San Mateo 22, 1 – 14
1.- EL Banquete: Dios convoca en su Templo a todas las naciones, prometiéndoles la salvación, la victoria definitiva sobre el mal y la muerte. que nuestro encuentro con él nos vivifique y nos conforte por dentro, que nos haga fuertes ante los problemas de cada día. “Lo santo” debe estar reñido con “lo triste”, porque sentir la santidad de Dios dentro de nosotros es sentir la fuerza de Dios superando todas nuestras flaquezas y enfermedades de nuestra alma y de nuestro cuerpo.
2.- La Pobreza y la Abundancia: debemos ser sobrios y austeros en la pobreza y en la abundancia, saber vivir con poco y no olvidarnos nunca de los que tienen menos que nosotros. Nuestra fuerza interior no debe dárnosla el dinero, sino el espíritu de Cristo, el vivir nuestro cristianismo con verdad y sinceridad. Una persona que vive en lo económico usando y abusando de bienes superfluos nunca podrá ser buen cristiano. No olvidemos nunca la famosa frase de san Agustín: los bienes superfluos de los ricos son los bienes necesarios de los pobres. Una persona que vive superfluamente, de alguna manera está robando a los pobres.
3.- Compartir: es signo de fraternidad y de alegría. La invitación de Dios es, pues, universal. No hay duda de que Dios no hace acepción de personas, para El todos somos iguales, a todos nos invita a participar en su fiesta. A la invitación responden tanto buenos como malos. San Agustín hace referencia al Bautismo, don que reciben todos los cristianos, también la fe la reciben muchos y muchos también han recibido el sacramento del altar. Pero no todos llevan el vestido nupcial.
4.- La Llamada: el Señor nos sigue llamando. Y no precisamente tres veces como el evangelio de este día nos narra. ¡Cien! ¡Mil! ¡Cien mil veces! Las veces que sean necesarias, como un padre que disfruta viéndose rodeado por sus hijos. Dios nos convoca. Lo hace con nombre y apellidos. Cada silla en la eternidad, por si lo hemos olvidado, está reservada para cada uno de nosotros en particular. Ninguno somos imprescindibles, pero, para Dios, todos somos necesarios.
REFLEXIÓN
La liturgia del 28º Domingo del tiempo ordinario, utiliza la imagen del “banquete” para describir ese mundo de felicidad, de amor y de alegría sin fin que Dios quiere ofrecer a todos sus hijos.
En la primera lectura, Isaías anuncia el “banquete” que un día Dios va a ofrecer en su propia casa a todos los Pueblos. Acoger la invitación de Dios y participar en ese “banquete” es aceptar vivir en comunión con Dios. De esa comunión resultará, para el hombre, la felicidad total, la vida en abundancia.
En la segunda lectura, Pablo nos presenta un ejemplo concreto de una comunidad que aceptó la invitación del Señor y vive en la dinámica del Reino: la comunidad cristiana de Filipos. Es una comunidad generosa y solidaria, verdaderamente empeñada en la vivencia del amor y en testimoniar el Evangelio ante todos los hombres. La comunidad de Filipos constituye, verdaderamente, un ejemplo que las comunidades del Reino deben tener presente.
El Evangelio sugiere que es necesario “agarrar” la invitación de Dios. Los intereses y las conquistas de este mundo no pueden distraernos de los desafíos de Dios. La opción que hicimos el día de nuestro bautismo es un compromiso serio que debemos vivirlo de forma coherente.
La Eucaristía es, en efecto, la «Fiesta de la fe», como la definía J. Ratzinger en uno de sus conocidos ensayos teológicos. En ella confluye la esencia del misterio cristiano: el misterio de un Dios que se aproxima a la humanidad compartiendo su caminar histórico, hasta el punto de ofrecer su propia vida por la salvación de los hombres, se renueva realmente en la celebración eucarística, la cual, por tanto, se hace «fiesta».
PARA LA VIDA
Ayer en la noche mi hija pequeña, de 3 años, me dijo que necesitaba buscar su cobija en el cuarto que estaba oscuro. Yo le dije que estaba justo sobre su cama, y que podía ir a recogerla. En un inicio, y aunque no le teme a la oscuridad, no quería ir porque no sabía si efectivamente la cobija estaba en la cama pero yo le dije que fuera, que yo estaba en la sala y me podía llamar si algo pasaba.
Me preguntó: ¿vas a estar aquí? y yo por supuesto le dije que si. Eso fue suficiente para que ella fuera al cuarto, a oscuras, y confiando en que lo que buscaba estaba donde yo le dije, encontrara la frazada. Muy contenta me llegó a mostrar lo que había hecho.
Cuán difícil es caminar por la vida muchas veces en incertidumbre u oscuridad, sin saber lo que hay más allá o que va a pasarnos. Puede ser que hoy o desde hace tiempo ya sientas temor de caminar hacia lo desconocido porque tienes miedo de quedarte sola o solo. Pero hoy debes confiar en el Señor y confiar como una niña o niño en que si Dios te permite ir, es porque sabe que tienes la capacidad para hacer las cosas y que si necesitaras ayuda, El estará ahí para ayudarte, pues te ama.
Si supieras el don de Dios y su amor por ti, caminarías sin miedo aunque andes en valles de sombra y de muerte como dice el salmo. Dios te llama hoy a que tengas fe y confianza, pues no te ha abandonado y ante la prueba o la dificultad más oscura Él siempre estará ahí contigo. Escucha su voz y camina porque eres princesa, eres príncipe. Hijos del Rey del Cielo y de la Tierra. No tengas miedo y escucha la voz de Dios.