14° Domingo del Tiempo Ordinario, 9 Julio 2017, Ciclo A


San Mateo 11, 25 - 30

Vengan a mi Todos los que están Cansados y Agobiados, y yo los Aliviaré " 

    Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.

  1. El Amor: el que Jesús expresa es un amor personal y concreto que se encarna en prácticas de la vida diaria. Jesús nos habla desde su propia experiencia de amor filial, el cual lo vincula íntimamente con Dios, a quien llama Abba.
  2. La Humildad: la verdadera humildad, lejos de provenir de una falta de clarividencia, de saber hacer, se deriva de un profundo conocimiento de la grandeza infinita de Dios y de la nada de la criatura que, por sí misma, es nada. Este doble conocimiento se unifica cada vez más, pues la infinita majestad de Dios manifiesta la fragilidad de la criatura e, inversamente, nuestra impotencia nos revela, por contraste, la fuerza de Dios. La humildad nace de la visión del abismo que separa a Dios de la criatura.
  3. Los Pequeños: nos convertimos en "pequeños" cuando admitimos, como criaturas, la grandeza de Dios y nos abandonamos a ella, reconociendo el gran amor que Él nos ha dispensado por pura gracia. Esas son las "cosas" que el Padre del Cielo ha ocultado a los "sabios" del mundo y nos han sido reveladas mediante el anuncio de la Buena Noticia de la salvación otorgada por Cristo Jesús. 
  4. El Cansancio: debemos sentir dentro de nosotros la misericordia entrañable de Dios y su cariño. No es cierta la imagen de Dios terrible y acusador. Dios, por ser amor, es siempre cercano y tierno que nos mima y nos cuida como una madre que lleva a su hijo en el regazo. ¿Quién no está cansado y agobiado hoy? Jesús pide que acudamos a Él; ahí encontraremos alivio y descanso. El sentir al Dios-misericordia nos debe llevar a practicar la misericordia. Si Dios viene, nuestra vida se llena de sentido. 

REFLEXIÓN 

    La primera lectura presenta a un Mesías tierno y bondadoso, que entra en Jerusalén mansamente, “cabalgando en un asno”.  El profeta canta y anima a Jerusalén para que se alegre con él en este suceso de salvación. A diferencia de los conquistadores, que cabalgan en briosos caballos, el Mesías hace su entrada sobre un humilde asno, que es la cabalgadura tradicional de los campesinos y de los habitantes pacíficos. Y es que su reinado no se mantiene con la violencia, sino con el amor y la justicia.
El Salmo proclama que el Señor es Clemente y Misericordioso, es bueno con todos. 

   En la segunda lectura, San Pablo amonesta a los fieles, en los que supone que "habita el Espíritu de Dios", para que no vivan "según la carne". No se trata de dos clases de hombres, los buenos y los malos, sino de la división que padece el hombre en sí mismo. El cristiano, conducido por el Espíritu, ha de dar muerte a las obras del egoísmo, de la "carne", para resucitar con Cristo a una vida nueva según Dios. 

   En el Evangelio, los pobres son los únicos que entienden y aceptan la sabiduría del Reino. Mucha gente no entendía esta preferencia de Jesús por los pobres y excluidos. Los sabios, los doctores de aquella época, habían creado una serie de leyes que ellos imponían al pueblo en nombre de Dios. 

   Pero la ley del Amor, traída por Jesús, decía lo contrario. Lo que importa, no es tanto lo que hagamos, sino lo que Dios, en su gran amor, hace por nosotros. Jesús, el nuevo Maestro, sabe por experiencia lo que pasa en el corazón de la gente y del pueblo que sufre. Si tú también estás cansado, deprimido o agobiado, pon tus ojos en Jesús. Él es tu descanso. La primera ocupación de la vida es elegir lo que se ha de amar. “El amor hace que sea ligero lo que los preceptos tienen de duro, escribía San Agustín”. 

PARA LA VIDA
  
   Un día, un joven lleno de vigor y entusiasmo presumía en la plaza del pueblo de tener el corazón más sano y hermoso de todos. La gente se arremolinó y confirmaron que su corazón era perfecto, no tenía ni manchas ni rasguños y latía con la precisión de un reloj. De pronto, un anciano se presentó también en la plaza gritando que su corazón era más hermoso que el del joven.

   La gente lo examinó y vio que tenía muchas cicatrices, que le faltaban trocitos y tenía grandes huecos. El joven le dijo: "Déjate de bromas. Mi corazón es más perfecto. El suyo, anciano, es un montón de cicatrices, heridas y dolores." Es cierto, dijo el anciano, pero mira cada cicatriz es una persona amada. Arranqué trocitos de mi corazón para dárselos a las personas amadas. Otras veces, entregué un trozo de mi corazón a personas que no me ofrecían nada.

   Esos son los huecos que ves. Dar amor es arriesgar y esas heridas me recuerdan que sigo amando. ¿Comprendes ahora por qué mi corazón es más hermoso? El joven permaneció en silencio, arrancó un trocito de su corazón y se lo ofreció al anciano. Éste lo recibió y lo colocó en su corazón y le dio un trozo del suyo al joven. El joven miró a su corazón que ya no era perfecto, pero lucía más hermoso que antes porque el amor del anciano fluía en su corazón. Jesús nos dice hoy que él es "manso y humilde de corazón". Y nos invita a examinar su corazón en el que cabemos todos.