Natividad del Señor, 25 Diciembre 2021, Ciclo C
San Juan 1, 1 - 18
"La Palabra se hizo Carne y Habitó entre Nosotros”
Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.
1.- La Natividad: Un Niño ha nacido, y es Dios que se hace hombre y que viene a
salvarnos. Jesucristo, Palabra del Padre, que existe desde siempre,
por el que hemos sido creados, ha venido a nosotros para iluminar
nuestra vida. Acerquémonos hoy al portal de Belén, asomémonos al
pesebre, contemplemos a ese niño recién nacido y descubramos en él
a Dios con nosotros. Él nos trae la paz, la felicidad y la luz que
ilumina nuestras vidas. Este es el mejor deseo para estas fiestas
de Navidad.
2.- Navidad: cuando volvemos en Navidad al portal de Belén, recordamos cómo
Jesús tuvo que nacer en un portal por no tener sitio en la posada.
Dios no fue recibido por los hombres cuando se hizo hombre. La luz
que disipa la oscuridad no es aceptada por muchos que prefieren
vivir en la tiniebla. Un ejemplo lo tenemos en estos días de
Navidad, que en medio de tanto trasiego, mucha gente vive como si
Dios no existiese. Es triste celebrar la Navidad como nos la
presenta el mundo, una Navidad sin Dios, en tiniebla, sin hacer
caso a la luz.
3.- Belén: Asomarnos aquí, junto al portal, es agradecer a Dios el hecho de
que sigue apostando por el hombre; que sigue confiando en nosotros.
¡Tanto confía…que del hombre se fía y se hace hombre como nosotros!
¡Gracias, amigo y Señor! Contemplar aquí, delante de la Sagrada
Familia el Misterio, es dejarse impresionar por el amor gigantesco
de Dios. Belén, en este día de Navidad, tiene sabor a fraternidad.
En Belén, los seres humanos, se dan la paz. Y, en Belén, al
abrazarnos con Dios no hacemos otra cosa que, en su pobreza,
enriquecernos con todo lo bueno que Dios tiene, con todo lo bueno
que Él nos da.
4.- Dios con Nosotros: es un mensaje de alegría para un pueblo abatido y sin horizontes:
¡Dios vuelve! Mensaje para el que se siente desanimado: ¡Dios
sigue entre los que creen! El que cree en el mensaje piensa que la
restauración de una sociedad en ruinas y en crisis económica es
posible. Es el mensaje para el creyente de hoy en esta Navidad. Si
ser cristiano supone siempre el propósito de vivir como vivió
Cristo, en este día solemne de la Navidad debemos hacer un
propósito solemne de ser seguidores de Cristo, imágenes vivas de
Él, nacer y crecer cada día como Cristos vivos.
REFLEXIÓN
La Liturgia nos lleva hoy a Belén, junto al pesebre,
donde reposa el divino Rey, recién nacido. Dejémonos llevar por
ella. Una vez ante el divino Niño, postrémonos en actitud de
adoración y recitemos el símbolo de la fe y el prólogo del
Evangelio según San Juan: «Dios de Dios, Luz de Luz, Dios
verdadero de Dios verdadero, Engendrado no creado, de la misma
sustancia que el Padre… Descendió de los cielos, por nosotros los
hombres y por nuestra salvación. Fue concebido por obra y gracia
del Espíritu Santo y nació de santa María Virgen…
Primera
Lectura Ha cumplido Dios su palabra de consolación. Nos ha redimido,
dejándose ver y amar en medio de nosotros. Cristo es la realidad
suprema del acercamiento pedagógico de Dios a nosotros. Cristo es el
Mensajero que viene a anunciar la Buena Nueva: el Evangelio, de la
paz y de la salvación.
Segunda
lectura Dios nos ha hablado por su Hijo. Cristo es personalmente la Palabra de Dios vivo. En la plenitud
de los tiempos el Padre nos ha hablado por su Hijo. Ha habido dos
fases en la Revelación: la preparación por los profetas, primero, y
en la plenitud de los tiempos la revelación perfecta por medio del
Hijo. Son dos momentos continuos, de manera que, ciertamente, en
todo tiempo Dios ha hablado a los hombres. Pero en el último tiempo
su Palabra se ha expresado de un modo insólito y maravilloso, con un
gesto nuevo de infinito amor.
Evangelio La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. El Verbo, que es Luz y Vida divina –Luz que salva y Amor que
redime–, se ha hecho uno más entre nosotros. El Hijo de Dios se
nos hace presente en la realidad viviente de un Corazón también
humano. San Agustín ha comentado este pasaje evangélico muchas
veces. «Un año más ha brillado para nosotros –y hemos de
celebrarlo– el Nacimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
En Él la verdad ha brotado de la tierra (Sal 84,12); el Día del
día ha venido ha nuestro día: alegrémonos y regocijémonos en Él
(Sal 117,24). La fe de los cristianos conoce lo que nos ha
aportado la humildad de tan gran excelsitud.
PARA LA VIDA
Hubo una vez un hombre tan harto de ver tantas cosas malas
por el mundo, que una Navidad deseó que todo el mundo fuera bueno y
tuviera espíritu navideño. Y resultó que, mágicamente, su deseo se
vio cumplido. Cuando salió a la calle, todo el mundo parecía feliz y
nadie era capaz de hacer mal. Unos niños tiraron piedras a un perro
pero, por el aire, las piedras se convirtieron en nieve; un hombre
cruzó la calle despistado, y cuando el conductor sacó medio cuerpo
por la ventanilla para gritar algo, le dio los buenos días y le
deseó felices fiestas; y hasta una mujer rica que caminaba envuelta
en su abrigo de pieles, al pasar junto a un mendigo,
cuando parecía que iba proteger aún más su bolso, lo agarró y se lo dio
lleno, con todo el dinero y las joyas.
Nuestro navideño hombre estaba feliz, pero la cosa
cambió cuando fue a pagar en el supermercado. Le atendió aquella
cajera que lo estaba pasando tan mal por falta de dinero, y pensó en
dejarle de propina lo justo para poder tomarse luego un chocolate
caliente, pero antes de darse cuenta, sin saber muy bien cómo, le había dejado de
propina todo el dinero que llevaba encima. Y si aquello no le hizo
mucha gracia, menos aún le gustó cuando en lugar de ir al gimnasio
subió al autobús que iba a la prisión y se pasó un par de horas
visitando peligrosos delincuentes encarcelados, y otro par de horas
escuchando la pesada charla de una anciana solitaria en el asilo, en
lugar de ir a ver una preciosa obra de teatro sobre la Navidad, tal y
como había previsto.
Molesto por todo aquello, sin saber qué le empujaba a
obrar así, empezó a comprobar que todo el mundo tenía aquel perfecto
espíritu navideño gracias a que se había cumplido su deseo. Pero
igual que él mismo, casi nadie estaba a gusto haciendo todas
aquellas justas y generosas cosas. Entonces se dio cuenta de lo
injusto que había sido su deseo: había pedido que todos mejoraran,
que el mundo se hiciera bueno, cuando él estaba realmente lejos de
ser así.
Durante años se había creído bueno y justo, pero
habían bastado un par de días para demostrarle que era como todos, sólo un poco bueno, sólo un poco
generoso, sólo un poco justo... y lo peor de todo, no quería que
aquello cambiase. Hay quien dice que todos somos como ese hombre.
También hay locos que dicen que bastaría con que un hombre cambie para
cambiar el mundo. Y algunos, mis favoritos, dicen que ya ha llegado la
hora de cambiar a ese hombre sólo un poco bueno que llevamos con
nosotros a todas partes.
1.- La Natividad: Un Niño ha nacido, y es Dios que se hace hombre y que viene a salvarnos. Jesucristo, Palabra del Padre, que existe desde siempre, por el que hemos sido creados, ha venido a nosotros para iluminar nuestra vida. Acerquémonos hoy al portal de Belén, asomémonos al pesebre, contemplemos a ese niño recién nacido y descubramos en él a Dios con nosotros. Él nos trae la paz, la felicidad y la luz que ilumina nuestras vidas. Este es el mejor deseo para estas fiestas de Navidad.
2.- Navidad: cuando volvemos en Navidad al portal de Belén, recordamos cómo Jesús tuvo que nacer en un portal por no tener sitio en la posada. Dios no fue recibido por los hombres cuando se hizo hombre. La luz que disipa la oscuridad no es aceptada por muchos que prefieren vivir en la tiniebla. Un ejemplo lo tenemos en estos días de Navidad, que en medio de tanto trasiego, mucha gente vive como si Dios no existiese. Es triste celebrar la Navidad como nos la presenta el mundo, una Navidad sin Dios, en tiniebla, sin hacer caso a la luz.
3.- Belén: Asomarnos aquí, junto al portal, es agradecer a Dios el hecho de que sigue apostando por el hombre; que sigue confiando en nosotros. ¡Tanto confía…que del hombre se fía y se hace hombre como nosotros! ¡Gracias, amigo y Señor! Contemplar aquí, delante de la Sagrada Familia el Misterio, es dejarse impresionar por el amor gigantesco de Dios. Belén, en este día de Navidad, tiene sabor a fraternidad. En Belén, los seres humanos, se dan la paz. Y, en Belén, al abrazarnos con Dios no hacemos otra cosa que, en su pobreza, enriquecernos con todo lo bueno que Dios tiene, con todo lo bueno que Él nos da.
4.- Dios con Nosotros: es un mensaje de alegría para un pueblo abatido y sin horizontes: ¡Dios vuelve! Mensaje para el que se siente desanimado: ¡Dios sigue entre los que creen! El que cree en el mensaje piensa que la restauración de una sociedad en ruinas y en crisis económica es posible. Es el mensaje para el creyente de hoy en esta Navidad. Si ser cristiano supone siempre el propósito de vivir como vivió Cristo, en este día solemne de la Navidad debemos hacer un propósito solemne de ser seguidores de Cristo, imágenes vivas de Él, nacer y crecer cada día como Cristos vivos.
REFLEXIÓN
La Liturgia nos lleva hoy a Belén, junto al pesebre, donde reposa el divino Rey, recién nacido. Dejémonos llevar por ella. Una vez ante el divino Niño, postrémonos en actitud de adoración y recitemos el símbolo de la fe y el prólogo del Evangelio según San Juan: «Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, Engendrado no creado, de la misma sustancia que el Padre… Descendió de los cielos, por nosotros los hombres y por nuestra salvación. Fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de santa María Virgen…
Primera Lectura Ha cumplido Dios su palabra de consolación. Nos ha redimido, dejándose ver y amar en medio de nosotros. Cristo es la realidad suprema del acercamiento pedagógico de Dios a nosotros. Cristo es el Mensajero que viene a anunciar la Buena Nueva: el Evangelio, de la paz y de la salvación.
Segunda lectura Dios nos ha hablado por su Hijo. Cristo es personalmente la Palabra de Dios vivo. En la plenitud de los tiempos el Padre nos ha hablado por su Hijo. Ha habido dos fases en la Revelación: la preparación por los profetas, primero, y en la plenitud de los tiempos la revelación perfecta por medio del Hijo. Son dos momentos continuos, de manera que, ciertamente, en todo tiempo Dios ha hablado a los hombres. Pero en el último tiempo su Palabra se ha expresado de un modo insólito y maravilloso, con un gesto nuevo de infinito amor.
Evangelio La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. El Verbo, que es Luz y Vida divina –Luz que salva y Amor que redime–, se ha hecho uno más entre nosotros. El Hijo de Dios se nos hace presente en la realidad viviente de un Corazón también humano. San Agustín ha comentado este pasaje evangélico muchas veces. «Un año más ha brillado para nosotros –y hemos de celebrarlo– el Nacimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. En Él la verdad ha brotado de la tierra (Sal 84,12); el Día del día ha venido ha nuestro día: alegrémonos y regocijémonos en Él (Sal 117,24). La fe de los cristianos conoce lo que nos ha aportado la humildad de tan gran excelsitud.
PARA LA VIDA
Hubo una vez un hombre tan harto de ver tantas cosas malas por el mundo, que una Navidad deseó que todo el mundo fuera bueno y tuviera espíritu navideño. Y resultó que, mágicamente, su deseo se vio cumplido. Cuando salió a la calle, todo el mundo parecía feliz y nadie era capaz de hacer mal. Unos niños tiraron piedras a un perro pero, por el aire, las piedras se convirtieron en nieve; un hombre cruzó la calle despistado, y cuando el conductor sacó medio cuerpo por la ventanilla para gritar algo, le dio los buenos días y le deseó felices fiestas; y hasta una mujer rica que caminaba envuelta en su abrigo de pieles, al pasar junto a un mendigo, cuando parecía que iba proteger aún más su bolso, lo agarró y se lo dio lleno, con todo el dinero y las joyas.
Nuestro navideño hombre estaba feliz, pero la cosa cambió cuando fue a pagar en el supermercado. Le atendió aquella cajera que lo estaba pasando tan mal por falta de dinero, y pensó en dejarle de propina lo justo para poder tomarse luego un chocolate caliente, pero antes de darse cuenta, sin saber muy bien cómo, le había dejado de propina todo el dinero que llevaba encima. Y si aquello no le hizo mucha gracia, menos aún le gustó cuando en lugar de ir al gimnasio subió al autobús que iba a la prisión y se pasó un par de horas visitando peligrosos delincuentes encarcelados, y otro par de horas escuchando la pesada charla de una anciana solitaria en el asilo, en lugar de ir a ver una preciosa obra de teatro sobre la Navidad, tal y como había previsto.
Molesto por todo aquello, sin saber qué le empujaba a obrar así, empezó a comprobar que todo el mundo tenía aquel perfecto espíritu navideño gracias a que se había cumplido su deseo. Pero igual que él mismo, casi nadie estaba a gusto haciendo todas aquellas justas y generosas cosas. Entonces se dio cuenta de lo injusto que había sido su deseo: había pedido que todos mejoraran, que el mundo se hiciera bueno, cuando él estaba realmente lejos de ser así.
Durante años se había creído bueno y justo, pero habían bastado un par de días para demostrarle que era como todos, sólo un poco bueno, sólo un poco generoso, sólo un poco justo... y lo peor de todo, no quería que aquello cambiase. Hay quien dice que todos somos como ese hombre. También hay locos que dicen que bastaría con que un hombre cambie para cambiar el mundo. Y algunos, mis favoritos, dicen que ya ha llegado la hora de cambiar a ese hombre sólo un poco bueno que llevamos con nosotros a todas partes.
4° Domingo de Adviento, 19 Diciembre 2021, Ciclo C
San Lucas 1, 39 - 45
"Dichosa Tú que has Creído”
Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.
- El Saludo de María: hay muchas maneras de «saludar» a las personas. María trae paz, alegría y bendición de Dios. Lucas recordará más tarde, que Jesús pedía a sus seguidores: en cualquier casa que entréis, decid lo primero: Paz a esta casa. Todo saludo debe llevar la huella de Dios…como María a Isabel.
- La Vida: las madres portadoras de vida, son mujeres «bendecidas» por el creador: el fruto de sus vientres es bendito. María es la «bendecida» por excelencia: con ella nos llega Jesús, la gran bendición de Dios al mundo. Isabel termina exclamando: Dichosa tú, que has creído.
- La Felicidad: feliz el pueblo donde hay madres creyentes, portadoras de vida, capaces de irradiar paz y alegría. Feliz la Iglesia donde hay mujeres bendecidas por Dios, mujeres felices que creen y transmiten fe y vida a sus hijos. La auténtica alegría no se fabrica desde fuera, brota del interior. En realidad, la alegría emerge cuando aprendemos a vivir en la verdad.
- Relacionarse: la relación íntima y personal del Espíritu Santo con María ha hecho posible que el Verbo de Dios asuma carne y se vaya formando hombre en su seno materno. La relación de María con el Verbo de Dios es extremamente misteriosa y delicada: Misteriosa porque la fecundación de su seno es obra de Dios mismo; delicada, porque está dando a Dios su carne y su sangre, pero sobre todo su amor, su dedicación y su entrega total.
REFLEXIÓN
Si tuviésemos que escribir la mejor historia de amor, seguramente escogeríamos como protagonista a María... Si tuviésemos que escribir la mejor historia de entrega y confianza, seguramente escogeríamos como protagonista también a la Virgen María. Y si tuviésemos que escribir una historia sobre el mejor discípulo que Jesús tuvo, la protagonista sería igualmente, la Virgen María.
Así es presentada María en este cuarto domingo de Adviento: como la mejor oyente de Dios. Porque si es cierto que el mejor discípulo es aquel que transmite lo que lleva dentro casi sin necesidad de hablar, ese discípulo es entonces María. Y sé que ni Isabel, ni el hijo que llevaba en sus entrañas sabían lo que le había ocurrido a María. Pero nada más entrar en casa de su prima, y sin hablar, los dos se dan cuenta de que hay algo especial en ella.
Las palabras que Isabel usa para saludar a María: « ¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! las usamos cada vez que rezamos el Avemaría. Jesús es esperado. Jesús es amado con su primer amor. Bendita tú eres,... bendito es tu hijo...Y Santa Isabel pregunta con humildad ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor?
Estas dos mujeres, María e Isabel, están inmersas en el misterio: Evidentemente hay cosas extrañas en torno a los os nacimientos. Isabel se da cuenta de ello en forma inmediata y con sus palabras refleja la adoración y el agradecimiento a Dios por el don recibido. Nos alienta esta escena a pedir al Señor que estemos siempre atentos a reconocer su presencia y a saber reconocer sus signos.
PARA LA VIDA
Érase una vez un rey generoso y sabio. Trataba a los ricos y a los pobres del mismo modo y era muy bondadoso con los niños. Un año todos sus súbditos decidieron celebrar una gran fiesta en el día de su cumpleaños. Y lo hicieron de manera distinta a los años anteriores. Como trataba a todos por igual decidieron que todos los regalos iban a estar envueltos con papel blanco para que parecieran iguales. Cuando llegó el día todos trajeron sus regalos blancos al rey.
Unos eran un puñado de arroz pero envuelto en papel blanco. Otros regalos eran joyas o marfil pero estos también estaban envueltos en papel blanco. Todos parecían iguales y cuando el rey los abrió trató a todos por igual porque sabía que todos llevaban el mismo amor y devoción.
Y los que no tenían regalos que ofrecer, firmaban en un libro blanco para ofrecerle su tiempo y sus talentos. ¿Ya ha encontrado el regalo perfecto para esta Navidad? ¿Ya ha practicado la elegancia social del regalo? Sus hijos no necesitan un nuevo juguete, le necesitan a usted. Su esposa no necesita el último perfume de Calvin Klein, le necesita a usted. Sus padres ya mayores no necesitan guantes nuevos, necesitan que usted les caliente sus manos con su calor. Dar cosas es fácil, darse uno mismo es lo difícil. Jesús es el regalo de Dios para todos nosotros y no necesita nada pero nos necesita a nosotros.
- El Saludo de María: hay muchas maneras de «saludar» a las personas. María trae paz, alegría y bendición de Dios. Lucas recordará más tarde, que Jesús pedía a sus seguidores: en cualquier casa que entréis, decid lo primero: Paz a esta casa. Todo saludo debe llevar la huella de Dios…como María a Isabel.
- La Vida: las madres portadoras de vida, son mujeres «bendecidas» por el creador: el fruto de sus vientres es bendito. María es la «bendecida» por excelencia: con ella nos llega Jesús, la gran bendición de Dios al mundo. Isabel termina exclamando: Dichosa tú, que has creído.
- La Felicidad: feliz el pueblo donde hay madres creyentes, portadoras de vida, capaces de irradiar paz y alegría. Feliz la Iglesia donde hay mujeres bendecidas por Dios, mujeres felices que creen y transmiten fe y vida a sus hijos. La auténtica alegría no se fabrica desde fuera, brota del interior. En realidad, la alegría emerge cuando aprendemos a vivir en la verdad.
- Relacionarse: la relación íntima y personal del Espíritu Santo con María ha hecho posible que el Verbo de Dios asuma carne y se vaya formando hombre en su seno materno. La relación de María con el Verbo de Dios es extremamente misteriosa y delicada: Misteriosa porque la fecundación de su seno es obra de Dios mismo; delicada, porque está dando a Dios su carne y su sangre, pero sobre todo su amor, su dedicación y su entrega total.
3° Domingo de Adviento, 12 Diciembre 2021, Ciclo C
San Lucas 3, 2b-3. 10-18
"¿Qué debemos hacer?”
Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.1.- Gaudette: alegraos siempre en el Señor, os lo repito. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. En este tercer domingo de Adviento debemos, pues, manifestar litúrgicamente nuestra alegría, nuestra paz y nuestro entusiasmo religioso. Los cristianos debemos ser personas alegres, no con una alegría bullanguera y aturdidora, sino con una alegría interior, manifestada en nuestro comportamiento y en nuestras relaciones con los demás. Así debemos celebrar en concreto este domingo <gaudete>.
2.-Razones Para la Alegría: Valorar y reforzar las fuerzas positivas de nuestra alma. Vivir abiertos hacia el prójimo. Tener un gran ideal, algo que centre nuestra existencia y hacia lo que dirigir lo mejor de nuestras energías. En el amor, preocuparse más por amar que por ser amados. Tener el alma siempre joven y, por tanto, siempre abierta a nuevas experiencias. Descubrir que Dios es alegre, que una religiosidad que atenaza o estrecha el alma no puede ser la verdadera, porque Dios o es el Dios de la vida o es un ídolo. Dios es alegría. Dios no quiere la tristeza, Dios es optimista, Dios es posibilidad de todo lo bueno, Dios es omnipotencia para hacer el bien.
3.-Necesidad de Conversión: El camino por donde podemos adquirir esa alegre liberación que debe disfrutar ya todo cristiano no es otro que la conversión. Conversión hacia Dios. La conversión lleva a compartir: el que tenga dos túnicas, debe dar al que no tiene; y el que tiene que comida, debe compartirla. Esto es una sociedad solidaria, es la que la Iglesia promueve, preocupada por dar a todos lo necesario. No podemos aceptar ciegamente la diferencia nacida del dinero o de la fuerza. Dios quiere que compartamos el bien que ha dado para todos. La conversión será duradera y profunda si somos capaces de criticar nuestra falsa manera de contemplar el mundo y los hombres. Una característica de la conversión de Juan es que no sólo es personal sino que va buscando una renovación social.
REFLEXIÓN
El tema de este tercer Domingo de Adviento puede girar alrededor de la pregunta: “y nosotros, ¿qué debemos hacer?”. Preparar el “camino” por donde el Señor viene, significa cuestionar nuestros límites, nuestro egoísmo y comodidad y operar una verdadera transformación de nuestra vida en la dirección de Dios.
La primera lectura, sugiere que en el principio, en medio y en el final de ese “camino de conversión”, nos espera el Dios que nos ama. Su amor no sólo perdona nuestras faltas, sino que provoca la conversión, nos transforma y nos renueva. De ahí la invitación a la alegría: Dios está en medio de nosotros y, a pesar de todas nuestras deficiencias, insiste en hacer el camino con nosotros, porque nos ama.
La segunda lectura insiste en las actitudes correctas que deben marcar la vida de todos los que quieren acoger al Señor: alegría, bondad, oración.
El Evangelio sugiere tres aspectos en los que esa transformación es necesaria: es preciso salir de nuestro egoísmo y aprender a compartir; es necesario romper los esquemas de explotación y de inmoralidad y proceder con justicia; es preciso renunciar a la violencia y a la prepotencia y respetar absolutamente la dignidad de nuestros hermanos. Por otra parte, el cristiano, “bautizado en el Espíritu”, recibe de Dios una vida nueva, y tiene que vivir de acuerdo con esa vida.
Es decir, el Mesías viene a recoger el fruto, el buen trigo, quemando en nosotros todo aquello que no sirve. En este tercer domingo de Adviento, domingo de la alegría, vivamos el gozo de la cercanía del Señor que viene a salvarnos. Pero que esta alegría sea no una alegría fugaz y superficial, sino una alegría en el Señor, pues Dios viene a nosotros, a traernos la paz y la confianza en Él. Preparemos esta venida del Señor dejando atrás todo aquello que es paja en nuestra vida, para sacar a relucir el buen fruto que Dios espera de nosotros.
No podemos exigir a los que se empeñan en vivir la Navidad con cara semi-acontecida que la vivan cristianamente. Ni tan siquiera podemos pretender que, otros que hablan de “espíritu navideño”, den un paso adelante y tengan la experiencia de unos días con Jesús el del pesebre. Pero ¿y nosotros? ¿Cómo la vivimos? ¿Ya pregonamos el secreto de la Navidad? El hecho de que algunas ciudades sean adornadas con aderezos que no dicen nada y que afean más que embellecen, no significa el que nosotros no podamos manifestar hacia fuera lo que, en nuestras casas, se vive por dentro: el Nacimiento de Cristo.
PARA LA VIDA
Mister Liddel era el presidente de la gran empresa Maximus, dueña de media docena de bancos y de siete grandes industrias internacionales. Todo conseguido por sus hábiles maniobras y buen olfato para los negocios. Un día llegó algo tarde a la reunión de accionistas pero, en vez de disculparse, puso a temblar a todos los funcionarios con su mirada fría y distante. De pronto, al fondo del salón observó la presencia de un limpiabotas. Era un viejo negro de aspecto humilde, con las manos sucias y con la ropa harapienta. Mister Liddel no lo había visto jamás, pero tenía unos minutos libres y podía permitirse el lujo de hacerse sacar un poco más de brillo a su fabuloso par de zapatos de 600 euros que llevaba puestos. El viejo negro trabajó con gran habilidad. Al terminar, Mister Liddel fue a darle un euro, pero se encontró con su mirada.
Una mirada extraña, profunda, con una luz bondadosa y divertida que le brillaba dentro. Al levantarse del banquillo, los zapatos de Mister Liddel salieron disparados como cohetes, llevándolo fuera del salón. Parecía que iba a un maratón, eso sí, un maratón un poco extraño. Los zapatos lo llevaron delante de un niño pobre sin piernas que pedía limosna en la calle, y no se movieron de allí hasta que Mister Liddel vació todo el contenido de la cartera en las manos del chaval aterrorizado. Luego, los zapatos llevaron a Mister Liddel hacia suburbios llenos de pobres chabolas y de gente que sufría, y de cuya existencia Mister Liddel nunca había oído. Los zapatos lo obligaron a ver lágrimas, soledad, miseria, abandono.
Después de unas cuantas horas, Mister Liddel estaba muy cansado, pero se sentía distinto. Por primera vez veía de verdad a la gente. Y para terminar, al atardecer, los zapatos hicieron una cosa inesperada: llevaron a Míster Liddel a una iglesia. Y es que no había vuelto a ella desde la primera comunión. Y vio al fondo una lucecita roja que brillaba. De pronto se acordó de la mirada profunda del limpiabotas negro y se sintió feliz como nunca se había sentido, y de repente lo comprendió todo. Luego, sus zapatos volvieron a ser normales. Entró de nuevo en el salón de reuniones y preguntó: - ¿Habéis visto donde ha ido a parar aquel limpiabotas negro?. – Por aquí no ha pasado ningún limpiabotas negro, señor, - le contestaron. Lo sospechaba. Además, ¿quién iba a creer que Dios era negro y que hacía de limpiabotas en las calles de la ciudad?.
1.- Gaudette: alegraos siempre en el Señor, os lo repito. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. En este tercer domingo de Adviento debemos, pues, manifestar litúrgicamente nuestra alegría, nuestra paz y nuestro entusiasmo religioso. Los cristianos debemos ser personas alegres, no con una alegría bullanguera y aturdidora, sino con una alegría interior, manifestada en nuestro comportamiento y en nuestras relaciones con los demás. Así debemos celebrar en concreto este domingo <gaudete>.
2.-Razones Para la Alegría: Valorar y reforzar las fuerzas positivas de nuestra alma. Vivir abiertos hacia el prójimo. Tener un gran ideal, algo que centre nuestra existencia y hacia lo que dirigir lo mejor de nuestras energías. En el amor, preocuparse más por amar que por ser amados. Tener el alma siempre joven y, por tanto, siempre abierta a nuevas experiencias. Descubrir que Dios es alegre, que una religiosidad que atenaza o estrecha el alma no puede ser la verdadera, porque Dios o es el Dios de la vida o es un ídolo. Dios es alegría. Dios no quiere la tristeza, Dios es optimista, Dios es posibilidad de todo lo bueno, Dios es omnipotencia para hacer el bien.
3.-Necesidad de Conversión: El camino por donde podemos adquirir esa alegre liberación que debe disfrutar ya todo cristiano no es otro que la conversión. Conversión hacia Dios. La conversión lleva a compartir: el que tenga dos túnicas, debe dar al que no tiene; y el que tiene que comida, debe compartirla. Esto es una sociedad solidaria, es la que la Iglesia promueve, preocupada por dar a todos lo necesario. No podemos aceptar ciegamente la diferencia nacida del dinero o de la fuerza. Dios quiere que compartamos el bien que ha dado para todos. La conversión será duradera y profunda si somos capaces de criticar nuestra falsa manera de contemplar el mundo y los hombres. Una característica de la conversión de Juan es que no sólo es personal sino que va buscando una renovación social.
REFLEXIÓN
El tema de este tercer Domingo de Adviento puede girar alrededor de la pregunta: “y nosotros, ¿qué debemos hacer?”. Preparar el “camino” por donde el Señor viene, significa cuestionar nuestros límites, nuestro egoísmo y comodidad y operar una verdadera transformación de nuestra vida en la dirección de Dios.
La primera lectura, sugiere que en el principio, en medio y en el final de ese “camino de conversión”, nos espera el Dios que nos ama. Su amor no sólo perdona nuestras faltas, sino que provoca la conversión, nos transforma y nos renueva. De ahí la invitación a la alegría: Dios está en medio de nosotros y, a pesar de todas nuestras deficiencias, insiste en hacer el camino con nosotros, porque nos ama.
La segunda lectura insiste en las actitudes correctas que deben marcar la vida de todos los que quieren acoger al Señor: alegría, bondad, oración.
El Evangelio sugiere tres aspectos en los que esa transformación es necesaria: es preciso salir de nuestro egoísmo y aprender a compartir; es necesario romper los esquemas de explotación y de inmoralidad y proceder con justicia; es preciso renunciar a la violencia y a la prepotencia y respetar absolutamente la dignidad de nuestros hermanos. Por otra parte, el cristiano, “bautizado en el Espíritu”, recibe de Dios una vida nueva, y tiene que vivir de acuerdo con esa vida.
Es decir, el Mesías viene a recoger el fruto, el buen trigo, quemando en nosotros todo aquello que no sirve. En este tercer domingo de Adviento, domingo de la alegría, vivamos el gozo de la cercanía del Señor que viene a salvarnos. Pero que esta alegría sea no una alegría fugaz y superficial, sino una alegría en el Señor, pues Dios viene a nosotros, a traernos la paz y la confianza en Él. Preparemos esta venida del Señor dejando atrás todo aquello que es paja en nuestra vida, para sacar a relucir el buen fruto que Dios espera de nosotros.
No podemos exigir a los que se empeñan en vivir la Navidad con cara semi-acontecida que la vivan cristianamente. Ni tan siquiera podemos pretender que, otros que hablan de “espíritu navideño”, den un paso adelante y tengan la experiencia de unos días con Jesús el del pesebre. Pero ¿y nosotros? ¿Cómo la vivimos? ¿Ya pregonamos el secreto de la Navidad? El hecho de que algunas ciudades sean adornadas con aderezos que no dicen nada y que afean más que embellecen, no significa el que nosotros no podamos manifestar hacia fuera lo que, en nuestras casas, se vive por dentro: el Nacimiento de Cristo.
PARA LA VIDA
Mister Liddel era el presidente de la gran empresa Maximus, dueña de media docena de bancos y de siete grandes industrias internacionales. Todo conseguido por sus hábiles maniobras y buen olfato para los negocios. Un día llegó algo tarde a la reunión de accionistas pero, en vez de disculparse, puso a temblar a todos los funcionarios con su mirada fría y distante. De pronto, al fondo del salón observó la presencia de un limpiabotas. Era un viejo negro de aspecto humilde, con las manos sucias y con la ropa harapienta. Mister Liddel no lo había visto jamás, pero tenía unos minutos libres y podía permitirse el lujo de hacerse sacar un poco más de brillo a su fabuloso par de zapatos de 600 euros que llevaba puestos. El viejo negro trabajó con gran habilidad. Al terminar, Mister Liddel fue a darle un euro, pero se encontró con su mirada.
Una mirada extraña, profunda, con una luz bondadosa y divertida que le brillaba dentro. Al levantarse del banquillo, los zapatos de Mister Liddel salieron disparados como cohetes, llevándolo fuera del salón. Parecía que iba a un maratón, eso sí, un maratón un poco extraño. Los zapatos lo llevaron delante de un niño pobre sin piernas que pedía limosna en la calle, y no se movieron de allí hasta que Mister Liddel vació todo el contenido de la cartera en las manos del chaval aterrorizado. Luego, los zapatos llevaron a Mister Liddel hacia suburbios llenos de pobres chabolas y de gente que sufría, y de cuya existencia Mister Liddel nunca había oído. Los zapatos lo obligaron a ver lágrimas, soledad, miseria, abandono.
Después de unas cuantas horas, Mister Liddel estaba muy cansado, pero se sentía distinto. Por primera vez veía de verdad a la gente. Y para terminar, al atardecer, los zapatos hicieron una cosa inesperada: llevaron a Míster Liddel a una iglesia. Y es que no había vuelto a ella desde la primera comunión. Y vio al fondo una lucecita roja que brillaba. De pronto se acordó de la mirada profunda del limpiabotas negro y se sintió feliz como nunca se había sentido, y de repente lo comprendió todo. Luego, sus zapatos volvieron a ser normales. Entró de nuevo en el salón de reuniones y preguntó: - ¿Habéis visto donde ha ido a parar aquel limpiabotas negro?. – Por aquí no ha pasado ningún limpiabotas negro, señor, - le contestaron. Lo sospechaba. Además, ¿quién iba a creer que Dios era negro y que hacía de limpiabotas en las calles de la ciudad?.
2° Domingo de Adviento, 5 Diciembre 2021, Ciclo C
San Lucas 3, 1 - 6
- Preparar el Camino: para abrirle un camino a Dios es necesario descender al fondo de nuestro corazón. Quien no busca a Dios en su interior es difícil que lo encuentre fuera. En nosotros encontraremos miedos, preguntas, deseos, vacíos, pero no importa, Dios está ahí. Él nos ha creado con un corazón que lo buscará hasta que descanse en él.
- El Desierto: la Palabra de Dios vino sobre Juan, en el desierto. Sólo en el silencio, despojados de todo, en desierto, se puede escuchar la voz y la llamada de Dios a cambiar el interior. Según Isaías, el «desierto» era el mejor lugar para abrirse a Dios e iniciar la conversión. Oseas dirá que es en el «desierto» donde Dios habla “de corazón a corazón».
- La Conversión: el encuentro con Dios acontece cuando a uno le nace desde dentro esta oración: «Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador». Éste es el mejor camino para recuperar la paz y la alegría interior. Despertar la confianza total en este amor puede ser comenzar a vivir de una manera nueva y gozosa con Dios.
- Escuchar: la voz de Dios en lo profundo del corazón y en actitud de humildad. Así lo hizo Juan Bautista: su corazón atento, su silencio y humildad le llevaron a figurar ante los ojos de Dios como el más grande de los profetas. A Dios se le escucha en el silencio, en las entrañas del corazón, en la humildad del pesebre.
1° Domingo de Adviento, 28 Noviembre 2021, Ciclo C
San Lucas 21, 25-28. 34-36
1.- Adviento: La palabra “adviento” significa llegada, venida; se refiere a la llegada a este mundo de Jesús, llegada que sucedió hace ya dos mil veintiún años. Toda nuestra vida puede ser considerada un Adviento. Durante toda nuestra vida debemos también vivir esperando la segunda venida de nuestro Señor, que vendrá a liberarnos definitivamente del pecado y de la maldad. También durante todos los días de nuestra vida, no sólo las cuatro semanas del Adviento, debemos mirar al Hijo del hombre, que vendrá con poder y gloria al final de los tiempos, como a un Cristo liberador.
2.- El Amor Mutuo: es el primer mandamiento que debemos cumplir si queremos presentarnos santos e irreprochables ante el Señor Jesús en su segunda venida. Amemos a todas las personas del mundo con amor cristiano, con amor universal, aunque sean personas de otras religiones, de otras razas, de otras lenguas. Esto es algo que más de una vez nos resultará difícil de hacer, pero es algo que no podemos omitir, si queremos presentarnos santos irreprochables ante el Señor en su segunda venida.
3.- La Justicia: para nosotros, los cristianos, Jesús es el Justo por excelencia, por tanto si nosotros queremos ser buenos discípulos de Jesús debemos ser ante todo personas justas. La justicia debe ser para nosotros una virtud primera, como consecuencia precisamente de nuestro amor mutuo y de nuestro amor a todos. El que no es justo con el prójimo y con todos no podrá nunca decir que ama al prójimo y a todos, es decir, que tiene un amor católico, universal.
4.- La Esperanza: se abraza con el amor en su dimensión universal, llegando más allá de toda frontera, de toda discriminación y de todo condicionamiento. Hay muchos cristianos desanimados porque no ven a los jóvenes participando en la Eucaristía, otros se sienten desconcertados ante la falta de valores y la desintegración de muchas familias, hay quien está decepcionado porque ve una Iglesia demasiado instalada y alejada del Evangelio. Ante esto optan por la pasividad o resignación y niegan cualquier posibilidad de cambio. Hoy la Palabra de Dios nos alerta para que nos demos cuenta de que Jesús, el Hijo del Hombre, viene a liberarnos de todas nuestras dudas e incertidumbres. Él es nuestra justicia y nuestra salvación.
REFLEXIÓN
En este primer Domingo de Adviento, la Palabra de Dios nos presenta una primera inclusión en la “venida” del Señor.
En la primera lectura, por boca del profeta Jeremías, el Dios de la alianza anuncia que es fiel a sus promesas y que va a enviar a su Pueblo un “vástago” de la familia de David. Su misión será realizar ese mundo soñado de justicia y de paz: fecundidad, bienestar, vida en abundancia, serán los frutos de la acción del mesías.
La segunda lectura nos invita a no instalarnos en la mediocridad y en la comodidad, sino a esperar, con una actitud activa, la venida del Señor. Es fundamental, en esa actitud, la vivencia del amor: él es el centro de nuestro testimonio personal, comunitario, eclesial
El Evangelio nos presenta a Jesús, el mesías hijo de David, anunciando a todos los que se sienten prisioneros: “alegraos, vuestra liberación está próxima. El mundo viejo al que estáis encadenados va a caer y, en su lugar, va a nacer un mundo nuevo, donde conoceréis la libertad y la vida en plenitud. Estad atentos, para acoger al Hijo del Hombre que os va a traer ese mundo nuevo”. Es necesario, sin embargo, reconocerlo, saber identificar sus llamadas y tener el coraje de construir, con él, la justicia y la paz.
El tiempo de Adviento, que empieza precisamente hoy, nos insta a prepararnos para acoger al Señor que vendrá. Pero ¿cómo prepararnos? La significativa celebración que estamos realizando nos muestra que un modo concreto para disponernos a ese encuentro es la proximidad y la comunión con quienes, por cualquier motivo, se encuentran en dificultad. Al reconocer a Cristo en el hermano, nos disponemos a que él nos reconozca cuando vuelva definitivamente. Así la comunidad cristiana se prepara para la segunda venida del Señor: poniendo en el centro a las personas que Jesús mismo ha privilegiado, las personas que la sociedad a menudo margina y no considera.
Ayúdanos a orientar nuestro corazón hacia ti; ayúdanos a reconocer tu rostro que resplandece en toda criatura humana, aunque esté probada por la fatiga, la dificultad y el sufrimiento. Haz que comprendamos que "la gloria de Dios es el hombre que vive" (san Ireneo de Lyon, Adv. haer., IV, 20, 7), y que un día podamos gustar, en la visión divina, junto con María, Madre de la humanidad, la plenitud de la vida redimida por ti. Amén.
PARA LA VIDA
Un día, Alfredo, despertó en una víspera de Navidad, muy contento, pues una fecha muy importante estaba por llegar. Era el día del aniversario del Niño Jesús y el día en que Papá Noel vendría de visita como todos los años. Con sus cinco añitos, esperaba ansiosamente el caer de la noche, para volver a dormir y espiar el zapato que estaba en el frente de la puerta, pues no tenía árbol de Navidad. Se durmió muy tarde, para ver si conseguía atrapar a aquel "viejito", pero como el sueño era mayor que su voluntad, se durmió profundamente. En la mañana de Navidad, observó que su zapato no estaba allí, y que no había regalo alguno en toda su casa.
Su padre, sin trabajo, con los ojos llenos de lágrimas, observaba atentamente a su hijo, y esperaba tomar coraje para hablarle y decirle que su sueño no existía. Con mucho dolor en el corazón lo llamó: - Alfredo, hijo mío, ¡ven aquí! - ¿Papá? - ¿Que ocurre hijo? - Papá Noel se olvidó de mí... Hablando de eso, Alfredo abrazó a su padre y los dos se pusieron a llorar, cuando Alfredo habló: - ¿El también se olvidó de ti papá? – No, hijo mío.
El mejor regalo que yo podría haber ganado en la vida está en mis brazos, y quédate tranquilo pues yo sé que Papá Noel no se olvidó de ti. - Pero todos lo otros niños vecinos están jugando con sus regalos... El se olvidó de nuestra casa. - No se olvidó... El regalo te está abrazando ahora y va a llevarte a uno de los mejores paseos de tu vida. Y así, los dos fueron a un parque y Alfredo jugó con su padre durante el resto del día, regresando caída ya la noche.
Llegando a casa muy somnoliento, Alfredo fue para su cuarto y "escribió" para Papá Noel: "Querido Papá Noel, yo sé que es demasiado tarde para pedir alguna cosa, pero quiero agradecer el regalo que me diste. Deseo que todas las Navidades que yo pase, hagas que mi padre olvide sus problemas y que él pueda distraerse conmigo, pasando una tarde maravillosa como la de hoy.
Gracias por mi vida, pues descubrí que no es con juguetes que somos felices, y sí con el verdadero sentimiento que está dentro de nosotros y que Dios despierta en las Navidades. De quien te agradece por todo: Alfredo”. Y se fue a dormir. Entrando al cuarto para dar las buenas noches a su hijo, el padre de Alfredo vio la carta y a partir de ese día no dejó que sus problemas afectasen la felicidad de ellos y comenzó a hacer que todos los días fuesen Navidad para los dos.