19° Domingo del Tiempo Ordinario, 11 de Agosto de 2019, Ciclo C


San Lucas 12, 32 - 48


 Estad Preparados” 

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.
  1. Vigilar: permanecer despiertos, aunque todos duerman. Es una buena imagen de lo que es un cristiano: alguien que está despierto. Vigilamos cuando sabemos que un mal puede venirnos, pero también cuando aguardamos con amor a alguien. Las dos cosas son necesarias y son recomendados por Cristo, Nuestro Señor. Tenemos que vigilar para que ningún ladrón nos robe, pero también vigilamos porque sabemos que nuestro Amo y Señor viene.
  2. La Fe: por la fe entramos en contacto con lo prometido y esperado, al unirnos estrechamente al que lo ha prometido. La fe es también prueba de las cosas que no se ven. La fe es el primer paso en el camino. Decir 'creo' y no acoger esa fe en el corazón y llevarla a la acción en una vida comprometida y de crecimiento en las virtudes sería una incoherencia que llevaría a la frustración y a la mediocridad en la vida cristiana. La fe es la base de una vida virtuosa, y la vida virtuosa es el natural despliegue de una fe auténtica.
  3. La Esperanza: hay que esperar la llegada del Señor con las lámparas encendidas, es decir, con la fe viva, con la esperanza activa y con la caridad operante. es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo.
  4. La Lámpara:  es la Eucaristía, alimento para el camino. Nos da la fuerza para seguir adelante y para trabajar por el Reino de Dios. Y mientras la celebramos repetimos con frecuencia nuestra mirada hacia el futuro «mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo». 
REFLEXIÓN 

La Palabra de Dios que la liturgia de hoy nos ofrece nos invita a la vigilancia: el verdadero discípulo no vive con los brazos cruzados, en una existencia cómoda y resignada, sino que está siempre atento y disponible para acoger al Señor, para escuchar sus llamadas y trabajar por el “Reino”.
  • La primera lectura nos presenta las palabras del  “sabio”, para quien sólo la atención a los valores de Dios genera vida y felicidad. La comunidad israelita, confrontada con un mundo pagano e inmoral, que cuestiona los valores sobre los cuales se construye la comunidad del Pueblo de Dios, debe, por tanto, ser una comunidad “vigilante”, que consiga discernir entre los valores efímeros y los valores duraderos.
  • La segunda lectura nos refiere a Abrahán y Sara como modelos de fe para los creyentes de todas las épocas. Atentos a las llamadas de Dios, empeñados en responder a sus desafíos, conseguirán descubrir los bienes futuros en las limitaciones y en la caducidad de la vida presente. Es esa actitud la que el autor de la carta a los Hebreos, recomienda a los creyentes, en general.
  • El Evangelio presenta una catequésis sobre la vigilancia. Propone a los discípulos de todas las épocas una actitud de espera serena y atenta al Señor, que viene a nuestro encuentro para liberarnos y para insertarnos en una dinámica de comunión con Dios. El verdadero discípulo es aquel que está siempre preparado para acoger los dones de Dios, para responder a sus llamadas y para comprometerse en la construcción del “Reino”.
   Dios vino, viene y vendrá. El hombre espera, acoge y vigila. Pero, en paralelo a estas dos corrientes (Dios viene y el hombre espera), avanza otra más desde que, algunos hombres, decidieron apagar el faro de una vigilancia real y activa. Otros, en cambio, aún con limitaciones seguimos esperando, acogiendo y espabilados para que las costas de nuestras almas y de nuestros corazones. 

PARA LA VIDA 

   Una noche tuve un sueño: Soñé que con el Señor caminaba por la playa, y a través del cielo, escenas de mi vida pasaban. Por cada escena que pasaba percibí que quedaron dos pares de pisadas en la arena. Unas eran las mías y las otras las del Señor. Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena, y noté que muchas veces en el camino de mi vida había sólo un par de pisadas en la arena. 

   Noté también que esto sucedió en los momentos más difíciles de mi vida. Esto me perturbó y, entonces, pregunté al Señor: Señor, tú me dijiste, cuando yo resolví seguirte, que andarías conmigo a lo largo de todo el camino, pero he notado que durante los peores momentos de mi vida se divisan en la arena sólo un par de pisadas. 

   No comprendo por qué me dejaste en las horas que más te necesitaba”. Entonces El, clavando en mí su mirada infinita de amor, me contestó: “Mi hijo querido, yo siempre te he amado y jamás te dejaría en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena un solo par de pisadas, fue justamente allí donde yo te cargué en mis hombros”.

18° Domingo del Tiempo Ordinario, 4 de Agosto de 2019, Ciclo C


San Lucas 12, 13 - 21

 Tú eres, Señor, mi Riqueza” 

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.
  1. La Vida: está cargada de afanes y trabajos. De noche y de día trabaja la mente humana por hacer realidad sus planes. Cuando parece que ya hemos conseguido algo, surge aquí y allá otra necesidad y otro reclamo. La vida humana no tiene como fin y meta enriquecerse y gozar sin límites de los bienes acumulados. La codicia es la polilla de la vida humana, tanto personal como social. Todo pasa y todo acaba. Nuestra vida, nuestra meta, nuestro destino están allí en Cristo. Para ser, como él, luz de Luz.
  2. La Salvación: desciende sobre los que escuchan su voz, y su Voz es Cristo. El Dios Creador ha hablado en el Hijo, y su Voz continúa hoy sonando. Es la Voz que salvaLos que escuchan la Voz y la siguen dócilmente alcanzarán la vida eterna.
  3. Jesús: no enjuicia causas, no ejerce el derecho o declara con autoridad según derecho en cuestiones religiosas. Los maestros ejercían esa función. Jesús no. La "misión" de Jesús no es esa. Jesús no ha venido a restablecer o declarar derechos sobre cosas de este mundo. Su "misión" es el Reino de Dios.
  4. Las Riquezas: la codicia y la avaricia no van con el cristiano, porque puede terminar esclavo de la codicia. El dinero puede dar poder, fama, prestigio, seguridad, bienestar...; pero, en la medida en que esclaviza a la persona, la cierra a Dios Padre, la hace olvidar su condición de hombre y hermano, y la lleva a romper la solidaridad con los otros. Dios no puede reinar en la vida de un hombre dominado por el dinero. Aunque no nos lo creamos, el dinero nos puede empobrecer.
REFLEXIÓN 

   La liturgia de este domingo nos interroga acerca de la actitud que tomamos frente a los bienes de este mundo. Sugiere que estos no pueden ser el dios que dirija nuestra vida, y nos invita a descubrir y a amar esos otros bines que dan el verdadero sentido a nuestra existencia y que nos aseguran la vida en plenitud. 
  • En la primera lectura, tenemos una reflexión de “Qohélet” sobre el sin sentido de una vida basada en acumular bienes. Aunque la reflexión de “Qohélet” no va más allá, constituye una base para que vayamos en búsqueda de Dios y de sus valores y para que encontremos ahí el sentido último de nuestra existencia.
  • La segunda lectura nos invita a la identificación con Cristo: eso significa el dejar a los “dioses” que nos esclavizan y renacer continuamente, hasta que en nosotros se manifieste el Hombre Nuevo, que es “imagen de Dios”.
  • El Evangelio, a través de la “parábola del rico necio”, Jesús denuncia la falacia de una vida volcada únicamente hacia los bienes materiales: el hombre que así procede es un “loco”, que ha olvidado aquello que, verdaderamente, da sentido a la existencia. 
   Muchas veces el hombre es propenso a mirar su vida desde el punto de vista de la vanidad. Sin embargo, Cristo quiere que la veamos desde el punto de vista del valor, pero teniendo siempre cuidado de utilizar la justa Jerarquía de valores, la justa escala de valores.

   Para acertar en la vida no basta pasarlo bien. El ser humano no es sólo un animal hambriento de placer y bienestar. Está hecho también para cultivar el espíritu, conocer la amistad y la ternura, experimentar el misterio de lo transcendente, agradecer la vida, vivir la solidaridad.
   Cuántas personas olvidan sus responsabilidades familiares, porque es más importante asegurar el dinero suficiente para unas vacaciones en Tailandia o en la República Dominicana. Cuántas personas renuncian a su dignidad y a sus derechos, para aumentar su cuenta bancaria.

PARA LA VIDA 

   Cuenta la leyenda que una mujer pobre con un niño en los brazos, pasando delante de una caverna escuchó una voz misteriosa que allá adentro le decía: "Entra y toma todo lo que desees, pero no te olvides de lo principal.  Recuerda algo: Después que salgas, la puerta se cerrará para siempre. Por lo tanto, aprovecha la oportunidad, pero no te olvides de lo principal…"  

   La mujer entró en la caverna y encontró muchas riquezas. Fascinada por el oro y por las joyas, puso al niño en el piso y empezó a juntar, ansiosamente, todo lo que podía en su delantal.  La voz misteriosa habló nuevamente.  "Tienes solo ocho minutos”
   Agotados los ocho minutos, la mujer cargada de oro y piedras preciosas, corrió hacia fuera de la caverna y la puerta se cerró... recordó, entonces, que el niño quedó allá y la puerta estaba cerrada para siempre. La riqueza duro poco y la desesperación, siempre. 

   Hemos querido vivir por encima de nuestras posibilidades, soñando con acumular bienestar sin límite alguno y olvidando cada vez más a los que se hunden en la pobreza y el hambre. Pero, de pronto nuestra seguridad se ha venido abajo.

17° Domingo del Tiempo Ordinario, 28 de Julio de 2019, Ciclo C


San Lucas 11, 1 - 13

Pedid y se os Dará,Buscad y Hallaréis, Llamad y se os Abrirá” 

Homilía PadreLuis Guillermo Robayo M.
  1. Pedir: es la actitud propia del pobre que necesita recibir de otro lo que no puede conseguir con su propio esfuerzo. Esta complace a Dios, porque es la propia de un corazón conforme a la misericordia del mismo Dios.
  2. Buscar: además de pedir, hay que buscar, moverse y dar pasos para alcanzar algo que se nos oculta porque está encubierto o escondido. Así ve Jesús a sus seguidores: como «buscadores del reino de Dios y su justicia».
  3. Llamar:  es gritar a alguien al que no sentimos cerca, y que creemos que nos puede escuchar y atender. Así gritaba Jesús al Padre en la soledad de la cruz.
  4. La Oración: tras una necesidad viene otra, tras un problema otro. La súplica no puede apartarse de nuestros labios. Los discípulos del Señor han de ser enviados a dar testimonio de su persona y a continuar su obra. Si Jesús oraba, deben también orar los discípulos. Los discípulos deben orar, como oraba Jesús. Por eso, Señor enséñanos a orar. La oración distingue al hombre de Dios. Dios escucha la oración. Debemos estar seguros de ello. 
  5. El Espíritu Santo: dirigió a Jesús durante toda su vida. De eso necesitamos nosotros, de una dirección vital interna que nos conforme con Cristo y nos haga vivir su vida: el Reino de Dios, la voluntad del Padre. Como reza el Padrenuestro. Más aún, nos enseñará a orar. Él pide, con gemidos inenarrables, aun cuando nosotros no sabemos qué pedir. Es la Voz de Dios en nuestros labios

REFLEXIÓN 

   El tema fundamental que la liturgia nos invita a reflexionar, en este domingo, es la oración. Al poner delante de nuestros ojos los ejemplos de Abrahán y de Jesús, la Palabra de Dios nos muestra la importancia de la oración y nos enseña la actitud que los creyentes deben asumir en su diálogo con Dios.

  • La primera lectura sugiere que la verdadera oración es un diálogo “frente a frente”, en el cual el hombre, con humildad, reverencia, respeto, pero también con osadía y confianza, presenta a Dios sus inquietudes, sus dudas, sus ansias e intenta percibir los proyectos que Dios tiene para el mundo y para los hombres.
  • La segunda lectura, sin aludir directamente al tema de la oración, invita a hacer de Cristo la referencia fundamental (en este contexto de reflexión sobre la oración, podemos decir que Cristo tiene que ser la referencia y el modelo del creyente que reza: en la frecuencia con la que se dirige al Padre, en la forma como dialoga con el Padre).
  • El Evangelio nos sienta en el banco de la “escuela de la oración” de Jesús. Enseña que la oración del creyente debe ser como el diálogo confiado de un niño con su “papá”. Con Jesús, el creyente es invitado a descubrir en Dios “al Padre” y a dialogar frecuentemente con él acerca de ese mundo nuevo que el Padre/Dios quiere ofrecer a los hombres.
   El fundamento último de nuestra oración no es, entonces que queremos un mundo mejor, porque eso lo puede querer cualquier ser dotado de razón; no es tampoco que merecemos una vida distinta o ser exentos de tales o cuales dolores o problemas. Ni es tampoco porque seamos buenos o libres de culpa. Oramos porque somos hijos. Oramos porque el Espíritu del Hijo ora en nosotros. Y por eso oramos con perseverancia, sencillez, confianza y sobre todo con inmenso amor, convencidos como estamos de que Dios sabe qué es lo mejor para nosotros y puede y quiere otorgárnoslo.

PARA LA VIDA 

   Un hombre soñó que era llevado al cielo. Deambulaba por el cielo cuando se encontró con Jesucristo que le invitó a asomarse y contemplar lo que pasaba en la tierra. Vio una iglesia donde se celebraba la misa del domingo. El organista tocaba entusiasmado y sus dedos se movían con gran agilidad y las teclas subían y bajaban, pero no podía oír ningún sonido. 

   Veía el grupo de cantores, bocas abiertas, pronunciando todas las palabras, pero no podía oír ningún sonido. Veía al sacerdote y a los fieles que se levantaban y se sentaban y abrían sus bocas para recitar las oraciones, pero no podía oír ningún sonido. Asombrado, se dirigió a Jesús y le preguntó por qué no podía oír nada. Jesús le contestó: "Tienes que entender que si no oran y cantan con sus corazones aquí no podemos oírles". Por eso esa oración es ineficaz y débil. ¡La vida y la oración no son separadas! Al contrario: la vida se expresa en la oración y la oración asume todo lo de nuestra vida.

   Siempre la oración es el lugar del encuentro, donde Dios nos transforma y va transformando, incluso, nuestros pensamientos, nuestro corazón, nuestros sentimientos; porque la oración se va convirtiendo en esta realidad: que no se haga mi voluntad sino la tuya.

16° Domingo del Tiempo Ordinario, 21 de Julio de 2019, Ciclo C


San Lucas 10, 38-42

“Ora et Labora” 


Homilía PadreLuis Guillermo Robayo M.
  1. Acoger: dar de comer al hambriento y de beber al sediento es una obra de misericordia y una demostración de acogida al prójimo. No olvidemos que es más fácil abrir la puerta de la casa que abrir la del corazón. Y a veces, aunque hacemos obras buenas, mantenemos el corazón cerrado a mucha gente. Hoy podríamos examinarnos también sobre la acogida que damos a las personas que nos son desconocidas, o nos caen pesadas, o no pertenecen a nuestra raza, a nuestro pueblo, o incluso a nuestra religión.
  2. Escuchar: actitud que exige romper con el ritmo loco e interminable de la vida cotidiana para ponerse, serena y atentamente, a los pies del Maestro. Esta elección que a los ojos de la eficiencia puede parecer superficial e inútil, es una condición fundamental para llegar a ser un auténtico discípulo.
  3. Contemplación: lleva a la acción y la acción se sustenta en la contemplación. Las dos son necesarias para un cristiano. Siempre es bueno recordar la hazaña de aquel enamorado de los automóviles y de las carreteras, que viajaba, no se detenía ante nada ni para nadie; sólo pensaba en sí mismo y en su coche. Hasta que, en cierta ocasión, un buen consejero le dijo: tarde o temprano, amigo, tendrás que detenerte a echar gasolina o no llegarás a donde pretendes.
  4. Predicar: Cristo revela la riqueza de Dios en la pobreza de la cruz y el apóstol será el distribuidor de la misma a hombres y mujeres. La Palabra de Dios está hecha para caminar con nosotros paso a paso, día a día, minuto a minuto. Para enseñarnos a vivir en comunidad la solidaridad que hace efectivo aquí y ahora el reinar de Dios. 
 REFLEXIÓN

   Las lecturas de este Domingo nos invitan a reflexionar sobre el tema de la hospitalidad y de la acogida. Sugieren, sobre todo, que la existencia cristiana consiste en la acogida de Dios y de sus propuestas; y que la acción (aún en favor de los hermanos) tienen que partir de un verdadero encuentro con Jesús y de la escucha de su Palabra. Eso es lo que nos permite encontrar el sentido de nuestra acción y de nuestra misión.

   El verdadero seguimiento de Jesús nos tiene que llevar muy por encima de las preocupaciones e inquietudes; tiene que llevarnos a encontrar Paz en la Palabra.

   "El Evangelizador" es aquel cuyo corazón late con Cristo y de esos latidos surge el encuentro amoroso con los demás. No defiende ideas ni consignas. Su misión es caminar y aprender en el camino de la vida, sin juzgar, sin acusar, sin querer ser más que nadie. Es tan libre que hasta puede escoger lo que quiere y siente. No hace propaganda. Vive lo que dice y dice cómo vive. No sigue una idea: sigue sólo a Cristo. Tiene paz interior como fruto del amor aprendido de Dios. Sabe escuchar para tener vida.

   María dio prioridad a quien realmente la merecía.  María ha escogido la mejor parte, o sea, el mejor camino para llegar al encuentro con el Señor. Marta, en cambio, estaba llena del ruido de lo cotidiano; de los platos; de la vida... No tenía tiempo para escuchar, ni para oír, ni para estar con Jesús. Una de las luchas de los cristianos de todos los tiempos es lograr el equilibrio para que las cosas de la vida no nos dejen sordos de Dios y de nosotros mismos. Es necesario tener el corazón de María y las manos de Marta, y, sobre todo, tener mucho tiempo para dedicar a Dios y a los que encontramos en el camino de la vida rodeados del ruido de los acontecimientos. 

PARA LA VIDA

   Dice una antigua leyenda que, cuando Dios estaba creando el mundo, se le acercaron cinco ángeles: Uno le preguntó ¿Que estás haciendo? Otro: ¿Por qué haces esto? El tercero : ¿Puedo ayudarte en algo? Otro: Uy, qué extraordinario! ¿Cuánto vale todo esto? Dicen que el primero es el ángel de los investigadores (¿Qué estás haciendo?); el segundo el ángel de los filósofos (¿Por qué haces esto?); el tercero el ángel de los que saben servir (¿Puedo ayudarte?); el cuarto el ángel de los empresarios (¿Cuánto vale todo esto?) Pero dijimos que había cinco ángeles, ¿saben qué hacía el quinto?. El quinto, miraba y aplaudía con entusiasmo .....ERA EL ÁNGEL DE LOS SABIOS 

   Hay una frase muy conocida que dice: "Ora et Labora", “Ora y Trabaja”. Cada cosa en su momento oportuno. Pero el que nos se toma suficiente tiempo para la oración y para escuchar la Palabra de Dios, no podrá ser efectivo en su vida cristiana.

   Muchas veces el apuro de la acción ha matado la oración. Y la oración, nos une a Dios, nos permite relacionarnos con él, escucharlo. Esa oración, si es signo de verdadera unión a Dios, también va a desembocar en un servicio a los demás. Y cuando nuestro servicio, surge de una relación íntima con Dios, va a dar los frutos esperados, porque será más obra de Dios que nuestra propia obra.

15° Domingo del Tiempo Ordinario, 14 de Julio de 2019, Ciclo C


San Lucas 10, 25-37

Anda, Haz Tú Lo Mismo” 


Homilía PadreLuis Guillermo Robayo M.
  1. La Ley:la norma moral, está cerca como Dios mismo; sin la ayuda de Dios el hombre no llega a cumplirla. Los mandamientos de Dios son la guía segura que el Señor ha puesto a nuestra disposición para actuar conforme a su voluntad.
  2. La Búsqueda: todo el que busca al Señor, vivirá. La oración alcanza a Dios y, por tanto, la vida. La oración es expresión de la búsqueda. A Dios no hay que ir a buscarlo lejos, arriba al cielo, o más allá del mar, porque él mismo vino a buscamos, se hizo prójimo nuestro: “El Señor está cerca de quien lo busca”.
  3. El Prójimo: aquel que usó de misericordiaEs todo aquél que se encuentra en necesidad y nos tiende la manoJesús es el Buen Samaritano, el Médico Bueno de la Humanidad enferma. Hay que salir al paso de la necesidad del prójimo, sea cual sea su condición, raza o estado. El amor no tiene límite. Sólo ese amor nos abrirá las puertas del cielo.
  4. El Samaritano: comienza con acercarse al herido, se le «aproxima». No puede haber amor efectivo y eficaz si no hay alguna proximidad igualmente real y física. El amor del prójimo comienza frecuentemente con los propios pasos, que interrumpen un camino preciso, para ir al encuentro con otro.
  5. Hacer el Bien: buscar realizar el bien, sin mirarse así mismo, e intentando recuperar al necesitado debe ser la máxima de nuestra vida, el orgullo de nuestra Iglesia. Es verdad que, nunca como hoy, a través de los medios de comunicación social se nos cuelan en nuestros hogares imágenes de pobreza de los cinco continentes del mundo que nos llevan a pensar que “es imposible que podamos hacer nosotros más”. ¡Si podemos! No perder la sensibilidad. 
REFLEXIÓN

   En la parábola del samaritano llevaba consigo los "ungüentos curativos" del día; Vino para la limpieza, aceite para favorecer la curación. La parábola nos sugiere que con el Espíritu de Dios tenemos los elementos necesarios para sanar y ayudar.

   El buen samaritano se acerca a aquél hombre herido, lo primero que hay que hacer es acercarse al hermano sufriente, le vendó las heridas, hizo lo que sabía y lo que podía y después lo llevó a la posada para que lo atendieran, lo puso en manos de aquellas personas que podían ayudarlo mejor que él para que se repusiera totalmente y además de hacerse cargo de los gastos, prometió volver para visitarlo. El samaritano puso su corazón en la miseria y pobreza de aquél hombre.

   Esto es lo que debemos hacer nosotros. No solamente cuidar y hacer que cada creyente sea buen samaritano, sino tener capacidad para comprometer a otros a realizar esta misma tarea Esta capacidad de atracción para estimular a otros no la tendremos si no realizamos la tarea con el amor misericordioso del Señor, de situar al hombre frente a la vida, dando bien aunque a él le venga el mal. 

   La tarea entusiasma cuando se hace algo importante; a los hombres les entusiasma amar con la misma fuerza de Dios, transformar la realidad con esa fuerza de Dios, ya que sus propias fuerzas, muchas veces debilitadas, no producen el suficiente entusiasmo o es pasajero. La tarea del buen samaritano, como tarea de Dios, sí que enardece y tiene atractivo para toda la vida. Nuestra Iglesia necesita hombres que realicen la tarea pastoral desde estas dimensiones y desde esta manera de entender la actuación de Dios entre los hombres.

PARA LA VIDA 

   Hace un tiempo leí una historia en la revista Time titulada "Una conspiración de bondad". Johtje y Art Vos eran una pareja holandesa que arriesgó sus vidas durante el Holocausto para esconder a los judíos de los nazis. Formaban parte de un grupo llamado "Rescatadores" que salvó casi 500,000 vidas. Cuando se les preguntó a Johtje y Art qué los hizo correr tales riesgos, ellos y otros respondieron de una manera similar, que sonaba bastante común: "No lo pensamos". Uno de los rescatistas lo expresó de esta manera: "Comenzaste a guardar una maleta para un amigo y antes de que te dieras cuenta, ya no sabías nada. Hicimos lo que haría cualquier ser humano". Bueno, ¡ningún ser humano! no veían a los judíos como "judíos" primero, sino como seres humanos.

   El samaritano no vio a un judío al lado de la carretera, vio a una persona lesionada. Dibuja tus propios paralelos a nuestro día. El artículo se titulaba "Conspiración de la bondad". La conspiración no siempre es una noción amenazadora, significa "respirar con". Eso es lo que somos como iglesia; Somos una conspiración de la bondad. Respiramos juntos el mismo aliento del Espíritu de Dios para hacer el bien, independientemente de los orígenes, estado civil, raza, orientación sexual o religión de las personas. El Espíritu respira en nosotros para hacer que el instinto de ayudar a otros sea una respuesta natural; Tan natural como respirar y exhalar.

14° Domingo del Tiempo Ordinario, 7 de Julio de 2019, Ciclo C



San Lucas 10,1-12. 17-20

La Paz del Misionero es la Paz de Dios” 

Homilía PadreLuis Guillermo Robayo M.
  1. El Envío: a pesar de ser obra de Dios, ha de ofrecer serias dificultades a los misioneros. La obra se presenta difícil. No siempre han de ser acogidos. No todos les han de dar la bienvenida. Indiferencia, animosidad, persecución, odio. En las palabras de Cristo no hay lugar para triunfalismos. Hablará de "tomar la cruz" a este respecto. Hay que estar preparados.  Su misión es algo de extrema grandeza.
  2. El Misionero: lleva consigo "la paz"La paz del misionero es la Paz de Dios, y su "evangelio", presencia del reino de los cielos. El misionero no va solo. Dios va con El. Cristo lo acompaña. Su voz es la voz de Dios, y sus manos van cargadas de maravillas. Los mueve y dirige el Espíritu Santo. Han de sanar enfermos; han de lanzar demonios; han de realizar "signos". Sus obras han de gritar: ¡El Reino de Dios está cerca! La palabra de Dios es una espada de doble filo. Abre los corazones y deposita en ellos la paz.
  3. La Oración: la gravedad y urgencia del Evangelio lo exigen. Tenemos que mover el ánimo de los fieles en esa dirección. Hay que fomentar también las vocaciones. En estos tiempos la Iglesia se resiste de falta de evangelizadores. Oremos por ello. La Iglesia entera, los fieles cristianos, deben salir al paso de las necesidades de los enviados. Son los mensajeros de la Paz. Son los que anuncian el Reino. Tienen derecho a ser atendidos. Por otra parte, no estará demás recordar que sus pretensiones no deben ser exageradas. Es el anunciador de la vida. ¡Dios lo ha inscrito en el Libro de la Vida! ¿Nos parece poco? No es ajeno al pensamiento cristiano el consuelo que le espera.

REFLEXIÓN 

   Este Domingo la Palabra de Dios nos invita a transformarnos en mensajeros de Jesús y constructores de su paz El Señor quiere que nos preguntemos nosotros también, ¿para qué somos llamados y para qué seguimos a Cristo, qué misión nos encomienda? Intentemos descubrir hoy, nuestro para qué. 

   Cuando escuchamos hablar de misioneros o evangelizadores, inconscientemente pensamos en ciertas personas dedicadas a esa función: pensamos en sacerdotes, religiosos, o tal vez catequistas o dirigentes de algún grupo. 

   Y esto es un error. Esa actitud es la que tenemos que cambiar, porque en esos 72 que el Señor envió delante suyo, estamos cada uno de nosotros, con nuestros talentos y particularidades, enviado a anunciar la Buena Noticia.

Y es un serio compromiso el que nos da Jesús, porque anunciar la Buena Noticia, necesita en forma imprescindible del testimonio de vida , además de nuestra palabra. Nosotros somos responsables de actualizar el mensaje de Cristo en el mundo, primero con nuestra vida, y después con nuestra palabra. 

   El Señor nos dice que nos envía como ovejas en medio de lobos. Los caminos de Dios no son los caminos de los hombres. 

   El mundo y la sociedad actual ofrecen un estilo, una manera de ser y ciertos criterios que nada tienen que ver con la escala de valores del cristiano. Por eso Jesús nos dice que nos envía como ovejas en medio de lobos. Y nos lo dice, porque las ovejas en medio de los lobos, corren el peligro de ser comidas por ellos. El mundo es el lobo que nos comerá si nos enreda con sus equívocos, si nos hace creer que la felicidad está en el poder y en el dinero y no en el amor y la libertad.

PARA LA VIDA 

   Una vez visitó un cristiano a un maestro Zen y le dijo: “Permíteme que te lea algunas frases del Sermón de la MontañaLas escucharé con sumo gusto”, replicoel maestro. El cristiano leyó unas cuantas frases y se le quedó mirando. El maestro sonrió y dijo: Quienquiera que fuese el que dijo esas palabras, ciertamente era un hombre iluminado”. Esto agradó al cristiano, que siguió leyendo. 

   El maestro le interrumpió y le dijo. Al hombre que pronunció esas palabras podría realmente llamársele Salvador de la humanidad”.  El cristiano estaba entusiasmado y siguió leyendo hasta el final. Entonces dijo el maestro: “Ese sermón fue pronunciado por un hombre que irradiaba divinidad”. La alegría del cristiano no tenía límites.
   Se marchó decidido a regresar otra vez y convencer al maestro Zen de que debería hacerse cristiano. De regreso a casa, se encontró con Cristo, que estaba sentado junto al camino. “¡Señor, le dijo entusiasmado, he conseguido que aquel hombre confiese que eres divino”! Jesús se sonrió y dijo: Y tú has conseguido que se hinche tu “ego” cristiano”. 

   El misionero ha de caminar ligero, sin nada que pueda comprometer el claro, directo, robusto anuncio del Reino, como cosa única de valor único. Nada debe entretener ni preocupar al que anuncia la Paz. La encomienda es seria y la entrega total. Puede que nos falte algo de convencimiento. Los mensajeros de la Paz. Son los que anuncian el Reino.




13° Domingo del Tiempo Ordinario, 30 de Junio de 2019, Ciclo C



San Lucas 9, 51–62


¡Te Seguiré a Donde Quiera que Vayas!” 



Homilía PadreLuis Guillermo Robayo M.
  1. El Seguimiento: no puede ser fruto de sentimentalismos, sino fruto de una seducción y de una decisión firme, dispuestos a relativizar todos los valores. La tarea de anunciar el reino, tarea que asume todo cristiano por el mero hecho de serlo, no es fácil. El propio Jesús tuvo serias dificultades a la hora de realizar su misión, acabó con un grupo reducido y aún estos le abandonaron en los últimos momentos.
  2. La Respuesta: requiere de un corazón totalmente entregado a Él, indiviso en sus afectos, fiel no sólo por un día, por un mes, por un año o diez, sino por todos los días de su vida. Ante el llamado del Señor sólo una respuesta es la adecuada: «Dejándolo todo, lo siguieron» (Lc 5, 11). Como Cristo mismo, el convocado debe “endurecer el rostro”, responder con decisión y firmeza al llamado, asumir con coraje la misión que Dios le confía y llevarla a su pleno cumplimiento con el don total de su propia vida.
  3. El Camino: El Señor, que nos conoce a cada uno, sabe cuál es el momento apropiado. Comenzar el camino de la santidad es de muchos, pero perseverar en él hasta el fin, de pocos. No es una carrera de velocidad, sino de resistencia y perseverancia. Hay que luchar hasta el final para llegar a la meta. Hay que permanecer en la opción fundamental por la santidad. Dios recompensará con la 'vida eterna a los que por su perseverancia en las buenas obras buscan gloria, honor e inmortalidad'. 

REFLEXIÓN

   Las lecturas de este domingo tocan la médula del cristiano, y están dirigidas a la intimidad de nuestras convicciones: ¿por qué seguimos a Jesús y hasta dónde estamos dispuestos a ir con él? 

   Jesús es más provocador en la propuesta de su seguimiento. La escena bíblica nos presenta al Maestro de camino, en marcha, peregrino hacia la ciudad de Jerusalén, el sitio del evento pascual: pasión, muerte y resurrección. Y mientras va de camino le salen a su encuentro nuevos seguidores que el evangelista tipifica en tres modalidades distintas, sugiriendo tres tipos distintos de repuestas, todas con excusas. 

   El primer “estilo de discípulo lo podríamos definir como el talante del cristiano que se siente fascinado por Jesús, por sus palabras y gestos. La iniciativa de seguir a Jesús la emprende la persona misma. No obstante, la motivación del impulso del seguimiento no es nítida, responde más bien a un deseo de autosatisfacción, de afirmación del propio yo. En cambio, la lógica del mensaje evangélico va en otra dirección: es la lógica de la entrega, de la gratuidad, de la generosidad y sobre todo de la seguridad puesta en Dios y no en las cosas. 

   El segundo: “cristiano de vida resuelta”. Cuando Jesús le lanza la invitación al seguimiento “este tal” se disculpa con el motivo de enterrar primero al padre, es decir, de cumplir su deber de hijo, pero, sobre todo, de beneficiarse de la herencia del mismo. Los hay quienes, muy cristianos, por cierto, comentan que uno de los días más felices de su vida es cuando reciben la herencia, y del padre quizá poco se acuerdan. El seguimiento de Jesús supone el desprendimiento de todo aquello que ata el corazón del hombre, le quita la paz y lo hace menos libre. 

   El tercero. “El creyente con tortícolis”, que camina hacia delante, pero con la mirada vuelta atrás, con el peligro que ello supone. Es el estilo de cristiano adulto que mendiga el seno materno, es decir, seguridad, protección, cariño, pero de forma infantil. El seguimiento de Jesús supone progresividad en la fe, un fiarse responsablemente de Dios.

PARA LA VIDA 

   Un hombre iba sentado en mí mismo vagón en el tren. En cada estación se ponía de pie y miraba fuera de la ventanilla con ansiedad. Luego se sentaba y suspiraba refunfuñando en voz alta el nombre de la estación que acababa de pasar. Después de cuatro o cinco estaciones, el vecino de asiento le preguntó preocupado: - ¿Le pasa algo? Me parece tan tremendamente angustiado. El hombre lo miró y respondió: . Ciertamente habría debido cambiar de tren hace ya un buen rato, porque voy en la dirección contraria…Pero aquí se está tan a gusto y tan calentito.
   Nos pasa lo que al del cuento, que incluso no nos damos cuenta de que amos en la dirección equivocada, que estamos viviendo los valores contrarios al evangelio, pero no queremos cambiar de tren, preferimos este cristianismo cómodo y fácil, y estamos tan a gusto y calentitos así. 

   Francisco Pizarro, de camino al Perú, se vio ante un peligro inminente, y su tripulación se rebeló y exigió la vuelta. Pero el general se puso en medio de sus hombres, trazó una línea en tierra y les pidió una opción tajante: o seguir con él hasta la victoria, o echar marcha atrás como cobardes. Los pocos valientes que le siguieron fueron los conquistadores del imperio Inca. Hernán Cortés hizo otro tanto con sus tropas: mandó quemar las naves para que nadie pudiera huir.