2° Domingo Adviento, 6 de Diciembre 2020, Ciclo B

 San Marcos 1, 1 - 8

"Enderezad los Senderos del Señor"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 

1. La Voz: En ella, resuena un mensaje lleno de esperanza, que invita a levantar la mirada al horizonte último, pero, al mismo tiempo, a reconocer en el presente los signos del Dios con nosotros. También hoy se eleva la voz de la Iglesia: "En el desierto preparadle un camino al Señor" (Is40, 3). Para las poblaciones agotadas por la miseria y el hambre, para cuantos sufren graves violaciones de sus derechos, la Iglesia se pone como centinela sobre el monte alto de la fe y anuncia: "Aquí está vuestro Dios.

2. La Paciencia: es impensable sin una esperanza en el horizonte. La salvación ya está aquí, "está ya cerca de sus fieles", nos dice el salmo 84. La esperanza alegra y dinamiza la paciencia, llevándola hasta límites insospechados. Dios, por ejemplo, “tiene mucha paciencia con vosotros”, porque espera “que nadie perezca”. Tengamos también paciencia nosotros, sin límites, y crezca nuestra esperanza también sin límites hasta que consigamos “un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia”.

3. La Esperanza: asumamos este mensaje: “esperad”. El tiempo no importa –un día o mil años–, lo que importa es la intensidad y la calidad: esperemos confiando en “la promesa del Señor”, esperemos con “una vida santa y piadosa”, esperemos siendo “inmaculados e irreprochables”. La misericordia de Dios y la fidelidad del hombre se encuentran, segura el salmo de hoy.

4. La Preparación: la sobriedad en el comer y en el vestir. ¡Cuánto dinero inútil gastamos muchos de nosotros en comprar vestidos que no necesitamos y en comer más, o más caro, de lo que pudiéramos y debiéramos! Por eso debemos nosotros fortalecer nuestro propósito de conversión, siendo sobrios en el comer y en el vestir, y siendo humildes, generosos y solidarios con las personas más pobres y desafortunadas que nosotros.

5. El Camino: debemos levantar los valles, es decir, no dejarnos vencer por nuestras cobardías y debilidades, levantar el ánimo; debemos abajar los montes y colinas, es decir, rebajar nuestra soberbia y vanidad; enderezar lo torcido e igualar lo escabroso, es decir, corregir nuestros desvíos sentimentales y pasionales, quitar las piedras emocionales y de comportamiento que dificultan nuestro caminar hacia Dios. Sabemos que en todo esto nos dio buen ejemplo el Señor Jesús, nacido en la pobreza de Belén, y señalándonos después con su vida cuál debe ser nuestro verdadero camino de vida.  

REFLEXIÓN 

   Yo os bautizo con agua... Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego La liturgia de este Domingo nos invita a despojarnos de esos valores efímeros y egoístas, a los que a veces damos una importancia excesiva, y a realizar un cambio de mentalidad, de forma que los valores fundamentales que dirigen nuestra vida sean los valores del “Reino”.

   En la primera lectura, el profeta Isaías presenta a un enviado de Yahvé, de la descendencia de David, sobre quien reposa la plenitud del Espíritu de Dios; y su misión será construir un reino de justicia y de paz sin fin, de donde estarán definitivamente desterradas las divisiones, los conflictos.

   La segunda lectura va dirigida a aquellos que recibieron de Jesús la propuesta del “Reino”: que al ser el rostro visible de Cristo en medio de los hombres, deben dar testimonio de unión, de amor, de solidaridad, de armonía, acogiendo y ayudando a los hermanos más débiles, siguiendo el ejemplo de Jesús.

   En el Evangelio, Juan Bautista anuncia que la realización de ese “Reino” está muy próxima. Pero para que el “Reino” se haga una realidad viva en el mundo, Juan invita a sus contemporáneos a cambiar la mentalidad, los valores, las actitudes, a fin de que en sus vidas haya lugar para esa propuesta que está para llegar. “Aquel que viene” (Jesús) va a proponer a los hombres un bautismo “con Espíritu Santo y fuego” que les transformará en “hijos de Dios” y capaces de vivir los valores del “Reino”. 

   ¡Preparad el camino al Señor! ¡Enderezad sus senderos! Que esto se realice en el sacramento de la reconciliación en la humilde y confiada confesión de Adviento, a fin de que, ante el recuerdo de la primera venida de Cristo, que es Navidad, y a la vez en la perspectiva escatológica de su Adviento definitivo, el pecado quede eliminado y expiado, para que la Iglesia pueda proclamar a cada uno de ustedes que ha terminado la esclavitud, y que el Señor Dios viene con fuerza. Preparadle el camino en sus corazones, en sus casas, en su comunidad parroquial.

PARA LA VIDA 

   En cierta ocasión, el gran Alejandro Magno se encontró con el famoso filósofo Diógenes. Delante de él, le dijo: - ¿Sabes? Yo soy Alejandro Magno. El filósofo le contestó: - Y yo soy Diógenes, el cínico Alejandro entonces le preguntó de qué podría servirle, y Diógenes le respondió: - ¿Puedes apartarte para no quitarme la luz del sol? No necesito nada más.

   En otra ocasión, estaba Diógenes cenando lentejas, cuando vio al filósofo Aristipo, que vivía confortablemente a base de adular al rey. Aristipo le dijo: - Si aprendieras a ser sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas. A lo que replicó Diógenes: - Si tú hubieras aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey.

    Aprendamos del filósofo Diógenes, un hombre sabio que no se callaba ni se vendía ante nadie, por muy Alejandro Magno que fuera. Que prefería, como Juan Bautista, la pobreza y el riesgo de la libertad a la riqueza de la comodidad y de la sumisión al poder. Ellos nos recuerdan que no es fácil se profeta, pero que no es imposible cuando nos mueven las más profundas convicciones.