Solemnidad Epifanía del Señor, 3 de Enero de 2021, Ciclo B

 San Mateo 2, 1 – 12

"Venimos a Adorar al Rey"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 

1.-Epifanía: de esa gran luz que debía penetrar los corazones, guiándolos por el camino de la fe hacia Dios, con el cual solamente por esta senda puede encontrarse el hombre: el hombre viviente con el Dios viviente. Hoy en este camino de la fe vemos a los tres nuevos hombres que vienen de Oriente, de fuera de Israel. Son hombres sabios y poderosos, que vienen a Belén conducidos por la estrella en el firmamento celeste y por la luz interna de la fe en la profundidad de sus corazones.

2.-LOS REYES MAGOS: ¡Qué grande es la fe de los Magos! ¡Qué seguros están de la luz que el Espíritu del Señor encendió en sus corazones! Con cuánta tenacidad la siguen. Con cuánta coherencia buscan al Mesías recién nacido. Y cuando finalmente llegaron a la meta, «…se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al Niño con María, su Madre, y, cayendo de rodillas, lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro. incienso y mirra» (Mt 2, 10-11).

3.- La Fe: les permitió escrutar todas las incógnitas. Los caminos incógnitos. las circunstancias incógnitas. Como cuando se hallaron ante el recién Nacido, un recién nacido humano que no tenía casa. Ellos se dieron cuenta de la miseria del lugar. ¡Qué contraste con su posición de hombres instruidos y socialmente influyentes! Y, sin embargo, «cayendo de rodillas, lo adoraron» (cf. Mt 2, 11).

4.-La Luz: Esta «luz brilla en las tinieblas» (Jn 1, 5) y los hombres la ven ya desde lejos. Han comenzado un viaje. Siguiendo la estrella, van hacia esta Luz, que se ha manifestado en Cristo. Avanzan, buscan el camino, preguntan. Llegan a la corte de Herodes. Preguntan dónde ha nacido el rey de los judíos: «Vimos su estrella (…) y hemos venido a adorarlo» (Mt 2, 2).

REFLEXIÓN 

   Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio. La liturgia de este Domingo celebra la manifestación de Jesús a todos los hombres. Es una “luz”, que se enciende en la noche del mundo y atrae hacia sí a todos los pueblos de la tierra. Cumpliendo el proyecto liberador que el Padre nos quería ofrecer, esa “luz” se encarnó en nuestra historia, iluminó los caminos de los hombres, los condujo al encuentro de la salvación, de la vida definitiva. 

   La primera lectura anuncia la llegada de la luz salvadora de Yahvé, que transfigurará Jerusalén y que atraerá a la ciudad de Dios a pueblos de todo el mundo.

   La segunda lectura presenta el proyecto salvador de Dios como una realidad que va a afectar a toda la humanidad, uniendo a judíos y a paganos en una misma comunidad de hermanos, la comunidad de Jesús.

   En el Evangelio, vemos la concretización de esa promesa: al encuentro de Jesús vienen los “magos” de oriente, representantes de todos los pueblos de la tierra. Atentos a los signos de la llegada del Mesías, lo buscaron con esperanza hasta encontrarlo, reconocieron en él al “salvador de Dios” y lo aceptaron como “el Señor”. La salvación desechada por los habitantes de Jerusalén, se vuelve ahora un don que Dios ofrece a todos los hombres, sin excepción. 

   Observemos que lo maravilloso de estos Magos es que fueron capaces de ver al Rey que buscaban en el niño. Después de haber sorteado dificultades. Hay algo más, esos reyes tuvieron su manifestación de Dios ya que pudieron reconocer al niño. De ahí que si no vemos a Dios en cada hombre nunca lo encontraremos. Esa viene a ser la luz de la estrella que los llevó hasta el pesebre de Belén. 

   La fe, sin embargo, no es ciega, es luz y claridad. Nos hace avanzar a esa búsqueda, de abandono, de ir más allá para no perder la esperanza. 

PARA LA VIDA 

   Un hombre que acababa de encontrarse con Jesús resucitado iba a toda prisa por el camino de la Vida, mirando por todas partes y buscando. Se acercó a un anciano que estaba sentado al borde del camino y le preguntó: Por favor, señor, ¿ha visto pasar por aquí algún cristiano? El anciano, encogiéndose de hombros le contestó: Depende del tipo de cristiano que ande buscando. 

   Perdone –dijo contrariado el hombre-, pero soy nuevo y no conozco los tipos que hay. Sólo conozco a Jesús. Y el anciano añadió: Pues sí amigo; hay de muchos tipos y maneras. Los hay para todos los gustos. Hay cristianos por cumplimiento, cristianos por traición, cristianos por costumbre, cristianos por superstición, cristianos por obligación, cristianos por conveniencia, cristianos auténticos... Los auténticos! ¡Esos son los que yo busco! ¡Los de verdad!, exclamó el hombre emocionado. 

   Vaya –dijo el anciano con voz grave-. Esos son los más difíciles de ver. Hace ya mucho tiempo que pasó uno de esos por aquí, y precisamente me preguntó lo mismo que usted. ¿Cómo podré reconocerle? Y el anciano contestó tranquilamente: No se preocupe amigo. No tendrá dificultad en reconocerle. Un cristiano de verdad no pasa desapercibido en este mundo de sabios y engreídos. Lo reconocerá por sus obras. Allí donde van, siempre dejan huellas. 

   La Iglesia tiene una vocación Universal y misionera en su fe. Pues la fe cristiana es una oferta que Dios hace a la humanidad entera. Es la Epifanía, manifestación de Dios, que nos indica que todos estamos llamados a la salvación. Nadie queda por fuera.

Una estrella les indicó el camino Vieron al niño, con María su mamá Los condujo una estrella y vieron lo normal una mujer que había dado a luz a un niño. Esa estrella les iluminó la fe y pudieron verlo como el rey de Israel y lo adoraron como Dios.

Solemnidad Santa María, Madre de Dios, 1° de Enero de 2021, Ciclo B

 San Lucas 2, 16 – 21

"Encontraron a María y a José y al Niño. Y a los ocho días, le pusieron por nombre Jesús"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 

1.- María es una mujer contemplativa, como se deduce de las palabras del Evangelio: "María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón" Lucas 2,16. María cumple la misión del hombre recordada por el Concilio: "Dios ha llamado y llama al hombre a adherirse a El con la total plenitud de su ser en la perpetua comunión de la incorruptible vida divina" (GS 18).

2.- La Maternidad de María: el nacimiento hace referencia siempre a la que ha engendrado, a la que da la vida, a la que da al mundo al Hombre. El primer día del año nuevo es el día de la Madre. La vemos, pues, como en tantos cuadros y esculturas, con el Niño en brazos, con el Niño en su seno. Madre. La que ha engendrado y alimentado al Hijo de Dios. Madre de Cristo. No hay imagen más conocida y que hable de modo más sencillo sobre el misterio del nacimiento del Señor, como la de la Madre con Jesús en brazos.

3.- La Palabra: se hizo carne. En san Pablo encontramos escrito: Cristo se hizo por nosotros un maldito. Pues al cuerpo humano, por la unión y comunión con la Palabra, se le ha concedido un inmenso beneficio: de mortal se ha hecho inmortal, de animal se ha hecho espiritual, y de terreno ha penetrado las puertas del cielo.

4.- La Paz: esta dimensión de paz, es la dimensión más profunda, que sólo Cristo puede dar al hombre. Es la plenitud de la paz, radicada en la reconciliación con Dios mismo. La paz interior que comparten los hermanos mediante la comunión espiritual. Esta paz es la que nosotros imploramos antes que ninguna otra cosa. Pero conscientes de que «el mundo» por sí solo —el mundo después del pecado original, el mundo en pecado— no puede darnos esta paz, la pedimos al mismo tiempo para el mundo. Para el hombre en el mundo. Para todos los hombres.

 REFLEXIÓN 

   En este día, la liturgia nos sitúa delante de evocaciones diversas, aunque todas importantes. Se celebra, en primer lugar, la solemnidad de Santa María, Madre de Dios: estamos invitados a contemplar la figura de María, aquella mujer que, con su “sí” al proyecto de Dios, nos ofreció a Jesús, nuestro libertador. Se celebra, en segundo lugar, el Día Mundial de la Paz: en 1968, el Papa Pablo VI propuso a los hombres de buena voluntad que, en este día, se rezase por la paz en el mundo. 

   Se celebra, finalmente, el primer día del año civil: es el inicio de un camino recorrido cogidos de la mano de ese Dios que nos ama, que cada día nos llena de bendiciones y nos ofrece una vida en plenitud. Las lecturas que hoy se nos proponen exploran, por tanto, estas distintas coordenadas. Evocan esta multiplicidad de temas y de celebraciones. 

   En la Primera Lectura, se subraya la dimensión de la presencia permanente de Dios en nuestro caminar y nos recuerda que su bendición nos proporciona vida en plenitud.

   En la Segunda Lectura, la liturgia evoca, otra vez, el amor de Dios, que envió a su Hijo al encuentro de los hombres para liberarlos de la esclavitud de la Ley y para hacerlos sus “hijos”. Es por esa situación privilegiada de “hijos” libres y amados como podemos dirigirnos a Dios y llamarle “abba” (“papá”).

  El Evangelio muestra cómo la llegada del proyecto liberador de Dios (que se hizo realidad plena en nuestro mundo a través de Jesús), provoca alegría y felicidad en aquellos que no tienen otra posibilidad de acceso a la salvación: los pobres y los marginados. Nos invita también a alabar a Dios por su amor y a testimoniar el designio liberador de Dios en medio de los hombres. María, es la mujer que proporcionó nuestro encuentro con Jesús, y el modelo de creyente que es sensible a los proyectos de Dios, que sabe leer sus signos en la historia, que acoge la propuesta de Dios en el corazón y que colabora con Dios en la realización del proyecto divino de salvación para el mundo. 

PARA LA VIDA 

   Una mujer se llevaba muy mal con su marido. A pesar de todos los cuidados que daba al padre de sus hijos, ella tenía que aguantar todas sus maldades. Un día, queriendo transformar su vida en un idilio, decidió consultar a un adivino. ¿No tendrá usted un talismán que me ayude a cambiar el corazón duro y frío de mi marido? La leche de una tigresa. Procúramela y tu problema estará resuelto, dijo el adivino. Asustada pero esperanzada la mujer decidió remover cielo y tierra para encontrar la solución de sus problemas. 

   Unos cazadores le dijeron que una tigresa amamantaba a sus crías en el bosque. Compró un cordero y se puso a buscarla por el bosque. Cuando la fiera la vio pensando que sus crías estaban en peligro estuvo a punto de devorarla. Le lanzó el cordero y huyó. Unos días más tarde, volvió al bosque con un cabritillo que ofreció a la tigresa cuando llegó a su guarida. 

   La fiera le permitió acercarse mientras engullía satisfecha su cabritillo. La mujer la acarició y la ordeñó. Regresó donde el adivino y le entregó la leche de la tigresa. Hija mía, con fuerza de voluntad, de dulzura y de inteligencia has conseguido domar un tigre. Vuelve a casa y haz lo mismo con tu marido. Esta otra fiera es más fácil de domar. La felicidad no está nunca lejos de nosotros. 

   Todos al comenzar un año se desean la felicidad y cada uno hace propósitos, pero la gran mayoría no los cumple. ¿Por qué no los cumplimos? ¿Por qué no cambiamos? El secreto del cambio no está en nosotros. Sólo el Señor hará el cambio si se lo permitimos. 

   Celebramos hoy a María Virgen y Madre Esa mujer que nos trajo la divinidad. Es la hija de Israel, de Sión donde Dios puso su mirada para ver la humillación de su esclava. María guardaba todo en su corazón y María, por la fe concibió a Jesús en su corazón antes que en su cuerpo. También celebramos la Jornada por la paz.

Solemnidad de la Sagrada Familia, 27 de Diciembre 2020, Ciclo B

San Lucas 1, 26 – 38

"El Niño Iba Creciendo, Lleno de Sabiduría"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 

1.-La Familia: Dios, que es Amor, ha entrado en una familia, queriendo hacer así de ella un lugar particular del amor y una verdadera "Iglesia doméstica". "Amar a la familia significa saber estimar sus valores y posibilidades, promoviéndolos siempre. Amar a la familia significa esforzarse por crear un ambiente que favorezca su desarrollo. "Es necesario que las familias de nuestro tiempo vuelvan a remontarse más alto. Es necesario que sigan a Cristo" (Exh. Apost. Familiaris consortio, 86).

-El Esposo: como San José, manifiesta su amor ganando el sustento para su casa con el trabajo de sus manos. «Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien» nos dice el Salmo (Sal 128).

-La Esposa: cuya maternidad compara el Salmista a la «vid fecunda» (Ibíd. 3), mujer y madre, corazón de la familia, que constituye verdaderamente la «intimidad de la casa» (Ibíd.), y en torno a la cual todos se congregan sintiendo su amor solícito.

-Los Hijos: que crecen desde niños en la familia «como brotes de olivo» (Ibíd.). No sólo «en torno a la mesa común» (Ibíd.), sino sobre todo en torno a sus padres, que deben ser el mejor modelo para «crecer en sabiduría y gracia» como Jesús en Nazaret.

 2.-La Salvación: vino a través del corazón de la Sagrada Familia y se enraizó en la historia del hombre una vez por siempre. La salvación del mundo, el porvenir de la humanidad de los pueblos y sociedades pasa siempre por el corazón de toda familia. Aquí se forma. Oremos hoy por todas las familias del mundo para que logren responder a su vocación tal y como respondió la Sagrada Familia de Nazaret.

3.-La Santidad: es el camino real y el recorrido obligado para construir una sociedad nueva y mejor, para volver a dar esperanza en el futuro a un mundo sobre el que pesan tantas amenazas. Por eso, las familias cristianas de hoy han de saber aprender de ese núcleo de amor y de entrega sin reservas que fue la Sagrada Familia. El Hijo de Dios hecho un niño, como todos los nacidos de mujer, recibía allí continuamente los cuidados de la Madre. 

REFLEXIÓN 

   La liturgia de este día nos propone a la familia de Jesús, como ejemplo y modelo para nuestras comunidades familiares. Las lecturas ofrecen indicaciones prácticas para ayudarnos a construir familias felices, que sean espacios de encuentro, lugares para el compartir, para la fraternidad, para el amor verdadero. 

   La primera lectura presenta, de forma muy práctica, algunas actitudes que los hijos deben tener para con los padres. Es una forma de concretar ese amor del que habla la segunda lectura.

   La segunda lectura subraya la dimensión del amor que debe brotar de las acciones de aquellos que viven “en Cristo” y aceptan ser “Hombres Nuevos”. Ese amor debe alcanzar, de forma muy especial, a todos los que comparten con nosotros el espacio familiar y debe traducirse en determinadas actitudes de comprensión, bondad, respeto, solidaridad, servicio. 

   El Evangelio presenta una catequesis sobre Jesús y la misión que el Padre le confió; pero, sobre todo, nos propone el marco de una familia ejemplar, la familia de Nazaret. En ese escenario hay dos ejes que puestos de relieve: se trata de una familia donde existe verdadero amor y verdadera solidaridad entre sus miembros; y se trata de una familia que escucha a Dios y que sigue, con absoluta confianza, los caminos propuestos por Él.

El secreto de la verdadera paz, de la mutua y permanente concordia, de la docilidad de los hijos, del florecimiento de las buenas costumbres está en la constante y generosa imitación de la amabilidad, modestia y mansedumbre de la familia de Nazaret, en la que Jesús, Sabiduría eterna del Padre, se nos ofrece junto con María, su madre purísima, y San José, que representa al Padre celestial. 

   Nuestro pensamiento se dirige sobre todo a la juventud esperanza y consuelo de la Iglesia y futuro sostén de la sociedad y más que nada —ya lo repetimos el pasado año— a cuantos jóvenes van a formar un hogar y no pueden por dificultades económicas. A todos deseamos una vida llena de la divina gracia, que se afiance en la defensa de los valores espirituales, y llena de la prosperidad y suavidad de los bienes de este mundo. 

PARA LA VIDA 

   Un esposo fue a visitar a un sabio consejero y le dijo que ya no quería a su esposa y que pensaba separarse. El sabio lo escuchó, lo miró a los ojos y solamente le dijo una palabra: Ámela. Y no dijo nada más. Pero es que ya no siento nada por ella. Ámela, repuso el sabio. Y ante el desconcierto del señor, después de un oportuno silencio, el sabio agregó lo siguiente: Amar es una decisión, no un sentimiento; amar es dedicación y entrega. Amar es un verbo y el fruto de esa acción es el amor. 

   El amor es un ejercicio de jardinería: arranque lo que hace daño, prepare el terreno, siembre, sea paciente, riegue y cuide. Esté preparado porque habrá plagas, sequías o excesos de lluvia, mas no por eso abandone su jardín. Ame a su pareja, es decir, acéptela, valórela, respétela, de le afecto y ternura, admírela y compréndala. Eso es todo... Ámela. Cuenta la leyenda que una mujer pobre pasaba con un niño en brazos delante de una caverna y escuchó una voz misteriosa que le decía: Entra y toma todo lo que desees, pero no te olvides de lo principal. Y recuerda que después que salgas, la puerta se cerrará para siempre. 

   Por lo tanto, aprovecha la oportunidad, pero no te olvides de lo principal. La mujer entró en la caverna y encontró muchas riquezas. Fascinada por el oro y por las joyas, puso al niño en el suelo y empezó a juntar todo lo que podía en su delantal. La voz misteriosa habló nuevamente: Te quedan sólo cinco minutos. Agotados los cinco minutos, la mujer cargada de oro y piedras preciosas, salió de la caverna y la puerta se cerró. Recordó que el niño había quedado dentro y la puerta se había cerrado para siempre. La riqueza duró poco y la desesperación siempre.

Solemnidad de la Natividad del Señor, 25 de Diciembre 2020, Ciclo B

 San Juan 1, 1 – 18

"Hoy os ha Nacido un Salvador"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 

1.-La Natividad: es esta llegada del Verbo de Dios hecho hombre entre nosotros. Cada uno puede decir: ¡por mí! Navidad es este prodigio. Navidad es esta maravilla. Navidad es esta alegría. Nos vienen a los labios las palabras de Pascal: ¡alegría, alegría, alegría, llantos de alegría! Nace, por consiguiente, un Niño, el Hijo primogénito de María de Nazaret.

2.-La Alegría: llena toda la creación, llamada esta noche a compartirla de nuevo según estas palabras que descienden del cielo: «Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama» (a los hombres de buena voluntad) (Lc 2, 14).

3.-El Don Mas Grande: ¡Esta noche cada uno de los hombres recibe el don más grande! Dios mismo se convierte en el don para el hombre. El hace de si mismo el «don» para la naturaleza humana. ¡Entra en la historia del hombre no sólo ya mediante la palabra que de El viene al hombre, sino mediante el Verbo que se ha hecho carne!

4.-La Soledad: en el vacío y en la soledad de esa noche de Belén, el amor «que dona» el Padre, viene al mundo en el Hijo, nacido de la Virgen: un Hijo se nos ha dado.

5.-La Luz:  aunque en estos días haya tanta luz en las calles, el mundo sigue viviendo en la oscuridad del pecado. Son las tinieblas de la muerte, del dolor, de la violencia, de la incomprensión entre las gentes, de los odios… Pero Dios, con su nacimiento, nos trae la luz que brilla en la oscuridad, que disipa las tinieblas. Ya no hay miedo, pues brilla la luz de la esperanza. Ya no hay tristeza, pues brilla la luz de la alegría. Ya no hay odio pues brilla la luz del amor. 

REFLEXIÓN 

   Hoy celebramos un misterio entrañable, tierno, el misterio de Dios hecho hombre que nace en Belén. Dios se ha hecho niño. Podemos contemplar el amor de Dios en la dulzura de un recién nacido. La inocencia y la fragilidad de un bebé envuelto en pañales y acostado en un pesebre es la muestra de que Dios quiere estar con nosotros. Descubrimos la grandeza de Dios en la pequeñez del niño Jesús. 

   El nacimiento de Dios hecho hombre fue un acontecimiento impresionante que marcó para siempre la historia de la humanidad. Y sin embargo este hecho aconteció en el silencio, en lo escondido, en un humilde portal porque no había sitio en la posada. Y fueron los primeros testigos de este magno acontecimiento unos humildes pastores que guardaban el rebaño.

   El anuncio de un ángel “No temáis, os traigo una gran alegría”, mueve el corazón de aquellos hombres sencillos que inmediatamente dejaron todo y fueron corriendo a adorar a ese niño. Aquellos testigos privilegiados dieron gloria a Dios, uniendo sus cantos a los de los ángeles del cielo. Ya no hay nada que temer, nuestro corazón de llena de alegría, pues en medio de nosotros está Dios, que ha nacido para traernos el amor, la paz y la felicidad que tanto necesita nuestro mundo. 

   ¡Aleluya! ¡Dios ha nacido! Esta exclamación, nada ni nadie la puede acallar. Lo esperado desde siglos, se hace realidad en Jesús. Y, hoy, amigos, este gran acontecimiento nos ha puesto en pie. ¡Esto si qué es la Navidad! También nosotros, como los pastores, hemos escuchado y sentido el anuncio del Ángel. “Hoy en Belén os ha nacido el Salvador”. Y ¿Cuál ha sido nuestra reacción? ¡La que tenía que ser! ¡Nos hemos puesto en movimiento! Hemos dejado todo en lo que estábamos entretenidos porque el Rey de Reyes merece nuestra cercanía, nuestra oración y nuestra acogida. La estrella luce; los pastores ofrecen; los reyes adoran; Herodes rabia…y nosotros, para no ser menos, brillamos con la luz de la fe, ofrecemos lo que somos y adoramos a Jesús conscientes de que, Rey, ¡sólo El! Llegar aquí, en esta mañana santa de la Navidad, es prolongar en el tiempo y en el espacio, lo que ayer noche en Belén se hizo prodigio, milagro, humildad y salvación: Dios en medio de nosotros. 

PARA LA VIDA 

   Dios nos tiene un amor muy especial Nos ama gratuitamente. Es el Enmanuel el Dios con nosotros. Que trae la salvación para todos, sin distinción. Se hace niño indefenso para ganar nuestro corazón. Dios está con nosotros y no lo conocemos, pues andamos entre otras cosas que nos ocultan la verdad de la Navidad. “Aquél que es la Palabra era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En él mundo estaba; el mundo había sido hecho por el y, sin embargo, el mundo no lo conoció” 

   Ese es el gran peligro que tenemos, pues al llenarnos de luces, regalos, brindis, pesebres nos olvidemos de lo más importante y esencial de toda Navidad: ¡CRISTO JESUS! Todos, pero todos tenemos muchas necesidades… Por eso en esta Navidad tendremos que descubrir… Si la necesidad fuese la cultura en Belén nacería un maestro. 

   Si la necesidad fuese la riqueza en Belén nacería un administrador. Si la necesidad fuese los conocimientos en Belén nacería un científico. Si la necesidad fuese la risa en Belén nacería un cómico. Pero, Dios que lo sabe todo, sabía, desde siempre, que nuestra mayor necesidad es el amor. 

   La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. Vemos a Dios entrando a la historia asumiendo como suya nuestra naturaleza. No se nos olvide, que hoy y para siempre, Dios mismo en cuerpo y raza humana. Lugar del mensaje y contenido

4° Domingo Adviento, 20 de Diciembre 2020, Ciclo B

 San Lucas 1, 26 – 38

"Concebirás y Darás a Luz un Hijo"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 

1.-La Promesa: "El Señor Dios le dará el trono de David, su padre... y su reino no tendrá fin". Jesucristo será el descendiente de David y será también el verdadero templo de Dios no construido por manos de hombre.

2.-El Sí de María: al oír las palabras del ángel María “se turbó..." Al sentirse favorecida del Altísimo, no le responde que la deje pensar más despacio a fin de calcular mejor los riesgos. María reproduce el gesto de Abraham, padre de los creyentes, cuando deja su patria para irse hacia lo desconocido. La persona de fe se confía en Dios como el bebé en su madre. “Hágase en mí según tu palabra”

3.-La Esperanza: esta esperanza cristiana del Adviento, es la que nosotros debemos pedir hoy al Niño que va a nacer en Belén. Sin esperanza cristiana no se puede levantar y sostener el cristianismo. Sin esperanza cristiana nuestra vida camina por un túnel lóbrego y sin luz, una vida que camina hacia la nada, una noche que no amanece nunca. Nuestra esperanza es una esperanza anhelante, una esperanza que creemos y anhelamos que se convierta algún día en realidad. No serán nuestros méritos los que obren el milagro, serán los méritos de este Niño que va a nacer los que quiten nuestros pecados y los pecados del mundo. Por eso nos alegramos con su nacimiento, también nosotros exultamos en Dios nuestro Salvador.

4.-La Protagonista: en María, por su fe y obediencia, Dios cumplió su promesa: de ella nació el Hombre nuevo, el Hombre según el corazón de Dios, el Hombre que iba a ofrecer a todo hombre la gracia y posibilidad de realizar el proyecto original de Dios sobre los hombres: vivir en amistad y comunión con él, entrar en el círculo de vida y amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

REFLEXIÓN 

   La Liturgia de este último Domingo de Adviento se refiere, repetidamente, al proyecto de vida plena y de salvación definitiva que Dios ofrece a los hombres. Ese proyecto, anunciado ya en el Antiguo Testamento, se vuelve una realidad concreta, tangible y plena con la encarnación de Jesús. 

   La Primera Lectura presenta la “promesa” de Dios a David. Dios anuncia, por boca del profeta Natán, que nunca abandonará a su Pueblo ni desistirá de conducirle al encuentro de la felicidad y de realización plenas.  La promesa de Dios irá concretándose en un “hijo” de David, a través del cual Dios ofrecerá a su Pueblo la estabilidad, la seguridad, la paz, la abundancia, la fecundidad, la felicidad sin fin.

   Segunda Lectura llama a ese proyecto de salvación, preparado por Dios desde siempre, el “misterio”; y, sobre todo, garantiza que ese proyecto se manifestó en Jesús a todos los pueblos, a fin de que la humanidad entera forme la familia de Dios.

   El Evangelio se refiere al momento en el que Jesús se encarna en la historia de los hombres para traerles la salvación y la vida definitivas. Muestra cómo la realización del proyecto de Dios sólo será posible cuando los seres humanos, a los que Él llama, acepten decir “sí” al proyecto de Dios, acojan a Jesús y lo anuncien al mundo. 

   ¡Con qué ternura maternal debió pronunciar el nombre de Jesús la Virgen santísima, a quien contemplamos en la espera del nacimiento de su Hijo! En la oración que la Iglesia le dirige con el Avemaría, ella está asociada a la bendición misma de su Hijo: «Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús». Que María ponga en nuestros labios e imprima en nuestro corazón ese nombre santísimo, del que viene nuestra salvación.

   El "sí" de María y de José es pleno y compromete toda su persona: espíritu, alma y cuerpo. ¡Que así sea en cada uno de nosotros! Ojalá que Jesús, que dentro de pocos días vendrá a llenar de alegría nuestro belén, encuentre en cada familia cristiana una generosa acogida, como sucedió en Belén durante la Noche santa.

 PARA LA VIDA 

   Los tres árboles “Cuentan que una vez tres árboles jóvenes estaban conversando sobre lo que querían ser cuando fueran grandes. El primero decía: «A mí me gustaría ser utilizado en la construcción de un gran Palacio para servir de techo a Reyes y Príncipes. 

   El segundo dijo: «A mí me gustaría ser el mástil mayor de un hermoso barco que surque los mares llevando riquezas, alimentos, personas y noticias de un lado a otro de los océanos». 

   El tercero, por su parte, dijo: A mí me gustaría ser utilizado para construir un gran monumento de esos que se colocan en medio de las plazas o avenidas y que cuando la gente me vea, admire a Dios por su grandeza. 

   Pasaron los años, los árboles crecieron y llegó el tiempo del hacha y la sierra. Cada uno de los tres árboles fue a dar a distintos sitios: 

   El primero fue utilizado para construir la casita de un campesino pobre que con el tiempo fue destruida y abandonada. Con los restos se levantó un pequeño establo para que los animales se protegieran del frío y de la noche... 

   El segundo fue utilizado para la construcción de la barca de un pobre pescador que se pasaba la mayor parte del tiempo amarrada a la orilla de un lago... 

   El tercero fue utilizado para la construcción de una cruz, donde fueron ajusticiados varios hombres...” 

   No es fácil aceptar los planes de Dios cuando no se acomodan a los nuestros. Siempre que Dios nos llama a realizar un proyecto, tenemos la tentación de pensar que será como nosotros lo hemos programado; pero el Señor tiene sus caminos, que no son los nuestros. Él se encarga de realizar nuestros sueños y nuestros planes, pero a su manera. Lo importante es que encuentre en nosotros la disposición necesaria para dejarnos guiar y conducir por Él a través de las vicisitudes de nuestra vida.

3° Domingo Adviento, 13 de Diciembre 2020, Ciclo B

 San Juan 1, 6-8, 19-20

"Enderezad los Senderos del Señor"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 

1.- Gaudete: Es una exhortación a la alegría que resuena ya en las primeras palabras de la antífona de entrada: "Alegraos siempre en el Señor; os lo repito: estad siempre alegres. El Señor está cerca".

2.- Gozo: es el gozo de ser de Cristo y para Cristo, y solo puede consistir en la renuncia al mal y en la fidelidad amorosa al Espíritu de Jesús. Tal es la voluntad del Padre para nuestra salvación.

3.- La Alegría: consiste en comprobar la continua presencia amorosa y solícita de Dios en la propia vida, y en reconocer la posibilidad de responder por la gracia a su amor. La oración cristiana no es solo de petición y acción de gracias, es también de afectos y de coloquio contemplativo sobre las perfecciones divinas. La oración, en su sentido más profundo, es fruto de la vida divina que invade al hombre y hace de el un verdadero hijo de Dios. A Él le llamamos Padre, y lo hacemos con toda propiedad.

4.- La Lámpara: para que no la apague el viento de la soberbia. Una lámpara puede encenderse y apagarse. Cristo, la luz de la gracia, traerá a todos el «alegre anuncio», inaugurará el año de la misericordia del Señor». El Señor vestirá a todos con «el vestido de la salvación», haciendo así «brotar la justicia» en todo el mundo 

5.- La Palabra: Jesús no es un personaje del pasado; Él es la Palabra de Dios que hoy sigue iluminando el camino del hombre; sus gestos —los sacramentos— son la manifestación de la ternura, del consuelo y del amor del Padre hacia cada ser humano. Que la Virgen María, «Causa de nuestra alegría», nos haga cada vez más alegres en el Señor, que viene a liberarnos de muchas esclavitudes interiores y exteriores. 

REFLEXIÓN 

Los textos litúrgicos de este período de Adviento nos renuevan la invitación a vivir a la espera de Jesús, a no dejar de esperar su venida, de tal modo que nos mantengamos en una actitud de apertura y disponibilidad al encuentro con él. La vigilancia del corazón, que el cristiano está llamado a practicar siempre en la vida de todos los días, caracteriza de modo particular este tiempo en el que nos preparamos con alegría al misterio de la Navidad.

la primera lectura el Profeta Isaías nos dice«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido». Para todo esto viene Cristo, el Mesías, el Ungido. Nosotros también hemos sido ungidos. Somos cristianos. Hemos recibido el mismo Espíritu de Cristo. Y también somos enviados a dar la buena noticia a los que sufren, a vendar los corazones desgarrados... además de acoger la acción de Cristo en nosotros, a favor nuestro –o mejor, en la medida en que la acojamos–, prolongamos a Cristo y su acción en el mundo y a favor del mundo, dejándole que tome nuestra mente, nuestro corazón, nuestros labios, nuestras manos..., y los use a su gusto., tanto necesidades materiales como espirituales... 

En la segunda lectura San Pablo nos indica las condiciones para ser «misioneros de la alegría»: rezar con perseverancia, dar siempre gracias a Dios, cooperando con su Espíritu, buscar el bien y evitar el mal (cf. 1 Ts 5, 17-22). Si este será nuestro estilo de vida, entonces la Buena Noticia podrá entrar en muchas casas y ayudar a las personas y a las familias a redescubrir que en Jesús está la salvación. En Él es posible encontrar la paz interior y la fuerza para afrontar cada día las diversas situaciones de la vida, incluso las más pesadas y difíciles. 

El centro del relato evangélico de Juan. Este hombre «enviado por Dios», viene para «dar testimonio de la luz». La «luz» de la cual se habla es Jesús, el Hijo de Dios, que está por entrar en el mundo y viene a quedarse en nuestro medio: el Verbo eterno que ilumina a todos los hombres, que el Padre ha enviado para «que viviera entre ellos y les manifestara los secretos de Dios» DV, n. 4). 

PARA LA VIDA 

   Un rey recibió como obsequio dos pequeños halcones y los entregó al maestro de cetrerías para que los entrenara. Pasados unos meses, el maestro informó al rey de que uno de los halcones volaba perfectamente, pero que al otro no sabía lo que le sucedía: no se había movido de la rama del árbol en la que le dejó desde el día en que le trajeron. El rey mandó llamar a curanderos y sanadores para que vieran al halcón. Pero, después de todo tipo de intentos, ninguno de ellos pudo hacer volar al ave. 

   Encargó entonces la misión a los miembros de la corte, pero nada consiguieron. El ave continuaba inmóvil en la rama del árbol. Como último recurso, cierto día decidió comunicar a su pueblo que ofrecería una recompensa a la persona que hiciera volar a su halcón. A la mañana siguiente vio, asombrado, a los dos halcones volando velozmente por los jardines. 

   El rey ordenó que llevaran ante él, inmediatamente, al responsable de ese milagro. Casi al momento le presentaron a un campesino. El rey habló: “Así que…eres tú el que hiciste volar al halcón. ¿Cómo lo lograste? ¿Eres mago? ¿Tienes algún poder?” El campesino, algo intimidado por la presencia del rey, le respondió: “Fue fácil mi señor. Corté la rama del árbol, el halcón se dio cuenta de que tenía alas y voló”

   Construyamos la verdadera alegría, esa alegría del halcón que se sintió libre al descubrir que tenía alas para volar, libre al sentir que ya no estaba atado al árbol que lo inutilizaba y le impedía dar lo mejor de sí mismo.  Y seamos cristianos de alegría, de sonrisa acogedora y sanadora, cristianos que demuestren que Cristo no es un mito ni un invento de la Iglesia, que en verdad vive y viene en cada instante a nuestras vidas.