San Lucas 10, 25-37
“Anda, Haz Tú Lo Mismo”
Homilía PadreLuis Guillermo Robayo M.
- La Ley:la norma moral, está cerca como Dios mismo; sin la ayuda de Dios el hombre no llega a cumplirla. Los mandamientos de Dios son la guía segura que el Señor ha puesto a nuestra disposición para actuar conforme a su voluntad.
- La Búsqueda: todo el que busca al Señor, vivirá. La oración alcanza a Dios y, por tanto, la vida. La oración es expresión de la búsqueda. A Dios no hay que ir a buscarlo lejos, arriba al cielo, o más allá del mar, porque él mismo vino a buscamos, se hizo prójimo nuestro: “El Señor está cerca de quien lo busca”.
- El Prójimo: aquel que usó de misericordia. Es todo aquél que se encuentra en necesidad y nos tiende la mano. Jesús es el Buen Samaritano, el Médico Bueno de la Humanidad enferma. Hay que salir al paso de la necesidad del prójimo, sea cual sea su condición, raza o estado. El amor no tiene límite. Sólo ese amor nos abrirá las puertas del cielo.
- El Samaritano: comienza con acercarse al herido, se le «aproxima». No puede haber amor efectivo y eficaz si no hay alguna proximidad igualmente real y física. El amor del prójimo comienza frecuentemente con los propios pasos, que interrumpen un camino preciso, para ir al encuentro con otro.
- Hacer el Bien: buscar realizar el bien, sin mirarse así mismo, e intentando recuperar al necesitado debe ser la máxima de nuestra vida, el orgullo de nuestra Iglesia. Es verdad que, nunca como hoy, a través de los medios de comunicación social se nos cuelan en nuestros hogares imágenes de pobreza de los cinco continentes del mundo que nos llevan a pensar que “es imposible que podamos hacer nosotros más”. ¡Si podemos! No perder la sensibilidad.
REFLEXIÓN
En la parábola del samaritano llevaba consigo los "ungüentos curativos" del día; Vino para la limpieza, aceite para favorecer la curación. La parábola nos sugiere que con el Espíritu de Dios tenemos los elementos necesarios para sanar y ayudar.
El buen samaritano se acerca a aquél hombre herido, lo primero que hay que hacer es acercarse al hermano sufriente, le vendó las heridas, hizo lo que sabía y lo que podía y después lo llevó a la posada para que lo atendieran, lo puso en manos de aquellas personas que podían ayudarlo mejor que él para que se repusiera totalmente y además de hacerse cargo de los gastos, prometió volver para visitarlo. El samaritano puso su corazón en la miseria y pobreza de aquél hombre.
Esto es lo que debemos hacer nosotros. No solamente cuidar y hacer que cada creyente sea buen samaritano, sino tener capacidad para comprometer a otros a realizar esta misma tarea Esta capacidad de atracción para estimular a otros no la tendremos si no realizamos la tarea con el amor misericordioso del Señor, de situar al hombre frente a la vida, dando bien aunque a él le venga el mal.
La tarea entusiasma cuando se hace algo importante; a los hombres les entusiasma amar con la misma fuerza de Dios, transformar la realidad con esa fuerza de Dios, ya que sus propias fuerzas, muchas veces debilitadas, no producen el suficiente entusiasmo o es pasajero. La tarea del buen samaritano, como tarea de Dios, sí que enardece y tiene atractivo para toda la vida. Nuestra Iglesia necesita hombres que realicen la tarea pastoral desde estas dimensiones y desde esta manera de entender la actuación de Dios entre los hombres.
PARA LA VIDA
Hace un tiempo leí una historia en la revista Time titulada "Una conspiración de bondad". Johtje y Art Vos eran una pareja holandesa que arriesgó sus vidas durante el Holocausto para esconder a los judíos de los nazis. Formaban parte de un grupo llamado "Rescatadores" que salvó casi 500,000 vidas. Cuando se les preguntó a Johtje y Art qué los hizo correr tales riesgos, ellos y otros respondieron de una manera similar, que sonaba bastante común: "No lo pensamos". Uno de los rescatistas lo expresó de esta manera: "Comenzaste a guardar una maleta para un amigo y antes de que te dieras cuenta, ya no sabías nada. Hicimos lo que haría cualquier ser humano". Bueno, ¡ningún ser humano! no veían a los judíos como "judíos" primero, sino como seres humanos.
El samaritano no vio a un judío al lado de la carretera, vio a una persona lesionada. Dibuja tus propios paralelos a nuestro día. El artículo se titulaba "Conspiración de la bondad". La conspiración no siempre es una noción amenazadora, significa "respirar con". Eso es lo que somos como iglesia; Somos una conspiración de la bondad. Respiramos juntos el mismo aliento del Espíritu de Dios para hacer el bien, independientemente de los orígenes, estado civil, raza, orientación sexual o religión de las personas. El Espíritu respira en nosotros para hacer que el instinto de ayudar a otros sea una respuesta natural; Tan natural como respirar y exhalar.