3° Domingo de Adviento, 15 de Diciembre de 2019, Ciclo A

San Mateo 11, 2-11
 "Estad Siempre Alegres en el Señor"
Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.


1.-La Esperanza: lo anima todo; la imaginación lo embellece y hace saltar de gozo el corazón. Esa es la noticia consoladora, la Buena Nueva. Con Dios, reinan la alegría, el gozo y la paz.
2.-La Alabanza a Dios:  surge espontáneamente de la contemplación de sus obras o del recuerdo de sus maravillas.  Es una anunciación de la maravillosa y condescendiente postura de Dios para con los hombres, en especial para los más necesitados: da pan a los hambrientos, sustenta al huérfano y a la viuda, protege al peregrino, abre los ojos al ciego.
3.- La Paciencia: es una virtud; es una virtud cristiana. Y lo es en resumidas cuentas porque el cristiano se hace solidario de la paciencia del Señor. Dios es paciente. Cristo, el Señor, es paciente; los profetas del Señor han dado también muestras de paciencia. En el fondo la paciencia nos une con la pasión del Señor. El Señor tarda; tened paciencia. El Señor viene, ya está cerca, a la puerta. Ante la perspectiva de la venida del señor, Juez de todo, no cabe otra actitud: paciencia, aguante, firmeza, serenidad y dominio de sí mismo.
4.- LA VENIDA DEL SALVADORCristo está cerca, viene como juez. Es menester esperar. A un cristiano lo caracteriza la paciencia, la espera. Esperemos y aprendamos de Cristo y de los profetas. Sumemos nuestras penas a las de Cristo redentor. La vocación cristiana exige una actitud valiente. Dios primero hace que experimentemos su bondad, nos acoge y nos bendice; luego nos mueve a que seamos fieles a su Evangelio, a sus leyes y a sus mandatos. 

REFLEXIÓN

   Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, viene en persona y os salvará La liturgia de este 3º Domingo de Adviento anuncia la proximidad de la intervención liberadora de Dios y enciende la esperanza en el corazón de los creyentes. Nos dice: “no os inquietéis; alegraos, pues la liberación está a punto de llegar”.

   La primera lectura anuncia la llegada de Dios, que va a ofrecer una vida nueva a su Pueblo, para liberarlo y conducirlo, en un escenario de alegría y de fiesta, hasta la Tierra de la libertad.
   La segunda lectura nos invita a no dejar que la desesperación nos envuelva mientras esperamos y aguardamos la venida del Señor con paciencia y confianza.
   El Evangelio nos describe, de forma sugerente, la acción de Jesús, el Mesías (ese mismo que esperamos en este Adviento): él vendrá a dar vista a los ciegos, a hacer que los cojos recuperen el movimiento, a curar a los leprosos, a hacer que los sordos oigan, a resucitar a los muertos, a anunciar a los pobres que el “Reino” de la justicia y de la paz ha llegado.

   "Está cerca". En el pobre y en el que sufre. En los acontecimientos, cuando sabemos vivirlos como estímulos al crecimiento y al amor. En la naturaleza, huella y obra del Creador. En nuestro interior profundo que reclama acercarse a su origen divino por medio de experiencias positivas de paz, de crecimiento, de riesgo justificado, de amor, de gozo, de eficacia.
El reino de Dios no llega a la fuerza, sino que, como se refleja en numerosas parábolas, es como una semilla que crece silenciosamente. Pero está ahí creciendo mente. El labrador lo sabe. Y Jesús es como el "labrador" del reino que anuncia.

   Jesús es el hombre que sabe liberar con su acogida, su cercanía, su palabra, su fe en el Padre, su búsqueda apasionada de fraternidad. Recibámoslo!!!


PARA LA VIDA

   Había una vez un hombre que era muy rico. Era dueño de tantos negocios, de tantas fábricas y de tantos bancos, que todas las semanas recibía en su palacio varios camiones cargados de dinero. Ya no sabía dónde invertirlo ni en que gastarlo. Todo lo que le gustaba se lo compraba: aviones, barcos, trenes, edificios, monumentos, etc. Su gran pasión era comprar y consumir. Hasta que llegó un día en que este hombre tenía de todo. No había nada que no tuviera.

   Todo era suyo. Aunque, a decir verdad, había una cosa que no conseguía tener. Y por más que compraba cosas, nunca la lograba encontrar. Esa cosa era la alegría. Nunca encontró la tienda donde la vendían. Se empeñó en buscarla costara lo que costara porque era lo último que le quedaba por tener. Recorrió medio mundo buscándola, pero no daba con ella. Estando en un pequeño pueblo, se enteró de que un anciano sabio podría ayudarle.

   Vivía en lo alto de una montaña, en una humilde y pobre cabaña. Hacia allí se dirigió y allí lo encontró. Al verlo, le dijo: - Me han dicho que usted podría ayudarme a encontrar la alegría. El anciano lo miró con una sonrisa y le contestó: - Pues ya la ha encontrado, amigo. Yo tengo mucha alegría. ¿Usted?, respondió el hombre extrañado - ¡Pero si usted no tiene más que una pobre cabaña!. Es cierto y gracias a ello tengo alegría, porque voy dando todo lo que tengo de más al que lo necesita - respondió el anciano.  ¿Y así se consigue la alegría? -preguntó el hombre.

   Así la he encontrado yo - dijo el anciano. El hombre se marchó pensativo. Al cabo de un tiempo, se decidió a dar todo lo que no necesitaba a los más pobres. Con gran sorpresa, de repente, descubrió que en su corazón crecía la alegría y se sintió, por primera vez en su vida, realmente feliz. Se había dado cuenta de que había más alegría en dar y en hacer felices a los demás, que en recibir y tener cosas sin compartirlas.