de Dios de dar sin reserva, fe en el deseo de Dios de estar en relación con nosotros.  Solamente cuando aceptamos este misterio será posible abrirnos al amar a Dios y tratar de extender este amor a los demás.

” El gran desafío del cristiano es “estar en el mundo sin ser del mundo…” Amar a Dios con todo lo que somos es unirse tan íntimamente a Él que nadie podrá apartarnos de su amor.

PARA LA VIDA

Un joven - de buena posición social - comenzó a salir con una joven artista. Esta relación era cada más íntima y el joven estaba considerando la posibilidad de un futuro matrimonio. Pero como era muy precavido contrató a un detective privado para investigar a la joven y asegurarse de que no había ni otros hombres, ni otros hijos, ni ninguna deuda, ni nada oscuro en el armario de su vida. El detective desconocía esta relación. Sólo le dieron el nombre de la joven a investigar. Durante meses siguió las andanzas de la joven y, al final de su investigación, entregó el siguiente informe. Es una joven encantadora, honrada, y muy decente. Sólo hay una cosa que reprocharle. Últimamente sale con un joven -de muy buena posición social- que es de carácter dudoso y de una reputación más que sospechosa. El que quería saber salió investigado.

Uno cree que el amor es algo espontáneo y por consiguiente algo que no necesita ser enseñado y que no puede ser aprendido. Al fin y al cabo, nadie nos enseñó que nos tenían que gustar los helados, ni nadie nos explicó que era delicioso tomar agua fresca cuando se tiene mucha sed. ¿por qué, en cambio, el amor debe ser enseñado? ¿Por qué sucede que lo que nace espontáneamente de nosotros al amar no es siempre genuino amor? Hay varias respuestas. Una, es que el amor necesita encontrar su objeto o centro propio. Uno puede centrar toda su capacidad de amor en algo que finalmente va a resultar engañoso o perjudicial. Alguien perdidamente enamorado del alcohol va camino de autodestruirse, por ejemplo. Antes de que algo así suceda es preciso que alguien nos abra los ojos y que nos haga ver que hemos sido creados para otros amores, para mejores amores. 

30° Domingo del tiempo Ordinario, 24 Octubre 2021, Ciclo B

 San Marcos 22, 34-40

"Maestro, Que Yo Pueda Ver 

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.- Ver: todos podemos ser espiritualmente ciegos, aunque tengamos muy buena vista corporal. La vista social de las cosas, incluso la vista científica de la realidad, nos pueden ocultar la auténtica realidad de Dios en nuestro mundo.

2.- La Fe: la fe cristiana, sin anular, ni deformar la realidad social, política, económica y científica, debe llevarnos  hasta el amor de Dios y el seguimiento de su Hijo, haciendo de él nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida. Esto no es algo fácil, viviendo como vivimos en esta sociedad mayoritariamente agnóstica en la que vivimos. Por eso, todos los días debemos gritar interiormente con fuerza, como el ciego Bartimeo: Jesús, ten compasión de mí, haz que mi fe me permita ver espiritualmente la auténtica realidad de tu Padre Dios, y seguirte a ti por el camino de la vida.

3.- El Consuelo: miremos en estos momentos de desconsuelo y desesperanza a nuestro Cristo perseguido, en el Huerto de los Olivos, exclamando abatido: si es posible, pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, si no la tuya. Al final, Dios, su Padre, le resucitó y le dio la gloria para siempre. También nuestra fe debe darnos ánimos a nosotros, en los momentos malos, para creer con todas nuestras fuerzas que Dios está con nosotros y nos salvará. El desconsuelo y la desesperanza no deben tener nunca, en la vida de un cristiano, la última palabra.

4.- La Compasión: lo más grande que nos puede pasar es encontrarnos con Jesús. Es un encuentro mutuo: nosotros le buscamos y Él se hace el encontradizo. Ante tanto desaliento como hay muchas veces en el ambiente, ante tanta desesperación, ante tanto estar "de vuelta", ante lo imposible, Jesús convierte en realidad nuestros anhelos. Es posible realizar nuestros deseos y proyectos de un mundo más justo y humano si colaboramos con Jesús. No nos cansemos de pedir como Bartimeo que nos ayude a ver, porque sin El no podemos hacer nada. Ese ver es recuperar el optimismo, la esperanza, las ganas de vivir y de trabajar por el Reino. Recuperemos la esperanza.

REFLEXIÓN

   La liturgia del Domingo 30 del Tiempo Ordinario nos habla de la preocupación que Dios tiene porque el hombre encuentre la vida verdadera y señala el camino que es preciso seguir para alcanzar esa meta. De acuerdo con la Palabra de Dios que se nos propone, el hombre llega a la vida plena, adhiriéndose a Jesús y acogiendo la propuesta de salvación que él nos vino a presentar.

   La primera lectura afirma que, incluso en los momentos más dramáticos del caminar histórico de Israel, cuando el Pueblo parecía privado definitivamente de luz y de libertad, Dios estaba allí, preocupándose por la liberación de su Pueblo y por conducirlo de la mano, con amor de padre, al encuentro de la libertad y de la vida plena.

   La segunda lectura presenta a Jesús como el sumo sacerdote que el Padre llamó y envió al mundo a fin de conducir a los hombres a la comunión con Dios. Con esta presentación, el autor de este texto sugiere, antes de nada, el amor de Dios por su Pueblo; y, en segundo lugar, pide a los creyentes que “crean” en Jesús, esto es, que escuchen atentamente las propuestas que él vino a realizar, que las acojan en el corazón y que las transformen en gestos concretos de vida.

   En el Evangelio, el catequista Marcos nos propone el camino de Dios para liberar al hombre de las tinieblas y para hacerle nacer a la luz. Como Bartimeo, el ciego, los creyentes están invitados a acoger la propuesta que Jesús les vino a traer, a dejar decididamente la vida vieja y a seguir a Jesús por el camino del amor y de la entrega de la vida. De esa forma, nos garantiza Marcos, podremos pasar de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la vida. El grito de aquel ciego era un grito sincero de petición de auxilio. 

   Tantas veces nuestra vida se parece a la que aquel ciego. Tantas veces nosotros estamos echados al borde del camino de la vida, ciegos, sin ser capaces de ver ni de reconocer lo que sucede a un palmo de nuestros ojos, ciegos quizá por la tristeza, por el egoísmo, por nuestro afán de tantas cosas… Pero sin casi darnos cuenta Jesús pasa por nuestra vida.

PARA LA VIDA

   Había una ciega sentada en la calle, con una taza y un pedazo de cartón, escrito con tinta negra, que decía: soy ciega ayúdeme. Un creativo de publicidad que pasaba frente a ella, se detuvo y observó unas pocas monedas en la taza. Sin pedirle permiso tomó el cartel, le dio vuelta, tomó un marcador negro que el llevaba y escribió otro anuncio. Volvió a poner el pedazo de cartón sobre los pies de la ciega y se fue. Por la tarde el creativo volvió a pasar frente la ciega que pedía limosna; su taza estaba llena de billetes y monedas. 

   La ciega reconoció sus pasos y le preguntó si había sido él, el que re escribió su cartel y sobre todo, qué había escrito. El publicista le contestó: "Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras" Sonrió y siguió su camino. El nuevo mensaje decía: Hoy es primavera y no puedo verla Cambiemos de estrategia cuando no nos sale algo, y verán que puede que resulte mejor de esa manera. Nadie puede ser esclavo de su identidad: cuando surge una posibilidad de cambio, hay que cambiar. Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo.... del miedo al cambio.

   "Si haces lo que siempre has hecho, obtendrás los resultados que siempre has obtenido“ El mundo exige resultados. No les cuentes a otros tus dolores del parto. Muéstrale al niño.

29° Domingo del tiempo Ordinario, 17 Octubre 2021, Ciclo B

 San Marcos  10, 35 - 45

"El Hijo del Hombre ha Venido Para Dar su Vida en Rescate por Todos 

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.- Ser Importante: Cristo no condena el deseo de ser importante ni habla mal de quien quiere tener el primer puesto. Más bien se trata de mostrar en dónde radica la verdadera "importancia" y cuál es el "primer puesto" al que hay que aspirar. Esto es muy importante para poder entender en qué consiste la humildad cristiana: no es tanto "hacer de cuenta" que no me interesa lo que en realidad sí me interesa, sino encauzar ese interés según la mente de quien mejor me conoce y ama, que es Dios.

2.-La Grandeza: Grande es el que hace algo grande. La grandeza no está en lo que cada uno dice de sí mismo, ni en lo que obliga a otros a decir, sino en las obras, en la realidad, en los hechos. En el mundo todo funciona según el ego, en el plan de Dios todo funciona en clave de servicio, amor y entrega.

3.- Lo Que Debemos Hacer: el servir, el amar hasta hacerse siervo, ese es el modo de conseguir la verdadera grandeza. Así Cristo, así nosotros. Cristo y su obra siguen siendo, aun después de conocidos, un profundo misterio. La Escritura, por eso, se esfuerza en presentarlo en sus diversas facetas. Hay que volver continuamente a él; hay que meditarlo, hay que analizarlo, hay que profundizarlo, hay que contemplarlo. No se agota nunca; siempre encontramos cosas nuevas.

4.- La Sagrada Eucaristía: Cristo nos ama, nos escucha, nos atiende e intercede por nosotros. Puede condolerse de nuestra debilidad, pues él la llevó sobre sí, siendo hombre. No quedaremos jamás defraudados. Cristo está entre nosotros. La Santa Misa nos recuerda y nos repite el sacrificio de Cristo en toda su amplitud. Ahí está como Siervo que se entrega por nosotros. Aparece como Sumo Sacerdote que ofrece una Víctima por nuestros pecados. Allí el cáliz, allí la oración al Padre pos nosotros. La servidumbre de Cristo llega hasta hacerse alimento por nosotros. 

REFLEXIÓN

   La liturgia del Domingo 29 del Tiempo Ordinario nos recuerda, una vez más, que la lógica de Dios es diferente a la lógica del mundo. Nos invita a prescindir de nuestros proyectos personales de poder y de grandeza y a hacer de nuestra vida un servicio a los hermanos. Es en el amor y en la entrega de quien sirve humildemente a los hermanos, en donde Dios ofrece a los hombres la vida eterna y verdadera.

   La primera lectura nos presenta la figura de un “Siervo de Dios”, insignificante y despreciado por los hombres, pero a través del cual se revela la vida y la salvación de Dios. Nos recuerda que una vida vivida en la sencillez, en la humildad, en el sacrificio, en la entrega y en la donación de uno mismo no es, a los ojos de Dios, una vida maldita, perdida, fracasada; sino que es una vida fecunda y plenamente realizada, que traerá liberación y esperanza al mundo y a los hombres.

   En la segunda lectura, el autor de la Carta a los Hebreos nos habla de un Dios que ama al hombre con un amor sin límites y que, por eso, está dispuesto a asumir la fragilidad de los hombres, a descender a su nivel, a compartir su condición. Él no se esconde detrás de su poder y de su omnipotencia, sino que va al encuentro de los hombres para ofrecerles su amor.

   En el Evangelio, Jesús invita a los discípulos a no dejarse manipular por los sueños personales de ambición, grandeza, poder y dominio, sino a hacer de la vida un don de amor y de servicio. Llamados a seguir al Hijo del Hombre, los discípulos deben dar testimonio de un nuevo orden y proponer, con su ejemplo, un mundo libre del poder que esclaviza: “el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”.

PARA LA VIDA

   Había una vez un gran jefe que era muy orgulloso. Un día se paseaba por la ciudad y gritaba para quien quisiera oírle: "Soy grande. No hay nadie más grande que yo". Una anciana que lo oyó, se le acercó y le dijo: Yo conozco a uno que es verdaderamente grande. El gran jefe se sorprendió y enojado le dijo: ¿Quién es más grande que yo? La sabia anciana dijo: Venga a mi casa mañana cuando el sol esté en lo más alto del cielo y yo se lo presentaré. Al día siguiente, el jefe vestido con sus mejores ropas y joyas fue a visitar a la anciana mientras se repetía por el camino: No hay nadie más grande que yo. 

   Cuando el jefe entró en la casa vio a la anciana sentada contra la pared y a un niñito gateando junto a ella. ¿Dónde está ese gran jefe del que me hablaste ayer? La anciana cogió en sus brazos al niño y dijo: Éste es el grande del que le hablé. Al gran jefe no le agradó este anuncio. Muy enfadado gritó a la anciana: ¿Qué es esto? No intentes engañarme. Esto no es más que un bebé. El niño asustado por el grito súbito y poderoso comenzó a llorar. El jefe se conmovió. No quería asustarle. 

   Arrodillado, se quitó las plumas de águila y halcón que llevaba en el pelo y acarició las mejillas del niño. Sacó la bolsa de las medicinas y las colocó debajo de su nariz. Se quitó finalmente sus collares que hicieron de sonajero a los oídos del niño. Poco a poco el niño dejó de llorar y comenzó a escuchar y mirar. 

   La anciana sonriendo le dijo: Se da cuenta, incluso usted el gran jefe, tuvo que dejar de hablar y cuidar del niño. En cada casa, el niño es verdaderamente grande porque incluso el jefe más grande, como usted, tiene que convertirse en el servidor de un niño. A partir de aquel día nadie oyó al gran jefe proclamar su grandeza.

Por eso la mejor autoridad, según Cristo, está en servir a los hermanos.

28° Domingo del tiempo Ordinario, 10 Octubre 2021, Ciclo B

 San Marcos 10, 17 - 30

"Vende lo que Tienes y Sígueme

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.

1.- Cumplir los Mandamientos: también muchos de nosotros podríamos hacernos a nosotros mismos esta misma pregunta: yo, ni robo, ni mato, voy a misa todos los domingos y hago lo que la Iglesia manda, ¿me salvaré? Es decir: ¿el cumplimiento literal de las normas religiosas es suficiente para salvarse? También muchos de nosotros podríamos hacernos a nosotros mismos esta misma pregunta: yo, ni robo, ni mato, voy a misa todos los domingos y hago lo que la Iglesia manda, ¿me salvaré? Es decir: ¿el cumplimiento literal de las normas religiosas es suficiente para salvarse? podemos ser buenos cumplidores de la Ley religiosa y, no obstante, no ser buenos cristianos.

2.- El Reino de los Cielos: es la alternativa que Jesús propone para todo el que quiera ser cristiano. Se desarrolla en el presente y tendrá su culminación en el futuro. Entrar en el Reino de Dios, es decir en la alternativa que Jesús propone, es vivir un tipo de vida en el que el dinero no es un valor. Esto sólo es posible en la medida en que se descubre otro valor radical: Dios. El descubrimiento de Dios lleva a un modelo de vida fraterno, realmente nuevo. Pertenecer al Reino significa fundamentalmente haber descubierto a Dios. A Dios se le descubre sólo como Padre.

3.- Seguir a Jesús: más allá del cumplimiento de los mandamientos, más allá de las obras de caridad o de limosnas, más allá, incluso, de la pobreza voluntaria, hay un camino, comienza el camino de Jesús y de los que le siguen. La pobreza es una condición necesaria para recorrer ese camino, pero no basta para recorrerlo. Seguir a Jesús no es propiamente "imitarle", haciendo exactamente lo que él hizo, sino hacer lo que cada uno tiene que hacer, pero como lo hizo Jesús, esto es, viviendo para los demás. 

4.- La Eucaristía: cada domingo nos reunimos los cristianos alrededor del altar para celebrar nuestra fe. Celebramos el amor de Dios, que se nos da en el pan de la Eucaristía. Pan compartido, Cuerpo entregado que comulgamos y que nos invita a hacer nosotros lo mismo dando lo que somos y lo que tenemos, como le pidió Jesús al joven rico del pasaje del Evangelio de hoy. Pero es necesario primero escuchar la palabra de Dios y dejar que ésta llegue hasta el fondo de nuestra vida. Es la palabra de Dios la que nos cambia, la que nos llama y nos hace capaces de seguir a Jesús.


REFLEXIÓN

   La liturgia del Domingo 28 del Tiempo ordinario nos invita a reflexionar sobre las elecciones que hacemos; nos recuerda que no siempre lo que reluce es oro y que es necesario, a veces, renunciar a ciertos valores perecederos, a fin de adquirir los valores de la vida verdadera y eterna.

   En la primera lectura, un “sabio” de Israel nos presenta un “himno a la sabiduría”. El texto nos invita a adquirir la verdadera “sabiduría” (que es un don de Dios) y a prescindir de los valores efímeros que no realizan al hombre. El verdadero “sabio” es aquel que elige escuchar las propuestas de Dios, aceptar sus desafíos, seguir los caminos que él indica.

   La segunda lectura nos invita a escuchar y a acoger la Palabra de Dios propuesta por Jesús. Ella es viva, eficaz, actuante. Una vez acogida en el corazón del hombre, lo transforma, lo renueva, le ayuda a discernir entre el bien y el mal y a realizar las opciones correctas, indicándole el camino seguro para llegar a la vida plena y definitiva.

   El Evangelio nos presenta a un hombre que quiere conocer el camino para alcanzar la vida eterna. Jesús le invita a renunciar a sus riquezas y a elegir el “camino del Reino”, camino de compartir, de solidaridad, de donación, de amor. Es en ese camino, asegura Jesús a sus discípulos, donde el hombre se realiza plenamente y donde encuentra la vida eterna. El joven no se dejó conquistar por la mirada de amor de Jesús, y así no pudo cambiar. Sólo acogiendo con humilde gratitud el amor del Señor nos liberamos de la seducción de los ídolos y de la ceguera de nuestras ilusiones. El dinero, el placer, el éxito deslumbran, pero luego desilusionan: prometen vida, pero causan muerte. El Señor nos pide el desapego de estas falsas riquezas para entrar en la vida verdadera, la vida plena, auténtica y luminosa. 

PARA LA VIDA

Un sabio hindú había llegado a las afueras de la aldea y acampó bajo un árbol para pasar la noche. De pronto llegó corriendo hasta él un habitante de la aldea y le dijo:  “La piedra!, La piedra! , Dame la piedra preciosa!”  “Qué piedra?”, preguntó el sabio. “La otra noche se me apareció en sueños el Señor Shiva”, dijo el aldeano, “y me aseguró que, si venía al anochecer a las afueras de la aldea, encontraría a un sabio que me daría una piedra preciosa que me haría rico para siempre”. El sabio rebuscó en su bolsa y extrajo una piedra.  “Probablemente se refería a ésta”, dijo, mientras entregaba la piedra al aldeano. “La encontré en un sendero del bosque hace unos días. Por supuesto que te puedes quedar con ella”. El hombre se quedó mirando la piedra con asombro. ¡Era un diamante!. Tal vez el mayor diamante del mundo, pues era tan grande como la mano de un hombre. Tomó el diamante y se marchó. Pasó la noche dando vueltas en la cama, totalmente incapaz de dormir. Al día siguiente, al amanecer, fue a despertar al sabio y le dijo:  Quiero que me des algo más. Dame la riqueza que te permite desprenderte con tanta facilidad de este diamante.

El hombre de esta historia refleja nuestra sociedad, nos refleja a nosotros. Queremos vivir una fe que no nos comprometa a nada más que a cumplir los mandamientos, una fe exterior a nosotros, que no nos toque la cartera ni la cuenta del banco. Queremos una fe de buenas intenciones, una fe burguesa, acomodaticia. Que no venga Jesús ahora a decirnos lo que no queremos oír: que ser cristiano es estar dispuesto a dejarlo todo, a desprenderse de todo, no para ahorrarlo, sino para compartirlo. Porque en realidad, Jesús está describiendo la realidad de nuestro mundo: la de una minoría de ricos frente a una mayoría de empobrecidos a causa de esa riqueza acumulada. Por eso, donde se pone a prueba nuestra fe es en esta capacidad real de compartir con los más necesitados. Sin solidaridad, no hay espiritualidad, sin caridad, no hay fe.