32° Domingo del Tiempo Ordinario, 8 de Noviembre 2020, Ciclo A

 San Mateo 25, 1 - 13

"Ya Viene el Esposo, Salgan a su Encuentro"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 

1.- Estar Atentos: debemos vivir siempre preparados para encontrarnos con Jesús, con Dios, cuando tengamos que comparecer ante él, en cualquier momento que él nos llame. Y como no sabemos cuándo nos va a llamar, debemos vivir preparados, es decir, esperándole siempre, durante toda nuestra vida.          

2.- El Esposo: este título subraya sobre todo la relación de profunda intimidad que Cristo establece con la Iglesia, su Esposa, y en ella con cada hombre. El cristiano es el que está esperando a Cristo Esposo con un gran deseo que brota del amor. Por tanto, es una espera amorosa. Y no es una espera de estar con los brazos cruzados: el que espera de verdad prepara la lámpara, sale al encuentro. Lejos de temer esta venida, el cristiano la desea, como la esposa desea la vuelta del marido que marchó de viaje.

3.- La Muerte: la muerte es sólo un «dormir» y el cristiano tiene la certeza de que será despertado y experimentará la dicha de «estar siempre con el Señor» (1 Tes 4,17). Por eso, en lugar de vivir de espaldas a la muerte, el verdadero creyente vive «aguardando la vuelta de Jesús desde el cielo» (1Tes 1,10).

4.- La Iglesia: según el Vaticano II, es «el sacramento universal de salvación» (LG 1). Pero la salvación de los hombres, que es una invitación gratuita y amorosa de iniciativa divina, está siempre condicionada por la respuesta de los mismos hombres ante el llamamiento de Dios. Por eso necesitamos preocuparnos más del gran problema de nuestra vida: la santificación y la salvación. De ahí la necesidad urgente de una vigilancia constante.

5.- La Salvación: Dios salva del pecado. Solo Dios puede perdonarlo, absolverlo, eliminarlo. El nombre de Jesús significa que el Nombre mismo de Dios está presente en la persona de su Hijo, hecho hombre para la redención universal y definitiva del pecado. Él es «el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29). 

REFLEXIÓN 

   La liturgia del 32º domingo del tiempo ordinario, nos invita a la vigilancia. Nos recuerda que la segunda venida del Señor Jesús está en el horizonte final de la historia humana; debemos, por tanto, caminar por la vida siempre atentos al Señor que viene y con el corazón preparado para acogerle.

   La primera lectura nos presenta la “sabiduría”, don gratuito e incondicional de Dios para el hombre. Es un caso ejemplar de la forma como Dios se preocupa de la felicidad del hombre y pone a disposición de sus hijos la fuente de donde brota la vida definitiva. Al hombre le queda estar atento, vigilante y disponible para acoger, en cada instante, la vida y la salvación que Dios le ofrece.

   En la segunda lectura, Pablo asegura a los cristianos de Tesalónica que Cristo vendrá, de nuevo, para concluir la historia humana y para inaugurar la realidad del mundo definitivo; todo aquél que se haya adherido a Jesús y se haya identificado con él, irá al encuentro del Señor y permanecerá con él para siempre.

   El Evangelio nos sugiere que “estar preparado” para acoger al Señor que viene, significa vivir el día a día con fidelidad a las enseñanzas de Jesús y comprometidos con los valores del Reino. Con el ejemplo de las cinco jóvenes “insensatas” que no llevaban aceite suficiente para mantener sus lámparas encendidas cuando esperaban la llegada del novio, nos avisa que sólo los valores del Evangelio nos aseguran la participación en el banquete del Reino. La esperanza firme en la vida eterna, lograda por la misericordia de Dios, que es fiel a sus promesas, da a los cristianos paz en la vida y paz en la muerte. 

PARA LA VIDA 

   Un grupo de turistas iba a emprender una excursión por las montañas. La carretera era estrecha y llena de curvas peligrosas. El conductor estaba nervioso, era la primera vez que hacía ese recorrido. Antes de comenzar la excursión se plantó delante del autobús y dijo sus oraciones. Apenas recorridos unos kilómetros, el motor comenzó a calentarse. No había agua en el radiador. 

   Eso tenía fácil arreglo. Pero faltando muchos kilómetros para la meta, el autobús se paró. No había gasolina en el tanque. Se quedó vacío. Los turistas tuvieron que esperar largas horas antes de ser auxiliados. El conductor había orado antes de salir, pero no había echado agua al radiador y no había llenado el tanque de gasolina. 

   En nuestro mundo, y entre nosotros, hay personas que viven como turistas. El turista es el que disfruta de un lugar, lo usa unas horas o unos días y habitualmente lo deja peor de lo que lo encontró. Los hay que viven como peregrinos. Hacen muchos sacrificios, pero sólo les interesa la meta. Y se desentienden de lo que pasa a su alrededor. Los hay indiferentes. El mundo pasa. La vida es una historia contada por un idiota. ¿Para qué trabajar? ¿Para qué preocuparse? Los impíos dicen: comamos, bebamos, gocemos...que esto no da más de sí. 

   Algunos creyentes: oran mucho pero no echan agua al radiador ni llenan el tanque de gasolina. Todas estas personas son las cinco doncellas necias que esperan al novio dormidas y vacías. Y están las cinco doncellas sabias. Estas son las que saben que el mundo es un lugar hermoso, que hay que disfrutar, pero que hay que dejarlo mejor de lo que lo encontramos. Las que saben que hay que hacerlo más humano, más justo, más solidario, más fraterno, más según el proyecto de Dios. 

   Son sabias las personas que saben que hay una meta final, una nueva patria, pero este mundo es hoy nuestra casa y nuestra patria y hay que comprometerse con todas las causas justas, hay que hincar el diente a los problemas que a todos nos afectan y hay que mancharse las manos.