San Mateo 22, 15 – 21
1.-A Dios lo que es de Dios: somos cristianos las veinticuatro horas del día, somos cristianos cuando pensamos, cuando hablamos y cuando actuamos. Y como cristianos que somos, debemos siempre actuar en cristiano amando a Dios y al prójimo siempre y al mismo tiempo, no primero a Dios y después al prójimo, o al revés. Cuando Jesús les dice a los fariseos que paguen al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios, no les dice que primero es una cosa y después otra, sino que las dos son siempre necesarias, al mismo tiempo.
2.-Amar a Dios y al Prójimo: es un solo mandamiento; quien de verdad ama a Dios está amando al mismo tiempo al prójimo, y quien ama de verdad al prójimo está amando al mismo tiempo a Dios.
3.-La Fe y La Esperanza: en los tiempos difíciles es cuando tenemos que demostrar los cristianos la fuerza de nuestro espíritu cristiano y nuestra profunda convicción cristiana. No vivimos hoy en una sociedad que nos facilite el ejercicio de la fe, la esperanza y el amor cristiano, pero esto, en lugar de desanimarnos, lo que debe hacer es fortalecernos con la fuerza del Espíritu de Cristo.
4.-Nuestro Compromiso: el cristiano, no obstante, no debe desentenderse de lo que ocurre en la sociedad, porque somos ciudadanos del mundo y hemos aceptado el compromiso de transformarlo según los criterios evangélicos. La comunidad cristiana está llamada a ser la comunidad pública donde el corazón de Dios sigue latiendo en medio de la sociedad y donde es posible dar crédito al amor. La cercanía y la comunión humanas tienen que ser signos de la comunión en la fe.
5.-Evangelizar: ser católico no significa desentenderse de la realidad cotidiana; de los conflictos que sacuden nuestra convivencia. Jesús, con su respuesta sabia y ocurrente, huía de una trampa con la que le pretendían acorralar o desautorizar los fariseos. Les importaba, por todos los medios, ponerlo contra las cuerdas, presentarlo como aquel que iba en contra de los principios establecidos. Como cristianos estamos llamados a iluminar las decisiones de los “nuevos césares” con la luz del evangelio. No tenemos más Dios que Aquel que está en los cielos. Algunos, sobre todo los enemigos de todo lo que huela a Iglesia, se convertirán de repente en afamados teólogos oportunistas al repetirnos “a Dios lo que es Dios y al César lo que es del César”.
REFLEXIÓN
La liturgia del domingo 29 del tiempo ordinario nos invita a reflexionar acerca de la forma cómo debemos establecer la relación entre las realidades de Dios y las realidades del mundo. Nos dice que Dios es nuestra prioridad y que es a él a quien debemos subordinar toda nuestra existencia; pero nos avisa también que Dios nos convoca a un compromiso efectivo en la construcción del mundo.
La primera lectura sugiere que Dios es el verdadero Señor de la historia y que es el que conduce el camino de su Pueblo rumbo a la felicidad y a la realización plena. Los hombres que actúan e interviene en la historia, son instrumentos de los que Dios se sirve para realizar sus proyectos de salvación.
La segunda lectura nos presenta el ejemplo de una comunidad cristiana que pone a Dios en el centro de su camino y que, a pesar de las dificultades, se compromete de forma decidida con los valores y los esquemas de Dios. Elegida por Dios para ser testigo suyo en medio del mundo, vive anclada en una fe activa, en una caridad esforzada y en una esperanza inamovible.
El Evangelio enseña que el hombre, sin dejar de cumplir sus obligaciones con la comunidad en la que está inserto, pertenece a Dios y debe poner toda su existencia en las manos de Dios. Todo lo demás debe ser relativizado, incluso el poder político.
PARA LA VIDA
Cierta vez, durante el verano un grupo de excursionistas viajó a la playa, llegando ya cuando había oscurecido debido a muchos retrasos. Debían caminar 2 Km. por la playa hasta el campamento, pero no llevaban linternas, aún así decidieron caminar el trecho en medio de la oscuridad. Llevaban ya cierto trecho recorrido cuando encontraron la saliente de un río, pero no podían apreciar que tanto debían atravesar ni qué tan hondo era.
No sabían que hacer, y aún teniendo un radio no se comunicaron, y se aventuraron a cruzar a ciegas. Pero el río era muy profundo y con una corriente muy fuerte, así que perdieron sus bolsos y todo lo que llevaban y apenas llegaron al otro lado. Continuaron finalmente hasta llegar al campamento. Al día siguiente volvieron a ver si había quedado algo de sus cosas, y vieron que apenas unos metros arriba de donde cruzaron había unos troncos que hacían de puente.
Muchas veces, nos sucede esto mismo. Y tomamos decisiones en medio de dificultades, problemas o angustias, y lo peor es que no pedimos guía ni ayuda. Por este motivo, nos suceden cosas de las cuales luego nos arrepentimos, generalmente culpando a Dios por ellas. La mayoría de las veces suele haber un puente que Dios nos facilita, sin embargo, por todo lo que nos rodea solemos no poder verlo.