San Mateo 13, 1 - 23
" Así Será Mi Palabra, que Sale de mi Boca: no Volverá a mí Vacía "
- El Sembrador: sabe que no todo lo que siembra se recoge al final, sino que siendo más realista confía "en conjunto" en la semilla que esparce, es decir, en la palabra que ilumina y que salva. Evangelizar no es transmitir una herencia, sino hacer posible el nacimiento de una fe que brote, no como "clonación" del pasado, sino como respuesta nueva al Evangelio escuchado desde las preguntas, los sufrimientos, los gozos y las esperanzas de nuestro tiempo.
- La Tierra Fértil: produce una siembra abundante por la mano del sembrador. Dios es el que da el crecimiento, Él puede hacer posible lo imposible: que esta nuestra tierra muerta dé frutos de vida eterna. El sembrador siembra con auténtica generosidad, pero a pesar de que la semilla tiene una virtualidad propia, se requiere que la tierra esté preparada, adecuada y bien dispuesta.
- La Palabra: es verdadera y es eficaz. La Palabra de Dios desciende del cielo, y no retorna sin llevar un fruto. Esta Palabra posee además una dimensión creativa. Produce una nueva realidad que no existía y hacen nuevas todas las cosas.
- El Terreno: es necesario que esté preparado. Hacer un examen de la propia vida. ¿Qué tipo de terreno soy yo? ¿Qué tipo de terreno ofrezco a la semilla que Dios pone en mi alma? Es necesario que nos adentremos al fondo del alma y con sinceridad podamos ser buen terreno, quitando piedras y espinos, es decir, pasiones desordenadas, vicios y pecados. Pero también es necesario preparar el terreno de las almas encomendadas. Los padres deben preparar el terreno en el corazón de sus hijos para acoger el amor de Dios. Los maestros educan no sólo las mentes, sino primeramente el corazón y el alma de sus educandos.
Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.
REFLEXIÓN
«En la parábola del sembrador Cristo nos enseña que su palabra se dirige a todos indistintamente. Del mismo modo que el sembrador de la parábola no hace distinción entre los terrenos sino que siembra a los cuatro vientos, así el Señor no distingue entre el santo y el pecador, entre el justo y el injusto. Sobre todos ellos hace salir su sol y caer su lluvia.
La Palabra de Dios, -como la semilla-, también es buena. Depende de la acogida que tenga la Palabra enviada por el sembrador. No todos produciremos los mismos frutos. No todos somos tierra buena.
Dios es el sembrador que ha lanzado al mundo la divina semilla de la Palabra en su Hijo Jesucristo. Esa semilla es universal, para todos los campos o parcelas. También cada hombre es una parcela que, si recibe con buenas disposiciones la semilla divina, producirá frutos abundantes de santidad y buenas obras, necesarios para esta vida y para poder entrar en la vida eterna.
Es verdad que Dios siembra por medio de la Iglesia, pero es igualmente verdad que cada uno de nosotros somos Iglesia por el bautismo, lo cual quiere decir que cada bautizado ha de ser sembrador. La vocación cristiana, además de ser una llamada a la santidad personal, es igualmente una llamada al apostolado en medio del mundo, a ser apóstoles y testigos de Cristo, a ser sembradores de la doctrina enseñada por Jesús, en la familia, en la fábrica o la universidad, en los negocios. Preguntémonos: ¿soy buen sembrador? ¿Sé superar las dificultades que en nuestra sociedad se encuentran para sembrar el Evangelio? ¿Soy consciente de que Dios está a mi lado para que seamos buenos sembradores?
PARA LA VIDA
Una madre que tenía tres hijos. Cuando se fueron a la universidad les regaló una planta para que alegrara sus habitaciones. Al final del curso fue a ayudarles a recoger sus cosas. En la habitación del hijo mayor, estaba la matera sin planta en un rincón. La tierra estaba cubierta de chicles. ¿Qué le ha pasado a la planta?, le preguntó la madre. Me olvidé de sacarla de la caja y cuando lo hice ya estaba muerta. Cuando fue a recoger al segundo hijo, la planta estaba en una estantería.
Sólo había dos palitos secos clavados en la tierra. ¿Eso es todo lo que queda de la planta?, le preguntó la madre. Oh, no quería que lo vieras. La planta estuvo muy hermosa hasta el día de Acción de Gracias. Después vinieron los trabajos, las fiestas y me olvidé de regarla. Finalmente fue a ver a su tercer hijo. Y, oh sorpresa, la planta estaba verde y hermosa. Tú no mataste la planta, dijo la madre. Claro que no.
La planta me recordaba tu amor y yo sabía que tú quieres que la riegue y la cuide. La he regado todos los días y como puedes ver ha crecido mucho. "Tú no mataste la planta". ¿Se imaginan la alegría de la madre al ver que, al menos, uno de sus hijos había sido fiel a su amor y la había cuidado? Hoy, Jesús nos ha contado una historia parecida. La historia del sembrador. La historia de una semilla. ¿Quién es el sembrador? Jesús. ¿Cuál es la semilla sembrada? La Palabra de Dios. ¿Cuál es la tierra sembrada? El corazón.
ORACIÓN A LA VIRGEN del CARMEN, 16 de Julio
"Oh, Virgen del Carmen,
dame mano firme y mirada atenta
para que a mi paso no cause daño a nadie.
Te pido humildemente, guardes mi vida hoy y en todo instante.
Libra, Señora, a quienes me acompañan,
de todo mal, choque, enfermedad, incendio o accidente.
Te suplicamos que nos cuides y nos guíes por buen camino.
Amén.