San Lucas 17, 11 - 19
“Es de Bien Nacidos Ser Agradecidos” y “Hay más Alegría en Dar que en Recibir”
Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.
1.- La Lepra: es aislamiento, abandono total al poder de la muerte, cuya esencia es la soledad, rutina y comunión con otros. Asi es la lepra de la arrogancia o la hipocresía. Pero, cuándo renunciamos al propio papel de la arrogancia y la hipocresía y nos presentamos desnudos ante Dios vivo. La obediencia es el baño que purifica y salva. La semejanza con nuestra situación es evidente. La situación del leproso. El enfrentarse con la plena incomunicación, con el estár vivo en medio de la muerte, proporciona la disposición para seguir en pos del último rumor y agarrarse a un clavo ardiendo para buscar la salvación.
2.-: El Pecado: es un momento cruel y terrible de derrumbamiento en la nada, nos resistimos como Naamán a dejarnos bañar y purificar. La dificultad de ser constantes, de ser fieles a las decisiones tomadas, a los compromisos asumidos. A menudo es fácil decir «sí», pero después no se consigue repetir este «sí» cada día. No se consigue ser fieles. María ha dicho su «sí» a Dios, un «sí» que ha cambiado su humilde existencia de Nazaret, pero no ha sido el único, más bien ha sido el primero de otros muchos «sí» Están enfermos, necesitados de amor y de fuerza, y buscan a alguien que los cure. Y Jesús responde liberándolos a todos de su enfermedad. Dios nos sana no solo de la enfermedad física sino que además nos salva de nuestros pecados.
3-: La Fe: «Tu fe te ha salvado». Y es que Jesús obra el milagro para provocar la fe y realizar así la curación de otra enfermedad más grave y profunda. Los beneficios que recibimos de Dios son signos de su poder salvador y de su amor misericordioso. ¿Recibo los dones de Dios como signos? ¿Me llevan a creer más en Cristo y a abrirme a su poder salvador? Por otra parte, la auténtica fe lleva a adorar a Dios. La fe nos lleva a hecharnos por tierra a los pies de Jesús». La fe nos hace reconoce la grandeza de Cristo y experimentar la necesidad de adorarle.
4-: La Gratitud: Jesús aprecia al hombre que manifiesta gratitud. Que no da nada por descontado. Que sabe abrirse al estupor, a la sorpresa, y por tanto a la gratitud. Tenemos que convencernos de que "todo es gracia". Nada se nos debe. No merecemos nada. Si todo viene de Dios, gratuitamente, todo debe volver a él a través de la alabanza, la maravilla y la gratitud. "La verdadera gracia produce la gratitud; la verdadera gracia nos pone, no sólo en estado de gracia, sino en acción de gracias" (Evely-L).
REFLEXIÓN
La liturgia de este domingo nos muestra, con ejemplos concretos, cómo Dios tiene un proyecto de salvación para ofrecer a todos los hombres, sin excepción. Reconocer el don de Dios, acogerlo con amor y gratitud, es la condición para vencer la alienación, el sufrimiento, el alejamiento de Dios y de los hermanos y llegar a la vida plena.
La primera lectura nos presenta la historia de un leproso (el sirio Naamán). El episodio revela que sólo Yahvé ofrece al hombre la vida y la salvación, sin límites ni excepciones; al hombre le queda acoger el don de Dios, reconocerlo como el único salvador y manifestarle gratitud.
La segunda lectura define la existencia cristiana como la identificación con Cristo. Quien acoge el don de Dios, se hace discípulo: se identifica con Cristo, vive en el amor y en la entrega a los hermanos y llega a la vida nueva de la resurrección.
El Evangelio nos presenta a un grupo de leprosos que se encuentran con Jesús, y que a través de Jesús descubren la misericordia y el amor de Dios. Ellos representan a toda la humanidad, envuelta por la miseria y por el sufrimiento, sobre quien Dios derrama su bondad, su amor, su salvación. También aquí se nos llama la atención sobre la respuesta que el hombre da al don de Dios: todos los que experimentan la salvación que Dios ofrece deben reconocer el don, acogerlo y manifestarle su gratitud.
Como fácilmente podemos advertir, el milagro transcurre sobre un trasfondo histórico muy concreto: los judíos no supieron descubrir nada especial en Jesús; en todo caso, el contacto con él sólo les sirvió para seguir aferrados a su comunidad judaica sin dar el paso nuevo. Sólo los extranjeros que no participaban del pueblo de Dios, los verdaderos marginados, encontraron en Jesús el principio de una nueva vida y la integración a una nueva comunidad: la Iglesia.
«Tu fe te ha salvado». Sólo cuando esta frase puede aplicarse a nuestra vida, cuando sentimos que ya no somos los mismos de antes, cuando la fe cristiana produce un verdadero cambio en la persona y en la sociedad, sólo entonces podemos comenzar a sentirnos cristianos. Entre tanto, retornemos a Cristo, al Cristo de la fe difícil y comprometida, no sea que en su nombre nos estemos alejando cada día más. Como aquel leproso, volvámonos alabando a Dios a grandes gritos y echémonos a los pies de Jesús, dándole gracias porque hoy su palabra nos ha abierto los ojos.
PARA LA VIDA
Cuentan que una vez llegó un hombre al cielo y Jesús comenzó a enseñarle los diferentes departamentos existentes. El hombre notó lo atareados que estaban en el departamento de “peticiones” y “bendiciones”, donde se reciben las peticiones de las personas y donde se entregan las bendiciones solicitadas. Notó un departamento solitario y con un solo ángel. El hombre le preguntó a Jesús cuál era ese departamento. Jesús le contestó: “es el departamento donde se reciben los agradecimientos por las bendiciones recibidas a través de la peticiones”.
Una llamada a nosotros cristianos que venimos todos los domingos a Misa, que tenemos la tentación de merecer el cielo y la salvación, que podemos pensar que no le debemos nada a Dios, que es algo merecido por nuestras obras. ¡Qué equivocados estamos! Todos somos “leprosos”, necesitados de conversión y curación continuas. Nuestra vida debería ser, como significa precisamente Eucaristía, “acción de gracias” permanente por el maravilloso regalo de la fe, siempre abierta a maravillarse ante lo imprevisto de Dios, nunca acostumbrados al rito rutinario vacío de vida y de corazón.
De paso, todo esto nos recuerda que “agradecer” es la más hermosa actitud de la vida. El agradecimiento predispone a dar más. ¡Cómo nos gusta que nos agradezcan, que valoren lo que hacemos o que damos, que reconozcan nuestra persona!. Nos anima siempre a no cansarnos de seguir haciendo el bien. ¡Qué pena esta sociedad y estos niños y jóvenes sobre todo que están creciendo en la cultura del tener, del poseer, del pedir, del exigir, pero poco en la del dar, la del agradecer!
Ojalá que esta Eucaristía nos empuje a ser más agradecido con Dios, no por lo que nos da, sino por lo que El es, Fuente del Amor.
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