6° Domingo del Tiempo Ordinario, 12 Febrero 2017, Ciclo A


San Mateo  5, 17 - 37

“ Si no Sois Mejores que los Escribas y Fariseos... 

    Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.

  1. No Matar: muchos podrían decir que nunca han matado a nadie. Hay formas sutiles de matar al prójimo y que no le privan de la vida física pero sí pueden privarle de la vida espiritual: los ataques a la buena fama, el desprecio, el escándalo, la ofensa… Son otras formas de matar. Y así no bastará no matar. Será necesario no enojarse con el hermano, no enfadarse con él, no boicotearle, no pisarlo, no ignorarlo, no olvidarlo, no despreciarlo. Y si algo de esto sucede, que sucede naturalmente, el cristiano tendrá que remediarlo inmediatamente si quiere que su ofrenda sea agradable a los ojos de Dios.
  2. El Adulterio: “Habéis oído el mandamiento no cometerás adulterio. Pues yo os digo: el que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior”. La pureza y la castidad hay que vivirlas primeramente en los pensamientos y deseos, en el corazón. Y para que el corazón no se ensucie hay que estar lejos de la tentación, evitar las ocasiones: “Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el abismo”. El cristiano tiene ante sí otro reto puesto por Jesucristo: el de considerar a la mujer como persona con la que compartir un proyecto de vida, el de dar una espléndida lección al mundo, mostrar qué maravilla son capaces de forjar dos seres que, considerándose iguales, viven fundados en Cristo. 
  3. El Divorcio: no se trata ya de atenerse únicamente a seguir un procedimiento La intención no se centra en cómo separarse rápidamente, sino ante todo, el cómo mantener lo que Dios ha unido. Cuando un hombre sabe decir SI a determinadas situaciones y mantener ese sí, por encima de todo y, al propio tiempo, sabe decir NO ante otras situaciones determinadas y mantener ese no por encima de todo, nos hemos topado con un hombre de cuerpo entero. Pues bien, para Cristo, los cristianos debieran ser estos hombres. No les hará falta jurar por nada ni por nadie, será suficiente que su vida sea de tal categoría y calibre que su sí o su no, sean una garantía total para los demás. 
REFLEXIÓN 

   En el Evangelio de hoy, Jesús hace referencia a aquello que consideramos el resumen del código moral del Antiguo Testamento: los mandamientos de la Ley de Dios. Según el pensamiento de Jesús, la Ley no consiste en principios meramente externos. No. La Ley no es una imposición venida de fuera. Todo lo contrario. En verdad, la Ley de Dios corresponde al ideal de perfección que está radicado en el corazón de cada hombre. 
   Esta es la razón por la cual el cumplidor de los mandamientos no solamente se siente realizado en sus aspiraciones humanas, sino también alcanza la perfección del cristianismo, o, en las palabras de Jesús, alcanza la perfección del reino de Dios: «El que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos» (Mt 5,19). 
   Hoy está a la orden del día no sólo la infidelidad en las relaciones hombre-mujer, sino la constante propaganda que pone la satisfacción propia por encima de cualquier otro sentimiento. Lo importante, puesto que se vive sólo una vez, sería entonces, gozar, poseer, mandar, triunfar cuanto más mejor. 
   Y viene Jesús dando un giro a esta actitud. El hombre del Reino de Dios, el cristiano, tiene que tener clarísimo que él es hijo de Dios y que el hombre que vive a su lado también lo es.
   Por eso, el cristiano cree que es posible el amor, ese amor «hasta que la muerte nos separe» y que para sí quisieran los más progresistas del mundo. Pero lo cree sabiendo que el amor es fundamentalmente entrega y no satisfacción propia. 
   No basta con no matar, hay que respetar la vida. Y no se respeta la vida cuando se consiente o no se hace lo suficiente para impedir que el prójimo muera de hambre. ¿Cómo es posible que con tantos recursos técnicos, tanto progreso, con tantas cosechas y frutas que quedan sin recoger, haya tantos millones de hombres, mujeres y niños en la más absoluta miseria? Se puede llamar progreso humano a esto?. 

PARA LA VIDA
   Érase una vez un escultor a quien un obispo le había encargado una estatua para la catedral. Cuando llegó el día de entregarla, el escultor se sentía mal, no estaba satisfecho de su trabajo y no le gustaba su estatua. Llamó a su ayudante para que le ayudara a transportarla y le dijo: ya tenía ganas de quitarme de encima este muerto. Su ayudante de mal humor miró para otro lado.
    Entonces el escultor recordó las veces que le había maltratado e insultado durante el trabajo. Éste le pidió perdón y el viaje hasta la catedral se hizo más agradable. En el camino se encontró con su mujer que le miró con desprecio y no quería viajar con ellos. Pero el escultor, con humildad, le pidió perdón y ella con una sonrisa se lo dio y se sentó junto a su marido.
   Más adelante se encontró con el cantero que le había vendido la piedra para hacer la estatua. El cantero le miró con ira porque no le había pagado a pesar de sus promesas. El escultor se disculpó una vez más y pagó su deuda y viajó con ellos a la catedral.
   Cuando llegaron a la catedral, la mujer del escultor invitó al obispo para que viera la estatua mientras el escultor, su ayudante y el cantero la descargaban. Cuando la descubrieron todos se maravillaron de su extraordinaria belleza. El más sorprendido fue el escultor y es que cada vez que pedía perdón y se reconciliaba la estatua se hacía más hermosa.