4° Domingo del Tiempo Ordinario, 29 Enero 2017, Ciclo A


San Mateo  5, 1 - 12a

Felices los pobres porque Dios será su felicidad
    Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.

  1. Los Pobres: los que saben vivir con poco. Tendrán menos problemas, estarán más atentos a los necesitados y vivirán con más libertad. El día en que lo entendamos, seremos más humanos. 
  2. Los Mansos: los que vacían su corazón de violencia y agresividad. Son un regalo para este pueblo. Cuando todos lo hagamos, podremos convivir en verdadera paz. 
  3. Los que Loran: son gente buena. Con ellos se puede construir un mundo más fraterno y solidario. 
  4. Los que Tienen Hambre y Sed de Justicia: los que no han perdido el deseo de ser más justos ni el afán de hacer una sociedad más justa. En ellos alienta lo mejor del espíritu humano. 
  5. Los Misericordiosos: los que saben perdonar en lo hondo de su corazón. Sólo Dios conoce su lucha interior y su grandeza. Son ellos los que mejor nos pueden acercar hacia la reconciliación. 
  6. Los de Corazón Limpio:  se puede confiar en ellos para construir el futuro. 
  7. Los que Trabajan por la Paz: sin desalentarse ante los obstáculos y dificultades, y buscando siempre el bien de todos. Los necesitamos para reconstruir la convivencia. 
  8. Los Perseguidos: por actuar con justicia, y responden con mansedumbre a las injurias y ofensas. Ellos nos ayudan a vencer el mal con el bien. 
  9. Los que Reciben Insultos, Injurias y Calumnias: por seguir fielmente la trayectoria de Jesús. Su sufrimiento no se perderá inútilmente. 
  10. El Reino de Dios: conlleva incomprensiones de parte de los que sienten que modificándose el estado actual de cosas son afectados sus intereses; éstas se traducen en persecuciones, insultos, calumnias y múltiples dificultades actuales para quienes trabajan por la causa de Jesús, pero que no dejarán de ser recompensados por el Señor con sus bienaventuranzas.

REFLEXIÓN

   En este cuarto domingo del Tiempo Ordinario la Palabra de Dios nos trae la gran propuesta de Cristo: el programa de las Bienaventuranzas. Como un nuevo Moisés, Jesús expone desde lo alto de un monte la nueva ley de su Reino. Es el ̈Sermón de la montaña ̈, que comienza con las Bienaventuranzas. Todas ellas se resumen en la primera: la de los pobres de espíritu, aquellos que lo dejan todo para seguir e imitar a Cristo.
 
   En la primera lectura de la misa del hoy, el profeta Sofonías, profetiza en el siglo VII antes de Cristo, en un momento donde se habían dado grandes diferencias entre ricos y pobres en Israel. La pobreza se había incrementado notablemente, y el profeta, denuncia esta situación y anuncia la protección de Dios sobre los pobres y humildes.
 
   Y en el Evangelio de hoy se nos presentan las Bienaventuranzas. ¿Cuántas veces hemos escuchado a mucha gente, y tal vez nosotros mismos decir que lo importante ̈es tener salud? Sin embargo, existe mucha gente sana que se siente tremendamente desdichada y por otro lado, hay muchos enfermos y a veces gravemente enfermos, que se sienten felices.
 
    Señor hoy, nos quiere abrir los ojos, y nos enseña el verdadero camino de la felicidad. El Sermón de la Montaña, es una especie de catecismo elemental de vida cristiana, y empieza justamente con un preámbulo, que son las Bienaventuranzas.
   Así como Moisés al formar el pueblo de Dios subió a una montaña, lugar tradicional de la manifestación de Dios, así mismo lo hizo Jesús. Sentado, en actitud de enseñar, así como Moisés, Jesús proclama solemnemente la Ley, pero en una nueva formulación. Jesús es el nuevo y el verdadero Moisés, que exige una ̈Justicia superior a la de la Antigua Alianza para entrar en el Reino de los Cielos. La Voluntad de Dios que se manifiesta en este célebre Sermón, vale para todos.
 
   Las Bienaventuranzas, son a la vez promesa y exigencia. Jesús declara dichosos a los que normalmente son considerados desgraciados.

PARA LA VIDA


    Hacia el final de su vida Sir Cecil Rhodes, constructor de un gran imperio en África del Sur, fue felicitado por un reportero por sus grandes éxitos. Usted debería ser un hombre muy feliz, le dijo. Sir Cecil Rhodes le contestó: “¿Feliz? Oh Dios mío, no. 
 
    He pasado mi vida acumulando riqueza y ahora tengo que gastarla toda. La mitad se la llevan los médicos para evitar ir a la tumba y la otra mitad se la llevan los abogados para evitar ir a la cárcel”. Con un poco de humor Sir Cecil Rhodes reconocía las limitaciones de la felicidad humana y del poder del dinero.
 
   Cuando se conquistó el Oeste Americano, la gente viajaba en diligencia. Lo que, tal vez, no sabe usted es que había tres clases de viajeros. Los viajeros de primera, pasara lo que pasara en esos viajes turbulentos, permanecían sentados todo el tiempo. Los viajeros de segunda, cuando surgía un problema, bajaban de la diligencia mientras se solucionaba el problema y miraban.
 
   Los viajeros de tercera tenían que salir, mancharse las manos, arreglar la rueda rota, empujar…poner la diligencia en marcha. En este viaje hacia la casa de Dios nos decía el Señor hay que cambiar de vida y de corazón, eso sólo lo podemos hacer cada uno. En este viaje hacia una vida más digna, hacia una comunidad más unida, hacia un barrio más seguro, necesitamos la ayuda de todos. Todos tenemos que ser viajeros de tercera. Todos llamados a trabajar juntos.